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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-05-2013

Tnez
Territorio yihadista y FMI

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


En las ltimas dos semanas toda la atencin de los tunecinos se ha concentrado sobre el Monte Chaambi, en el gobernorado de Qasserine, en la frontera con Argelia, donde un grupo de yihadistas asociados a la borrosa constelacin AQMI permanece cercado por el ejrcito y la polica desde el pasado 1 de mayo. Las noticias son confusas y las sucesivas comparecencias del primer ministro ante la Asamblea Constituyente y ante la prensa han contribuido poco a aclarar la situacin. Se hablaba de 50 hombres armados, luego de veinte, la mitad tunecinos y la otra mitad argelinos, que contaran con apoyo logstico en la zona. Segn los informes, se habran producido intercambios de tiros, pero no verdaderos combates, si bien cinco miembros de los cuerpos de seguridad habran sufrido heridas -incluso en un caso la amputacin de una pierna- a causa de las minas artesanales diseminadas por los yihadistas en la ladera de la montaa.

Es verdad -como recordaba en declaraciones recientes Rachid Ghanouchi, lder del partido islamista Nahda- que el terrorismo yihadista exista ya en Tnez antes de la revolucin (basta pensar en los atentados de 2007 en Soliman y de Jerba en 2002), pero lo cierto es que las guerras de Libia y Mali han multiplicado las armas y aventado los hombres por toda la zona, a lo que hay que aadir el hecho de que, segn confiesa un polica bajo anonimato, en democracia es ms difcil combatir a los criminales por todos los medios.

Por lo dems, las caractersticas de la larga y porosa frontera entre Qasserine, del lado tunecino, y Tebessa, en la parte argelina, enreda mucho la situacin. Un reciente reportaje de Mohamed Salah Lebidi describe un vasto tejido tribal transfronterizo, con relaciones de parentesco y de solidaridad, asociado al contrabando tradicional de carburante, alimentos, drogas y armas. Segn algunos vecinos consultados por el periodista, existira una conexin orgnica entre el contrabando y el yihadismo, que se alimentaran mutuamente en una zona particularmente castigada por el paro y la pobreza. Esto explicara, por otra parte, las tensiones que se produjeron el pasado 8 de mayo en la ciudad de Qasserine durante la jornada contra el terrorismo convocada por la sociedad civil (identificada en general con la derecha laica). Al parecer, algunos perturbadores procedentes de Zouhour, el barrio que ms mrtires dio a la revolucin y hoy en poder de los traficantes de droga, increparon a los manifestantes negando la existencia del terrorismo y exigindoles que dejaran de cantar y bailar para ocuparse de los verdaderos problemas de la regin.

Lo cierto es que la nueva alerta terrorista, justificada sobre el terreno, tiene una dimensin poltica que no puede tampoco ignorarse. En el clima reinante de inseguridad informativa, el intercambio de acusaciones adquiere a veces tintes extravagantes: mientras un sector de la izquierda, que reclama en vano el esclarecimiento del asesinato de Chukri Belaid, sigue viendo complacencia en el gobierno, las redes sociales prximas a Nahda, por su parte, insinan complicidades ocultas entre los terroristas de Chaambi y el Frente Popular. Si este delirio nahdaui revela una criminalizacin muy inquietante de la militancia de izquierda, la propia izquierda traza a veces con brochazos muy gruesos la realidad. Todo parece indicar, en efecto, el fin de la luna de miel entre la derecha islmica en el gobierno y el salafismo marginal. Lejos del Monte Chaambi, en Le Kef, en Tabarka, en Tnez capital, no han dejado de multiplicarse en los ltimos das los focos de tensin entre la polica y los salafistas, en una escalada que ha conducido al ministerio del Interior a prohibir el segundo Congreso de Ansar-a-Charia, los partidarios de la ley islmica, que deba reunir dentro de diez das a miles de partidarios de este grupo salafista en la ciudad santa de Kairouan.

La respuesta de su lder no se ha hecho esperar. Abu Yadh, vinculado por la polica al asalto a la embajada estadounidense de septiembre de 2012 y actualmente en paradero desconocido, ha emitido un comunicado calificando a las fuerzas de seguridad tunecinas de ejrcito tirano (el trmino en rabe evoca el poder infiel contra el que sera legtima la guerra santa) y llamando a sus seguidores a no abandonar la lucha y, an ms, a prepararse para un inminente enfrentamiento con el rgimen. No estis en guerra contra los jvenes, desafa a Nahda, sino contra la religin de Allah, una religin que no puede ser derrotada, como lo demostraran, a su juicio, las victorias de Afganistn, Bosnia, Chechenia, Iraq y Siria. El comunicado acaba anticipando la voluntad de todos esos jvenes a dar su vida en Kairouan o, lo que es lo mismo, anunciando su propsito de celebrar la reunin el prximo 19 de mayo, tal y como estaba previsto y no obstante todas las prohibiciones.

Lo que parece evidente es que a medida que Nahda se vuelve ms pragmtica, en las vsperas del acuerdo que debe firmar con el FMI el prximo 7 de junio, el salafismo se vuelve ms activo y ms radical. La falsa cuestin laicismo/islamismo deja su lugar a una variante igualmente til y en la misma direccin: la seguridad, de la que se hacen portabanderas tanto la derecha islmica como la derecha laica. Esta alerta securitaria, que ha amedrentado a un sector de la poblacin y que ha llevado a Nid Tunis, la coalicin de Bejji Caid Essebsi, a convocar una asamblea nacional extraordinaria sobre el tema, justifica recortes de libertades (limitacin, por ejemplo, del derecho de manifestacin), alimenta nostalgias de dictadura y desplaza la atencin lejos del debate poltico sobre la constitucin y, ms importante an, lejos de las agudas cuestiones sociales que sacuden a un pas en carne viva como consecuencia del aumento de los precios y la conflictividad laboral. Mientras la derecha laica y la derecha islmica se intercambian acusaciones, sus dirigentes se renen bajo el patrocinio de la UTICA (la patronal tunecina) para anunciar el lanzamiento de una campaa anti-huelga hasta el final de 2013.

Ms importante si cabe, la alarma terrorista opaca completamente las negociaciones entre el gobierno provisional tripartito y el FMI, cuya generosa oferta crediticia estara condicionada a la aplicacin de un dursimo programa de ajuste estructural que incluira, junto al habitual paquete privatizador, una medida sin precedentes: la venta de tierras a compradores extranjeros. Una iniciativa surgida de las entraas de los movimientos sociales, Ma Galulnech (No nos lo dijeron), ha comenzado una campaa orientada a bloquear estos acuerdos que, sumados a los de Deauville, la carta de intenciones y el nuevo cdigo de inversiones, muestran claramente que nuestro pas se dirige hacia una estrategia econmica y financiera neoliberal que destruir la clase media, suprimir la intervencin del estado en la regulacin de los mercados y aniquilar nuestra soberana. En este estanque de aguas podridas, los yihadistas pueden pescar en favor de sus propios intereses mientras justifican con sus acciones retrocesos contrarrevolucionarios muy convenientes para el nuevo -viejo- orden econmico de libre saqueo y anarqua financiera.

Santiago Alba Rico es escritor y filsofo.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/tunez-territorio-yihadista-y-fmi/4524


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