Portada :: Argentina
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2013

Videla: la muerte del tantico apasionado

Emilio Cafassi
Editorial La Repblica


En un pabelln no muy comn- de una crcel comn muri el mximo responsable del ltimo genocidio argentino, Jorge Videla. Encerrado en condiciones materiales ms que dignas en comparacin a la mayora de los reos, tambin llamados comunes, aislado junto a otros perpetradores de crmenes de lesa humanidad, careci de la oportunidad de enriquecer su escassima formacin aprendiendo, por ejemplo, el lenguaje tumbero y las prcticas de las que deriva. Aquel que el autor del diccionario tumbero, Flix Carballo (un ex jefe penitenciario argentino de larga experiencia) describe como vocablos etimolgicamente herederos de la conducta sexual y agrego- de su asociacin ideolgica con la humillacin, la tortura y la violencia. El torturador muri lingsticamente asptico de la jerga de y todo otro contacto con- los actuales torturados, muy distinta a la de aquellos a los que envi a la tortura y la muerte desde su escritorio de sigiloso mandn arbitrario, inclemente y encubridor.

Toda muerte concita expresiones afectivas que sern muy desiguales segn la naturaleza del lazo con el que cada sujeto se anude al difunto. Para Freud, el afecto es el estado emocional que acompaa a la representacin de una pulsin que tiene una magnitud o cuantum de afecto y otro cualitativo mensurable en el placer o displacer. Lo que acta no es la pulsin misma sino el representante psquico de esa pulsin, que se compone de una representacin (de ideas, imgenes o fantasas) y de un afecto. El impacto afectivo de esta muerte sobre m no es de tristeza, pero menos an de alegra. Sin mayor intensidad, se traduce en una pequea incomodidad displacentera. Tampoco siento el alivio que sincer la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo: el genocida ya no era amenaza. Ms bien el sentimiento es el de una clausura, de una dbil oportunidad perdida. Videla representaba vivo, mucho ms de lo que ahora muerto. Adems de la ideologa exterminista y mesinica a la que lo asocio, la imagen de la que su muerte me priva es la de un impotente condenado sumido en el escarnio aunque propietario an de varias claves ocultas. Esta muerte, al igual que la de otros criminales felizmente condenados, la significo como una suerte de fuga, de liberacin de su condena y repudio social. Pero no es este escape lo que ms me incomoda, sino lo que se pierde con l.

En primer lugar -el menos importante- porque Videla vivo, encarcelado y pasendose por los juzgados que le exigan informacin y pruebas colaboraba con la construccin de un imaginario de nunca ms en la historia. Era una especie de cono viviente de la monstruosidad y su negacin consciente. Si bien la investigacin y la difusin masiva de las aberraciones de las dictaduras latinoamericanas es el muro de contencin para futuras amenazas de terrorismo de Estado, la condena jurdica unida a su carcter de preso le aportaba cierto revestimiento simblico que perdimos. Pero en segundo lugar porque intuyo que en sus ltimos aos, tal vez motivado por la vergenza de la consideracin pblica, podra haber soltado algo ms de los secretos que guardaba. Y si bien esto mismo puede ser aplicable a toda muerte, y con ms significacin a la muerte de toda persona pblica, resulta cardinal para los protagonistas de las dictaduras por el velo de su accionar, que constituye justamente la negacin de lo pblico. Si las rdenes tan pomposamente pronunciadas eran orales (y por tanto desmentibles u olvidables por los ejecutores) o bien se destruan si eran impresas, el testimonio (de vctimas y victimarios) resulta el camino excluyente a cualquier forma de reconstruccin de la verdad.

Los reportajes que el asesino concedi contienen dosis importantes de indicios respecto a fuentes de informacin, una vez que se los despeja de la cantinela autojustificatoria como la de la guerra y la salvacin de la patria. Sus ideas eran tan elementales y machaconas que cabran en un slo prrafo, pero la futilidad de transcribirlas se compensaba con indicaciones de mecanismos operativos y procedimientos, de alianzas y colaboraciones, que no por sospechables debieran despreciarse. Precisamente el simplismo de sus concepciones y descripciones, explica cmo pudo ser utilizada esta marioneta gris uniformada, al modo de un desechable preservativo, por parte del establishment con su ministro de economa, Martnez de Hoz, como diestro titiritero. An aislados y acotados, los datos habr que bucearlos en la prensa y no en sede judicial dnde siempre se ampar cobardemente en el silencio y en la denostacin de la justicia para posteriormente ignorarla. En un artculo referido a los discursos terroristas en general sostuve que pueden combinarlo con autoelogios y bravuconadas discursivas, pero los terroristas una vez interrogados dicen que no fueron, que no saben, que no se acuerdan, que no vieron, que no estaban y su organicidad organizativa y transmisin comunicativa se reduce a murmullos al viento. No hay documentos escritos, rdenes explcitas u otras pruebas documentales como mapas, fotografas, filmaciones, etc., ni an vencidos los plazos de desclasificacin, algo particularmente aplicable al terrorismo imperial. A diferencia del combatiente, el terrorista tiene el habitus del delincuente. Un mafioso amparado discreta o desembozadamente en sus confines corporativos. Sus enemigos son la justicia, la investigacin histrica, la deduccin, las pruebas y registros, en suma, la verdad. (Monstruos jursicos, 18/04/2010).

