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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2013

Poeta en New York
Lorca en el corazn del capitalismo

Rafael Castao Rendn
Kaosenlared

Lo social en Lorca surge de la observacin y vivencia en la ciudad de New York, su falta de valores mejor, sus valores exclusivamente materialistas- de donde emana una obra que es tanto un canto a la vida, a la humanidad y a la naturaleza como una denuncia a la aurora imposible de New York.


En un artculo anterior que llam Fue Bernarda la causa del asesinato de Lorca? intent desmontar la muy extendida imagen (vanse si no las numerosas reseas biogrficas al uso sobre el poeta) del Federico slo muy superficialmente implicado en la poltica, as como del Lorca seorito andaluz, alegre, bullicioso, tocando el piano,...en donde su asesinato siempre acaba explicndose por razones de rencillas rurales. A partir de Comedia sin Ttulo una de las tantas obras pstumas de Federico (tena muchas en la hora de su muerte trgica. Ms que pstumas, era todo un mundo en marcha de aquella persona fascinante y genial) realic observaciones sobre la gran concienciacin poltico-social de Lorca en los aos anteriores al inicio de la Guerra.

Ahora se da un paso atrs en el tiempo en su proceso de creacin (proceso, porque en el teatro, en la poesa, en la prosa, en las conferencias, en su vida pblica,...Lorca iba arrastrando, creando y avanzando en sus grandes temas) y la conciencia social alcanzada en una obra que ha sido considerado por igual de surrealista y de ser la ms social entre las suyas, por sus claras imprecaciones al capitalismo. Hablamos de Poeta en New York.

Por cierto, es tambin una obra pstuma, ya que Lorca slo se la dej en forma de borrador a Jos Bergamn para su posterior publicacin, un borrador con tachones, zonas mecanografiadas, corregidas, a mano, fotografas,... algo realmente catico que no se puede considerar preparado para su impresin definitiva.

Lorca siempre neg el carcter surrealista (superrealista, como era habitual decir entonces) de la obra. En cuanto a si se puede considerar una obra social, es el tema del presente artculo. Lorca, en varias ocasiones, mostr la alta valoracin que conceda, dentro de su trayectoria literaria, a los poemas de lo que luego pasara a titularse Poeta en New York. Durante aos, una vez escritos los poemas en New York, durante su estancia en esta ciudad entre los aos 1929-1930, estuvo haciendo lecturas pblicas de los mismos a modo de preparacin y comprensin para su futura publicacin, pues consideraba que no iba a ser una obra fcil, que adems abandonaba parte del folclorismo mitologizante de El Romancero Gitano. Las intenciones de cambio en Lorca son evidentes. Pero es el Lorca de siempre, pues la multiplicidad, la experimentacin, la sinceridad y el juego conforman su personalidad.

Si una obra es social cuando su fin es la propaganda de un proyecto poltico y social, novela de tendencia, en el lenguaje de Lukcs, o el llamado realismo social de los aos cincuenta, no busquemos nada de esto en Poeta en New York. Los poemas del libro son los medios expresivos de los que se sirve un alma desgarrada (siempre lo fue, la de Federico) que alla en medio de la metrpolis capitalista, donde ve la total imposibilidad para la concrecin de los impulsos humanos, naturales, vitales,Una imposibilidad e insatisfaccin mucho ms profundas de las que se muestran en sus novelas rurales o de mujeres. Habra que entroncar, en este sentido, Poeta en New York, con sus otras obras no publicadas en vida (por la imprenta, pero s en lecturas pblicas).

Lo social en Lorca surge de la observacin y vivencia en la ciudad de New York, su falta de valores mejor, sus valores exclusivamente materialistas- de donde emana una obra que es tanto un canto a la vida, a la humanidad y a la naturaleza como una denuncia a la aurora imposible de New York. Obra que Benjamin, contemporneo, colocara fuera del tiempo del continuo y del progreso histricos, porque en ella veremos como distintas sociedades, distintos grupos, distintos mundos conviven,...y la solucin no puede venir de un progreso, de una reconciliacin con la naturaleza, sino de la catstrofe y la lucha apocalpticas. Pero como toda obra de arte (Adorno), aunque constituya una entidad autnoma con respecto a lo que le rodea, surge en un lugar y momento determinados, y por el propio desarrollo de la obra se infiere y busca la destruccin de una sociedad absurda como nica va para recuperar los valores autnticamente humanos. Como todo gran arte, la de Lorca no es una sucesin de conceptos o ideas (sera un quehacer distinto al esttico), pero que llega a comprenderse racionalmente como producto humano que es. Concluyendo, lo social emana internamente y no constituye un elemento externo que se incrusta en la obra.

