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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2013

Marx contra el IV Reich neoliberal

Manuel Fernndez-Cuesta
El diario.es

La estricta poltica de austeridad de la seora de Ulrich Merkel es una forma de proteccin a su industria y banca, y recuerda, quiz demasiado, la patritica reaccin ante la crisis de Weimar.


"Marx es el mximo investigador de temas econmicos y socialistas de nuestro tiempo. A lo largo de mi vida he entrado en contacto con numerosos estudiosos, pero no conozco a ninguno que sea tan erudito y profundo como l

M. A. Bakunin, 23 de enero de 1872

Hemos ledo tanto a Marx que ya no sabemos interpretar sus textos. Hemos citado tanto a Marx, en cualquier situacin, con cualquier excusa, que hemos olvidado de dnde provienen las citas y su utilidad prctica. Cubiertos de polvo, en los estantes superiores, olvidados, los libros de Marx, origen judo, bautizado luterano, ateo, nos recuerdan con sus arrugas y subrayados otras pocas, quiz ms felices, otras vidas. Como un lejano pariente, aquel que recorri ciudades de Europa de exilio en exilio, penuria econmica, hasta morir, aptrida, en el Londres victoriano, hacedor de lo social, maestro de la sospecha, el analista que entendi lo real como el conjunto de circunstancias socio-materiales y relaciones sociales, nos mira, desde un pequeo retrato, y se interroga incrdulo, sobre nuestra actitud ante la primaca poltica, casi una dictadura contable, del hegemnico Reich neoliberal.

Marx no recuerda todo: tiene una confusa memoria del futuro. Muri en 1883, un 14 de marzo. A su entierro, en el cementerio de Highgate, asisti una docena, escasa, de personas. Alemania de Merkel: cuarto episodio de la saga. Y escrito en romanos da, si cabe, ms miedo: IV Reich, el del ajuste, la explotacin y el recorte. Haba algo ms que yo echaba en falta en las usuales valoraciones de Marx. Siempre se pona mucho nfasis en el Marx pensador, el terico. Yo sabia que Marx fue un revolucionario extraordinariamente activo, primero como periodista rebelde en Alemania, despus dentro de las asociaciones de trabajadores en Pars y en la Liga comunista de Bruselas., escribe Howard Zinn en el prlogo de Marx en el Soho (Hiru, 2002).

Le encontramos dormido suavemente en su silln, pero para siempre, dijo Engels en su entierro. Tena 64 aos. Haba nacido en Trveris (5 de mayo de 1818) y entendido, clarividencia cientfica, antes, incluso, de la ruptura epistemolgica de la que habl, Bachelard al fondo, el bueno de -anda en el limbo- Louis Althusser, que la expansin de la burguesa -la casta neoliberal- iba a ser necesariamente global.

En el Manifiesto del Partido Comunista (primera edicin, Londres, febrero de 1848), dos jvenes, Engels anot despus que la mayora de las ideas eran de Marx, intuyeron la inevitable globalizacin: la necesidad de una venta cada vez ms expandida de sus productos lanza a la burguesa a travs de todo el orbe. sta debe establecerse, instalarse y entablar vinculaciones por doquier. En virtud de su explotacin del mercado mundial, la burguesa ha dado una conformacin cosmopolita a la produccin y al consumo. El polvo acumulado, a medida que pasan las hojas, se eleva formando una cortina, una red, en el estadio actual de marasmo, de respuestas imprescindibles.

Leer a Marx no es leer a Aristteles. Marx es accin, movimiento transformador, crtica del Estado y de sus aparatos de coercin, la teora del valor y la plusvala; Marx formular tambin -Lenin ser ms concreto- el instante revolucionario, el tempo revolucionario, partiendo de que el carcter de la sociedad est determinado por su modo de produccin. La socialdemocracia de tul e ilusin enterr a Marx: ctedras y seminarios analizaron, hasta el morfema, sus peligrosos trabajos.

Marx, venerable patriarca, escribi -no sin irona- Anselmo Lorenzo. Cannico, fosilizado, su obra es una estampita multicolor en el santuario de la Academia: un cadver exquisito. Pero el Manifiesto salta a los ojos, atraviesa corazn y cerebro, explica el mundo y concibe otro. A Marx, agudo periodista, le hubiera gustado verlo circular, fotocopiado o en soporte digital, por la emotiva pluralidad del 15M. He citado el MPC tomando una reliquia bibliogrfica. La incompleta OME, volumen 9, Crtica, 1978, edicin dirigida, tambin en el limbo, por Manuel Sacristn. Marx conoce el arranque del imperialismo e intuye la mundializacin del capital. De la crisis/estafa financiera, y de la reparticin desigual de sus costes, humillacin al esclavizado Sur incluida, ya se encarga Alemania y sus sometidos gobiernos locales.

Es posible que Angela Dorothea Kasner, seora de Ulrich Merkel, fsica por Leipzig (entonces RDA), Premio Carlomagno, estudiase cuntica y partculas elementales viendo imgenes, retratos y bustos de Marx. Barba blanca, bigote levemente oscuro: le llamaban el Moro. La dama del rigor, igual que hizo la de hierro en GB, devuelve a Alemania al lugar que su Volksgeist cree que debe estar. Su estricta poltica de austeridad, una forma de proteccin a su industria y banca, recuerda, quiz demasiado, la patritica reaccin ante la crisis de Weimar.

Marx lo explica mejor: Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijramos, dos veces. Pero se olvid de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. ( El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Editorial Progreso, Mosc, 1978). El IV Reich es la farsa neoliberal de un modelo en descomposicin. El encendido romanticismo alemn, frente a la racional ilustracin francesa, est presente en el destino y la identidad nacional del (otro) pueblo elegido. Algo de esto describe, con acierto, Modernidad y holocausto (1989; en espaol, Sequitur, 1997), el socilogo Zymunt Bauman, antes de convertirse en el analista fetiche de las clases medias: Seor de lo Lquido.

Acaso no haya otro pas, salvo Turqua, tan poco conocido y errneamente juzgado por Europa como Espaa, sintetiz en un artculo publicado en el New York Daily Tribune, el 21 de agosto de 1854. Una vez ms, sus expresiones parecen escritas ayer, dirigidas contra el desprecio, racismo de clase, del Norte. Alejemos la idea del pensador en la torre de marfil; evitemos el anquilosamiento mstico del clsico. Seamos irreverentes con Marx, atrevidos, y consideremos, igual que hacan sus contemporneos, amigos o enemigos, Conversaciones con Marx y Engels de H.M. Enzensberger (Anagrama, 1974), los trabajos, panfletos y cuerpo doctrinal como herramientas de generacin de conciencia y agitacin: instrumentos.

Marx es un pensador de la accin, para la accin, un aldabonazo en la estructura social y patrimonial de la segunda mitad del siglo XIX. Su lectura, hoy, contra el furor de las formas extremas de monetarismo, contra la idea de que no existe -fin de la Historia hegeliana- alternativa al capitalismo, desvela (y ridiculiza) el mito del pensamiento dominante. Con una leve adecuacin terminolgica al presente, el Moro resurge como el indignado consciente, un militante de la transformacin que, adems de rodear el Congreso, agitar las burocracias de los partidos de izquierda y apuntarse a todas las plataformas posibles, asume la complejidad: nunca la derrota. Como dice el personaje Marx en la obra citada de Zinn: No os habis preguntado nunca por qu es necesario declararme muerto una y otra vez?

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Marx-IV-Reich-neoliberal_6_130946912.html



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