Pero a Videla se le pudieron leer ltimamente algunas indicaciones. En el reportaje a la revista cordobesa El Sur que no es la primera vez que cito, menciona no slo directamente nombres de la jerarqua eclesial como el Cardenal Primatesta, el Nuncio Apostlico Pio Laghi sino que se refiere a obispos con quienes hablaba como integrantes de la Conferencia Episcopal argentina. A ellos, los hace directamente responsables del asesoramiento en el manejo de la temtica de los desaparecidos, y cmplices al interponer sus oficios en la comunicacin del fallecimiento de algunos de ellos a sus familiares, sobre los que la institucin caracterizaba que no haran uso poltico de la informacin, asumiendo los riesgos. Esta informacin nunca fue desmentida, sino inversamente profundizada por los estudios del periodista argentino Verbitsky sobre la Iglesia local. No quedan claros, sin embargo, los matices que pudiera haber en esos debates con la iglesia y con otros integrantes de la junta y comandantes, ya que en ocasiones pareciera indicar que era hasta el propio Videla el preocupado por las consecuencias de no asumir la realidad de sus prcticas y proclive a blanquear los datos aunque en otras, seran los prelados. Al punto que en la entrevista sostiene con pretensin justificatoria, aunque tambin tcitamente crtica de sus camaradas, que l y sus esbirros pagan el costo de no haber blanqueado los mtodos dispuestos y publicar la lista de desaparecidos tal como dice haber propuesto.

Cualquiera haya sido el mentor de cada postura, todos parecan compartir la aceptacin del extermino y su metodologa, centrando la polmica en identificar el mejor camino para el encubrimiento, cosa que tambin se refleja en el libro de entrevista que public el periodista Ceferino Reato. En palabras de Videla, no era tan fcil, porque adems bamos a estar expuestos a la contra pregunta. Si a una madre le decamos que su hijo estaba en la lista, nadie le impedira que preguntara dnde est enterrado, para llevarle una flor? quines lo mataron? por qu? cmo lo mataron?. Precisamente lo que hubiramos preguntado y hoy le pregunta la justicia a los asesinos. Formulndose esos interrogantes, entre tantos otros, se fue nutriendo el vigoroso aunque heterogneo movimiento de derechos humanos. Y aade Videla que no haba respuestas para cada una de esas preguntas, y cremos que era embochinchar ms esa realidad, y que slo lograramos afectar la credibilidad. Entonces en ese momento no se quiso correr ese riesgo que identifica con consecuencias sobre personas, o en otros trminos, con riesgos para la impunidad.

Podra argirse que es una Iglesia de 35 aos atrs (se refiere a 1978), pero es ilustrativo que el ferviente catlico genocida, no slo asistiera a misa durante su extendida libertad previa a la anulacin de los indultos de Menem, sino en el propio pabelln de genocidas del penal ya que no fue excomulgado a pesar de las sucesivas condenas por delitos aberrantes que no slo son los de tortura y desaparicin, sino tambin de sustraccin de bebs, robo de bienes y delitos sexuales sobre la vctimas. Quin oficia esas misas es el tambin genocida Von Wernick, condenado a perpetua por haber participado como capelln de la polica de la provincia de Bs. As en sesiones de tortura en centros clandestinos de detencin. Lo hace porque para la Iglesia estos pecados inenarrables no parecieran alcanzar para privarlo de su patente de cura ni de su derecho cannico a administrar la eucarista.

Tampoco afirmara que el ejrcito actual difiere mucho del de entonces en sus valores y formacin, salvo por las circunstancias histricas que debilitan sus fuerzas y lo obligan a una actitud prcticamente defensiva, casi proporcional a la del propio Videla a quin ni los empresarios, medios y polticos que lo alentaron en su momento le demostraron siquiera mnima consideracin o gratitud pblicas. Su debilidad y aislamiento era tal que hasta en el reportaje a la revista espaola Cambio 16 inst a sus camaradas a levantarse en armas pero no logr siquiera que se levantaran temprano, como era antes costumbre habitual. Adems de intil, la soldadesca es hoy una institucin desprestigiada, manchada de sangre y cobarda, plagada de pactos de silencio y secretos resguardados en la solidaridad corporativa, como en toda mafia. Como vimos, la Iglesia institucional, no le va en zaga.

Videla fue, sin embargo, un apasionado. Del odio hacia la otredad, del sadismo y de la muerte ajena. Un tantico que slo logr eludir la gramtica tumbera.

Emilio Cafassi. Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter