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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2013

El rey con Videla sobre una balsa de muertos

Cristina Fallars
eldiario.es

Durante los das que el rey Juan Carlos I estuvo con Videla desaparecieron al menos 10 ciudadanos. Imposible que el monarca no oyera los gritos que ya circulaban por el mundo entero.


El 26 de noviembre de 1978 el rey Juan Carlos I de Espaa viaj a Argentina. Al da siguiente, lunes 27, se encontr con el presidente argentino de facto Rafael Videla. Aquel mismo lunes desaparecieron a Alfredo Antonio Giorgi y Calos Santiago Mires, de quienes no s nada ms que eso, que los desaparecieron, quien sabe si mientras Videla pronunciaba ante el rey espaol sus palabras de bienvenida:"Este es un da de memorable encuentro filial. Todos los argentinos lo hemos aguardado con desbordante afecto, conscientes de su transcendencia y su dinmica proyeccin de futuro. Memorable. Transcendencia. Futuro.

Al da siguiente, martes 27, desaparecieron a Hernando (Tito) Deria, Gertrudis Marta (Lucy) Laczik de Poblete, Hugo Alberto Merolo, Claudia Victoria Poblete Hlaczik, Jose Liborio (Pepe) Poblete Roa y Marta Ins Vaccaro de Deria. Nada ms s de ellos, solo que los desaparecieron mientras el rey de Espaa, de la Espaa democrtica en construccin, se encontraba con los dirigentes de un Congreso que ya no exista, porque Videla y compaa lo haban disuelto, como haban prohibido los partidos polticos, pero qu le iban a importar al monarca los partidos, a l, que acababa de ser designado por un dictador, de oca a oca y tiro porque me toca. Al muerto se le puede llamar realpolitik y sentarlo a cenar, que no abrir la boca.

Suele suceder que si uno construye sobre un terreno que alberga una balsa, en algn momento la casa empieza a resquebrajarse. Si la balsa es de aguas negras, de material en descomposicin, poco a poco las tuberas se arrancan a exhalar un tufo repugnante y constante. Si esa poza oscura guarda un cadver, cien cadveres, mil cadveres, el hedor de la muerte acabar haciendo la vida imposible. Y adems, las grietas.

Los muertos de la balsa gritaban, majestad, usted los oy gritar all, era imposible no hacerlo, miles de personas en campos de concentracin, en salas de tortura, en crceles clandestinas, en talleres de horror, concentrados, gritando. Imposible no orlos. Si hasta yo los oigo ahora, a travs de los aos. Las vendas que les cubran los ojos en los campos constantemente, das, semanas, sabe, majestad que se volvan de cemento? Despus de jornadas de sudor, lgrimas y sangre, se endurecan como el vidrio y cortaban el tabique, la nariz. Usted oy los desgarrones de los vientres abiertos, oy el berrido de aquel hombre a cuyo hijo dieron picana ante su desesperacin, oy a la madre que mora reventada en el parto pro robo, a la cra violada hasta la muerte a jirones, el grito del tipo que recibi la foto de su madre sobre el suelo, desnuda, montada por los perros de los militares, tuvo que orlos, como el murmullo de los curas catlicos que confesaban a los torturadores, pobres chicos, que alivien sus conciencias. Usted estaba all y tuvo que orlo, majestad, porque usted estaba all el da que le reventaron la cabeza al chaval de una patada, y saba, claro que saba, usted estaba recibiendo su premio de manos de quien ordenaba una madera ms entre las piernas. Todo est AQU guardado, narrado hasta la nusea, bsquese, busque lo que sucedi exactamente aquellos das, identifique el grito que decidi no or y que olvid.

All estuvo usted, Juan Carlos, y all se qued, porque l, el mximo responsable del horror extremo, sonrea, y sus generales sonrean, y sus perros sonrean. Y todo era gracias a usted.

Estamos sentados a la mesa. No dejo de darle vueltas a su foto con Videla, majestad, y me decido a preguntarle a Ral Argem, con quien comparto casa e hija: "En el 78, cuando el rey de Espaa visit Argentina yo estaba preso en los pabellones de la muerte, Unidad 9 de La Plata. As se les conoca internacionalmente, pabellones de la muerte. l tambin, claro, cmo no iba a conocerlos? Estbamos ah los tipos que consideraban que habamos sido jefes en la guerrilla, y cada vez que suceda algo que les molestaba a los militares, algo como una denuncia internacional, sacaban a uno y ya no volva, como Gonzalo Carranza, cuya madre viva a las afueras de Barcelona, como tantos... Si no nos desaparecan a todos era porque en Francia, Holanda, Blgica, Suecia, Suiza y algn otro pas hacan el seguimiento de todos nosotros, y no se atrevan a cargarse con ese escollo. Si no nos mataron a todos, fue por la presin internacional. Y entonces, ante el aislamiento internacional y las denuncias de desapariciones y crceles clandestinas que corran por muchos pases, Espaa, en la figura de su Rey, reconoci con su visita a la Junta militar".

Y sobre esa balsa de putrefaccin construimos nosotros todo esto. Nosotros, que tambin sabamos todos estos aos y hemos estado mudos. Nosotros que ahora nos sorprendemos con el hedor y las grietas, con este temblor negro que sube desde los cimientos.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/rey-Videla-balsa-muertos_6_91400879.html



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