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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2013

Macroeventos deportivos: nueva forma de control social y territorial en Brasil

Jos Manuel Rambla
Otramrica


Pobres y torcedores se convierten en las grandes vctimas de los preparativos del Mundial y las Olimpiadas en Brasil. Los desplazamientos forzados, la militarizacin y criminalizacin de la pobreza y la conversin del aficionado en consumidor de lite son los efectos visibles del 'milagro' deportivo brasileiro.

El deporte es uno de esos raros fenmenos sociales capaces de desatar las ms intensas pasiones. Por ello, no es extrao que el actual capitalismo postindustrial y especulativo lo haya convertido en pieza clave para ese modelo de desarrollismo de los grandes eventos que ha ido promoviendo en las ltimas dcadas a golpe de Expos, Cumbres, afamadas regatas o competiciones de Frmula 1. Y por encima de todos, convertidos en el ms luminoso objeto del deseo, las Olimpiadas y los Mundiales de ftbol. Las ms diferentes ciudades de todo el mundo pugnan por convertirse en sede de estos macroeventos que presentarn a sus respectivas ciudadanas como la gran oportunidad para proyectarse internacionalmente, remodelar su urbanismo y dinamizar sus economas.

Negocios y deporte se fusionan as para desatar un tsunami de emociones en el que los nmeros de la contabilidad son tanto o ms asombrosos que las gestas de los atletas. Un tsunami que con su eleccin para la organizacin del Mundial de Ftbol en 2014 y las Olimpiadas en Rio para 2016, viene azotando a un Brasil que ve ambas fechas como la revlida definitiva a su entrada en el selecto club de los ricos. Las cifras previstas parecen justificar por s solas las ilusiones. Segn un estudio realizado por la consultora Ernest & Young en colaboracin con la Fundacin Getlio Vargas, la organizacin de la Copa implicar para Brasil un gasto de unos 29.600 millones de reales (11.000 millones de euros), una cantidad compensada por 3,6 millones de empleos anuales por los preparativos, que a su vez distribuirn una renta entre la poblacin de 63.480 millones de reales (24.100 millones de euros), adems de generar una recaudacin tributaria adicional de 18.130 millones (6.886 millones de euros). As mismo, se espera un incremento del flujo turstico del 74%.

No obstante, los tsunamis no son solo dignos de admiracin por su manifestacin de naturaleza desbordada. La devastacin que dejan a su paso alcanza niveles sin duda no menos espectaculares. Sin embargo, los medios de comunicacin, que suelen centrar sus focos en esta letal irrupcin de la calamidad en las vidas humanas cuando se trata de fenmenos sismolgicos, normalmente optan por apartar del dao colateral el objetivo de las cmaras cuando se trata de estos modernos tsunamis deportivos. Y, como no poda ser de otro modo, daos colaterales no faltan en las olas gigantes proyectadas sobre la tierra brasilea por la Copa del Mundo y los juegos Olmpicos. Un informe elaborado por los Comits Populares de la Copa enumera algunos. As, por ejemplo, unas 170.000 personas segn las estimaciones ms conservadores- se vern desplazados de sus casas como consecuencia de las obras de infraestructuras ligadas a las competiciones. Para la mayora de ellos las alternativas recibidas son limitadas, cuando no, sencillamente inexistentes.

El listado es interminable y est compuesto en su mayora por favelas y ocupaciones irregulares que, en muchos casos, tienen ms de medio siglo de historia. En Curitiba, por ejemplo, la ampliacin del aeropuerto y las obras del estadio Joaquim Amrico Guimares amenaza a ms de 2.000 familias. Otras 6.900 sern desalojadas en Belo Horizonte a causa de la construccin de carreteras, hoteles, centros comerciales y otras infraestructuras. La resistencia ha sido dura. La represin tambin. Los vecinos de la comunidad Dandara fueron desalojados por la polica sin orden judicial, utilizando gases y destruyendo las endebles barracas con el vuelo rasante de los helicpteros. Mientras tanto, en Fortaleza 5.000 familias pierden sus casas por distintos proyectos de transporte pblico y 15.000 ms por otras actuaciones urbansticas ligadas al Mundial. En Rio otras 3.000 viviendas se vern impactadas, mientras que en So Paulo se estima que solo las conexiones entre el futuro estadio del Corinthians y el aeropuerto internacional de Guarulhos afectaron a unos 4.000 hogares y amenazan a otros 6.000.

