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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2013

La poltica exterior rusa
La sombra del sviet?

Higinio Polo
El Viejo Topo


A finales de 2012, la anterior secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, lanzaba un alarmante mensaje para Occidente: denunciaba los procesos de restauracin de la Unin Sovitica que, en su opinin, se estaban dando en el espacio postsovitico. Era ese el rasgo ms destacado del segundo perodo de Putin en la presidencia rusa? Estaba Mosc trabajando para reconstruir la Unin Sovitica? Cuando Clinton pronunci esas palabras todava no haba transcurrido un ao desde la victoria de Putin en las elecciones presidenciales rusas, pero los trminos principales de su poltica, esbozados cuando an era candidato, estn muy lejos de lo que afirmaba la ministra norteamericana.

En la dcada final del siglo pasado, Yeltsin, con el apoyo de Occidente, bas su poder en el desmantelamiento de las estructuras soviticas (incluso, recurriendo a la fuerza militar y al golpe de Estado), en el robo y privatizacin de las propiedades pblicas, y en la sistemtica difamacin de cualquier aspecto relacionado con la URSS. Su poltica exterior reflej la profunda crisis en que sumi al pas, y, as, Mosc dej de ser una de las principales voces en el mundo para convertirse en una capital que aceptaba los dictados de Washington, pese a algunos gestos airados del grotesco Yeltsin en la antigua Yugoslavia. Esa poltica exterior comenz a cambiar con la llegada de Putin a la presidencia, y, aunque nunca dio satisfaccin a las demandas de la izquierda rusa representada por el Partido Comunista, si empez a construir un discurso autnomo orientado a recuperar una parte de la influencia que tuvo la Unin Sovitica. Es evidente que Sergui Lavrov no tiene nada que ver con el complaciente Andri Kozirev, ministro de Exteriores con Yeltsin. Los primeros aos de Putin en la presidencia, entre 2000 y 2008, transcurrieron bajo el peso de las hipotecas yeltsinianas, pero ya en 2007, en la Conferencia de Mnich, el presidente ruso hizo un crudo anlisis de la accin imperial de Washington y de las consecuencias de su poltica belicista, denunciando que el gobierno norteamericano haba incumplido sus compromisos con Mosc, ampliado la OTAN y construido un agresivo cerco de instalaciones militares cerca de las fronteras rusas. Sin embargo, Putin no renunciaba a los compromisos, y su intervencin persegua que Estados Unidos empezase a respetar los intereses rusos, al igual que Rusia aceptaba explcitamente los intereses globales norteamericanos.

Tras el parntesis de la presidencia de Medvded, a finales de febrero de 2012 y poco antes de las elecciones presidenciales, Vladimir Putin public un largo artculo en el peridico Moskovskie Novosti donde explicaba el papel que debe desempear Rusia en un mundo en rpida transformacin, con el fondo de la crisis econmica norteamericana y europea. Estaba a punto de convertirse, de nuevo, en el presidente del pas. Ese relevante artculo recoga, en lo esencial, la doctrina elaborada por la cancillera y por los centros de pensamiento estratgico ruso para la definicin de su poltica exterior, y que, en el ao transcurrido desde su retorno a la presidencia, su gobierno ha empezado a aplicar, no sin contratiempos.

