Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2014
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2013

Segunda entrevista con la Delegacin de Paz de las FARC-EP
"Le apostamos a una asamblea constituyente con carcter legislativo"

Alfredo Molano Bravo
El Espectador


De nuevo en el Hotel Sevilla, me encontr cita previa con los negociadores de las Farc en La Habana: Pablo Catatumbo, Ivn Mrquez, Jess Santrich y Marco Len Calarc. En un rincn de la gran sala comenz la conversacin. La delegacin del Gobierno haba llegado en la tarde y Sergio Jaramillo haba dictado una polmica conferencia en la Universidad Externado la noche anterior. Creo que buena parte de los temas que los comandantes desarrollaron tiene que ver con esa conferencia, que, confieso, no haba ledo, encantado con la arquitectura y la afabilidad de la gente de Santiago de Cuba, en donde fui, casi como un peregrino, a conocer el cuartel Moncada, donde comenz la historia movimiento del 26 de julio y la revolucin cubana.

Alfredo Molano Bravo: Hablemos de la pequea historia del acercamiento secreto con el gobierno de Santos.

Pablo Catatumbo: Los primeros pasos de la negociacin que hoy se desarrolla en La Habana estn arropados por un pacto de confidencialidad que no podemos divulgar. Sin embargo, hay unos antecedentes que deben ser conocidos o recordados.

AMB: Como cules?

PC: Hay hechos que el pas no conoci en su momento y que hoy se deben contar para ir abrindole campo a la verdad histrica.

Al comienzo de los aos 90, en el gobierno de Gaviria, estuvimos muy cerca de un arreglo de verdad, un acuerdo en lo fundamental, como dijo lvaro Gmez. Convocada por medios irregulares una asamblea constituyente, las Farc se mostraron interesadas en participar, entre otras cosas porque Jacobo Arenas haba lanzado la iniciativa desde los acuerdos de La Uribe con Belisario. Ms an, para darle espacio a la Unin Patritica, propusimos la eleccin popular de alcaldes y gobernadores.

Nosotros estbamos preparados para la constituyente, y el gobierno de Gavira, sin oponerse pblicamente a nuestra participacin, barajaba sus cartas. Con una de ellas en el bolsillo llegaron altos funcionarios del Gobierno a conversar con Marulanda un mes antes de la eleccin de constituyentes; buscaban definir el nmero de constituyentes de la Coordinadora Guerrillera Simn Bolvar (CGSB), compuesta por ELN, EPL, FARC y M-19 en la asamblea constituyente. Conversaron con Marulanda y con Alfonso en muy buenos trminos hasta que se trat el nmero de constituyentes de la Coordinadora. Das antes se haban reunido sus jefes Francisco Caraballo, el cura Manuel Prez, Carlos Pizarro con Marulanda para definir nuestra participacin. Las cifras eran muy distintas y la diferencia muy grande. Gaviria ofreca cinco cupos y la Coordinadora peda 20. Una vez puestos los nmeros sobre la mesa, los delegados dijeron: Los toman o los dejan.

Marulanda no contest ni s ni no, dijo solamente: Necesitamos un tiempo para consultar con todos los miembros de la CGSB. No hay tiempo, respondieron en forma perentoria los funcionarios, el helicptero no puede volar despus de las 5 de la tarde. Ustedes deben tomar la decisin ya. Marulanda no poda tomarla y les dijo: Qudense esta noche aqu y maana encontramos una solucin. Respondieron: No, no tenemos tiempo. Marulanda les ripost: si no tienen una noche para conversar, qu tiempo le van a dedicar a la paz? As que el helicptero sali aquella tarde sin una respuesta. Un mes despus, el da de la eleccin de constituyentes, el Ejrcito bombarde los campamentos del ro Duda. Fue la llamada Toma de Casa Verde, que ni fue en Casa Verde ni fue toma; el coronel Alfonso Velzquez reconoci despus en un escrito que el alto mando militar admiti que el operativo haba sido un gran error militar. La realidad es simple y llana: No nos liquidaron, all seguimos. Lo digo ahora: Los ultimtum no sirven con las Farc.

Fue el momento en que ms cerca hemos estado de un acuerdo de paz. Es obvio que si nosotros participamos en una constituyente y compartimos su redaccin, de hecho, nos acogemos a ella sin reservas y queda sin fundamento el alzamiento armado. La insurgencia no puede seguir alzada en armas contra una Constitucin que ha suscrito.

