Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2013

Per
Un viaje al pasado

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Se ha sugerido que viajar al pasado es crear un universo paralelo y no regresar a un propio pasado, sino a una copia de ste. Pues bien, eso es lo que parece ocurrir con la poltica norteamericana de hoy, referida, por lo menos, a Amrica latina.

Cuando el ciudadano Kerry dijo recientemente que Amrica Latina era nada menos que el patio trasero de los Estados Unidos, no estaba hablando como el Secretario de Estado de un pas que mira el futuro; sino de otro, que retorna al pasado, solo que de manera ficticia, para extraer una copia del mismo y aplicarlo a una realidad enteramente distinta.

A mediados del siglo XX, cuando la administracin yanqui aval la invasin militar a Guatemala preparada por la CIA y liderada por Castillo Armas a fin de derrocar al Presidente Constitucional de ese pas, Jacobo Arbenz; un periodista interrog al entonces vocero principal de la Casa Blanca John Foster Dulles acerca del impacto que esa accin generara entre los amigos de Washington en el mundo. La respuesta del Secretario de Estado USA fue definida y lapidaria: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.

Eran esos los aos en los que el esplendor de la guerra fra se orientaba a alinear a todos los gobiernos de la regin tras la batuta imperial, reeditando la vieja doctrina Monroe que reencarnada en el mensaje de El Panamericanismo -definido genialmente por el humorista peruano Luis Felipe Angell, como Pan para ellos, y Americanismo para nosotros- asomaba convulsa en un escenario en el que la Guerra de Corea era la expresin dominante.

Pareciera que hoy el Presidente Obama busca reeditar la vieja doctrina como una manera de proyectar la imagen de su pas como potencia mundial, pero tambin como un modo de enfrentar la campaa de la ultraderecha yanqui que anhela volver a los viejos tiempos en los que pegar al negro y odiar al rojo constituan el lei motiv de la vivencia yanqui.

Derrotado espectacularmente en Afganistan donde no pudo llegar siquiera a las oscuras cuevas de Bora Bora, vencido en Irak, impotente para obligar a Libia a acoger su modelo, imposibilitado siquiera de cerrar el Centro Clandestino de Reclusin que funciona en Guantnamo, y repudiado en el medio oriente tras la inenarrable sangra Siria; el Presidente de los Estados Unidos parece haber llegado a la conclusin que debe replegarse en su propio escenario. Y concibe ste, como el territorio americano desde los pisos helados de Bering, hasta el estrecho de Magallanes.

Este viraje parece haberse perfilado mejor a partir de la designacin de John Kerry, el Senador Demcrata y ex candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, quien entr al cargo de Secretario de Estado con el mpetu con el que un picapedrero se empea en romper los cristales de un hermoso edificio; y disear una nueva poltica para la regin.

Esa, parece tener una idea inicial y tres puntas definidas. La idea es que el deceso del Presidente Chvez marca un cambio en el escenario continental y permite a Washington retomar con bro su estrategia de dominacin. No estando ya el Quijote de Caracas, sera ms fcil generar espacios de penetracin imperial en la regin y soliviantar a los pueblos en provecho extrao.

De ah que la primera de esas puntas, enfile a Caracas. Partiendo de la premisa que Maduro no es Chvez, Washington alienta la ofensiva de la contrarrevolucin con todo. Ahora, ataca con el colapso financiero, el desabastecimiento de los mercados, la escasez de vveres, la inflacin galopante: mismo Chile de los aos 70, previos al Golpe Fascista que hoy todos repudian pero que unos vieron con alivio y otros aplaudieron a rabiar. Esa tctica que domina a la perfeccin la clase dominante en nuestros pases, no es simple: se orienta a generar el clima de una confrontacin armada, una suerte de guerra civil que, en su momento, reviente como un conflicto interno y luego permita a Washington alentar la intervencin de una fuerza de paz liderada por la OEA y por Naciones Unidas, como lo confirman hoy varios ejemplos.