Toda su argumentacin estaba centrada en la reivindicacin de los intereses rusos para que sean aceptados por Washington, y en la reciprocidad y el respeto a los intereses norteamericanos y de otras potencias, con un objetivo: el desarrollo del pas y la recuperacin de su perdida influencia en muchas reas, aunque sin la pretensin del retorno a un mundo bipolar. El desarrollo ruso, que Putin vincula a los recursos energticos de su pas (petrleo y gas), pero tambin a las enormes extensiones disponibles de tierras cultivables, bosques y reservas de agua potable, tiene tambin un objetivo en poltica exterior: la integracin del espacio postsovitico, definida como una prioridad absoluta por Putin, por el ministerio de Asuntos Exteriores y por los centros del pensamiento estratgico ruso. Tanto la CEI, como la Comunidad Econmica Euroasitica, pasando por la Unin Aduanera y la Organizacin del Tratado de Seguridad Colectiva, estn en el centro de las preocupaciones y del esfuerzo de Mosc, dejando en un plano secundario las relaciones con China, la Unin Europea, Estados Unidos y la India, por no hablar de frica y Amrica Latina, donde la influencia es mucho menor, aunque Mosc no renuncie por ello a recuperar autoridad en el futuro. Esa concepcin no implica un abandono de los escenarios internacionales, ni mucho menos; ni desinters hacia las relaciones con las otras grandes potencias, con quienes aspira a cerrar acuerdos que contribuyan al desarrollo de Rusia, sino la voluntad de poner el nfasis en la reconstruccin del espacio postsovitico, asumiendo un papel relevante, como Putin cree que corresponde a su pas. Por eso, el presidente ruso incluso estara abierto a estudiar algunas ayudas financieras a pases de la Unin Europea prisioneros de la crisis.

En su artculo, Putin insista en la importancia de una seguridad planetaria, en la estabilidad de las fronteras, en la adopcin de medidas para impedir la proliferacin nuclear, en la prevencin del terrorismo y del trfico de estupefacientes, y llamaba la atencin sobre el peligro de marginar a la ONU en los escenarios internacionales, como, de hecho, ha ocurrido en numerosas ocasiones en los ltimos aos. Al mismo tiempo, cree que la inestabilidad internacional es consecuencia de la intervencin norteamericana en muchas reas, y, aunque no citaba ejemplos, el contexto de los disturbios, guerras civiles y enfrentamientos en toda la gran regin que va desde Argelia hasta la India, era elocuente: la mano de Washington es patente en la crisis libia, en la transicin de Egipto, en el nuevo Yemen, en la guerra civil siria, en el catico Pakistn, por no hablar de su intervencin militar directa en Iraq o Afganistn; pero no siempre consigue controlar los cambios, que, en ocasiones, acaban desembocando en situaciones de caos y enfrentamientos como en Egipto o Tnez.

La poltica norteamericana de desplegar nuevas fuerzas, desarrollar un escudo antimisiles, y la voluntad de incluir nuevos pases en la OTAN, afecta de lleno a las fronteras y la seguridad de Rusia, y el supuesto compromiso de Obama para hacer pblica una declaracin poltica de su gobierno (adelantndose, as, a hipotticos problemas en el Senado) con la que Washington dara seguridades a Mosc de que el escudo antimisiles no iba destinado contra las fuerzas nucleares rusas, no ha visto la luz, pese a los rumores en las cancilleras, que aseguraban (antes de la primera reunin del responsable de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, y el nuevo secretario de Estado norteamericano, John Kerry) que su publicacin era inminente y que slo restaba el encuentro formal de ambos ministros para hacerla pblica. De manera que Mosc exige garantas de que el escudo no est dirigido contra Rusia, pero Estados Unidos se niega a ofrecerlas.

Al mismo tiempo, Putin adelantaba que las intervenciones militares amparadas por Washington (justificadas con la supuesta defensa de la libertad y la democracia) estn rompiendo las convenciones internacionales en que se basa la soberana de los Estados, y, mientras en Occidente se enarbola frente a la opinin pblica la defensa de los derechos humanos, se violan los derechos ms elementales de las poblaciones afectadas. Esa poltica unilateral destruye la capacidad de la ONU, y el presidente ruso mantena que ningn pas debe recurrir a la fuerza ignorando las decisiones de los organismos internacionales, puesto que la seguridad de un pas no puede ir en detrimento de la seguridad de otros. El presidente ruso criticaba tambin con dureza la intervencin militar norteamericana, y de sus aliados de la OTAN, en Libia, y anunciaba que Rusia no permitira que un plan semejante se aplicase en Siria: explcitamente, Putin reconoca que su gobierno haba escarmentado y no pensaba facilitar la aprobacin de resoluciones del Consejo de Seguridad que pudiesen ser utilizadas despus para realizar intervenciones militares. La posicin de China es semejante, y, frente al intervencionismo, Putin defenda la negociacin entre las partes y el cese de los enfrentamientos para evitar la guerra civil, y adverta contra la repeticin del esquema que llev a la guerra contra Iraq: preparar la intervencin, con resolucin de la ONU, o si no es posible, iniciar igualmente la guerra a travs de una coalicin internacional que cree el espejismo de que es una decisin de la comunidad internacional.