El error de Gaviria y del M-19 fue pretender que se poda hacer una paz parcial, una paz oportunista sin que estuviramos todos. La arrogancia de dirigentes alejados del pueblo y desconocedores de la realidad histrica, como Csar Gaviria, impidi un acuerdo que era muy posible y que habra sido muy slido.

Jess Santrich: Se bombarde una posibilidad de paz. En lugar de cerrar el terrible captulo de la guerra, Gaviria y su comisionado, Rafael Pardo, prefirieron negociar con Carlos Pizarro un hombre a quien respetamos porque dio su vida por los ideales, pero al que, cabe recordarlo, le facilitamos los medios econmicos de los que careca el M-19 para que pudieran poner en libertad a lvaro Gmez cuando lo retuvieron. La historia de esa verdad no est escrita. Como dice Pablo: Con nosotros no valen ultimtum. Esas bravuconadas definitivamente no sirven, y se lo decimos sin arrogancias. En cambio se perdi la oportunidad de ahorrarle al pas miles de muertos, de dolor y de sufrimiento.

AMB: Por qu las FARC no negociaron con Samper?

Ivn Mrquez: El gobierno de Samper no tena legitimidad suficiente para adelantar una negociacin de paz. Los militares lo tenan bloqueado. Bedoya blanda el sable cada vez que el presidente hablaba de paz. Cuando se comenz a hablar de un despeje de la Uribe, una zona despejada de hecho porque el Gobierno no saba ni dnde quedaba ese municipio, Bedoya se insubordin y le pidi a Samper dar la orden por escrito con el objeto de legitimar un golpe militar. Samper no tena con qu hacer frente al poder de los militares. Carlos Holmes, ahora precandidato de Uribe, era un simple lagarto. Le propuso al Secretariado, en su desesperacin y su impotencia, unir los ros del suroriente para desarrollar el pas. Una goyenechada pura y simple. Samper propuso negociar en medio del conflicto, lo que para nosotros ha sido siempre un error que mucho cuesta. Algn da se conocer la correspondencia lambona que sostuvo en esa poca Carlos Holmes Trujillo con Jacobo y Alfonso.

AMB: Pero acaso la tregua bilateral no les da una ventaja militar a ustedes?

JS: No nos da ventajas, nosotros dimos una tregua unilateral y el Gobierno no la interpret como un gesto de buena voluntad sino como un sntoma de debilidad. Quisimos mostrar que suspendiendo las acciones militares ofensivas no se fortaleca el Ejrcito. No lo entendieron. Quizs el pas y la comunidad internacional s lo comprendieron.

AMB: Y cmo fue el rollo con Pastrana?

Marco Len Calarc: Pastrana confiesa en su mamotreto de 800 pginas que el Cagun fue una estrategia para poder armar al Ejrcito, que jams tuvo una real voluntad de paz. Lo reconoci Vctor G. Ricardo: las FF.AA. no tenan ni pertrechos, ni botas, ni gasolina para los aviones. Si las Farc hubieran advertido este hecho, no se habran sentado a conversar con el Gobierno. Adems, Pastrana se haba comprometido, como record hace poco Felipe Lpez en el reportaje, excelente por lo dems, que le hace Juan Carlos Iragorri, a combatir al paramilitarismo, lo que nunca hizo. Ese fue el fracaso del Cagun.

Hoy debera leer el libro el presidente Santos, quien debido a sus mltiples ocupaciones, seguramente no ha tenido oportunidad de mirarlo. Marulanda, que era un experto en emboscadas, saba lo que el gobierno de Pastrana buscaba y por eso dej la silla vaca. Pero era un guerrero noble y le hizo saber a Pastrana que no asistira a la apertura formal de las negociaciones en San Vicente. Pastrana se present para hacer quedar mal a Marulanda. Si bien la silla qued vaca, no cay en el vaco su discurso, un discurso que se debe volver a leer con cuidado. No se trataba de que se le pagaran unas gallinas y unas mulas. Cuando Eastman, el pequeo, le pregunt: Comandante, usted no quisiera volver a Marquetalia y tener una finca cafetera grande con ganado y mulas? Marulanda le dijo, sin ofenderse: S, quiero, mijo, una finca grande llamada Colombia, no con mulas sino con tractomulas para mover todo lo que se produce.

AMB: Y con Uribe hubo acercamientos?

