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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2013

El genio y la tierra

Jonathan Gray
redpepper.org.uk

Traducido del ingls para Rebelin por Christine Lewis Carroll


Los intereses estatales y corporativos han buscado romper el poder que representa compartir informacin digitalmente. Podran las nuevas tecnologas indicar un modelo ms democrtico de creatividad?

Quin puede compartir qu en Internet? Hay cada vez ms debates sobre el material protegido que se comparte en red gracias a algunos juicios notorios y controversias informativas, tales como Pirate Bay, Wikileaks o el reciente caso trgico de Aaron Swartz. Pero, aparte de los temas legales y su implementacin en estos casos lmite, qu tipos de informacin -como cuestin de principio- deberamos poder utilizar y compartir con otros?

El material digital que puede compartirse legalmente con otros es slo el residuo de lo que vale proteger? Una vez que todo lo bueno haya sido envuelto y vendido en el marco de algn acuerdo clickwrap [licencias de software por Internet], de tecnologas de gestin de derechos digitales, de tiendas iTunes y subscripciones paywall [sistema que impide a los usuarios de Internet acceder a contenidos sin subscribirse], slo queda una especie de tierra balda de regalos, muestras, amateurismo, propaganda y piratera? O podemos pensar en una caracterizacin ms positiva de dicho cuerpo de cultura, investigacin e informacin pblica disponible gratuitamente a todo el mundo para -como cuestin de principio- utilizar, disfrutar y aprovechar?

Las leyes, las polticas y los discursos sobre cmo compartimos los frutos de nuestro trabajo intelectual (se trate de patrones de pxeles, olas, palabras, productos qumicos, ADN o instrucciones de software) tienden a centrarse en la innovacin, originalidad, proteccin y compensacin individuales en vez de en la colaboracin, la tradicin compartida, la iteracin y el acceso equitativo. Tendemos a tratar estos frutos primordialmente como productos a cambio de los cuales sus creadores o propietarios tienen derecho a recibir una remuneracin por su inversin.

Por qu? A menudo vivimos a la sombra de ciertas concepciones romnticas sobre la innovacin cultural e intelectual de los siglos XVIII y XIX. Al reaccionar en contra de los modelos de creacin literaria y artstica que privilegiaron la imitacin de los clsicos y perseguir la perfeccin dentro de una tradicin establecida, este periodo fue testigo de un giro general hacia el genio individual que rompa reglas previas e inventaba nuevas. Mediante este nuevo marco esttico, el mundo se dividi entre pioneros visionarios y rebeldes e imitadores corrientes.

Historias como sta tienen todava mucha influencia, desde la obsesin inquieta por la novedad conceptual del mundo artstico contemporneo al enaltecimiento del empresario perturbador o el inconformista renegado de Silicon Valley o Wall Street. Una casta de individuos sobresalientes ha de romper las reglas, derribar los templos y superar las tradiciones con el fin de ayudarnos a traspasar las fronteras. Las nuevas voces deben significarse, ya que les persigue el temor a ser poco original y a la ansiedad de la influencia.

La creatividad y el copyright

Mientras este escenario se configur como una respuesta cultural al predominio del clasicismo esttico, los editores, abogados y tericos lo acogieron con alegra, vidos de nuevas formas de conceptualizar los cimientos legales y filosficos del copyright y de lo que se conocera ms tarde como la propiedad intelectual. Esta situacin influye todava bastante en nuestra opinin sobre la creatividad y el trabajo intelectual y sobre la creacin de leyes y polticas que dictan cmo la sociedad trata la informacin.

Los grandes propietarios de derechos y los grupos de presin que defienden los intereses de dichos editores, abogados y tericos no tienen ningn miedo de aprovecharse de esta circunstancia. En vez de abordar directamente los intereses econmicos de estos grandes propietarios de derechos, las asociaciones y los grupos de presin industriales hablan de proteger los intereses de los individuos que innovan: autores, msicos y eruditos. Por ejemplo, la Asociacin Cinematogrfica de Estados Unidos, apoyada por algunos de los mayores protagonistas de la industria -Disney, Paramount, Sony, 20th Century Fox, Universal y Warner Brothers- alega perseguir soluciones de sentido comn que protejan los derechos de todas aquellas personas que hacen algo de valor con la mente, la pasin y su insustituible visin creadora.