Para interpretar el libro que constituye en realidad un largo poema unitario- partamos de una visin del capitalismo que se acerca a la de Lorca y que formula Foucault en un escrito ( donde no aparece su nombre) colectivo donde participa, junto con Guattari, y que sintetizamos en los siguientes prrafos: Para reforzar su terror social experimentado como culpabilidad individual, las fuerzas de ocupacin capitalista con su sistema cada vez ms refinado de agresin, de incitacin, de chantaje, se ensaan en reprimir, en excluir, en neutralizar todas las prcticas deseantes que no tienen por efecto reproducir las formas de la dominacin. Es el espacio de este cuerpo con todo lo que produce de deseos al que queremos liberar de la influencia extranjera. Es en este lugar que queremos trabajar para la liberacin del espacio social. No hay frontera entre los dos. YO me oprimo porque YO es el producto de un sistema de opresin extendido a todas las formas la vida. La conciencia revolucionaria es una mistificacin siempre que no pasa por el cuerpo revolucionario, el cuerpo productor de su propia liberacin. Son las mujeres en rebelin contra el poder masculino implantado durante siglos en sus propios cuerpos, los homosexuales en rebelin contra la normalidad terrorista, los jvenes en rebelin contra la autoridad patolgica de los adultos, quienes han comenzado a abrir colectivamente el espacio del cuerpo a la subversin y el espacio de la subversin a las exigencias inmediatas del cuerpo.

Todo lo anterior, y mucho ms, podremos observar en la obra de Lorca. En ella es constante la percepcin de la realidad como realidad agresiva, la prisin del cuerpo sometido a la mquina y a la fbrica productivista, la revolucin como lucha de la naturaleza contra un mundo deshumanizado, la juventud y la infancia sin destino y que slo esperan una muerte en vida, la homosexualidad criminalizada,...

Nada ms llegar a Espaa, tras su estada en New York, en una conferencia, Lorca dice: los dos elementos que el viajero capta en la gran ciudad son: arquitectura extrahumana y ritmo furioso. Geometra y angustia. En una primera ojeada, el ritmo puede parecer alegra, pero cuando se observa el mecanismo de la vida social y la esclavitud dolorosa del hombre y la mquina juntos, se comprende aquella trgica angustia vaca que hace perdonable por evasin hasta el crimen y el bandidaje.

Y en efecto, los poemas de sus meses neoyorquinos muestran una visin clara del envilecimiento del individuo en un mundo antinatural, mecnico y mercantilizado, un mundo donde lo humano no tiene lugar y donde todo est dispuesto para la consecucin del lucro y los poderosos aplastan la inocencia humana simbolizada en los nios, los animales, los homosexuales, los desahuciados y los maginados,... Por estos, el poeta pedir la destruccin de tal sociedad, una destruccin que en sus versos adquiere perfiles apocalpticos.

La esclavitud dolorosa del hombre y la mquina juntos nos trae rpidamente a la memoria Tiempos modernos de Chaplin, en donde la cosa, la mquina, se impone a lo humano en su afn de beneficio.

Varios son los poemas de Lorca en donde mejor se observa esta visin deshumanizadora del capitalismo en la gran ciudad: Ciudad sin sueo, El Mascarn, Norma y paraso de los negros y New York (oficina y denuncia), a los que podramos aadir Paisaje de la multitud que vomita.

En Ciudad sin Sueo se nos coloca inmediatamente en una ciudad deshumanizada donde lo nico que domina es la muerte, la desolacin, la desesperanza y la imposibilidad del perfeccionamiento vital. Una vida insomne, una vida despersonalizada donde sus habitantes estn privados de la eventualidad de desarrollar su propio yo.

