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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2013

Sin sujeto histrico no hay futuro

Armando B. Gins
Rebelin


Meramente a ttulo instrumental y descriptivo, podemos poner fecha al nacimiento de la clase obrera en la primera revolucin industrial, mediados del siglo XVIII. El proletariado se convierte en sujeto histrico en la fbrica, en el trabajo cotidiano, en los cinturones industriales y en el hbitat de arrabal y extrarradio. Se reconoce a s mismo como agente colectivo con problemas y aspiraciones propios. Frente a ella, el empresariado y la burguesa.

Cerca de la clase obrera, surge el feminismo, la mujer como entidad singular que exige igualdad y voto, una voz que quiere emanciparse del patriarcado tradicional que la mantiene encerrada en el hogar como simple factor reproductivo y auxiliar del hombre. Fuera del proletariado, el mundo de la cultura, un colectivo heterogneo con peculiaridades muy marcadas, pero asimismo utilizado y explotado por las clases pudientes. De la alianza entre los tres, azarosa y no sin contradicciones, la clase obrera enriquece su ideario y abre nuevos horizontes en su ideologa y en su accin poltica cotidiana.

Las revoluciones sovitica y china y ms tarde Cuba, suponen la toma de poder efectivo, no sin paradojas, del sujeto histrico clase obrera. El mundo bipolar afianza, al menos en la teora y en el terreno social, las posiciones emergentes del proletariado. El capitalismo ensaya en la prctica nuevas frmulas para detener este avance que parece incontenible mediante la exaltacin de nacionalismos emotivos que encubren y desvan la lucha de clases hacia focos de atencin ficticios creados ex profeso para dividir y neutralizar las energas revolucionarias del trabajador, de la mujer y de la cultura progresista en general. Hitler, Mussolini, Franco, la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima y Nagasaki, Vietnam y las dictaduras militares latinoamericanas son hitos a golpe de pistola y bombazo limpio de esos coletazos del capitalismo global para impedir el ascenso de la clase obrera al poder real.

Despus de la segunda conflagracin blica a escala mundial, la guerra fra se instala en el juego poltico. En Occidente, la presin social provoca el Estado del Bienestar para contrarrestar las nfulas transformadoras del pueblo llano. A cambio, e entregan en sacrificio las ideas socialistas, comunistas y anarquistas. El consumismo crea nuevas categoras e identidades, la principal el concepto clase media. La neolengua inventa otro concepto sibilino, clase trabajadora, con lo que se pretende erradicar los aromas revolucionarios del trmino obrero. De esta forma, se dice que todos los que viven de un salario, incluidos los empleados del sector servicios y el espacio rural, pueden verse reflejados en la categora clase trabajadora.

Es tiempo de dudas y parones en el devenir de la clase obrera. Desde el poder y los medios de comunicacin empiezan a moldearse nuevas identidades sociales de la noche a la maana. La complejidad naciente convierte en enemigos ms o menos irreconciliables a unos y otros, en un laboratorio ideolgico que pretende dividir a la clase obrera en intereses singulares siempre en disputa. El centro neurlgico de la vida ya no es el lugar de trabajo sino la sociedad en su conjunto. La filosofa y la poltica ceden terreno a la psicologa y la sociologa. La academia oficial produce anlisis por doquier sin referencias polticas. Todo sucede en un sistema complejo de agentes mltiples creados a propsito, clasificables y desmenuzados hasta el ltimo detalle. Las nuevas etiquetas de la democracia liberal para reconocerse cada cual en su idiosincrsica personalidad son variadas y casi a gusto del consumidor: juventud, mayores, gais, lesbianas, musulmanes, radicales, antisistema, autctonos, inmigrantes, terroristas La plyade de nombres surgidos casi de la nada es extensa y prolija. El otro se transforma en otros innumerables. Mientras la clase obrera se mantuvo firme y fiel a sus principios internacionalistas, el otro era el explotador, el burgus, el empresario, la derecha si se quiere. El sujeto histrico se ha evaporado y troceado en cientos de yoes sociales en disputa permanente. A esto lo denominan sociedad compleja. En palabras de la posmodernidad: ya no hay grandes relatos, solo relatos diminutos en busca de la felicidad y autorrealizacin privada y particular.