La segunda punta es el Per, donde virtualmente se ha trasladado el escenario caraqueo. Aqu dan vueltas como espectros de un pasado vencido los ms ramplones politiqueros de la burguesa de la Venezuela pre-revolucionaria y saltan de un programa a otro de la Tele. Los presentan Jaime Althus, Rosa Mara Palacios, la Chichi y hasta Alvarez Rdrich; y los apan los ms destacados voceros de la Mafia: Jorge de Castillo, Lourdes Alcorta, Luz Salgado, Rafael Rey, Pedro Pablo Kuczynski y algunos ms. Ellos se concentran bajo el patrocinio de ciertas autoridades locales, incluida la alcaldesa de Lima, Susana Villarn; y son aplaudidos por una vocinglera claque de venezolanos que huyeron de su pas por no rendir cuenta de actos delictivos, ser cmplices de las mafias locales, o simplemente sentir pnico ante los cambios sociales. Recientemente hicieron un espectculo circense en Pueblo Libre con escolares a los que trasladaron en buses como comisin de aplausos. Ante ellos, el socio de Canaan, habl de Moralidad y buen gobierno.

Esa nave anti-chavista que busca surcar los mares peruanos incursionando en todas las esferas de nuestra poltica, luce sin embargo, desorientada: no sabe si aplaudir el retiro de Rafael Roncagliolo de Relaciones Exteriores, o lamentarlo, asegurando que fue vctima de Maduro. Y es que resulta incapaz de percibir los hechos. El Canciller peruano, que tuvo una gestin austera, sobria y digna, mantuvo una poltica de Estado que responde a los intereses y necesidades del pas. Por eso, fue aviesamente atacado por los grandes medios al servicio de la corrupcin sueltos en plaza por la fuerza del dinero. Y por eso, esa poltica se ha confirmado hoy como respuesta a los sueos quimricos de sus detractores, que esperaban que un diplomtico de carrera asumiera esa funcin. Queran a Francisco Tudela o a Eduardo Ponce, a quienes brindan espacios y pginas de manera cotidiana. A cualquier de ellos lo habran aplaudido a cuatro manos. En este marco, a Humala lo detestan, pero slo Lourdes Flores dice que es un ttere. Los dems, lo castigan con el ltigo de su desprecio.

Y la tercera punta es Argentina, donde la ofensiva contra Cristina Fernndez alcanza ribetes inimaginables. La acusan, literalmente, se haberle dado un tiro en la nuca a su esposo, el presidente Kirchner para sustraer inmensas bolsas de dlares y euros, sabiamente ocultados en un bunker especialmente construido en los bajos de su casa. A lo que aspiran es simplemente a liquidar su imagen para impedir la continuacin del proceso progresista que se opera en su pas.

Por razones de orden geogrfico, pero tambin por las especificidades del proceso nuestro, el Per parece ser visto por Washington como el eslabn ms dbil, y por tanto ms vulnerable. Y es que la Casa Blanca sabe que aqu radica la oligarqua ms venal y ms servil del continente. Para ella lo dijo ya Gonzlez Prada- el Per fue tienda plantada en el desierto de una segunda Arabia; acometieron y despojaron a los dueos; pero no se van porque todava explotan algunos restos de grandeza y no vislumbran tienda que embestir y robar.

Confiada en la capacidad operativa de esta fuerza obsecuente y envilecida, la White House, afila sus dardos con el propsito de imponer a como d lugar, una nueva poltica exterior al gobierno del Presidente Humala. La reciente y sorpresiva visita del ex Presidente Clinton no constituye en nuestro desierto poltico un hecho casual, como podra serlo una gota de lluvia. Es la antesala de un encuentro mayor: la cita del 9 de junio en la que el Presidente Obama recibir al mandatario peruano en un encuentro que puede resultar decisivo para la evolucin del proceso peruano.

La participacin activa del Per en el acuerdo del Pacfico, con Mxico Colombia y Chile es para Washington una piedra de toque porque podra suscitar un alejamiento de las posiciones chavistas. Claro que incluso eso resulta relativo, porque en poco tiempo la administracin de Santiago cambiar de manos, y Piera ya no estar para lavar la cara de los yanquis.

An as, la toma de distancia con relacin a UNASUR y la CELAC, la quiebra de estas estructuras y la renuncia a buscar caminos propios de desarrollo liberador; constituyen hitos bsicos que el gobierno de los Estados Unidos exige en una suerte de ruta del retorno, es decir, una vuelta al pasado de sometimiento y humillacin. Ese retorno podra ser copia -y mala- del pasado, pero no tendr futuro: los pueblos, han cambiado.

Gustavo Espinoza M. del Colectivo de Direccin de Nuestra Bandera

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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