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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2013

Turbulencias en Tnez, qu ocurrir ahora?

Esam Al-Amin
Washington Report on Middle East Affairs

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


La chispa que encendi la Primera rabe hace ms de dos aos sali de Sidi Busid en Tnez. Durante veintiocho das, el pueblo se levant por todo el pas contra la represin y corrupcin del rgimen autoritario de Zine El Abidine Ben Ali, que duraba ya veintitrs aos. Finalmente, el 14 de enero de 2011, los tunecinos celebraron su victoria y resistencia sobre la tirana y la opresin cuando Ben Ali huy del pas. Pero si librarse del dictador fue algo relativamente rpido y fcil, el desmantelamiento de su rgimen y sus corrosivos efectos sobre la sociedad ha demostrado ser, en efecto, una tarea mucho ms ardua.

Tnez tena varias ventajas frente a otros pases rabes que experimentaron el cambio revolucionario a partir de 2011. Comparado con Egipto, es un pas relativamente pequeo de once millones de habitantes, con una poblacin homognea y alto nivel de alfabetizacin. En el medio siglo transcurrido desde su independencia de Francia en 1956, la sociedad tunecina ha podido recobrarse de su pasado colonial, que dur tres cuartos de siglo, recuperando su patrimonio islmico y rabe a travs del establecimiento de partidos polticos fuertes y movimientos sociales populares basados en el nacionalismo rabe y la ideologa islmica.

Pero aunque el laicismo y el liberalismo mantienen una marcada presencia en la sociedad tunecina, arraigados sobre todo entre las elites y las reas urbanas, las tradiciones y prcticas religiosas estn firmemente incrustadas en todo el pas y en todas las clases sociales, especialmente entre los pobres y las clases medias. Adems, el movimiento islmico dirigido por el Partido Ennahda (Renacimiento) representa una de las tendencias religiosas ms moderadas y polticamente modernas del islamismo en el mundo rabe e islmico. Su visin sobre la modernidad y las relaciones entre Estado y sociedad es similar a la del Partido de la Justicia y el Desarrollo en Turqua. El lder de Ennahda, el Sheij Rachid al-Ghannouchi, es tambin considerado uno de los pensadores islmicos ms moderados y acepta sin problemas el concepto del moderno estado democrtico con todos sus matices y limitaciones.

Ennahda, al ser el partido poltico que ms sufri las represivas medidas de las fuerzas de seguridad del anterior rgimen durante ms de dos dcadas, consigui sin sorpresas una mayora en las elecciones de octubre de 2011, el 42% de los votos, convirtindose en el partido mayoritario del pas al lograr 89 de los 217 escaos de la Asamblea Constituyente. Pocas semanas despus de las elecciones, Ennahda form una coalicin con otros dos partidos laicos y de izquierdas, a saber, el Congreso para la Repblica, dirigido por el activista de los derechos humanos Monsef Marsuki, y el Bloque por el Trabajo y las Libertades, dirigido por el legendario izquierdista Mustafa Bin Yafar. Aunque Ennahda retuvo el puesto de Primer Ministro, que ocup su secretario general, Hamadi Yebali, apoy a Marsuki como presidente y a Bin Yafar como portavoz parlamentario. El principal perdedor en las elecciones fue una coalicin de once partidos laicos rgidamente antiislamistas y ex comunistas bajo el nombre de Polo Democrtico Progresista, que slo consigui cinco escaos en la Asamblea.

De esa forma, al final del primer ao tras el derrocamiento de Ben Ali, Ennahda y sus socios de coalicin tenan el firme control de la escena poltica tunecina, con un mandato de un ao para dirigir el perodo transitorio en el que se redactara una nueva constitucin, se estabilizara la economa, se limpiara la burocracia estatal de los elementos corruptos del rgimen anterior y se prepararan nuevas elecciones parlamentarias tras la aprobacin de una nueva constitucin.

Pero, a pesar de las grandes esperanzas y de la calma relativa del primer ao, el segundo ao se vio enturbiado por amargas divisiones polticas, estancamiento poltico y deterioro de la seguridad. En el frente islmico se fundaron varios partidos conservadores salafes que desafiaron a Ennahda y presionaron a favor de una agenda ms conservadora, pidiendo la inclusin de la Sharia como fuente de legislacin en la nueva constitucin.

Esos llamamientos provocaron un amargo debate entre islamistas, por un lado, y acrrimos laicista, liberales e izquierdistas, por otro. El marco de la discusin cambi de lucha poltica entre revolucionarios versus contrarrevolucionarios a batalla ideolgica entre islamistas versus laicistas.

Como los miembros conservadores de Ennahda se vieron arrastrados por los salafes a esa lucha, el debate estuvo consumiendo y agotando al pas durante varios meses hasta que Ghannouchi y el liderazgo de Ennahda le pusieron sabiamente fin alinendose con los partidos liberales y manifestando que no iban a incluir la palabra Sharia en la constitucin. Ghannouchi razon que el hecho de recoger la frase de la vieja constitucin de que el Islam es la religin del Estado era ya suficiente para preservar la identidad islmica de la sociedad tunecina. Sostuvo que cualquier mencin a la Sharia dividira sin necesidad a la sociedad, y que la ley islmica no puede imponerse desde arriba.