Sujetos mltiples sin conexin

Hoy, la eclosin de luchas y movilizaciones es difusa y sin un nexo comn que las aglutine. Son noes contra situaciones sociales concretas que adolecen de un s rotundo e integrador alternativo al capitalismo. La coalicin inmediata en la calle y en la plaza pblicas se resiente de una espontaneidad hurfana de estrategias ideolgicas y polticas coherentes. Recomponer el sujeto histrico sera el paso crucial para dar sustento a todos esos movimientos que gritan no de modo automtico como consecuencia de la crisis del sistema actual. Solo con la resistencia tica no se abrirn caminos polticos y sociales que permitan acceder al poder a los de abajo. El capitalismo ha demostrado a lo largo de su trayectoria que es capaz de hallar soluciones tcnicas de xito para mantenerse con salud sin cambios profundos, a travs de medidas de apariencia democrtica o mediante asonadas golpistas de muy diferente signo.

El peligro que se cierne sobre el pueblo llano es el desgaste paulatino de su grito solidario sin que sus aspiraciones legtimas se plasmen en el plano poltico. Hay dos barreras colosales que evaden y diluyen las responsabilidades de los poderes fcticos y de sus testaferros polticos: los fantasmales mercados y el terrorismo como coartada. Mercados y terrorismo son dos sujetos de laboratorio que no tienen rostro ni son identificables en el paisaje de lo real. Juegan el rol de mitos que producen pnico reverencial. Ese es su cometido fundamental: instalar el miedo para adormecer las mentes y hacerlas ms moldeables as a los intereses encubiertos del poder global. Es una manera muy til de desviar la atencin de la realidad de carne y hueso hacia enemigos que no se ven ni se tocan pero estn ah beligerantes contra todos. En realidad, ese adversario, viejo ya en la historia del ser humano, es el germen manipulable del que puede echar brotes fascismos de toda estirpe.

Todos contra el miedo podra ser la consigna, lema o paradigma para que una alternativa slida, popular y de izquierdas pudiera convertir la pluralidad heterognea de la actualidad en unidad de accin con un programa comn bsico de carcter local pero sin olvidar la perspectiva internacionalista o global de la magna y ardua empresa por construir un mundo ms habitable, justo y solidario. Esa senda, an en ciernes, tendra que reconstituir un sujeto histrico fiable e ntegro, fuerte en sus estructuras internas y con visin de futuro. El paso a dar es el que va de la resistencia defensiva al ataque afirmativo, del no social reivindicativo al s poltico e ideolgico.

Sin sujeto no hay historia ni futuro. La izquierda debe luchar en todos los frentes posibles y con todas las armas ideolgicas, polticas y sociales a su alcance para detener la proliferacin constante de sujetos ficticios que merman y diluyen las energas de la lucha de clases soterrada entre mensajes de complejidad construidos para no hacerla visible en el teatro pblico. El otro no es el inmigrante ni la mujer ni el terrorista. El otro no es ms que la referencia contradictoria y opositora a la clase trabajadora (u obrera o pueblo llano) que compra o alquila su fuerza, conocimientos y habilidades concretas en el mercado laboral. Esto es, el empresario de turno, la derecha, incluso en sus versiones solapadas social-liberales y socialdemcratas.

Los puntos de encuentro son muchos, el principal el rescate de lo pblico como factor de igualdad y redistribucin equitativa de la riqueza. Sobre l girara el resto del programa a desarrollar, con consecuencias directas en la sanidad y la educacin. Y tambin en la cultura. La erosin de lo pblico se ha asumido desde hace dcadas como algo inevitable por diversas gentes de izquierda. La batalla viene de lejos: se ha podido amortiguar ms o menos en lo social y en lo poltico a duras penas, pero en el terreno ideolgico la victoria ha sido total para la derecha y comparsas nominales de la izquierda privatizadores.

Hace bastante tiempo ya que el captulo ideolgico se dej gratuitamente en manos de la derecha. Era un campo de conflicto que con el asentamiento del bienestar a plazos y el consumismo compulsivo daba la sensacin que era inocuo e intrascendente. Ahora vemos que no era as, que las derrotas en ese terreno han precipitado las medidas anticrisis agresivas y reaccionarias. Si la ideologa de la clase trabajadora se debilita, resulta difcil y complicado reconocer las ideas de izquierda genuinas y los intereses propios. En este escenario de confusin, discursos similares y sopa de siglas, la coletilla todos los polticos son iguales y van a lo mismo se alza como una opinin generalizada lgica y mayoritaria.

Recuperar las seas de identidad de un sujeto colectivo es prioritario. Sin sujeto que se reconozca a s mismo en plenitud no ser factible una alternativa de izquierdas poderosa y coherente. Lo urgente: combatir con argumentos convincentes a tanto sujeto sin objeto histrico que puebla la realidad como un verso suelto en busca de un poema que d sentido a su lucha.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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