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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2013

Bulgaria, Europa y el viento en las periferias

Maciek Wisniewski
La Jornada


Cuando a finales de febrero las demostraciones populares tumbaron al gobierno centroderechista de Boiko Borisov, Ivan Krastev, politlogo y comentarista liberal, observando los nimos subrayaba: la gente no quiere nuevas elecciones, sino cambios (Krytyka Polityczna, 5/3/2013).

Pero a tres meses de las dramticas protestas que se extendieron por todo el pas (con gente golpeada por la polica y manifestantes que se inmolaban), los blgaros no slo tuvieron que conformarse con las nuevas elecciones realizadas el pasado domingo 12 de mayo sino tambin con el regreso de Borisov.

El viento de los cambios que se respiraba en las calles (el himno extraoficial de las protestas era... Wind of change, de Scorpions) dej de soplar y, juzgando hoy por los nimos, es poco probable que vuelva pronto para desvanecer los problemas que acechan a Bulgaria.

Se empez con el descontento por los altos precios de la luz, pero era slo una gota que derram el vaso: la situacin en este pas, el ms pobre de la Unin Europea (UE) y con un sueldo promedio ms bajo (unos 520 dlares), se volva insoportable ya desde hace tiempo.

Mientras a primera vista la situacin econmica no era tan mala como por ejemplo en Grecia (el dficit y la deuda pblica seguan bajos), y aunque Borisov manteniendo la disciplina fiscal dosificaba sus polticas, las buenas macrocifras no frenaban el deterioro de las condiciones de vida, cada vez ms miserables (22 por ciento de los blgaros vive en la pobreza, otro 49 por ciento en riesgo de caer en ella).

Y cuando la desesperacin por lo cotidiano se junt con la indignacin por la creciente descomposicin de la poltica (corrupcin, vnculos con el crimen, enajenacin de los ciudadanos), la situacin estall. Durante las protestas siete personas se prendieron fuego; desde hace meses se observaba el incremento de suicidios, todo en una clara relacin con la situacin social y pobreza (El Pas, 27 y 31/3/2013).

Los manifestantes no slo demandaban mejoras, sino cambios estructurales: asamblea constituyente, reformas en el sistema electoral, renacionalizacin de la red elctrica. Pero a pesar de mucha energa, las protestas no desembocaron en ningn movimiento y estos postulados quedaron en el aire. Ante la incapacidad de construir un liderazgo alternativo el hartazgo popular (la gente ya no confa en los polticos, en el Estado, ni siquiera en el libre mercadoˮ, sealaba Krastev, Gazeta Wyborcza, 10/5/2013) estaba siendo acaparado en parte por la ultraderecha antigitana y antiturca, algo bastante preocupante.i

El resultado electoral 31 por ciento para la centroderecha de Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), 27 por ciento para los ex comunistas del Partido Socialista Blgaro (BSP), 10 por ciento para la minora turca (DPS) y 7 por ciento para los nacionalistas y xenfobos de Ataka confirma que Borisov cedi slo para conservar la influencia y poder volver. Pero la participacin ms baja desde la cada del comunismo (50 por ciento) y la falta de una mayora absoluta evidencian que la solucin no pasaba por las urnas y que el impasse sigue.

Despus de que en 2007 Bulgaria entr a la UE, Tzvetan Todorov, semilogo francs nacido en Sofa, aseguraba que se senta an ms orgulloso de ser europeo (Resetdoc, 4/8/2008).

Qu pensar hoy al ver la actitud de Europa hacia su patria?

Para empezar fue la UE que impuso la austeridad a Borisov, ponindolo incluso como ejemplo para otros mandatarios del bloque. La situacin revent all no porque no se cumplieran sus exigencias (como se les deca por ejemplo a los griegos), sino entre otros porque se han implementado todas las recetas. Sobre esto en Europa nadie no dijo ni una palabra.

En el mismo tiempo y en el peor de los momentos algunos pases siguen oponindose a que Bulgaria sea parte del Acuerdo de Schengen sobre el libre trnsito, culpando a los migrantes de este pas por el desempleo (sic), impidindoles buscar los cambios incluso a nivel individual (The Guardian, 6/3/2013).

As, la mayora de los blgaros no tienen ninguna razn para sentirse orgullosamente europeosˮ.

La Unin Europea en el momento de la adhesin se vislumbraba como una palanca del desarrollo institucional y un catalizador de cambios. Borisov y su partido (vide: su nombre) capitalizaron algo de estas esperanzas. Hoy ya pocos creen que la UE sea una va al bienestar o fuente de valores a seguir.ii Un ejemplo: la solucin para el mercado energtico (en manos de empresas extranjeras que ejercen un monopolio) aconsejada por la mayora de los expertos blgaros, todos educados en la jerga de la UE, era... sorpresa!: ms privatizacin y desregulacin.

De hecho fue lo mismo que desde que estall la crisis haca la propia Unin: eliminar las alternativas y consolidar el consenso neoliberal, convirtindose casi exclusivamente en una herramienta de disciplina del mercado.

Incluso para un intelectual como Todorov brillante, pero bastante conservador, la UE dej de ser una entidad democrtica y poltica (El Pas, 29/4/2012), algo que lo llev a argumentar que hoy el mayor peligro para la democracia no proviene de los que se declaran como sus enemigos, sino de sus supuestos defensores (Los enemigos ntimos de la democracia, 2012).

Aunque la UE sea una de las pocas instituciones capaces an de defender hasta cierto punto a Europa de las embestidas del capital global (weak power), ante las cuestiones de democracia o transparencia, ms que una solucin, resulta ser un problema.

Siguiendo a Rosa Luxemburgo, que subrayaba que la verdad sobre el capitalismo se refleja no en el centro, sino en sus mrgenes, la verdad sobre la convulsionada UE se ve mejor reflejada en sus periferias como Bulgaria.

El viento desde Bruselas no trae antdoto, sino el mismo veneno responsable de que todo all siga sin cambios.

*Maciek Wisniewski es un periodista polaco

Fuente: Una versin ligeramente cambiada del comentario publicado en La Jornada, http://www.jornada.unam.mx/2013/05/17/opinion/020a2pol

i Si ms bien tiene razn Ivan Krastev al identificar el nivel y las facetas del hartazgo que se siente en Bulgaria, para un pensador liberal como l, lo ltimo la perdida de la fe en el libre mercado parece ms preocupante e incluso inaceptable (claro...). Sin embargo este sentimiento indica un momento poltico bastante delicado: por un lado podra ser un punto de partida para los tan deseados cambios y la construccin de alternativas (solo una vez perdida la fe...ˮ); por otro, ante un vaco en la izquierda esta desorientacin es un regalo para la ultraderecha que tradicionalmente le echa la culpa por las fallas del mercado a los enemigos externosˮ en este caso gitanos o la minora turca siendo un caldo de cultivo para el fascismo en las periferias (el caso hngaro sera paradigmtico aqu).

ii Meglena Kuneva, la primera eurocomisaria del pas y su partido Bulgaria para los Ciudadanos que claramente trataban de aprovechar el vnculo con la UE obtuvieron apenas 3% de votos y no entraron al parlamento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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