PC: Y muy serios, a pesar de su gritadera blica. Uribe no es un guerrero, es un bravucn. Antes de terminar el segundo gobierno, cuando su candidatura estaba haciendo aguas, un empresario al que las dos partes tenamos confianza un verdadero facilitador hizo un puente con Luis Carlos Restrepo y por ah con Uribe. La embajada americana y la Iglesia estuvieron informadas del paso, segn nos enteramos por wikileaks. Pasaron unos das hasta cuando recibimos una carta muy amable y bien escrita firmada por Frank Pearl, en ese momento consejero de Uribe, que planteaba un dilogo secreto en Brasil con Alfonso Cano o conmigo.

Nosotros analizamos con seriedad la iniciativa y concluimos que estando por finalizar el gobierno, no tena sentido abrir un proceso sin saber quin podra ser el nuevo mandatario. As que se contest con un No, gracias; por ahora no.

De todas maneras qued en el ambiente el nimo de la iniciativa para encontrarnos en la zona donde yo operaba Barragn, Santa Luca, La Mesa. El Ejrcito despej en efecto el rea, a pesar de lo que el ministro de defensa declaraba en pblico. Nos mandaron decir que esa era una prueba de la voluntad de conversar, pero el Gobierno estaba ya de salida y nosotros lemos lo que era cierto: Uribe necesitaba nuestro apoyo.

AMB: O sea que durante el gobierno de Uribe si hubo un despeje?

PC: S seor, as fue. Se puede verificar por las fechas.

IM: Ms an, hubo otro antecedente por all a mitad del gobierno de Uribe. El presidente nos hizo saber que estara dispuesto a despejar los municipios de Florida y Pradera si Marulanda estaba dispuesto a conversar, pero que el nico problema era que ese despeje inclua los ingenios azucareros de Ardila Lulle. lvaro Leiva les hizo caer en la cuenta del error. Se trataba de un encuentro con el Bloque Occidental de las Farc y ya estbamos listos a viajar al sitio con Caliche, Pacho Chino, Leonel Pez, Reinel, mejor dicho, el alto mando.

AMB: Y por qu razn no se llev a cabo el encuentro?

JS: Porque cuando las cosas estaban listas, estall una bomba en la plaza de la Universidad Militar. Puro ruido. No hubo heridos ni muertos, pero el Gobierno concluy que nosotros la habamos puesto y se cancel el encuentro. Como no fuimos nosotros, sabamos qu buscaba el que la puso. Los medios le dieron un gran despliegue al hecho y algunos los de siempre dijeron que el acto mostraba la hipocresa de las Farc, su doble juego. Despus enredaron todo con una mujer que sacaron de la manga y que dizque nos haca inteligencia. Una falsa Mata Hari criolla.

AMB: Ahora hablemos de las relaciones con Santos

IM: Despus del desencuentro con Uribe vino el ruido de llaves que hizo Santos en el discurso de posesin. Lo interpretamos como un buen mensaje y no nos equivocamos, porque un da nos lleg un texto autorizado por l, pero sin su firma, diciendo que el Gobierno podra estar interesado en explorar una solucin poltica al conflicto armado. Ya el Gobierno hablaba de conflicto armado y no de amenaza terrorista, lo que era un paso significativo.

Alfonso Cano respondi, en medio de un intenso acoso militar, con una conferencia grabada que dio a lo que l llamaba la guerrillerada y que difundimos ampliamente. Alfonso deca ms o menos: S, exploremos. Despus envi otro mensaje ms claro: Conversemos.

Hay que decir aade Ivn Mrquez que el papel del presidente Chvez en las aproximaciones fue definitivo. Despus de ocho aos de guerra sin cuartel, de guerra a muerte, nosotros desconfibamos de todo. Chvez aclimat con paciencia y sabidura la necesaria confianza en una salida negociada. Todos los primeros pasos se dieron en Colombia con su ayuda.

AMB: Hubo alguna condicin previa?

PC: Por parte nuestra, la nica condicin fue que la clase dirigente, representada en los dos partidos tradicionales, estuviera dispuesta a reconocer su responsabilidad histrica en la violencia desde sus orgenes hasta el presente; ese solo hecho abrira una perspectiva, una avenida de paz, porque se restablecera la verdad histrica. Santos, hay que subrayarlo, estuvo de acuerdo. Las nicas condiciones que pusimos nosotros fueron las de tener esa disposicin de nimo para conversar y que las Farc nunca aceptaran un acuerdo que no incluyera la reforma agraria y la justicia social.