La maquinaria del evento no respeta nada. El proyecto inmobiliario Granja Werneck prev ocupar en Belo Horizonte unos 10 millones de metros cuadrados para construir 75.000 apartamentos destinados a turistas, delegaciones deportivas y periodistas que acudan a cubrir los partidos del Mundial programados en la capital minera. Como una apisonadora, estos planes amenazan con llevarse por delante el Quilombo de Mangueiras, una comunidad creada en la segunda mitad del siglo XIX por descendientes de esclavos negros, de los que hoy apenas quedan 35 familias. Igualmente, el pasado 22 de marzo unidades de la polica de choque entraron en las instalaciones del antiguo Museo del Indio en Rio de Janeiro. Aunque el museo estaba inactivo, colectivos indgenas de distintas etnias mantenan ocupado el espacio como referente cultural. El edificio fue demolido dentro de las obras del nuevo Maracan.

La contundencia en la ejecucin de estos proyectos adquiere en ocasiones tintes absurdos. Los habitantes de Vila Harmonia y Metr Mangueira, por ejemplo, recibieron un buen da y por sorpresa una notificacin judicial con la orden de desalojo y el plazo fijado para dejar sus casas: cero das. Los casos se repiten por las distintas sedes del campeonato de ftbol, en ocasiones alegando problemas geotcnicos obviados durante dcadas. Adriano Evangelista, vecino de Itaquera, en So Paulo, recuerda cuando le notificaron que deba dejar su vivienda. Vinieron y me entregaron un documento que deca que la casa iba a ser clausurada. No me dijeron si iba a tener derecho a algo o si nos iban a trasladar a otro lugar. Situaciones, en suma, que no han dejado de provocar denuncias y quejas como las de Jos Renato, uno de los afectados por las obras en Porto Alegre: no sabemos cundo comenzarn la obras, ni quin se ver afectado, o hacia dnde sern realojadas las familias. Queremos tener el derecho a discutir nuestro futuro. Defendemos la realizacin de la Copa, pero con respeto a los derechos de la poblacin.

La opacidad se ha convertido en moneda corriente. La urgencia en el cumplimiento de los plazos o el argumento de un pretendido inters general hace que la falta de transparencia sea la norma en la tramitacin de estos grandes proyectos. Ello a pesar de la cascada de instituciones creadas, entre otras cuestiones, precisamente para encauzar la participacin, como el Comit Gestor da Copa 2014, el Grupo Executivo da Copa, el Comit de Responsabilidad de las ciudades sede o la Autoridad Pblica Olmpica. Sin embargo, en la prctica la supuesta participacin se ha limitado a lo que algunos han denominado irnicamente como democracia directa del capital, donde lo que cuenta son las conversaciones a puerta cerrada entre instituciones y empresas privadas.

No es extrao pues que en este contexto entidades como Amnista Intenacional o la Plataforma Brasilea de Derechos Humanos, Econmicos, Sociales, Culturales y Ambientales, hayan criticado el impacto negativo de estas prcticas. Sus denuncias fueron odas por el grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre derechos humanos, especialmente las relativas a los procedimientos utilizados en algunos desalojos. Incluso, la ministra brasilea de Derechos Humanos, Mara do Rosario Nunes, tuvo que admitir, durante un encuentro con miembros del grupo de trabajo de la ONU en mayo de 2012, la necesidad de prestar una atencin especial a los derechos humanos en el marco de los proyectos vinculados a la Copa y el Mundial. Finalmente, en julio del pasado ao, la comisin recomend a Brasil a propuesta de Canad- que se tomaran medidas que eviten los desplazamientos y los desalojos forzosos. Adems, se reclamaba la necesidad de que los afectados tengan acceso a la informacin, incluyendo plazos, se realizaran negociaciones con los vecinos implicados para buscar alternativas o, en su caso, se fijaran indemnizaciones adecuadas.