En Siria, la intervencin extranjera se ha hecho reclutando militantes del fanatismo religioso musulmn, y financiando sus operaciones. Sin embargo, un ao despus, la situacin ha empeorado y la guerra est ensangrentando y desgarrando el pas, haciendo ms feroz la guerra civil, lo que, unido a la llegada de mercenarios de muchos pases, en una operacin donde los servicios secretos norteamericanos, sauditas y turcos han tenido un protagonismo no por oculto menos evidente, aleja la posibilidad de una salida negociada. El feroz atentado, en febrero de 2013, contra la sede del partido Baas (situada muy cerca de la embajada rusa) en Damasco, donde ms de ochenta personas murieron y otras doscientas fueron heridas, fue motivo de un nuevo desencuentro entre Mosc y Washington, al vetar el gobierno de Obama la condena de la matanza en el Consejo de Seguridad de la ONU. La principal oposicin en Rusia, el Partido Comunista, ha exigido a Putin que asegure apoyo poltico y material al gobierno sirio, considerando que las fuerzas rebeldes son un conglomerado de mercenarios de todo Oriente Medio, financiados y armados por los servicios secretos occidentales y las monarquas petroleras del golfo Prsico.

Mosc pretende seguir conservando su influencia en Oriente Medio, pero, para el gobierno ruso, las ansias por ocupar nuevas zonas de influencia estn detrs de la poltica norteamericana: primero, en Iraq; despus, en Libia, las empresas rusas retroceden para dejar paso a compaas de los pases que han apoyado las intervenciones militares. Una de las quejas frecuentes de Mosc es que la democracia defendida por Occidente deja paso a regmenes donde el laicismo retrocede y donde avanza el fanatismo religioso, y que la intromisin de muchas ONGs falsarias, financiadas por el gobierno norteamericano, revela que son instrumentos de intervencin exterior, y que con frecuencia han colaborado en la desestabilizacin de pases y regiones. La actuacin de los lobbys, de los grupos de presin, de las grandes empresas, la creacin o financiacin de grupos armados y partidos polticos, los nuevos recursos informativos y de manipulacin de la opinin pblica, contribuyen al estallido de crisis y desestabilizan territorios. Putin afirmaba que mientras Estados Unidos utiliza esas ONGs como instrumentos de intervencin, pases como Rusia, China, India o Brasil no lo hacen. Adems, Estados Unidos ha establecido una red de bases militares en Afganistn y en los pases limtrofes, y a Mosc le preocupa que los territorios donde ms activo se muestra el terrorismo se encuentren en pases cercanos a sus fronteras, sin olvidar que Estados Unidos sigue utilizando grupos terroristas para favorecer cambios polticos y para intervenir secretamente en otros pases.

La situacin en Iraq ha empeorado tras una dcada de guerra y ocupacin, y Afganistn es un ejemplo del radical fracaso de la intervencin norteamericana: ni las actividades terroristas, ni la accin de los seores de la guerra, ni el activo trfico de drogas han desaparecido, pese a los miles de muertos y la destruccin del pas. No es casual que Putin se preocupase por estas cuestiones. De hecho, la criminalidad ligada a los contrabandistas y a la venta de estupefacientes, y las muertes causadas por las drogas, son uno de los principales problemas rusos, hasta el punto de que Mosc ha propuesto una actuacin internacional conjunta para destruir los centros de produccin de droga en Afganistn y para romper las complicidades financieras del narcotrfico, junto al impulso de la negociacin (incluso con los talibn), para estabilizar el pas e iniciar una nueva etapa pacfica. Mosc, consciente de las pretensiones norteamericanas para configurar un Estado cliente tras la retirada de sus tropas en 2014, opta por defender la neutralidad del nuevo Afganistn.

