Portada :: Bolivia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2013

Insurgencia en tregua
La reemergencia de la COB

Arturo D. Villanueva Imaa
Rebelin


Prembulo

Luego de haber firmado un Acta de Entendimiento con el gobierno que aprob los incrementos salariales en esta gestin, la sorpresiva huelga general decretada por la COB, que deriv inesperadamente en 13 das de movilizacin y bloqueos que paralizaron el pas y que ahora se encuentra en una tregua de un mes que ha sido decretada como una especie de armisticio que podra ser roto a la conclusin del plazo, ha provocado innumerables reacciones, muchas de ellas contrapuestas y hasta llamativamente irnicas, como aquella por la cual el gobierno acusa a dicha movilizacin de la otrora gloriosa COB y la Federacin Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), de estar liderada por una minscula dirigencia extremista y trotskista, de carcter desestabilizador y subversivo, siendo que, a su turno, la dirigencia trotskista y el POR (su partido poltico), sealan a la misma dirigencia del COB como traidora, capituladora y progubernamental.

A nuestro modesto entender, los anlisis y las reacciones que provoc la movilizacin de la COB y de los diversos sectores sociales que salieron a las calles y caminos, se han concentrado en la dinmica misma del conflicto, el contenido de las demandas planteadas y los efectos (perniciosos o positivos segn la ptica y los intereses en pugna) que provocaron sobre la ciudadana, la gobernabilidad y el propio proceso. No es poco y evidentemente se requiere tener claridad a la hora de efectuar un balance de los acontecimientos sucedidos, pero en este caso la idea es contribuir a realizar una mirada algo ms amplia sobre los mismos hechos, porque inexplicablemente se olvidaron algunos asuntos de gran trascendencia que no deberan pasar desapercibidos y que vale la pena evidenciar.

Los vacos y olvidos

Por ejemplo, la perplejidad ciudadana y gubernamental por la sorpresa de evidenciar una movilizacin que en sus inicios pareca destinada al fracaso (al pensarse por un momento que solo se trataba de una especie de maniobra destinada a cobrar vigencia y posicionar electoralmente el partido de los trabajadores que la COB ha decidido conformar), pero que con el paso de los das y la incorporacin de los mineros de Huanuni (que representan el ms importante centro minero que adems ha sido recientemente nacionalizado), fue tomando una fuerza y una contundencia que hizo mencionar la palabra subversivo y desestabilizador, cuando en realidad de lo que se trataba era de la reemergencia insurgente (increble!), de una clase obrera que hasta ese momento se haba presentado (o se la quera mirar) como la expresin de una organizacin debilitada, desideologizada y soterrada como consecuencia del D.S 21060 que los relocaliz y dispers como clase, adems de haberle asestado una dursima derrota fsica con la violenta represin que se produjo a la Marcha por la Paz del ao 1986 y que result ser la ltima movilizacin histrica obrero-minera (pero agnica y desesperada) que intentaba enfrentar a las medidas neoliberales que en ese momento se encontraban en su auge con el gobierno de Paz Estenssoro.

Esta mezcla paradojal que se expresa en una imagen (ya borrosa por los aos transcurridos y los embates sufridos) de aquella poderosa organizacin de los trabajadores que se pensaba que haba quedado en el pasado y que, a pesar de aquella histrica desestructuracin y dispersin material de sus fuerzas que le provoc el neoliberalismo (lo cual explica tambin su desideologizacin y la prdida de su norte como clase), vuelve a resurgir con una fuerza inusitada que, luego de ms de 20 aos de haber permanecido arrinconada y ms de 7 aos de iniciarse el proceso de cambio y transformacin a la que tericamente estaba llamada a constituirse en un actor protagnico, plantea por primera vez y en voz de los propios voceros gubernamentales que la caracterizaron como subversiva y desestabilizadora, nada menos que la reversibilidad del proceso; hecho que tambin se haba considerado como impensable, hasta que la COB, esta nueva COB, decidi declarar la huelga general indefinida por una medida que si bien est relacionada con las reivindicaciones salariales y los ingresos de las clases trabajadoras, en realidad y estrictamente, corresponde a los sectores que estn a punto o ya pasaron al sector pasivo.

Como se puede apreciar, no se trata de asuntos menores y por ms paradojales y contradictorios que pudieran aparecer, tienen la virtud de explicar mejor y permitir apreciar aquella otra serie de ironas y descubrimientos que la opinin pblica se ha percatado al conocer por ejemplo que haban existido muchos ms sectores y grupos de privilegiados de lo que se podra desear, de trabajadores asalariados del Estado con ingresos muy superiores a los del Presidente del Estado Plurinacional; que al mismo tiempo de efectuar ajustes econmicos para reducir la brecha en la desigualdad de ingresos que haban provocado en el pasado enormes asimetras y profundas brechas entre pobres y ricos, paralelamente y en la actualidad se permiten y pagan jugosos salarios en varios sectores de la produccin y la economa, con lo cual se ayuda a perpetuar una casta minoritaria de privilegiados; que la fundamentacin gubernamental para rechazar las demandas para el mejoramiento de las rentas que plantearon los sectores sociales movilizados alrededor de la COB, no solo son entendidas como una ddiva del Estado y el Gobierno en favor de los trabajadores, sino que contienen los mismos argumentos capitalistas que corresponden a una visin rentista, paternalista y asistencial de la economa que ha sido una constante en gobiernos neoliberales pasados; que al mismo tiempo de rechazar vehementemente la demanda cobista, el gobierno convalida y consiente el pago de la renta militar que asciende al 100% de sus salarios y corresponde exactamente a lo que reclaman los dems trabajadores; que en vez de referirse a un cambio en las relaciones de produccin imperantes que corresponden a un rgimen de propiedad y produccin capitalistas, siendo que todas las empresas (y principalmente las nacionalizadas que dependen del Estado), deberan haber iniciado ya un proceso de transformacin para construir las verdaderas bases para una redistribucin equitativa, justa e igualitaria de los ingresos percibidos, en realidad se habla de garantizar una sostenibilidad que solo es posible al racionalizar planillas para reducir costos e incrementar ganancias.