Pero adems, en la prctica, al amparo de estos proyectos se est promoviendo un modelo urbanstico basado en la exclusin social y la criminalizacin de la pobreza. Es as como en los ltimos meses se han puesto en marcha autnticos cordones sanitarios para aislar de la pobreza las zonas deportivas y tursticas potenciadas por los eventos. El exponente ms directo ha sido, sin duda, las Unidades de Polica Pacificadora (UPP) puestas en marcha en Rio con el objetivo declarado de controlar la violencia y el crimen organizado en las favelas. Sin embargo, para Cleonice Dias, lder comunitario en la favela de Cidade de Deus, la realidad tiene otra cara. Nosotros, que somos de la comunidad, sabemos que la UPP busca satisfacer a la opinin pblica mostrando que el Estado tiene el control de las comunidades. Quieren destacar que habr seguridad porque nosotros, los pobres, estaremos controlados y que pueden venir las inversiones para los macroeventos. El coronel de la Polica Militar Robson Rodrigues confirmaba las sospechas de las comunidades: realmente son las Olimpiadas las que dictan nuestra seleccin. Yo dira incluso que sin este evento la pacificacin nunca habra ocurrido.

El modelo, exportado a otras ciudades como So Paulo, Salvador de Baha o Curitiba, supone a menudo una autntica militarizacin de la sociedad, implicando incluso al ejrcito en estas labores de pacificacin. En total, Rio tiene previsto desplegar 40 UPP en la ciudad, con un despliegue de 8.ooo policas y un coste anual estimado en 408 millones de reales (156 millones de euros). Paradjicamente, las favelas y barrios situados en la zona oeste de la ciudad, controlados por milicias criminales en las que a menudo estn implicados agentes pblicos, han sido excluidas del programa de pacificacin.

Ms policas, la misma pobreza

Tambin aqu han sido numerosas las voces que dentro y fuera de Brasil han denunciado esta criminalizacin de la pobreza. Y ello a pesar de que, segn sus crticos, los macrooperativos policiales y militares desplegados en Rio con motivo de otros eventos, no han logrado una reduccin de los altos ndices de criminalidad. En cualquier caso, est previsto que el aparato de seguridad en torno a la Copa del Mundo tenga un costo de 2.100 millones de reales (803,7 millones de euros) e implique la contratacin de 53.000 nuevos agentes. Mientras tanto, el pasado mes de marzo expresaba su preocupacin otro grupo de trabajo de Naciones Unidas, el responsable de analizar los casos de detenciones arbitrarias. En sus conclusiones, los expertos censuraron la poltica de limpieza de las calles que se est realizando en las ciudades brasileas a costa de detenciones masivas de toxicmanos y pobres. Al mismo tiempo destacaban su preocupacin porque segn relatos, habra presiones para reforzar este tipo de detenciones debido a los grandes eventos de los que Brasil ser sede, como la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olmpicos en 2016.

Las sombras ligadas a estos macroeventos tambin se proyectan sobre uno de los aspectos ms destacados en su justificacin: el empleo. En este sentido, las condiciones laborales en las obras de construccin de las instalaciones han provocado no pocos paros y huelgas, hasta el punto de que el entonces ministro de Deporte, Orlando Silva, del Partido Comunista de Brasil (PCdB), lleg incluso a apelar al patriotismo de los trabajadores para no retrasar las proyectos. A ello se le suma el castigo que sufre el comercio informal, un sector clave para la supervivencia econmica de miles de brasileos de renta baja. Y es que el monopolio econmico impuesto por la Federacin Internacional de Ftbol (FIFA) sobre los estadios y sus alrededores para garantizar el negocio a sus empresas y patrocinadores, pasa por la marginacin, cuando no directa criminalizacin, de vendedores callejeros tan tradicionales como las baianas de Salvador que estos das se movilizaban contra el veto que les impedir vender junto al estadio, su tpica comida afrobrasilea de acaraj.

En realidad, no resulta extrao si se tiene presente que la organizacin de este tipo de eventos es, esencialmente, un gran negocio. Y tampoco muy transparente. La adjudicacin de la gestin del nuevo estadio Maracan de Rio de Janeiro es una buena muestra. El contrato fue adjudicado este mes de mayo al Consorcio Maracan S.A. por un periodo de 35 aos, a cambio de la inversin de unos 300 millones de dlares en mejoras del entorno y el pago de unos 2,2 millones de dlares al ao al gobierno estadual. En compensacin obtendr unas ganancias totales de 715 millones de dlares. Entre las empresas que componen el consorcio est Obedrecht que junto a la sociedad Mendes Junior, responsable de la construccin del nuevo estadio de Salvador de Baha, son dos de las firmas que mayores aportaciones realizaron a las campaas electorales de 2006 y 2010 de Aldo Rebelo, candidato del PCdB y actual ministro de Deportes. En concreto, juntas donaron unos 83.500 dlares a su candidatura, si bien los defensores del ministro sealan que en aquel momento las empresas que tambin donaron dinero a otros candidatos- no podan saber su nombramiento en octubre de 2011. Un nombramiento, por cierto, provocado por la salida de su antecesor y compaero de partido, acosado por denuncias de corrupcin. En cualquier caso, el pasado 27 de abril la polica dispersaba con gases a un grupo de manifestantes que denunciaba irregularidades en la concesin durante la inauguracin del nuevo campo de ftbol. Solo unos das ms despus la Justicia iba ms all y anulaba la adjudicacin, despus de que una jueza carioca aceptaba el recurso de la Fiscala en el que se planteaba la presencia de ilegalidades que contaminan la licitacin.