Sobre la cosificacin y enajenacin humanas en el capitalismo haba hablado el Lukcs de Historia y consciencia de clase aos antes de que se publicasen los Manuscritos econmico-filosficos del joven Marx. El insomnio domina la ciudad frente al reposo, que simbolizara la vida y la posibilidad de seguir el ritmo de la naturaleza, un ritmo que el poeta haba vivido en su tierra natal y que slo en contadas ocasiones puede conseguir en EEUU, como en los versos aorantes y nostlgicos de Poema doble del Lago Eden:

Era mi voz antigua

ignorante de los densos jugos amargos.

Lo adivino lamiendo mis pies

bajo los frgiles helechos mojados.

Ay voz antigua de mi amor,

ay voz de mi verdad,

ay voz de mi abierto costado,

cuando todas las rosas manaban de mi lengua

y el csped no conoca la imposible dentadura del caballo!

El amor, la verdad, la rosa, la infancia (era mi voz antigua)...todo lo que realmente interesa se ha disuelto. Y es en este momento cuando Lorca pide la venida de la naturaleza, una naturaleza salvaje, como salvaje es la civilizacin que se ha instituido y que acabar con la ciudad emblema de la razn humana desquiciada. Si el sueo de la razn produce monstruos, nada ms monstruoso que la ciudad de New York. Todo un mundo selvtico destruir la degradacin de los rascacielos construidos por el hombre:

Vendrn las iguanas vivas a morder a los hombres que no suean

y el que huye con el corazn roto encontrar por las esquinas

al increble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

 Y ms adelante:

Un da

los caballos vivirn en las tabernas

y las hormigas furiosas

atacarn los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro da

veremos la resurreccin de las mariposas disecadas

y aun andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

No anda muy lejos lo anterior del siguiente texto de Foucault y Guattari: As se prolonga indefinidamente el reino milenario del goce desdichado, del sacrificio, de la resignacin, del masoquismo instituido, de la muerte: el reino de la castracin que produce al sujeto culpable, neurtico, laborioso, sumiso explotable. Este viejo mundo que por todas partes apesta a cadver, nos horroriza y nos convence de la necesidad de llevar a cabo la lucha revolucionaria contra la opresin capitalista en el lugar en el que est ms profundamente arraigada: en lo vivo de nuestro cuerpo.

 Desmenuzando el texto anterior para trasladarlo a los versos de Lorca, comenzamos por el tema de la muerte, dentro del mismo poema (esto es, Ciudad sin sueo). Desde su juventud, el tema de la muerte como vida frustrada haba sido una constante en la obra de Lorca, aunque puede tener otros significados: as, el poema del Romancero en donde la muerte significa el captulo final de una vida (Tres golpes de sangre tuvo/y se muri de perfil/viva moneda que nunca/se volver a repetir), otras veces la muerte es un hecho cotidiano y rutinario de la vida (Seores guardias civiles:/
aqu pas lo de siempre./Han muerto cuatro romanos/ y cinco cartagineses),
en ocasiones la muerte de los nios -la infancia siempre presente en Lorca-, pese a la contradiccin muerte/infancia, aparece en Lorca tratada de muchas formas: ni hay nadie que, al tocar un recin nacido,/ olvide las inmviles calaveras de caballo... pero las ms, ya digo, la muerte es smbolo de la vida y el destino truncados (Aunque sepa los caminos/ yo nunca llegar a Crdoba).

Sin embargo, en Poeta en New York, el libro del capitalismo maduro y cosificador, la muerte no aparece separada de la vida. Para que exista una autntica vida tiene que existir una autntica muerte. Las vidas del goce desdichado, del sacrificio, de la resignacin, del masoquismo instituido, de la muerte: el reino de la castracin que produce al sujeto culpable, neurtico, laborioso, sumiso explotable no son autnticas vidas, por lo que no cabe pensar una autntica muerte. Los hombres y mujeres cosificados de la sociedad capitalista son hombres sin impuso vital, vidas que llevan la muerte encima y muertos que no acaban de morir tras su muerte. Como en Pedro Pramo los personajes de la obra estn muertos porque no pueden disfrutar de la vida:

Hay un muerto en el cementerio ms lejano/ que se queja tres aos/ porque tiene un paisaje seco en la rodilla; /y el nio que enterraron esta maana lloraba tanto/ que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase. Ejemplo estos versos de lo dicho. Un muerto que llora desde hace tres aos en el cementerio, con su muerte encima (un paisaje seco en la rodilla). No hay esperanza ni an en la muerte, porque continuar el sufrimiento. Luego el tema del nio muerto, recin muerto (que enterraron esta maana) y una sociedad insensible (hubo necesidad, tercera persona, forma impersonal, es decir, habla de una sociedad ajena al dolor del nio) que no respeta el sagrado llorar del nio, que le molesta ese nio y comete la degradacin de enviar a los perros para que el nio no moleste. No existe amor ni ternura en la ciudad del dinero.