Sin embargo, utilizando una retrica altamente voltil, la oposicin laica sigui acusando a Ennahda de tener una agenda islamista secreta y de intentar infiltrarse en el Estado y nombrar a miles de sus miembros para los puestos ms delicados en el gobierno. Adems, los tunecinos de a pie sintieron que su bienestar econmico no slo no haba mejorado sino que, de hecho, haba empeorado, mientras las huelgas laborales, las manifestaciones y la desobediencia civil eran cada vez ms frecuentes. En realidad, la mayora de los tunecinos se haba revelado contra el rgimen de Ben Ali no slo para poner fin a la represin poltica sino para que se combatiera la corrupcin econmica, los malos resultados, el alto desempleo y la falta de justicia social. Pero los elementos corruptos del anterior rgimen, que ahora ocupaban puestos sensibles en los medios de comunicacin, en los servicios de inteligencia, en las fuerzas de seguridad y en la burocracia estatal, haban estado socavando an ms al gobierno de coalicin al atacar incesantemente a Ennahda y a sus dirigentes.

En medio de las tensiones creadas por las acusaciones y contraacusaciones entre islamistas y laicos, avivadas por los leales al antiguo rgimen, el torbellino poltico en el pas se intensific cuando Chukri Belaid, un destacado y popular dirigente poltico fue asesinado. Belaid era abogado laboralista, activista por los derechos humanos y un poltico que haba dirigido el movimiento laico y de izquierdas llamado Movimiento de los Patriotas Demcratas. Se haba manifestado con total franqueza contra el Islam poltico y se mostr muy crtico con Ennahda y sus dirigentes. El 6 de febrero, unos desconocidos le asesinaron frente a su casa.

Hasta ese momento, los asesinatos eran un hecho desconocido en el contexto poltico de la sociedad tunecina. Los grupos laicos acusaron rpidamente a los islamistas de haber perpetrado el impactante crimen. Todos los partidos polticos lo condenaron, mientras cientos de miles de personas participaban en el masivo funeral de Belaid y protestaban por el horrible asesinato. Adems, cuatro partidos laicos y de izquierdas se retiraron de la Asamblea y se convocaron huelgas generales. El Primer Ministro Yebali declar que haba sido un asesinato poltico y el asesinato de la revolucin tunecina, mientras Ennahda emita un comunicado tildndolo de crimen atroz contra la seguridad y estabilidad de Tnez.

La inmediata consecuencia poltica de este incidente fue una declaracin de Yebali en la televisin estatal para formar un nuevo gobierno interino compuesto de tecncratas y profesionales. La nacin necesitaba rebajar tensiones polticas y centrarse en los graves problemas polticos y econmicos a que se enfrentaba el pas, afirm. Aunque muchos partidos de la oposicin recibieron positivamente este anuncio, Ennahda lo rechaz. Ghannouchi advirti que un gobierno compuesto de partidos polticos con una agenda compartida y un programa comn garantizara mucho mejor la legitimidad y la estabilidad. Aunque ambos sufran divisiones dentro de sus propias filas, lo que provoc escisiones entre partidos, los dos socios de la coalicin de Ennahda apoyaron inicialmente la idea de Yebali, pero despus le retiraron su apoyo a favor de un gobierno poltico. Sus crticos lanzaron la acusacin de que la coalicin estaba tratando de aferrarse desesperadamente al poder tras no haber cumplido ninguno de sus mandatos electorales, desde redactar una nueva constitucin a supervisar la recuperacin y el crecimiento econmicos.

Por otra parte, los dirigentes de Ennahda sostienen que ya se ha redactado una nueva constitucin que consagra muchos derechos, libertades y principios de gobernanza democrtica. Se quejan, amarga y discretamente, de la injerencia extranjera que trata de socavar la revolucin y desestabilizar el gobierno de los islamistas. Como Yebali dimiti y se neg a formar el siguiente gobierno a partir de coaliciones polticas, Ennahda eligi al Ministro del Interior Ali Al-Aridh para que formase el nuevo gobierno con la misma coalicin de socios. Al-Aridh prometi formar un gobierno que estuviera compuesto por todas las tendencias polticas y por tecncratas competentes.

Una razn por la que las revoluciones son tan raras en la historia es porque representan expresiones populares masivas de descontento e indignacin frente al orden poltico existente, orden que ha ido levantndose a lo largo de muchas dcadas. Una vez alcanzado el punto de inflexin, se produce el derrocamiento del orden existente y el establecimiento de uno nuevo. Pero el principio ms importante durante el perodo de transicin no es establecer o preservar las normas democrticas basadas en agudas diferencias polticas e ideolgicas, sino preservar la armona poltica y social en el pas hasta que el viejo rgimen est completamente erradicado y se haya establecido un orden nuevo en su lugar. Cuanto antes reconozcan este hecho los dirigentes tunecinos de todas las tendencias y se centren en los principales objetivos de la revolucin, a saber, en la libertad, la justicia econmica y social y la dignidad humana, y aplacen sus batallas ideolgicas hasta que se establezca un nuevo orden, ser tanto ms probable que su excepcional revolucin pueda tener xito y perdurar.

Esam Al-Amin es un escritor y periodista independiente experto en temas de Oriente Medio y de poltica exterior estadounidense que colabora en diversas p ginas de Internet. Puede contactarse con l en [email protected] . Acaba de publicar el libro The Arab Awakening Unveiled: Und erstanding Transformations and Revolutions in the Middle East.

Fuente: http://www.wrmea.org/wrmea-archives/545 -washington-report-archives-2011-2015/april-2013/11848-tunisia-in-turmoil-what-next.html



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