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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-05-2013

Dexter

Sergio De Simone
Rebelin


Robert Ressler: -Alguna vez has pensado que el otro haba hecho algo mal y que t tenas justificacin para...?
Jeffrey Dahmer: No. Esto es lo que crea Palermo, el psiclogo forense. Que lo haca para librar al mundo de malvados. Y no lo haca por eso.

A Jeffrey Dahmer, que entre otras cosas fue, asesino, necrfilo, antropfago y trepanador sistemtico de crneos con el fin de crear un zombi para satisfaccin personal, nunca se le ocurri decir Que lo haca para librar al mundo de malvados y eso que, como coartada mesinica, era la ms tentadora.

Lo cierto es que, en esta poca de hroes teenagers atormentados como vampiros en celo, donde el laboratorio narcotizante de la Marvel tiene un papel primersimo, pareca refrescante la llegada de un sper hombre que sin muchas destrezas, destripaba malos a punta de cuchillo. Sin embargo, y despus de ya demasiadas dcadas tragando series, pelculas y todo tipo de bazofias que vienen desde el corazn mismo de la paranoia norteamericana, hemos aprendido (de la peor manera) que no todo lo que brilla envuelto en celofn de colores es necesariamente digno de ser comido.

Dexter, como todo buen sper hombre oportunamente atormentado, se debate entre ser todo naturaleza o, por el contrario, lo que la conciencia moral (en este caso su padre) le dicta. As es que, a la hora de argumentar, un padre polica y muerto, como esencia rectora en los momentos cruciales, es una buena estrategia para legitimar la bondad casi mstica (no exenta de contradicciones banales) que rodea a un personaje que, si bien se reconoce asesino, en ltima instancia no ser abandonado nunca por una rectitud que es la representacin fantasmal de un bien ltimo (Dios?).

Como el hilo central de la serie lo define el asesinato sacrificial como mtodo (Spoiler alert: el personaje literalmente descuartiza personas y las arroja al mar), para que sta no caiga en un barranco apologtico es necesario un contra-argumento moral muy poderoso. Segn sus palabras: Los hombres pueden cambiar. Pero se pregunta: Qu hay de los monstruos?

La astuta legitimacin del personaje se sustenta en el hecho de que, siendo como es (y bajo sus propios trminos) un monstruo que se asume como tal, adopta una direccionalidad que lo justifica (un fin), un claro objetivo que lo redime. As es como se contrapone argumentalmente a sus vctimas, que si bien son definidas como monstruos, no tienen ese designio superior (su pragmtica y pasajera nocturnidad) que se nos presenta como el ltimo recurso de una justicia impotente, un poderoso antdoto contra esa otredad que nos acecha desde los confines. Ese mecanismo, que tiene una larga historia, por el cual un ser humano es reducido a una funcionalidad defectuosa dentro de un engranaje virtuoso y que debe ser reparada (o, como en este caso, exterminada), slo es posible mediante un proceso de cosificacin que en la palabra monstruo encuentra a la gran artfice del milagro.

(Por ejemplo, cuando Rafael Snchez Ferlosio caracterizaba a Hernn Cortez como un hombre espeluznantemente monstruoso, toda la potencia descriptiva (es evidente) descansa en la palabra hombre. La calificacin de espeluznantemente monstruoso slo nos recuerda una dimensin lmite de nuestra humanidad, un margen humano.)

Ahora bien, cuando a partir de un procedimiento esttico esa otredad ingobernable y, por qu no decirlo, cruel est acorralada dentro la palabra monstruo (sin matices), ya no es necesario atenerse a parmetros humanos. As es como Dexter se convierte en un instrumento moral de eficiente precisin ejecutora, deja de ser un hombre para ser un monstruo a secas, un predador que, como supropia funcionalidad le reclama, restituye el orden, custodiando, alejado de las grandes urbes, a una civilizacin que descansa indefensa.

Este tipo de estrategia televisivo/cinematogrfica, presentada actualmente en un envoltorio de subversiva modernidad, nos ancla en una realidad sin reverso oculto en la que, como en este caso, tras el celofn del asesino encantador (o el tcito restaurador de nuestro enano fascista) se legitima la desaparicin de ese otro que (segn los parmetros policiales) nos acecha desde la penumbra.

Es as como, bajo nuestra permisiva consciencia, se restituye eterno ese reconfortante mecanismo del siempre habr alguien que, inclusive en el ltimo de los mrgenes, entre canbales, pederastas y asesinos, nos ofrecer un instrumento, un descuartizador amigable, que vele por el alma de todos nosotros.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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