Y cmo ser la lucha contra este mundo? Cmo impondr la naturaleza su poder? Desde luego no ser una naturaleza idlica, rousseauniana, porque slo una naturaleza salvaje puede destrozar una sociedad bestial. Los cocodrilos, las cobras, las serpientes, las iguanas,... todo se levantar contra esa sociedad para hacer posible otro mundo: ya lo vimos antes, Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabaas./ Vendrn las iguanas vivas a morder a los hombres que no suean/y el que huye con el corazn roto/ encontrar por las esquinas al increble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros De la misma forma que en El Mascaron, el poema a los negros, una de las pocas formas de humanidad que ve Lorca en ese mundo:

Y despus de esto, un lugar, para la luz: 

Un da los caballos vivirn en las tabernas 

y las hormigas furiosas 

atacarn los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas. 

Otro da 

veremos la resurreccin de las mariposas disecadas 

y an andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos 

veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.

En esta especie de combate mitolgico, Lorca apuesta por la victoria de la luz y la vida. Los caballos (no slo en Lorca) son smbolo tanto de la inocencia (el Guernika) como del poder sexual (unicornio); el sexo limpio se adentrar en el lugar que hasta ahora ha sido la zona del machismo, del hombre tabernario: as, existe la esperanza de que incluso en las tabernas entre el amor, la sensualidad, la vida,y las hormigas (desde su libro de poemas, los animales pequeos simbolizan en Lorca el poder de la infancia) acabarn con los cielos contaminados y putrefactos de la ciudad Los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas. Las mariposas disecadas volvern a volar (igual que de las barbas de la oda de Walt Whitman salen mariposas) trayendo por fin la primavera y la aurora; y frente a la soledad actual (esponjas grises y barcos mudos) aparecer el anillo, smbolo de la unin y la comunicacin, as como la lengua, cuyas rosas refleja la pasin de las bocas, que podrn amar y hablar.

Pero la vida es cambio, falta de credos, diversin, y por ello, al ser la religin la santificacin de lo instituido y un entramado que neurotiza y culpabiliza el corazn del hombre, Lorca, como antes haba hecho en Espaa atacando la Iglesia Catlica (qu, si no, las tragedias campesinas que escribir aos despus), ahora lo har tambin de la protestante y la religin de los judos neoyorquinos, que han convertido en Dios al dinero. La iglesia como institucin, ya que en el Nacimiento de Cristo Lorca no slo se identifica con el Cristo evanglico, sino que incluso se ofrece en sacrificio para salvar a la mitad desposeda de New York: yo denuncio la conjura /de estas desiertas oficinas/que no radian las agonas, /que borran los programas de la selva, /y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas /cuando sus gritos llenan el valle/donde el Hudson se emborracha con aceite.

Existe, adems, en Grito hacia Roma una crtica bastante manifiesta al apoyo del fascismo en Italia por parte de la jerarqua eclesistica, pues no de otra forma puede concebirse estos versos referidos a Roma y al Vaticano, apoyando las botas militares: Caern sobre la gran cpula/ que untan de aceite las lenguas militares/ donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma/ y escupe carbn machacado/rodeado de miles de campanillas. No le hubiera resultado extrao pues, a Lorca, lo que aos despus sucedi en Espaa, la Iglesia llevando sobre palio al dictador y besando las lenguas militares. Y ,luego, el tiro a la coronilla: Pero el hombre vestido de blanco/ignora el misterio de la espiga,/ignora el gemido de la parturienta,/ignora que Cristo puede dar agua todava,/ignora que la moneda quema el beso de prodigio/y da la sangre del cordero al pico idiota del faisn./. De esta forma, como se dice en los primeros versos: ya no hay quien reparta el pan ni el vino. La Iglesia desde el principio es una institucin traidora a su fundador e incumple su misin: porque queremos el pan nuestro de cada da,/ flor de aliso y perenne ternura desgranada,/ porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra/ que da sus frutos para todos. 