AMB: Y de las armas, qu?

JS: Nosotros tenemos una disposicin sincera y serena para participar en los cambios que el pas requiere si hay democracia. Nunca hemos dicho que slo con las armas se llega al poder. Marulanda dijo: Si los cambios se hacen por la va democrtica, las armas sern innecesarias. Nosotros no estamos apegados a ellas. Pero no aceptamos la pax romana que quieren imponernos. A la hora de la verdad, si hay buena voluntad de las partes, las armas son un asunto secundario. El IRA no ha entregado una sola pistola y hoy hay gobierno y democracia en Irlanda del norte. El pacto, convertido en texto constitucional, las hara intiles. Inclusive podramos dar cumplimiento a un precepto constitucional lgico: En Colombia hay un solo Ejrcito. Pero hay muchos casos que estn vivos, como la muerte de Guadalupe Salcedo. Desmitifiquemos la entrega de armas. Las armas no se disparan solas, se tornan intiles. Si los compromisos se cumplen, son innecesarias; si hay una voluntad de paz verdadera, todo se arregla. Acaso no es bueno para ellos reducir el PIB de armas de casi el 6 % al, digamos, 4 %? Cuntos kilmetros de carretera se podran hacer con ese 2%? Cuntos subsidios de vivienda se podra dar? Cunta salud no se podra dar? No se le puede sacar el cuerpo al problema de la salud. Es, hoy por hoy, el asunto que ms le preocupa al pueblo. El Gobierno le pone paitos de agua tibia a un enfermo moribundo como es la Ley 100.

AMB: Ustedes han adelantado, segn parece, un buen trecho en el tema agrario con las zonas de reserva campesina. En qu van?

IM: Hablemos claramente. Nosotros no estamos pidiendo que sean soberanas sino que sean autnomas, como lo son los municipios que tienen un consejo, una administracin elegida, que hacen sus planes de desarrollo y cuidan su medio ambiente; que pueden planificar el uso de regalas y manejar las transferencias, que pueden llegar a votar una decisin que consideren pone en peligro su estabilidad ambiental. Ese cuento de las republiquetas independientes es una falacia inventada por los militares para desconocer un programa originado en el campesinado y reglamentado por una ley de la repblica. Quisiramos decir que sobre el primer punto de la agenda llevamos redactadas en limpio como acuerdo diez cuartillas. Avanzamos. Venimos a meter el acelerador a fondo. Ya entramos hoy mircoles 15 de mayo en el tema de la laborizacin del trabajo rural para que los campesinos tengan derecho a vacaciones, prima, cesanta, salud, pensin.

MLC: Es paradjico, lo que el campesinado y las Farc estn pidiendo en materia agraria es que se cumplan dos leyes fundamentales, la Ley 200 del 36, que da derecho de propiedad a los poseedores de mejoras que es lo que se pide cuando se habla de los nueve millones de hectreas, y la Ley 160 de 1994, que crea las zonas de reserva campesina. O sea, que se atiendan las solicitudes hechas por los campesinos de reconocer sus mejoras y convertirlas en zonas de reserva campesina. Es simple: que se cumplan las leyes que ellos mismos han redactado en la Constitucin.

JS: Si el Gobierno no cumple sus propias leyes, cmo podremos confiar en que cumpla los acuerdos que se firmaran?

AMB: Ustedes piden cambios sociales, pero dnde est la lnea entre lo posible y lo que no se puede pedir sin caer en lo irrealizable?

MLC: Nosotros estamos dispuestos a un acuerdo de paz con justicia social. No estamos pidiendo la revolucin por contrato, sino una reestructuracin poltica slida que nos permita participar en la construccin de una verdadera democracia; podramos pactar una larga tregua, una tregua de varios aos para compartir la responsabilidad de sacar el pas de la pobreza y de la injusticia.

AMB: El Gobierno ha dicho que ni la poltica econmica ni la doctrina militar son negociables, y ustedes firmaron el acuerdo que excluye esos temas.