De este modo, el deporte se transforma en motor de una burbuja especulativa que, en ocasiones, adquiere niveles ilgicos. La evolucin del mercado inmobiliario en Rio es un buen reflejo de ello. La capital carioca experiment entre 2010 y 2012 una encarecimiento del 116,6% en el precio de venta de las viviendas, revalorizacin que en el caso de los alquileres fue del 68,5%. En algunas zonas la subida de los precios ha sido todava mayor, sobre todo en el rea centro donde barrios como Cidade Nova e Estcio se revalorizaron desde 2008 hasta enero de 2013 por encime del 300%.

De nuevo, las obras del emblemtico Maracan resultan paradigmticas. Entre 1999 y 2006, el gobierno de Rio de Janeiro invirti unos 400 millones de reales (unos 153,9 millones de euros) en adaptar sus instalaciones a las exigencias de la FIFA. Solo cuatro aos ms tarde toda esa inversin acabara en la basura al decidirse cerrar el campo y acometer las obras del Nuevo Maracan por un valor mnimo de 808 millones de reales (unos 310,9 millones de euros). Los trabajos, adems, tambin han implicado la demolicin del Estadio de Atletismo Clio de Barros, una de las mejores pistas del pas, o el parque acutico Julio Alamare que ahora, en el mejor de los casos, tendrn que ser reconstruidos en otro lugar.

La FIFA quiere consumidores

La propia FIFA es responsable en gran medida de esta visin economicista. Curiosamente fue un brasileo, Joo Havelange, quien con su llegada a la presidencia de la organizacin all por 1974, sent las bases de esta concepcin empresarial y mercantilista del ftbol al vincular las competiciones con el patrocinio de grandes firmas como Adidas o Coca Cola y al transformar los derechos de televisin en una de las claves del negocio. El modelo fue consolidado por su sucesor y actual presidente, Joseph Blatter. Modelo que ha despertado no pocas voces crticas en Brasil durante los ltimos meses. Una de ellas es la del ex futbolista y actual diputado por el Partido Socialista de Brasil, Romrio da Souza Faria. Brasil ser entregado a una FIFA que se va a llevar ms de 3.000 millones de reales y no va a pagar ni mil, denunciaba en una entrevista al diario O Globo. El veterano deportista tambin denunciaba la exclusin de las capas medias y populares de un Mundial que solo podra ser disfrutado por una minora de extranjeros y miembros de las clases altas brasileas, al tiempo que rechazaba las imposiciones de la FIFA. Brasil no puede darse a cambio de una Copa, sealaba.

Quiz la mayor paradoja de todo ello sea que entre las numerosas vctimas colaterales del modelo FIFA se encuentre el propio ftbol y especialmente, la forma en que el aficionado brasileo viva la torcida. Como destaca el antroplogo Marcos Alvito, el objetivo es transformar al torcedor en consumidor, al tiempo que se impone en los estadios la misma vigilancia panptica que se promueve en las calles. Las autoridades intentan garantizar un ftbol higienizado, un producto televisivo no perturbado por ningn disturbio, donde la torcida y sus manifestaciones ms extremas aparecen como aquello que en teora de la comunicacin se llama ruido, seala este profesor de Historia en la Universidad Federal Fluminense y uno de los fundadores de la Asociacin Nacional de Torcedores.

Alvito insiste en cmo, con la excusa de la violencia en los estadios, han sido tomadas una serie de medidas de control y monitorizacin de todos los torcedores. En este sentido, el tambin antroplogo Antonio Holzmeister recoga en su cuaderno de campo el impacto de estas prcticas a propsito de su experiencia durante un partido entre el Atltico Paranense y el Paran. Lo que ms me impresion fue cuando un jugador del Paran lanz el baln a la grada, que fue rpidamente escondido por un torcedor atltico debajo de su camisa. Poco despus escucho en los altavoces: Torcedor atltico que viste la camiseta nmero 23, usted est siendo filmado, devuelva la pelota inmediatamente o ser expulsado del estadio. Intimidacin rpidamente obedecida por el aficionado.