Antes de continuar con la crtica de Federico al catolicismo, dos breves referencias. Una al protestantismo Sacerdotes idiotas y querubes de pluma/van detrs de Lutero por las altas esquinas y otra, quiz ms dura, a la religin juda, en el entierro de un judo, donde se antepone el dinero a la ternura y la inocencia: Tres mil judos lloraban en el espanto de las galeras /porque reunan entre todos con esfuerzo/ media paloma.

Dos son los poemas donde Poeta en New York muestra la visin del catolicismo en claves lorquianas: Navidad en el Hudson y Nacimiento de Cristo. En el primero expresa la indiferencia y alegra burocrticas de la ciudad ante la Navidad (una de las primeras crticas a la mscara que la Navidad, cuando comenta cmo al caerse alguien y ahogarse en el ro Hudson, observa que con el marinero degollado/cantaba el oso de agua que lo haba de estrechar;/y todos cantaban aleluya,/aleluya./. Quiz se trate de un hecho real, porque Lorca, en una conferencia recital afirm que si resbalas al agua, arrojarn sobre t papeles de meriendas

La idea tradicional de que la Iglesia traicion el mensaje de Cristo adquiere en Nacimiento de Cristo caracteres apotesicos, y, como siempre en Lorca, ya en el mismo nacimiento de Cristo se hayan inscritas las seas de su muerte y la traicin de la iglesia que se instaurar.

Desde el comienzo, en el Portal (Un pastor pide teta por la nieve que ondula/ blancos perros tendidos entre linternas sordas) aparecen las seales de la muerte; en la nieve (frialdad) y por otro lado linternas sordas. Linternas que no sirven, que no iluminan (rodeadas de perros y de nieve), sordas al exterior. Si las linternas son el camino que debe alumbrar Jess (Yo soy la luz del mundo), el camino no est iluminado; una primera alusin a que la institucin que debe alumbrar, ensear, el mensaje de Jess no va a cumplir su misin.

Y luego El Cristito de barro se ha partido los dedos/ en los filos eternos de la madera rota. Todos nos imaginamos esas manos de las iconografas que representan a Jess que por uno u otro motivo se les ha roto los dedos, normalmente dispuestos en posicin de bendecir. En este caso, los dedos estn rotos por la madera; naturalmente, la madera de la cruz. La cruz que simboliza la iglesia ha castrado los dedos de Jess, su bendicin es una bendicin impotente, una bendicin sin dedos. Nunca se haba dicho y expresado tanto de una manera tan plstica.

Que el Cristo est muerto ya desde su nacimiento lo indica los dos versos siguientes: Ya vienen las hormigas y los pies ateridos! /Dos hilillos de sangre quiebran el cielo duro. Las hormigas en fila recogiendo al ser muerto (pies ateridos).

Los vientres del demonio resuenan por los valles/ golpes y resonancias de carne de molusco y la iglesia, que deba expresar el mensaje de Cristo se convierte en el vientre de un demonio adiposo, pegajoso (carne de molusco) que ensucia el mundo. No produce libertad, sino que aferra y cubre con su mugre a los seres de la tierra.

Es sabido como las procesiones inquisitoriales, que llevaban al hombre, a la mujer, a la hoguera, estaban encabezadas por sacerdotes portando cruces verdes, smbolo de la Inquisicin. De este modo, los que deban enviar el mensaje de Jess son simplemente portadores de muerte y dolor, pues, bajo esta luz, la referencia a la Inquisicin parece innegable en los versos: Lobos y sapos cantan en las hogueras verdes/ coronadas por vivos hormigueros del alba.

A continuacin, una referencia a los animales del Portal: La mula tiene un sueo de grandes abanicos/ y el toro suea un toro de agujeros y de agua. Normalmente los abanicos en Lorca van unidos a aplauso y simbolizan la fama, el clamor popular, aqu tambin puede referirse a que hasta no hace muchas dcadas los papas iban en una mula con abanicos hechos de plumas de avestruz. Sin embargo, el toro, smbolo de la fuerza, en este caso de la iglesia, est lleno de boquetes, pero no echa sangre, vida, fuerza,.. Slo agua.

