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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2013

Uruguay
Marcha por la tierra y el agua

Ral Zibechi
Alainet


Un nuevo movimiento y un movimiento de nuevo tipo estn naciendo en el perodo de mayor crecimiento de la economa y el consumo, poniendo en cuestin el modelo de desarrollo y sus consecuencias sociales y ambientales.

La contaminacin de las fuentes de agua de OSE otorga un impulso y una credibilidad inesperados al naciente movimiento social que pone en cuestin un desarrollo basado en la utilizacin intensiva de la tierra y el agua. Bienes comunes que las autoridades reconocen estn siendo afectados y cuyo uso debera ser regulado.

La IV Marcha en Defensa del Agua, la Tierra y los Bienes Naturales, realizada el 10 de mayo, fue un espejo de buena parte de la sociedad uruguaya en el que se reflejaron desde los pequeos y medianos productores rurales hasta las contraculturas juveniles urbanas. Demasiada diversidad para algunos; escasa contundencia y falta de propuestas alternativas para otros.

El nacimiento de un movimiento social, que de eso se trata el proceso que estamos viviendo en los dos ltimos aos, es un acontecimiento que, por excepcional, debera ser celebrado en una sociedad que necesita como pocas remover la modorra de abajo arriba, paso previo para que se produzcan cambios en la cultura poltica. Mirando hacia atrs, los modos y formas de este movimiento sintonizan con los modales que mostr la campaa por el voto verde hace 24 aos, que tambin esgrimen otros movimientos como el feminista y el que defiende el matrimonio igualitario.

Dos aos es mucho

A comienzos de 2011 pequeos grupos de productores rurales de Valentines y vecinos de Punta del Diablo y La Esmeralda comenzaron a formular crticas al proyecto minero Aratir y al mineroducto que trasladara el hierro hasta un puerto en las costas de Rocha. Hace dos aos, el 13 de mayo de 2011, se realiz la primera marcha en Montevideo, desde General Flores y Propios hasta el Palacio Legislativo, convocada por productores de Cerro Chato y Valentines y pobladores de Rocha.

La cuarta marcha fue convocada por 40 colectivos que se agrupan en cuatro regionales y confluyen en una coordinacin, la Asamblea Nacional Permanente, que mantiene encuentros y reuniones peridicas. En slo dos aos el movimiento fue capaz de tejer una amplia red organizativa territorial que abarca 16 departamentos y funciona de modo horizontal, con acuerdos que se toman por consenso luego de consultas a los grupos de base.

A diferencia de otros movimientos, en particular los que se movilizaron contra la instalacin de la fbrica de celulosa Botnia en Fray Bentos, en la Asamblea Nacional no hay ong ni funcionan grupos de carcter partidario, aunque es posible ver algunos militantes de partidos que deben sujetarse a la dinmica que imponen los acuerdos consensuados. La mayor parte de los grupos de base son pequeos colectivos con menos de una decena de miembros, aunque algunos congregan hasta treinta activistas permanentes. El hecho ms comn y diferenciador de este movimiento es que descansa en la lgica asamblearia, instancia ineludible para tomar decisiones y llevarlas a la prctica. La delegacin es mnima, por ahora, y se limita a los mbitos de coordinacin regional y nacional.

Esa cultura es su principal, pero no nica, sea de identidad. Al igual que las personas, un movimiento no debe ser comprendido slo por lo que dice ser sino, sobre todo, por lo que hace para poder ser. Una vocacin comunitaria, emparentada con la lgica asamblearia, parece atravesar a esta multitud de colectivos en movimiento. Comunidad somos nosotros!, pudo escucharse en la proclama leda en la plaza Independencia. Alguna vez algn movimiento social se present de ese modo en este pas?

Nuestra lucha no es slo ambiental, apunt la proclama. Aprendiendo de lo sucedido en los ltimos aos con las demandas ambientalistas, que fueron reconducidas por los especialistas y las ong al terreno de los estudios tcnicos, la Asamblea Permanente pone en el centro de sus crticas el modelo actual que nos perpeta como exportadores de materias primas. En esa crtica caen desde los monocultivos de soja transgnica hasta la minera de gran porte y el extractivismo urbano de la especulacin inmobiliaria.

El movimiento tiene su futuro garantizado, toda vez que ya nadie pone en duda las consecuencias del modelo y hasta los montevideanos perciben que lo que sucede en remotas reas rurales impacta en su calidad de vida. La ex petista Marina Silva cosech el 20 por ciento de los votos en las ltimas elecciones enarbolando el ambientalismo, y el prximo ao ser una dura rival de la presidenta Dilma Rousseff.

Este novedoso movimiento es el primero en muchos aos que nace en el Interior, donde tiene su mayor arraigo. Para seguir creciendo debe vencer un obstculo no menor: las microculturas ideologizadas y los egos personalistas, yerbas malas del asfalto que pueden esterilizarlo o conducirlo hacia callejones sin salida.

Ral Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.

Fuente: http://alainet.org/active/64093


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