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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2013

La maldicin de Bush persigue a Obama

Luis Matas Lpez
Pblico


Hay diferencias notables entre las presidencias de Barack Obama y George Bush, y sera excesivo asegurar que se trata del mismo perro con distintos collar. Sin embargo, el actual presidente no logra despegarse de la sombra ominosa de su predecesor. Es una maldicin que lastra su gestin y amenaza con convertirla en irrelevante y borrar lo poco que queda del caudal de esperanza que suscit su acceso a la Casa Blanca. O mucho cambian las cosas o nada le salvar de ese estigma: ni su Premio Nobel de la Paz, ni sus esfuerzos para reformar la Sanidad o la inmigracin, ni el hecho de ser el primer presidente negro (mestizo, en realidad), ni la supresin de las crceles secretas de la CIA, ni la desautorizacin de la tortura a los prisioneros enemigos (mientras consagraba la impunidad de los autores directos y los dirigentes que la permitieron), ni sus supuestas buenas intenciones de dignificar la guerra contra el terrorismo.

Tiene menos tiempo del que parece para dar un golpe de timn. A los 3 aos y 8 meses que le quedan de su segundo mandato hay que quitarle casi dos aos. Tras las legislativas de noviembre de 2014, Obama ser otro pato cojo, ya sin reeleccin posible, con su influencia y capital poltico reducidos de forma drstica y al que ni siquiera en su propio partido es probable que le hagan demasiado caso.

El principal legado de la era de Bush en realidad una constante en la historia reciente de Estados Unidos es el doble rasero. Es el mismo que lleva a Israel a aplicar dos diferentes reglas democrticas (para los judos y los palestinos) y a convertir Irn en objetivo militar por su presunto intento de fabricar las armas nucleares que el Estado hebreo posee en gran cantidad desde hace dcadas.

En el caso norteamericano, la hipocresa se pone de manifiesto en dos ejemplos, y no son los nicos:

1.- Estados Unidos al igual que China, Rusia o Israel se ha desvinculado de la Corte Penal Internacional porque no est dispuesto a que sus ciudadanos sean juzgados en el exterior por genocidio o crmenes de guerra y contra la Humanidad. Incluso, en tiempos de Bush, se aprob la conocida como Ley de invasin de La Haya, que Obama no ha derogado y que en teora permite atacar la sede del tribunal () si este se atreve a procesar a un militar norteamericano. Sin embargo, la Ley de Autorizacin del Uso de la Fuerza Militar, promulgada en la estela de los atentados del 11-S y an vigente, otorga al presidente poderes casi sin lmites para conjurar cualquier amenaza contra la seguridad de de EE UU en cualquier lugar del mundo, con o sin autorizacin del Gobierno local.

2.- El sistema de proteccin de derechos y libertades individuales existente en Estados Unidos, servido por legiones de abogados que se rigen por la ley del dinero, es tal vez el ms desarrollado y garantista del planeta. Sin embargo, Bush abri -y Obama no ha conseguido cerrar- un limbo legal en la base de Guantnamo, en un terreno robado a la isla de Cuba, en el que centenares de sospechosos de terrorismo, recluidos en condiciones penosas, y al menos en el pasado expuestos a torturas y malos tratos, no han tenido, ni tienen los que an siguen all, ninguna posibilidad de defensa, ni siquiera de ser juzgados. En comparacin, en Espaa, que como sumisa colonia se deja deslumbrar con frecuencia por el sistema norteamericano, se respondi a los atentados del 11-M sin limitar los derechos individuales, sin aprobar leyes antiterroristas de excepcin y sometiendo a un juicio por la jurisdiccin ordinaria a los acusados de la matanza en el que disfrutaron de las garantas normales de defensa.

Es cierto que, aunque sin dejar atrs dos pases en paz y armona, Obama ha retirado las tropas norteamericanas de Irak y cumple el calendario para hacer otro tanto en Afganistn. Sin embargo, ese camino ya lo dej trazado Bush, y su sucesor ha dado un paso ms all con la extensin masiva del uso militar de los aviones sin piloto. En los ltimos aos, los drones, sin asumir el riesgo de bajas propias, han ejecutado a un nmero indeterminado de combatientes enemigos, al precio de considerables daos colaterales, lase civiles inocentes. Ninguno de esos supuestos terroristas, reos de la pena capital, ha tenido algo asimilable a un juicio justo.

Obama defiende el uso de los drones, pero ahora dice que su uso debe reducirse a situaciones extremas, de peligro inminente no conjurable por otros medios. La pregunta es: por qu no lo ha hecho antes? Tal vez porque antes no se haba visto forzado a reconocer oficialmente que cuatro ciudadanos norteamericanos (y no solo un peligroso terrorista) haban muerto por ataques de estos aviones sin piloto.

Tambin presiona al Congreso -cuya Cmara de Representantes dominan los republicanos- para que levante los obstculos al cierre de Guantnamo y al traslado de los presos a territorio estadounidense. Pero lo hace alarmado por la posibilidad de que alguno de los ms de 100 huelguistas de hambre en la crcel de la vergenza pueda morir y convertirse en un mrtir. Tiene muy presente la pesadilla que supuso para Margaret Thatcher la muerte de 10 reclusos del IRA en 1981, entre ellos Bobby Sands. Casi macabro resulta que la mayora de los presos de Guantnamo ni siquiera sean ya sospechosos de ningn delito, lo que no impide que sigan pudrindose en sus jaulas porque ningn pas quiere acogerles, ni siquiera el suyo.

Obama se pone el disfraz de moderado que tanto le gusta y propugna la derogacin de la Ley de Autorizacin del Uso de la Fuerza Militar. Admite que la fuerza no basta para acabar con la amenaza terrorista, que sta no se puede combatir solo con la fuerza militar ni matando moscas a caonazos y que tiene un perfil similar al de antes del 11-S, como ilustran los atentados de Boston, Londres o Pars. Pero tendra que ir mucho ms all para convencer de que no gasta plvora en salvas, y el hecho es que sus reservas de credibilidad estn bajo mnimos.

Su tctica actual es echar balones fuera y culpar de obstruccionismo salvaje a un Congreso hostil. Pero esa no es la actitud que le conviene para salvar su legado, o para tener algo que legar. Un presidente no puede declararse impotente, derrotado por el sistema de divisin de poderes. Obama tiene an muchos recursos a su disposicin y debe utilizarlos, empezando por el ms poderoso y abstracto de todos ellos el liderazgo-, para forzar un cambio de rumbo que le permita recuperar cuando menos una parte del caudal de esperanza y regeneracin que le llev a la Casa Blanca al grito de Yes, we can! Si no lo hace as, dentro de unos aos no ser fcil distinguir su presidencia de la de George Bush.

Fuente: http://blogs.publico.es/elmundo-es-un-volcan/2013/05/31/la-maldicion-de-bush-persigue-a-obama/


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