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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2013

Europa cierra los ojos ante la huelga de hambre de los presos polticos marroques

Trinidad Deiros
La marea


En Marruecos, ese pas al que a menudo el Gobierno espaol y la Unin Europea disfrazan de democracia, disentir equivale en demasiadas ocasiones a acabar entre rejas. As ha sucedido en el caso de muchos jvenes que por su militancia en un sindicato estudiantil o en el Movimiento 20 de Febrero -que en 2011 reclam en las calles democracia y justicia social-, han acabado en la crcel cumpliendo penas que en algn caso llegan hasta a los seis aos de prisin.

Un grupo de estos reos, a los que Amnista Internacional y Human Rights Watch consideran presos de conciencia, empez una huelga de hambre a principios de marzo que, excepto en dos casos, dura hasta hoy. Su objetivo es denunciar su encarcelamiento por motivos que en otros cielos seran considerados banales, como pedir la mejora de las condiciones de vida en las universidades, pero tambin denunciar los abusos, torturas e incluso violaciones que son moneda corriente en las crceles marroques.

En prisiones como las de Taza, Meknes y Ain Kadous (Fez), entre otras, alrededor de una decena de reclusos, la mayora militantes del sindicato Unin Nacional de Estudiantes Marroques (UNEM), se ha ido sumando de forma progresiva a este ayuno indefinido tratando de llamar la atencin sobre su situacin, algo que slo han conseguido relativamente pues apenas unos pocos medios de comunicacin internacionales se han hecho eco de su protesta.

Si la repercusin meditica ha sido escasa, las reacciones oficiales en Europa han sido nulas. En Espaa, el silencio oficial es absoluto, como suele suceder cuando se trata de un caso de derechos humanos en Marruecos. En Francia, pese a la mayor movilizacin y la campaa de apadrinamiento de estos presos liderada por el conocido escritor y periodista Gilles Perrault, tampoco el presidente Franois Hollande se ha pronunciado en su favor. Todo lo contrario, el pasado 5 de abril, durante un viaje oficial a Marruecos, el jefe de Estado francs alab en un discurso la estabilidad y el Estado de Derecho del que segn l disfrutan los marroques.

Seguramente los seis estudiantes en huelga de hambre en la prisin Toulal 2 de Meknes (centro de Marruecos) no comparten su opinin. Los jvenes, arrestados en diciembre de 2012, llevan ya 67 das sin alimentarse mientras esperan que se les juzgue. A cada da que pasa, su estado de salud es ms frgil, predican en el desierto las organizaciones marroques de derechos humanos.

Otros dos huelguistas, Tarik Alhamani y Abdessamed Haydour, que cumplan condena en la ciudad de Taza (norte) abandonaron la protesta hace unos das, tras permanecer 70 das sin comer. Estos dos activistas tuvieron que ser ingresados en el hospital de la ciudad debido al agravamiento de su estado de salud. Ya el ao pasado, ambos haban participado en otra huelga de hambre, la que inici otro preso poltico, Ezzedine Eroussi, que lleg a estar a las puertas de la muerte tras permanecer ms de 130 das en estado de inanicin.

Esposados a las camas

Estos presos viven en unas condiciones lamentables de suciedad, hacinamiento en celdas sin ventilacin y, sobre todo, en un entorno de violencia que se ejerce constantemente sobre los internos, explica Moha Oukziz, coordinador del Comit de Apoyo a los Presos Polticos de Marruecos. Oukziz avanza un dato revelador; algunas de las prisiones donde se encuentran estos presos, como la de Taza, datan de la poca del Protectorado, que concluy en 1956.

El coordinador de este comit que acta desde Francia asegura que la direccin de las crceles donde se encuentran los huelguistas ha rechazado ofrecerles asistencia sanitaria. Por ejemplo, Haydour y Al Hamani, quienes, en el tiempo que han pasado en el hospital de Taza, en lugar de ser atendidos han sido esposados a las camas. Las rdenes de la polica priman sobre el deber de asistencia que debera proporcionar el hospital a cualquier enfermo. Los mdicos y enfermeros tienen tanto miedo que ceden a las amenazas de las autoridades policiales.

Yamani Eddoghmi, presidente de la seccin espaola de la Asociacin Marroqu de Derechos Humanos (AMDH), corrobora que la respuesta de Rabat a estos jvenes es la absoluta insensibilidad, pese a haber sido el rgimen el culpable de su situacin. En su opinin, si Rabat reaccionara con sensibilidad equivaldra a reconocer su responsabilidad, por lo que incluso se va ms all, con amenazas implcitas y explcitas a los profesionales sanitarios, un paso ms en la estrategia de acorralar a todos los que defendemos los derechos humanos en Marruecos, o bien pretendemos cambiar el sistema poltico.

La AMDH ha denunciado en numerosas ocasiones no slo la cerrazn de las autoridades marroques y su negativa a respetar unas normas elementales de derechos humanos, sino lo que Eddoghmi define como complicidad de la Unin Europea y de gobiernos como el espaol. Una complicidad que este activista sita en un contexto econmico de defensa por parte del Gobierno de los intereses del sector empresarial espaol en Marruecos. Con este trasfondo, en el que incluso se le ha ofrecido al rgimen marroqu la condicin de socio privilegiado de la UE, la vulneracin de los derechos humanos queda en un segundo plano.

Tambin el presidente del Comit de Apoyo a los Presos Polticos analiza el silencio sobre esta protesta desde la perspectiva de los importantes intereses comunes que comparten el rgimen marroqu y los Estados occidentales; los dirigentes de stos no tienen ningn inters en desenmascarar el autntico rostro de ese rgimen reaccionario.

Un rostro que el gobierno marroqu niega. El pasado mes de julio, el ministro de Justicia, el islamista Mustaf Ramid, neg en una entrevista con una televisin libanesa que en Marruecos existieran presos de conciencia. Una afirmacin que inmediatamente pusieron en cuestin asociaciones marroques de derechos humanos, Human Rights Watch y Amnista. Segn la Asociacin de Defensa de los Derechos del Hombre de Marruecos (ASDHOM) en la actualidad hay en Marruecos 152 presos polticos, entre sindicalistas, estudiantes, militantes del Movimiento 20 de Febrero y activistas saharauis.



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