Mientras, el presidente Karzai, que vela por su propio futuro, ha adquirido una creciente autonoma de Washington, criticando los bombardeos norteamericanos contra la poblacin civil, hasta el punto de que, a finales de febrero de 2013, lleg a exigir la retirada de las fuerzas especiales estadounidenses de la provincia de Wardak, acusndolas de torturar y asesinar a civiles, y de crear grupos armados ilegales. Karzai lleg a afirmar que los soldados estadounidenses creaban inseguridad en la regin. Sin embargo, las previsiones a corto plazo no son precisamente optimistas. Pese a todo, Mosc examina el escenario que puede suceder al gobierno de Hamid Karzai, y la posibilidad de que los pastunes, o los talibn moderados, se incorporen a un gobierno de reconciliacin que pacifique el pas, hiptesis que cuenta con el visto bueno de Islam Karmov, el presidente uzbeko, que tiene influencia en algunos grupos afganos. Junto a las fronteras afganas, el futuro de Irn se revela decisivo. Mosc nunca ha visto con buenos ojos la posibilidad de una intervencin contra Irn, y acepta que Tehern desarrolle su programa nuclear, siempre con fines civiles, a cambio de la anulacin de las sanciones y de la fiscalizacin de sus instalaciones por parte del Organismo Internacional de la Energa, OIE. Mosc es consciente de que las amenazas norteamericanas a diferentes pases, y las agresiones militares a Afganistn e Iraq, pueden llevar a algunos pases, como Irn, a intentar dotarse de armamento atmico: disponer de una bomba nuclear puede ser una suerte de seguro contra agresiones exteriores.

En Oriente, anclado el Japn a la alianza militar con Estados Unidos, Rusia disea una cuidadosa poltica exterior hacia los otros gigantes asiticos, China e India, sin olvidar los pases agrupados en el Foro de Cooperacin Econmica Asia-Pacfico (APEC). Con respecto a Corea, Rusia no ve con buenos ojos que Pyongyang haya roto el Tratado de No Proliferacin, y cree que el pas no debe convertirse en un nuevo socio del club nuclear; de manera que contina defendiendo la desnuclearizacin de toda la pennsula, el norte y el sur, postura que coincide con los deseos de Pekn. Con la India, las relaciones son excelentes desde los tiempos soviticos, aunque el gobierno ruso no deja de ver con inquietud el trabajoso esfuerzo de Washington para atraerse a Delhi a su esfera de influencia agitando el espantajo de una China agresiva y de un Pakistn nuclear e inestable. Mosc apenas tiene diferencias con Pekn, al margen de cuestiones menores sobre el volumen de los intercambios comerciales y los acuerdos para el desarrollo, sobre todo de Siberia. Incluso la vieja cuestin de los lmites fronterizos (que llev a un enfrentamiento armado en la isla de Zhenbao, en 1969) est resuelta, y el conjunto de acuerdos entre los dos pases (desde la OCS hasta los convenios bilaterales) ha reforzado su condicin de socios y aliados. A diferencia de Washington, Mosc no cree que Pekn persiga sustituir a Estados Unidos como potencia mundial hegemnica, puesto que comparte la visin rusa de un mundo multilateral con diferentes potencias. Rusia es consciente de que el fortalecimiento chino no va a detenerse, y que superar a Estados Unidos, pero no lo percibe como una amenaza, sino como una oportunidad para el desarrollo ruso, sobre todo en Siberia y en el lejano oriente. Al mismo tiempo, Mosc quiere seguir impulsando el llamado BRICS, un bloque que agrupa ya a la cuarta parte de la produccin del mundo, y que, en la visin de Putin, juega un papel cada vez ms relevante, aunque no sea sencillo llegar a puntos de vista comunes en situaciones de crisis, como revel el examen de la guerra civil en Siria, donde no fue posible acordar una postura comn entre los cinco pases.