IM: El gobierno de Santos nos cierra esta puerta al impedirnos negociar la poltica econmica. Cmo vamos a hablar de justicia social con los TLC que estn arruinando a los cafeteros, a los arroceros, a los agricultores de papa y de maz, a los productores de lcteos, que, como hemos visto, estn hoy protestando y organizndose? Cmo vamos a pasar por alto la poltica econmica que permite el robo del oro y del carbn que estn haciendo las grandes mineras? Cmo vamos a hablar de justicia social viendo cmo arrasan con la altillanura, acaban con su gente y con sus recursos hdricos? Es necesario recordar que el Acuerdo firmado con Santos dice muy claramente que el desarrollo econmico con justicia social y en armona con el medio ambiente es garanta de paz y progreso. Cmo entonces hablar de construccin de la paz sin hablar del desarrollo econmico con justicia social? El Gobierno alega que el prembulo del acuerdo firmado no hace parte del acuerdo. Es como decir que el prembulo de una constitucin, su marco general, su espritu, no son vinculantes! Absurdo! Un prembulo no es una nota decorativa!

JS: La discusin del modelo de desarrollo se est dando en la calle, el cuestionamiento a los TLC es tema de discusin en toda reunin. Los editoriales de prensa lo traen a cuento. Acaso la crisis de Grecia, de Italia, de Espaa no estn impugnando el llamado Consenso de Washington? Pero aqu est prohibido discutir un modelo que ha demostrado ser el motor de la injusticia social y de la exclusin econmica.

PC: Ms an, si vamos a hablar de paz y vamos a hablar de armas, cmo podemos pasar de agache ante una doctrina militar que ha tolerado al paramilitarismo? Ahora nos quieren vender el cuento de que los militares algunos, muchos, no importa nada han tenido que ver con la formacin de un ejrcito que lleg a tener y tiene varios miles de hombres armados. Cmo podemos aceptar que semejante fuerza que cometi los crmenes ms atroces que el pas haya conocido se form, creci y se fortaleci a espaldas de los generales, sin que en ms de 20 aos se hubiera producido un solo combate con la Polica y el Ejrcito? Qu clase de generales tenemos entonces? La doctrina militar vigente debe ser discutida por el pas porque sus efectos estn a la vista de todo el mundo. Baste con leer los peridicos, baste con contar los muertos y las desapariciones registrados por las ong. Cmo sabe el Ejrcito cuantos hombres y mujeres en armas tenemos, sus edades, su lugar de nacimiento, y no dice cuntos hombres, mujeres y nios han muerto en el pas durante los 60 aos de confrontacin armada? La sola cifra es un argumento para que se discuta una doctrina militar que ha favorecido tal cantidad de muertos y desaparecidos, de falsos positivos, de masacres, de torturas. Saquemos los trapos al sol, todos los trapos, y que esto sea, en vez de un tendedero de muertos, un tendedero de confesiones francas y valientes. No le temamos a la verdad de la guerra, una guerra en que estn comprometidas dos partes y no una sola.

AM: Cmo destrabar el embrollo en que estamos metidos?

PC: El pas est maduro para escuchar con serenidad una declaracin de responsabilidad histrica en el desastre que hemos vivido durante 60 aos. Esa sola seal sincera por parte del Gobierno permitir avanzar en transformar el acuerdo firmado en un tratado de paz. Que se reconozcan las vctimas del conflicto, las vctimas de las dos partes. Que se pongan sobre la mesa todos los componentes del rompecabezas, que se traigan a la mesa todas las vctimas y todos los victimarios, siempre y cuando se reconozca que nosotros nos armamos en legtima defensa y que en legtima defensa hemos sostenido una larga guerra sin ser derrotados.

Quiero decir una cosa en voz alta: Este Secretariado est dispuesto a buscarle de una vez por todas la comba al palo. Propendemos por una participacin activa de todo el pueblo, y la frmula histrica es una asamblea constituyente.

AMB: Estn ustedes tan seguros de tener en ella mayora, o mejor, de no ser una minora que pueda ser aplastada?

PC: Creemos que el pueblo nos oye. Pero si el pueblo decide por mayora hacernos a un lado, aceptamos su veredicto. Son las reglas del juego. Nosotros le apostamos a una asamblea constituyente con carcter legislativo para que no vuelva a pasar lo que pas con la del 91, en la que, por ejemplo, el principio de ordenamiento territorial no ha podido salir del limbo. Ahora, con la propuesta de Zonas de Reserva Campesina, puede tomar vida.

Por ltimo, lo digo para que se oiga: A Santos le falta gobernabilidad. No se puede negar. Necesita una mayora fuerte para poder firmar la paz y nosotros estamos dispuestos a ayudar a construirla siempre y cuando tenga ese nico objetivo: la paz, la reconciliacin poltica definitiva entre colombianos.


Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/paz/articulo-422756-uribe-nos-despejo-el-valle



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