En vista de ello y al margen de algunas opiniones disparatadas que olvidan la condicin de clase proletaria (con todo lo que ello significa poltica y econmicamente) para mostrar a la COB y la FSTMB como un sector minoritario e irrepresentativo de la poblacin nacional; no resulta un accidente el hecho de que paralelamente se hayan producido diverso tipo de caracterizaciones sobre las movilizaciones de la COB, en la que cada una de las mismas contiene una lgica de argumentos razonables, pero incompletos y parciales. En unos casos se ha mencionado que se trata de una justa lucha de los trabajadores para mejorar sus rentas; en otros casos que se trata de una conjura subversiva que buscaba desestabilizar el gobierno y el proceso; tambin se ha dicho que se trata de un conflicto social emergente de la disputa por la redistribucin de la renta nacional; tambin se ha planteado como la reemergencia de la clase obrera, luego de ms de 20 aos desde que se produjera la relocalizacin neoliberal.

A la par de dichas formas de ver el conflicto, tambin se han ejercitado argumentos para fundamentar lo dicho en los que, al mismo tiempo de descalificar la movilizacin, se haca referencia a que en vez de ser un movimiento revolucionario en consonancia a su historia y antecedentes, es ms bien desestabilizador y subversivo; que se trata de un movimiento salarialista, no revolucionario; que es derechista y conservador, porque va en contra del proceso; que sirve a la derecha y el imperialismo; que favorece los intereses de una cpula privilegiada de la aristocracia obrera; que no responde al inters nacional y ni siquiera al sectorial porque solamente favorece a un grupo de dirigentes y obreros que ganan ms, etc.

Nuevamente se puede apreciar que este tipo de razonamientos esgrimidos respecto de la movilizacin de la COB, son ms o menos convincentes; sin embargo, se extraa la ausencia de otros elementos como los siguientes: qu conciencia revolucionaria se exige, cuando lo que se puede apreciar cotidianamente en relacin a las organizaciones sociales es prebendalismo, rentismo, paternalismo, asistencialismo social y cooptacin dirigencial con regalos y ddivas, al margen de la execracin y descalificacin, cuando las mismas no son afines o plantean disidencia. Tambin cabe preguntarse por qu se cuestiona la movilizacin de la COB, si ella utiliza la forma de accin preferida de los movimientos sociales; es ms se sabe (y se ha defendido en el pasado cuando se trataba de movilizaciones afines) que la insurgencia popular es una nueva forma de hacer poltica y que la accin directa profundiza la democracia representativa (pactada y delegativa) que prevaleca entre los partidos tradicionales y reaccionarios. Aun ms, se parece olvidar que la COB (independientemente de algunos dirigentes oportunistas y comprobadamente reaccionarios), representa a la clase obrera nacional, y que esta misma clase obrera y proletaria constituye un aliado estratgico de todo proceso de cambio y transformacin, que no es posible despreciar...

A modo de conclusin

En fin, para terminar estas reflexiones y aunque pudiera parecer que se defiende un movimiento calificado como conservador que a todas luces todava arrastra las secuelas de su desmovilizacin, dispersin y aniquilacin material sufrida como consecuencia del embate neoliberal de mediados de los aos 80, en realidad lo que se critica por una parte, es que no se tenga la capacidad para distinguir entre una locomotora y un vagn, que en el caso de la realidad social, la lucha de clases y la construccin de un sujeto social hegemnico, tienen evidente e indudablemente muchsima gravitacin, por la misma razn de que no es lo mismo construir un proceso sobre la base de clases y sectores subalternos, secundarios y hasta conservadores, que hacerlo con la participacin de una clase social revolucionaria por excelencia.

Por otra parte y al mismo tiempo de correr el riesgo de cometer un error parecido al que se produjo con el conflicto del TIPNIS, donde se perdieron otros aliados estratgicos del proceso (sobre todo en la perspectiva de materializar el Estado Plurinacional) y que constituyen los pueblos indgenas, no parece lo ms razonable ni polticamente atinado, atacar, descalificar y despreciar como si se tratase de un enemigo, a la clase obrera nacional representada en la COB y la FSTMB, aun a pesar de que coyunturalmente est en manos de una dirigencia oportunista y hasta reaccionaria. El hecho de haber convocado y efectuado una contramarcha social en varias capitales y que fue reclamada por el propio Presidente Evo Morales, si bien muestra la capacidad de convocatoria, representatividad y movilizacin de los sectores sociales que apoyan el gobierno, tambin puede ser interpretada como una clara expresin de rechazo y desprecio, que no solo impide y perjudica la necesidad y responsabilidad de reconstituir el sujeto social hegemnico y la consolidacin de alianzas con sectores sociales estratgicos, sino que, muy equivocadamente, los tratan como si fuesen enemigos.

Bajo esos trminos, la tregua de facto establecida no puede dejarse pasar y debera convertirse en una oportunidad para tomar la iniciativa y replantear la situacin con la COB y la clase obrera, salvo el riesgo de sufrir una nueva avalancha social que emerja del claro descontento social que ya se expres en los 13 das de movilizacin anteriores.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter