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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2013

De cmo Bagdad aviva el fuego sectario en Iraq

Sarah Leah Whitson
The New York Times

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


El gobierno iraqu est poniendo al pas al borde de una nueva guerra civil. En menos de un mes, Bagdad ha lanzado un feroz ataque contra un campo donde se llevaba a cabo una sentada sunn de protesta pacfica, causando 44 muertos; ha ejecutado en un solo da a 21 supuestos terroristas sunnes y ha suspendido las licencias de diez canales por satlite, de los cuales se estima que nueve eran favorables a los sunnes.

El mensaje del Primer Ministro Nuri Kamal al-Maliki a la extremadamente desafecta minora sunn de su pas, que resiste con un creciente sentimiento de desesperanza unindose a las batallas entre las fuerzas de Maliki y los extremistas, fue: A por ellos!.

El pas sigue inmerso en el caos tras aos de horrenda guerra civil que enfrenta a la minora sunn contra el reciente dominio chi. Diez aos despus de la invasin dirigida por EEUU, la mayora de la gente sigue padeciendo con grandes carencias de agua y electricidad. Los servicios sanitarios y educativos iraques, en otro tiempo las joyas del Oriente Medio, son meros esqueletos de su pasado. Y el desempleo y la pobreza han alcanzado niveles de record.

La promesa de compartir el poder ayud a que la guerra se desinflara, pero es muy probable que el puro agotamiento tuviera ms que ver con la calma relativa de aos recientes que con cualquier liderazgo poltico sensato.

El gobierno ha fracasado a la hora de abordar todos los graves problemas que afectan a las comunidades sunnes e incluso a algunas chies-. Entre ellos se incluyen: exclusin del proceso poltico, con retrasos habituales en las elecciones; ausencia de reformas reales en la punitiva, salvaje y ampliamente ejecutada desbaazificacin y en las leyes antiterroristas; poder cada vez ms centralizado en manos del Primer Ministro; y brutal actuacin policial, con arrestos masivos, juicios injustos y tortura endmica en las prisiones iraques. Pero desde principios de 2012, los sunnes han venido desafiando el statu quo persistiendo en las protestas, abrumadoramente pacficas, a pesar de las violentas incursiones de las autoridades estatales.

Fue en ese ambiente donde las fuerzas de seguridad SWAT [armas y tcticas especiales, en sus siglas en ingls] de Maliki, junto con el ejrcito y la polica federal, llevaron a cabo un ataque armado contra uno de los campos donde se desarrollaba una protesta pacfica desde haca bastante tiempo, en el pueblo sunn de Hawija. Los hallazgos preliminares de un comit parlamentario informaron de 44 personas asesinadas y 104 heridas, mientras el gobierno declaraba que haban muerto tres oficiales de la polica. Sorprendentemente, el ataque se produjo tras varios das de negociaciones con los manifestantes, a los que el gobierno acus de dar cobijo a un grupo de combatientes que haban matado a un soldado y se haban llevado las armas que haba en un puesto de control cercano.

Pero el gobierno no ha hecho pblico descubrimiento alguno de la presencia de armas ni de asesinos. En un aparente reconocimiento de que el ataque haba llegado demasiado lejos, Maliki anunci el nombramiento de un comit ministerial encabezado por el viceprimer ministro sunn, Saleh al-Mutlaq, para que llevara a cabo una investigacin. Pero parece que el comit se ha creado ms bien para intentar aplacar a la comunidad sunn con compensaciones para las vctimas que para llevar a cabo intento alguno de averiguar lo que sucedi realmente o quin orden el ataque, y mucho menos para castigar a los responsables. El comit no cuenta en estos momentos ni con investigadores ni con recursos para reunir pruebas, por lo que slo los ministros mismos podran dirigir la investigacin.

Cuando le pregunt a Mutlaq si iban a entrevistar a las fuerzas de seguridad acerca de quin orden el ataque, movi la cabeza, casi divertido, ante la pregunta. Husain al-Shahristani, el viceprimer ministro chi que integra tambin el comit, me dijo en una reunin en Bagdad de la pasada semana: No espere mucho de nosotros. Realmente no disponemos de tiempo para dedicarnos a este asunto. Los esfuerzos del gobierno para barrer bajo la alfombra el espantoso suceso slo servirn para enfurecer an ms a la agraviada minora sunn.

Los asesinatos masivos de Hawija pueden haber sido un mensaje ms sangriento a los manifestantes sunnes de lo que incluso Maliki quera, pero no hubo nada accidental en su decisin de ejecutar a 21 supuestos terroristas, cuyas identidades y delitos siguen siendo desconocidos para el pblico.

Tras el clamor popular despus de las revelaciones de abusos a las mujeres detenidas y del arresto de varios guardaespaldas del popular ministro de hacienda sunn, el gobierno prometi en enero que reformara el sistema judicial, incluyendo la revisin de los casos de 6.000 personas que, en funcin de las leyes antiterroristas del pas, siguen detenidas, en algunos casos desde hace aos, aunque no han sido juzgadas e incluso se ha ordenado liberarlas, de iniciar una investigacin ante las extendidas acusaciones de confesiones forzosas y de estar dando credibilidad a informantes secretos.

Autoridades de alto nivel prometieron incluso una moratoria en la condena a muerte hasta que se hubieran revisado todas las condenas dictadas. Pero, al parecer, el gobierno decidi hacer una demostracin de fuerza frente a la escalada de ataques terroristas, ms frecuentes en las barriadas chies, que mataron a 712 personas en abril, el mes ms letal desde 2008. As pues, reanud las ejecuciones, generando un nuevo ciclo de protestas y condenas.

Aunque las carreteras estn en hechas un desastre y los escombros de los bombardeados edificios cubren las calles de Bagdad, el gobierno ha encontrado recursos para equipar la Comisin de Comunicacin y Medios con material de vigilancia de ltima generacin. Muyahid Abu al-Hail, el director del Departamento para la Regulacin de los Medios Audiovisuales, alarde orgullosamente de que cuenta con un amplio equipo que controla continuamente la programacin de ms de quince estaciones de satlite en el pas, y de una oficina llena de carpetas de archivos sobre sus competencias.

El 29 de abril, la comisin suspendi las licencias de diez emisoras porque promovan puntos de vista sectarios que contribuan a la violencia, segn dijo Abu al-Hail, pero hasta ahora no ha mostrado informe alguno que pueda documentar esa acusacin. La inclusin de una pequea emisora chi entre las nueve emisoras prohibidas prosunnes, incluida Al-Jazeera, no hizo ms que enmascarar este descarado esfuerzo para silenciar a las cadenas de informacin sunnes que se han mostrado crticas con el gobierno. Tambin ha efectuado numerosos ataques contra la cobertura de las protestas por los medios, adems del anuncio del pasado ao de que iban a cerrar 44 emisoras que operaban ilegalmente.

No hay duda de que los medios iraques son extremadamente partidistas, y que las emisoras sunnes y chies se dejan llevar a menudo por burdas desinformaciones que avivan las tensiones sectarias. Pero un gobierno preocupado de reducir esas tensiones habra dedicado ms tiempo a emprender esfuerzos verdaderos para solucionar los problemas comunitarios en vez de silenciar las preocupadas voces.

El previsible resultado de estas medidas ha sido una mayor radicalizacin de la comunidad sunn, con milicias recin formadas jurando defenderla. Maliki necesita un nuevo manual de instrucciones que incluya lecciones sobre liderazgo y reformas que puedan unir al pas sobre la base de la proteccin de la libertad de todos sus ciudadanos y no seguir, como hasta ahora, desgarrndolo.

Sarah Leah Whitson es directora de Oriente Medio de Human Rights Watch.

Fuente original: http://www.nytimes.com/2013/05/16/opinion/global/how-baghdad-fuels-iraqs-sectarian-fire.html?pagewanted=all&_r=0

 



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