La vieja idea gorbachoviana de una Europa que abarcase desde Lisboa a Vladivostok, sigue atrayendo al imaginario ruso: Putin cree que debera crearse una zona econmica comn, en cuyo seno Rusia sera la potencia de enlace con la nueva Asia que se est configurando, aunque la grave crisis europea est dificultando esa evolucin, y la reticencia de Bruselas a la mutua supresin de visados (pese a admitir, oficialmente, su conveniencia) entre la Unin Europea y Rusia retrasa una mayor integracin. La venta de gas y petrleo desempea un papel central en la relacin entre la Unin Europea y Rusia: la culminacin del gasoducto del Mar Bltico, Nord Stream, y el del Mar Negro, South Stream, supondr para Europa contar con la seguridad en el suministro de gas ruso. Pero siguen existiendo importantes problemas en la relacin bilateral: Mosc critic la aprobacin por parte de la Unin Europea, en 2009, del llamado Tercer Paquete energtico sobre el mercado interior de electricidad y gas natural y sobre las redes de electricidad y gas, que, de forma clara, pretende limitar el papel de las empresas rusas de la energa. No es la nica cuestin que dificulta las relaciones. La situacin de los rusos en las repblicas blticas es una de las preocupaciones de Mosc, sobre todo a la vista de la preocupacin con que los ciudadanos rusos reciben las noticias de Estonia y Letonia, pases que mantienen a centenares de miles de personas, de origen ruso, con el estatus de no ciudadanos, en clara vulneracin de los derechos humanos y de las convenciones que rigen la Unin Europea. Esa condicin les priva de derechos polticos, de tal forma que ni siquiera pueden participar en las elecciones. Sin embargo, pese al manifiesto escndalo, que desenmascara por completo la supuesta preocupacin de Bruselas y Washington por los derechos humanos, tanto Estados Unidos como la Unin Europea rechazan aprobar medidas orientadas a poner fin a esa marginacin de los ciudadanos rusos en las repblicas blticas.

Las relaciones de Rusia con Estados Unidos no son buenas: la cuestin del escudo antimisiles en Europa, DAM, diseado para bloquear el potencial nuclear estratgico ruso, que puede incluso poner en peligro el Tratado START firmado en 2010; los intentos de ampliacin de la OTAN a Ucrania y Georgia, y la presencia de instalaciones militares norteamericanas juntos a las fronteras rusas, junto a la injerencia en los procesos electorales en Rusia y en las antiguas repblicas soviticas, adems de la reciente aprobacin en Washington de la ley Magnitski, y de la habitual y enojosa actitud de la diplomacia norteamericana de reprender a Mosc pblicamente, dificultan la mejora en las relaciones mutuas.

Adems, la seguridad de las fronteras, y el control del espacio areo, son asuntos clave para Mosc. Por eso, cuestiones como la salida de Uzbekistn de la Organizacin del Tratado de Seguridad Colectiva, OTSC, (cuyos miembros, Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajastn, Kirguizistn y Tayikistn, ante la peticin uzbeka de suspender temporalmente la pertenencia al Tratado, decidieron excluir al pas debido a la actitud de Tashkent, que interfera y paralizaba muchas decisiones), y la suspensin del radar de Gabala, en Azerbeijn (instalacin que controlaba el espacio areo del sur de Rusia), no son ajenas a la actuacin norteamericana en la zona. Pese a todo, Uzbekistn se ha preocupado de informar a Mosc que no aceptar bases militares norteamericanas en su territorio, ni de ningn otro pas occidental.

La nueva presidencia de Putin coincidi con el ingreso de Rusia en la Organizacin Mundial de Comercio, OMC, en 2012, una cuestin que abre nuevas perspectivas, aunque durante las largas negociaciones Mosc no consigui el ingreso simultneo de Bielorrusia y Kazajastn. De hecho, el Espacio Econmico nico, compuesto por Rusia, Bielorrusia y Kazajastn es una de las apuestas estratgicas rusas, por lo que el gobierno ruso pretende conseguir la integracin de sus socios en la OMC. Mosc pretende que tanto Washington como Bruselas respeten su esfera de influencia, intereses econmicos y espacio estratgico, ofreciendo a cambio reciprocidad en su poltica exterior, pero su propuesta no ha encontrado eco en el gobierno norteamericano. De hecho, pese a que, con frecuencia, Putin es presentado como un presidente inclinado al enfrentamiento con Washington, celoso del estatus de gran potencia de su pas, lo cierto es que su oferta de colaboracin con Occidente ha sido constante a lo largo de su trayectoria, y de nuevo la expresaba en su artculo del Moskovskie Novosti.