La Iglesia no puede transmitir nada, porque carece de vida y est vaca, desde el mismo momento en que traiciona a su fundador: El nio llora y mira con un tres en la frente. El nmero tres, las tres horas en que Cristo agoniza en la Cruz, est ya en el portal.

Y finalmente una referencia a Juan el Bautista (el desierto, la voz que clama en el desierto y degollada luego), muerto incluso antes del mensaje de Jess: Los paales exhalan un rumor de desierto/ con ctaras sin cuerdas y degolladas voces. La iglesia no comunica, sino que degella la voz y la msica (cortadas las cuerdas de la ctara del rey David).

En suma, una iglesia que se nos aparece deshumanizada, incapaz de dar vida a este mundo, porque ella est con el fascismo, con los millonarios, en contra de la ternura y la esperanza. Su Dios es el dinero, como se deja reflejar en el Grito hacia Roma.

Pasando al mundo econmico del capitalismo, Lorca lo describe como aquel que siempre ha sido, bestia que en su bsqueda del beneficio destroza al hombre, a la naturaleza y los sentimientos. Capta perfectamente a qu conduce la lgica productivista del capitalismo. Simplemente, para compararlo luego con los versos de Poeta en New York, mencionar un prrafo extrado del captulo octavo del libro primero de El Capital: En su impulso desmedidamente ciego, en su hambre de plus-trabajo, hambre feroz, hambre propia de fiera corrupia, el capital derriba no slo los lmites extremos morales de la jornada de trabajo. Usurpa el tiempo necesario para el crecimiento, el desarrollo y la conservacin sana del cuerpo, se apodera del tiempo requerido para consumir aire libre y luz del sol . En el mismo captulo compara la explotacin de la fuerza de trabajo del capitalismo con el sacrificio de las reses por la piel, repudiando la carne, en Argentina. Y hablando de la agricultura afirma que cuando se produce un progreso en sta es un proceso no slo del arte de depredar al trabajador, sino tambin y al mismo tiempo del arte de depredar el suelo; todo progreso en el aumento de la fecundidad para un plazo determinado es al mismo tiempo un progreso en la ruina de las fuentes duraderas de esa fecundidad. Y concluye La produccin capitalista no desarrolla la tcnica y la combinacin del proceso crucial de la produccin ms que minando al mismo tiempo las fuentes de las mana toda riqueza, la tierra y el trabajador.

En New York (Oficina y denuncia), Lorca por un lado muestra el carcter voraz del capitalismo y por otro la destruccin del mundo natural, reflejado en esta ocasin en los animales. Los nmeros, las cifras, el dinero, slo ocultan la sangre y el dolor:

Debajo de las multiplicaciones

hay una gota de sangre de pato;

debajo de las divisiones

hay una gota de sangre de marinero;

debajo de las sumas, un ro de sangre tierna.

Un ro que viene cantando

por los dormitorios de los arrabales,

y es plata, cemento o brisa

en el alba mentida de New York.

 Todo al costo de una destruccin que por un lado no conoce lmites:

Todos los das se matan en New York

cuatro millones de patos,

cinco millones de cerdos,

dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,

un milln de vacas,

un milln de corderos

y dos millones de gallos,

que dejan los cielos hechos aicos.

 Y de otro lado ha olvidado la ternura de los tiempos pasados:

San Ignacio de Loyola

asesin un pequeo conejo

y todava sus labios gimen

por las torres de las iglesias.

Y en este enfrentamiento entre los que se enriquecen y los que mueren por el enriquecimiento de una parte, el poeta toma partido:

Yo denuncio a toda la gente

que ignora la otra mitad,

la mitad irredimible

que levanta sus montes de cemento

donde laten los corazones

de los animalitos que se olvidan

y donde caeremos todos

en la ltima fiesta de los taladros.

Os escupo en la cara.

La otra mitad me escucha

devorando, orinando, volando, en su pureza

como los nios de las porteras

que llevan frgiles palitos

a los huecos donde se oxidan

las antenas de los insectos.