Pero sobre todo, el torcedor brasileo ve como paulatinamente las normas de la FIFA le impiden buena parte de sus manifestaciones ms particulares como las bandas de msica, los grupos de percusin, las coreografas, las bengalas, el baile de banderas, los gigantescos bandeires capaces de ocultar toda una grada, o simplemente, seguir en pie el partido. En buena medida eso se ha debido a los cambios introducidos en los estadios que tienden a una drstica reduccin de su capacidad, especialmente de las localidades ms baratas. Maracan vuelve a ser ejemplificador. Inaugurado como el mayor estadio del mundo con una capacidad oficial para 155.000 personas, lleg a acoger a ms de 200.000 espectadores en la mtica final de la Copa de 1950 donde Brasil cay derrotado tras una remontada de la seleccin uruguaya. El 80% de aquel aforo estaba destinado para las entradas ms baratas. Ahora, el nuevo Maracan ha limitado su capacidad a unas 78.000 plazas, todas sentadas y acolchadas, que incluyen el palco de autoridades y de prensa, as como unos 12.750 asientos VIP distribuidos entre 10.000 asientos Premium y 110 palcos privados de 80 metros cuadrados cada uno y aforo para 25 personas.

Todo ello ha ocasionado un incremento desorbitado del precio de las entradas que, a su vez, aleja a las capas populares de los estadios. Segn un estudio realizado por la consultora Pluri, el coste de las entradas de ftbol en Brasil ha subido un 300% en la ltima dcada, pasando de los 9,50 reales de media que costaban en 2003 a los 38 que se paga en la actualidad. Este encarecimiento es muy superior tanto a la inflacin del 73% acumulada durante ese mismo periodo, como a la revalorizacin del 37% experimentado por la renta media del trabajador que, segn el estudio, se sita hoy en unos 1.955 reales (754 euros).

Brasil parece as desandar el camino recorrido en los inicios del pasado siglo, que le llev hasta convertir el ftbol en una de sus principales seas de identidad. Si a finales del siglo XIX el balompi lleg al pas en las aristocrticas maletas de jvenes que, como Charles Miller u Oscar Cox, regresaban de estudiar en Inglaterra, las primeras dcadas del siglo XX fueron el escenario de un autntico conflicto social por la democratizacin del deporte. Mientras la lite social defenda un modelo que expulsaba de los campos y las competiciones de prestigio a los negros y los trabajadores, estos por su cuenta inventaban en las calles ese juego creativo e imaginativo que acabara caracterizando al ftbol brasileo. Ser en los aos 20 y 30 cuando la paulatina profesionalizacin del ftbol permiti la irrupcin de jugadores negros y de las clases populares, mientras el nuevo sistema de venta de entradas lo transformaba en un espectculo de masas rescatndolo de los clubes privados de la burguesa blanca. Paralelamente, fue tomando cuerpo una manera de vivir la aficin que al entroncar con el espritu de rebelda juvenil de los aos 70, acab hallando su mxima expresin en la torcida organizada.

Hoy la globalizacin ha convertido a Brasil en un exportador nato de jugadores al precio de vaciar sus clubs de las grandes figuras sobre las que se asentaba la aficin. As, al pasear por las calles brasileas es casi ms fcil tropezarse con aficionados vistiendo camisetas del FC Barcelona, el Real Madrid o cualquier otro equipo europeo donde juegue alguna de las figuras brasileas, que con torcedores luciendo los colores del Corinthians, el Fluminense o el Vasco de Gama. Ahora las restricciones impuestas por la FIFA amenazan con dar el tiro de gracia a una forma de vivir el ftbol que, con todas las contradicciones sociales y polticas que caracterizaron su historia, se convirti en sea de identidad de un pas. Un golpe final que llega con el implacable tsunami del Mundial y sus secuelas de especulacin inmobiliaria, mercantilizacin y exclusin social justificadas en nombre del mayor espectculo del mundo.

Fuente: http://otramerica.com/temas/olimpiadas-mundial-futbol-nueva-forma-control-social-territorial-brasil/2931



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