Obama ha seguido la inercia de la poltica exterior intervencionista de Bush, aunque sin la arrogancia y la agresividad de su antecesor (sin renunciar, por ello, a utilizar brigadas de la muerte, a ordenar asesinatos extrajudiciales y a bombardear poblaciones civiles con drones), formulando un programa de retirada parcial de sus tropas en Oriente Medio, reorientando su poltica hacia Asia y hacia la contencin de China, dejando a Rusia en un segundo plano, pese a su importancia como socio, e hipottico rival, en los acuerdos sobre arsenales atmicos. Pero, pese al reinicio de las relaciones ofrecido por Hillary Clinton a Mosc en 2009, Washington no ha cambiado en lo sustancial su poltica hacia Rusia, que puede resumirse en el afn por limitar el poder de Mosc y en torpedear su fortalecimiento, y en impedir la reconstruccin poltica y econmica del antiguo espacio sovitico.

Los proyectos estratgicos del gobierno Putin no son bien vistos en Washington: tanto la Unin aduanera (que agrupa a Rusia, Bielorrusia y Kazajastn, mientras que Ucrania estudia su incorporacin o, al menos, la adaptacin de sus leyes, y pases como Vietnam examinan la posibilidad de integrarse) como la Comunidad Econmica Euroasitica (que Hillary Clinton llam Unin Euroasitica, y que est integrada por Rusia, Bielorrusia, Kazajstn y Kirguizistn, mientras que Armenia, Moldavia y Ucrania, tienen estatuto de observadores) son las apuestas estratgicas ms relevantes de Mosc para reconstruir el espacio postsovitico, objetivo visto con sumo recelo por Washington. As, no resulta extrao que la anterior secretaria de Estado norteamericana, Clinton, declarase en diciembre de 2012 que Estados Unidos impedira los procesos de integracin del espacio postsovitico, en una alarmante declaracin que era toda una intromisin en la soberana rusa. Por si la grosera injerencia no fuera suficiente, Clinton advirti que consideraba ese objetivo un intento de restauracin de la Unin Sovitica, y, adems, que su gobierno haba detectado una creciente resovietizacin en la zona.

Unas semanas despus, el propio presidente ruso fue el encargado de responder a Clinton. Putin reafirm que su gobierno impulsara la reintegracin del espacio postsovitico, y que las reprimendas exteriores (en clara alusin al gobierno norteamericano) estaban fuera de lugar. Rusia est preocupada por las consecuencias del sistema de escudos antimisiles norteamericano, por la ampliacin de la OTAN (que no ha renunciado a incorporar a Ucrania y Georgia), y por las amenazas que una hipottica militarizacin del ocano Glacial rtico comportaran para su defensa, y, por eso, centra sus esfuerzos en la reintegracin de la mayora de las antiguas repblicas soviticas, pero no pretende la reconstruccin de la URSS. La crtica de su poltica exterior, hecha por la principal organizacin de la oposicin rusa, el Partido Comunista, es reveladora: critica la propuesta informal de Obama de abrir negociaciones para reducir las armas nucleares en poder de cada pas a unas 1.550 (sin contabilizar las francesas y britnicas), que limitara el poder de Mosc; juzga inadecuada la concesin de una ruta de trnsito a la OTAN en la base area de Ulinovsk, utilizada por Estados Unidos en sus operaciones en Afganistn, y deplora las vacilaciones en torno al programa nuclear iran, el desenlace de la intervencin occidental en Libia, y la tibia postura rusa en la crisis siria, adems de resaltar la evidencia de que, en los veinte aos transcurridos desde la desaparicin de la URSS, Washington ha hecho todo lo posible para hacer ms hondo el foso de la divisin entre las antiguas repblicas unidas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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