Esta nocin del innovador individual, del pionero solitario que rompe las reglas y crea nuevos paradigmas es slo una parte del relato romntico de la creacin literaria. La otra parte (quiz menos til para aquellas personas que quieren extender los derechos de propiedad a los productos de la mente) es que las grandes novedades dependen y se nutren inevitablemente de la tradicin cultural compartida. El poeta Edward Young -cuyo tratado sobre la redaccin literaria se agot dos veces en Alemania a mediados del siglo XVIII-dijo que la genialidad literaria crece como una nueva planta en un cuerpo compartido de cultura. El filsofo y crtico literario, Johann Gottfried Herder, muy influido por Young, dijo que genios literarios como Shakespeare dependen de un cuerpo frtil de historias, canciones, personajes y metforas, es decir la tierra que perme crecer las obras innovadoras, un pensamiento que cataliz las colecciones de folclore como la de los Hermanos Grimm.

Cuando pensamos, hablamos y nos expresamos, utilizamos palabras, ideas, estructuras, tropos, convenciones y operaciones que heredamos de otros. Nos apoyamos en los hombros de gigantes y slo podemos complementar (es decir, ni escapar de ni reinventar) las tradiciones compartidas con las que nos articulamos. La innovacin e invencin individuales se basan en lo que heredamos y pedimos prestado de otros, desde las lenguas que hablamos a los archivos de textos que constituyen el cuerpo de conocimientos disciplinares. El acceso a estas tradiciones y cuerpos de conocimiento es una precondicin esencial para la creacin de nuevas obras de la mente.

Necesitamos una manera ms equilibrada de pensar y hablar sobre cmo se comparte informacin, una que vaya ms all del enfoque casi exclusivo en la compensacin y el control. Las leyes y polticas que dictan cmo se comparte informacin dentro de la sociedad deben reconocer explcitamente y promocionar los beneficios intrnsecos y extrnsecos de aumentar el acceso y permitir la reutilizacin. Empieza a surgir un debate pblico ms amplio en torno a los beneficios de compartir informacin, pero ste se produce a menudo con ocasin de casos marginales o alguna transgresin en vez de dentro del marco de una nocin positiva de un cuerpo compartido de informacin al que todo el mundo puede acceder y utilizar mediante Internet.

Los comunes digitales compartidos

Se libra la batalla de los comunes compartidos de informacin digital en muchos frentes. Las copias digitales de obras sin copyright desde hace cientos de aos siguen sin estar liberalizados y las venden compaas como Gale Cengage cuyas cuotas de subscripcin eran tan abusivas que una agencia nacional tuvo que intervenir para permitir a los investigadores universitarios del Reino Unido acceder a dichas copias (slo accesibles a universidades afiliadas). Muchos gobiernos tienen todava contratos exclusivos para vender informacin sensible a compaas privadas que luego venden a otras compaas y al pblico. Esto significa que en muchos pases hay que pagar una subscripcin con un tercero si quieres conocer el texto de las leyes que te gobiernan. Grandes editores acadmicos utilizan mano de obra gratuita de estudiantes y empleados universitarios para producir y revisar artculos acadmicos cuyas subscripciones venden luego a las bibliotecas de las mismas universidades a precios desorbitados.

Necesitamos una nocin positiva ampliamente aceptada del cuerpo de material digital de acceso gratuito para todo el mundo y de uso a perpetuidad, lo que incluye informacin esencial sobre el mundo que puede utilizarse para mejorar el periodismo y las polticas (desde los datos de emisiones de dixido de carbono a la informacin sobre cules son los grupos de presin), el acceso a la investigacin (tal como el apoyo a la liberalizacin de la informacin sobre las pruebas clnicas de las drogas que nuestros servicios mdicos recetan) y las obras histricas y culturales que se encuentran dentro del dominio pblico.

Faltan todava debates reales sobre el equilibrio necesario entre el acceso abierto y el sustento necesario de los creadores y sobre qu polticas y modelos apoyan este equilibrio. Falta tambin mucho trabajo por hacer con el fin de asegurar que la explotacin de las viejas industrias construidas sobre el control y venta de cera, cinta adhesiva y rboles muertos no sea sustituida por las nuevas formas de monopolio y control por parte de las corporaciones tecnolgicas emergentes. Pero es imperativo que el reconocimiento del acceso abierto a cierta informacin -como cuestin de principio (es decir, no por accidente o transgresin)- llegue a ser una parte esencial de la poltica de conocimiento del siglo XXI y del discurso pblico en torno a sta. Necesitamos nuevas y mejores historias sobre la importancia de la colaboracin y el acceso -en torno a las tradiciones comunes y la construccin a partir de cuerpos compartidos de evidencia, razonamiento, reflexin y creatividad- para complementar las historias dominantes de genios aislados y castigos merecidos.

Fuente: http://www.redpepper.org.uk/



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