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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2013

La izquierda pide la llegada de la III Repblica
Tres instantes de la Espaa Ca (VIII)

Mara Toledano
Mundo Obrero


La izquierda pide la llegada de la III Repblica por conviccin tica y modernidad democrtica. La ultraderecha, tambin, pero por razones muy diferentes.

Transicin y monarqua

De la muerte de Carrero Blanco (1973) al referndum de la OTAN (1986), circula eso que se viene llamando Transicin democrtica. No es fcil a estas alturas de la historia recordar las afrentas, traiciones, desapegos, rupturas, engaos, injerencias, asesinatos y reformas necesarias para pasar de una dictadura de corte fascista, nacional-catlica, a una democracia de mercado con su extraa ley electoral. Muerto el incombustible dictador, la CIA se puso al mando de las operaciones -con el temor, al fondo, de la Revolucin de los Claveles (1974)- y organiz un enorme dispositivo para llevar a la pennsula europea a un estado natural de letargo capitalista. Uno de los elementos esenciales para este proceso fue, adems de la moderacin impulsada por el PCE, la joven (entonces) monarqua. Ahora, que se tambalea, la extrema derecha meditica saca de nuevo sus argumentos mayores y le recuerda algunas de sus traiciones: a Franco, a los Principios generales del Movimiento, etc. Las andanzas del Rey y de sus parientes colaterales estn provocando la reaccin caverncola del viejo y rancio fascio espaol, tradicionalista y de las JONS. La izquierda pide la llegada de la III Repblica por conviccin tica y modernidad democrtica. La ultraderecha, tambin, pero por razones muy diferentes. No est de ms recordar, ahora, cuando los cimientos de la Zarzuela tiemblan, que la cada de la monarqua en 1931, tras elecciones municipales, no fue solo obra de la izquierda. La gran derecha espaola, mayoritaria, nunca ha sido monrquica. No confundamos los argumentos. La izquierda transformadora es republicana, siempre ha sido, por extensin natural, por ejemplo, de la idea de igualdad. La derecha es republicana porque suea siempre con caudillos de hierro. En Espaa, curioso, el nico partido abiertamente monrquico es el PSOE.

Preston versus Carrillo

Leo a Paul Preston, historiador de lo nuestro, sobre Carrillo. El libro se titula El zorro rojo, encabezamiento que no hubiera disgustado al mismo Santiago. Lo leo, despacio, con una mezcla de alegra y tristeza. La mayora, la inmensa mayora, sabemos quin fue el todopoderoso Secretario General. Sabemos de su vanidad y orgullo, de su desprecio por sus enemigos dentro del partido, de sus mtodos. La biografa explica estas cosas y cuenta detalles, terribles, que los jvenes no sabrn. Pienso en Santiago, manos y voz, pitillos, elegantes trajes, y veo, con la distancia, su larga trayectoria. Tambin conozco sus aciertos (pocos) y, aunque esto sea una reflexin casi sentimental, recuerdo el orgullo (infantil) que sentamos cuando suba a la tribuna en el Congreso de los Diputados en los primeros aos de la Transicin. Santiago era un profesional, que vena, atravesando el siglo XX, de los debates de la Internacional. El libro de Preston es elocuente (quiz se apoya demasiado en los testimonios de Lster, Semprn y Claudn, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo), claro en la exposicin y definitivo en sus conclusiones. Me distancio en varios puntos pero destaco uno: la identificacin de Carrillo con el estalinismo. Que Carrillo fuera un dirigente estalinista -ms por obligacin y oportunismo- es algo indudable (como lo fue el partido hasta los aos 60), as como clara fue, sin duda, su supeditacin a los dictados del PCUS. Otra cosa es que, en lo personal, se identifique la soberbia, el despotismo, el rencor y el cinismo como rasgos propios de eso llamado estalinismo. La equiparacin de la maldad, en sentido global, con el estalinismo no es defendible. El estalinismo, vienen teorizando Losurdo y Zizec, entre otros, es algo ms que la personificacin trascendente del mal y la eliminacin violenta de amigos y enemigos. Parece obvio; pero por eso mismo es necesario recordarlo.

El PP y la barbarie inferior

Pareca imposible superar la tontera general y el desconocimiento del ltimo gobierno de Rodrguez Zapatero. Pareca imposible, aos atrs, sobrepasar los lmites absurdos, zafios y simplistas del gobierno Aznar. Sin embargo, todo es posible, the show must go on, cuando nuestra ultramontana derecha, neocon, neonada, tul y hierro, saca a relucir sus galones de opereta, las mantillas y los argumentos, en ruedas de prensa y comparecencias, que una escucha, con vergenza, en cualquier esquina. Campen Arenas, vocero a caballo, el tertuliano Wert, Mato y su ex marido Grtel, nuestro Mariano plurilinge, Guindos, experto en generalidades, y el singular Montoro. Creo que es uno de los peores equipos desde los frgiles gobiernos de Adolfo Surez. Economa y Hacienda, al dictado alemn, fieles perros de presa, ahogando la economa y el empleo sin rechistar, viendo, como saben, el coste que eso supondr para su propia poltica. Cospedal, imaginario guante de cabritilla, apagando fuegos que le explotan en la mano, en la melena, mientras Brcenas, peineta al viento, pone en un brete a todo el partido. Glez Pons, bombero en sus horas libres, luce sonrisa de ultramarinos y templa gaitas al tiempo que Floriano, ay, Floriano, ay, inunda radios y televisiones con bobadas dignas de un nio mal criado. Estamos rodeados. Omito a Gallardn, juega a otra cosa, su ambicin es conocida, que reparte recortes segn convenga a los intereses ocultos que sirve. Al fondo Esperanza Aguirre, cual dscola menina, sin dejar de sonrer, el PP madrileo atado al refajo, zurce -con el huevo de madera- sus calcetines de ex presidenta. Soraya Senz de Santamara -la alumna ejemplar, toma apuntes en primera fila- pese a su esfuerzo y elevado taconeo, no consigue transmitir, cada viernes de dolores, que la cosa va. Es imposible. Se rean del gobierno de Rodrguez Zapatero. No entiendo la razn.

Publicado en el N 260 de la edicin impresa de Mundo Obrero mayo 2013

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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