No es el infierno, es la calle.

Dentro de esa mitad sufriente, los ojos de Lorca ven a los negros, los explotados de la gran ciudad. Y como en Andaluca se haba puesto con los gitanos frente a la guardia civil, en New York coloca con los negros frente a los capitalistas. Los negros no slo son una masa explotada, son tambin el nico universo natural que queda en la gran ciudad del capitalismo y su nica posibilidad de salvacin.

Lorca encuentra sexualidad (es decir, vitalidad), exotismo, tradicin y naturaleza en el mundo de los negros:

Con la ciencia del tronco y del rastro

Llenan de nervios luminosos la arcilla

Y patinan lbricos por aguas y arenas,

Gustando la amargura frescura de su milenaria saliva.

En la conocida Oda al Rey de Harlem se ha reprochado a Lorca que ponga todas las bondades en el negro y todas las maldades en el hombre rubio y blanco. Sin embargo, poesa es smbolo y no concepto. Lorca abandona el matiz para llegar a las profundidades insondables de la maldad que esconde el alma humana. Lorca generaliza, sencillamente, porque canta con su desgarrada voz. Escribe un poema, no un ensayo y el conocimiento que nos ofrece es conocimiento potico, autnomo,

Es preciso matar al rubio vendedor de

aguardiente,

a todos los amigos de la manzana y de la arena,

y es necesario dar con los puos cerrados

a las pequeas judas que tiemblan llenas de

burbujas,

para que el rey de Harlem cante con su

muchedumbre,

para que los cocodrilos duerman en largas filas

bajo el amianto de la luna,

y para que nadie dude de la infinita belleza

de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

Ay, Harlem! Ay, Harlem! Ay, Harlem

No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,

a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,

a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,

a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje!

Todo el mundo de los negros aparece reflejado: sus humildes casas humanas frente a los rascacielos que destrozan el cielo y as las habitaciones y la infinita belleza / de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas, o los trabajos subalternos que realizan: tu gran rey prisionero, con un traje de conserje

Como poeta que ensalza la vida y la sexualidad que el capitalismo aplasta, en Poeta en New York, como una magnfica separata, se encuentra la Oda a Walt Whitman, que es tanto una oda a la sexualidad, al amor libremente escogido, como al hombre embriagado de ternura y camaradera en medio de la soledad de la ciudad. En ese mundo tenebroso aparece un espacio para la homosexualidad libre y espontnea que representa Walt Whitman:

Nueva York de cieno,

Nueva York de alambres y de muerte.

Qu ngel llevas oculto en la mejilla?

Qu voz perfecta dir las verdades del trigo?

Quin el sueo terrible de tus anmonas

manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt

Whitman,

he dejado de ver tu barba llena de mariposas,

ni tus hombros de pana gastados por la luna,

ni tus muslos de Apolo virginal,

ni tu voz como una columna de ceniza;

anciano hermoso como la niebla

que gemas igual que un pjaro

con el sexo atravesado por una aguja,

enemigo del stiro,

enemigo de la vid

y amante de los cuerpos bajo la burda tela.

Sin embargo, frente a la homosexualidad natural y libre de Walt Whitman, Lorca opone lo que l llama el sexo de los maricas, que se esconden y ocultan, y llevan su sexualidad por los cenagales de la oscuridad. Es esta, a mi modo de ver, una forma discordante por parte de Lorca de ver la homosexualidad, porque l tambin tuvo que esconder en numerosas ocasiones su condicin homosexual. Tal vez la homosexualidad expresada libremente es en Lorca ms un deseo de imposible realizacin en una sociedad viciada por la represin que obliga a la homosexualidad a escondidas. Porque como en el sexo, en la produccin, en la infancia, en la religin, Lorca acaba resume su requisitoria contra el mundo opresivo en el verso

la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

La miseria que se esconde detrs de las riquezas superfluas, la enajenacin que el capitalismo produce en los hombres, la necesidad de su superacin, han sido expresadas de mltiples formas a lo largo de estos dos ltimos siglos. Quiz nunca, poticamente, se ha manifestado con el desgarro, la fuerza y la potente intuicin pica de Poeta en New York.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/58134-lorca-en-el-coraz%C3%B3n-del-capitalismo-poeta-en-new-york.html



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