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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-06-2013

Presentes

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


En el ao 213 el emperador de la China emiti un edicto condenando a la hoguera el Libro de la Poesa, el Libro de la Historia y los discursos de las Cien Escuelas; es decir, todo el saber de la tradicin china. Al mismo tiempo, sentenci a muerte a todos aquellos que se atrevieran a dialogar en pblico en torno a los libros prohibidos, una vez entregados a las autoridades y destruidos: los que se sirvan de la antigedad para denigrar los tiempos presentes, dice el decreto, sern ejecutados junto con sus parientes. Como sabemos, las sociedades antiguas se vivan a s mismas como alejndose a la deriva, a favor de la corriente, de un pasado glorioso respecto del cual todo presente -todo gobierno presente- no era ms que una degeneracin o una degradacin; el gesto del emperador trataba as de legitimar su poder impidiendo que sus sbditos recordaran tiempos mejores y dinastas ms humanas o se dejaran engaar, como tantas veces ocurre, por los espejismos de la memoria.

Podramos decir que, bajo el capitalismo, no hace falta ningn decreto contra la memoria porque la propia consistencia del mercado borra permanentemente el pasado, como antigualla o escoria, en favor de un presente superior. Vivimos, se dice, en el presente, en la intensidad de las emociones inmediatas, de los sobresaltos sincrnicos. Pero no es verdad. La inversin capitalista del modelo antiguo respeta en realidad la misma lgica, en virtud de la cual o todo ha pasado ya o nada ha pasado todava: si los chinos crean que lo mejor haba quedado atrs, los consumidores -tambin los consumidores fallidos- creemos que lo mejor est por llegar. La idea de progreso, estrechamente vinculada a la novedad mercantil y tecnolgica, implica la ilusin, incluso en tiempos de crisis, de que puede haber remansos en la corriente, breves estancamientos o remolinos, pero jams reflujos y mucho menos retrocesos definitivos. En China el pasado impeda percibir los logros de la nueva dinasta; bajo el capitalismo es el futuro el que impide reconocer como propios, como reales, los abismos del presente.

El presente es una cosa muy difcil. Hablar de tiempos presentes requiere el cumplimiento de dos condiciones que raramente se dan. La primera es que est presente el sujeto, como cuando se pasa lista en los cuarteles y las escuelas (Santiago Alba Rico: presente!) o se moviliza a un muerto para que nos consuele o nos ayude (Ch Guevara: presente!). En general ocurre -digamos- que estn ah presentes las montaas, los rboles, los nios, los libros, y tambin las guerras y las ruinas y las llagas, pero nosotros no hemos llegado an, nos hemos entretenido por el camino, estamos distrados en la fatiga del trabajo o en el aturdimiento del ocio proletarizado; las cosas nos esperan, vibrando en su aura de impaciencia, pero nosotros llegamos a destiempo -en otro tiempo- o no llegamos nunca.

La segunda condicin es que est presente el contenido mismo del tiempo. Porque a veces sucede, en cambio, que estamos presentes sin que ninguna rosa y ningn viento haya gritado nuestro nombre; estamos ah, volcados hacia el mundo, sin que nadie nos pase lista y nuestra atencin se pierde en un desage de colores sin fundamento y cuerpos sin ninguna raz. Hay cuerpos que se secan a la espera del amor; mentes infinitas a las que no se ofrece nada que morder; campesinos sin olivos, escaladores sin montaas, violinistas ms grandes que Paganini o Sarasate que jams han visto un violn.

Slo podemos hablar de presente, por tanto, cuando ocurre que se presentan al mismo tiempo, en el mismo lugar, las dos presencias; cuando levanto la cabeza y est ah la montaa levantndose para mirarme desde arriba. A eso los paganos lo llamamos amor y sucede, por ejemplo, cuando dos cuerpos estn presentes el uno frente al otro y, porque se han esperado siempre, ninguno se ha adelantado o retrasado: han llegado justo a tiempo para el otro! Eso es lo que los cientficos llaman conocimiento, que no es ms que el presente de un tomo o una molcula -o de un concepto- en el pensamiento: la felicidad del sabio es en realidad una extraa coincidencia. Pero eso es tambin lo que en la tradicin cristiana se llama revelacin para tratar de explicar ese descenso vertical de la gracia, puntual como un relmpago, despus del cual nada puede seguir siendo lo mismo. La revelacin ms conocida dentro de nuestra tradicin es la famosa cada de San Pablo camino de Damasco, hasta el punto de que la expresin camino de Damasco se aplica a todos los campos y todos los avatares de la vida, con independencia de su fuente religiosa. San Pablo, verdadero fundador del cristianismo, estaba ah al mismo tiempo que Dios y ese choque lo derrib del caballo. Cuando se levant se dio la vuelta y dio la vuelta, como a un calcetn, a su existencia misma.

En realidad este choque que llamamos presente se conoce tambin con otro nombre: conciencia. Como en la frase tomar conciencia de (un error, un objeto, una injusticia). Es la cosa ms rara que existe. O no? Quizs San Pablo se haba cado del caballo todas las veces que haba pasado por el camino de Damasco y no haba tenido valor. Quizs l o que caracteriza a la normalidad no es la ausencia de conciencia sino la insistencia en ignorarla. Quizs todos hemos sufrido alguna cada camino de Damasco. De hecho todos los das, camino de Damasco, nos caemos del caballo. Sabemos qu est pasando, quin nos llama, qu quieren de nosotros. Pero fingimos que se trata tan solo de un accidente; nos incorporamos, nos sacudimos la ropa, saltamos de vuelta sobre la montura y reemprendemos el camino como si nada hubiese ocurrido. Eso es lo normal: caerse del caballo y no hacer caso. Lo sobrenatural no es la revelacin ni tampoco la inteligencia para interpretarla -ninguna revelacin lo es de verdad si no es indubitable-; lo sobrenatural es la fuerza para responder a su llamada.

No s cuntas horas al da, pero me temo que todos vivimos a menudo en el presente. Estamos ah y estn ah las montaas, los rboles, los nios, los libros; y tambin las guerras, las ruinas y las llagas. Pero no respondemos. Por qu? Por qu no tenemos esa fuerza? Creo que por dos motivos. El primero es que, ausentes del presente, en las fatigas del trabajo o en el aturdimiento del ocio proletarizado, encontramos siempre algo de felicidad o hasta de justicia y nos acomodamos. La segunda es mucho ms importante. Cuando de pronto se produce el choque -tres veces al da- y nos caemos del caballo (al mismo tiempo que todos los dems!), no sabemos qu hacer, a dnde ir, a quin unirnos. Nos levantamos todos del suelo, nos sacudimos el polvo mirndonos de soslayo con vergenza y reemprendemos solos -y enfadados- el nico camino que conoce de memoria nuestro caballo.

El mercado, como el emperador en China, prohbe en Europa el choque del presente. Pero la crisis nos lo va revelando. Para negar una revelacin hace falta mucha clera, mucha violencia, un chivo expiatorio: algo parecido al fascismo. Para responder a una revelacin hace falta siempre una revolucin.



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