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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2013

Brasil movilizado: Pase libre a la participacin poltica

Isabel Rauber
Rebelin


La revolucin nace dentro de ti mismo, dice traduccin mediante, una de las pancartas que llevan los jvenes en las movilizaciones y que llam la atencin de uno de los manifestantes. l conmovido-, le tom una foto y me lo coment.

No es para menos, esas movilizaciones en s mismas son conmovedoras, tal vez por lo infrecuentes en los aos recientes, y sobre todo por su magnitud y grado de espontaneidad. Casi dos dcadas de calma parecieron convencer al mundo y a los polticos brasileos, tambin los del PT, de que los brasileos/as se movilizaban masivamente y con tanto entusiasmo solo por el ftbol y el carnaval. Y as, el mito de que los partidos polticos son los dueos absolutos de la accin poltica, cobraba realidad en territorio carioca. Estaba a punto de arraigarse, cuando cientos de miles de ciudadanos, principalmente jvenes de una ciudad, hicieron estallar las calles rechazando la suba del pasaje urbano. Pero esto era solo la punta de un iceberg que comenzara a derramarse por innumerables ciudades del gigante pas.

El llamado Movimiento Pase Libre se ha ampliado en las calles; se han diversificado l@s manifestantes y se ha ampliado la plataforma reivindicativa. Atrs de los reclamos inmediatos como los relativos al precio de los pasajes de buses urbanos, asoma lo poltico. La juventud emergente no quiere entregarle su presente y futuro a las grandes empresas petroleras, ni a la FIFA, ni a los congresistas. Exige a los gobernantes y parlamentarios que se hagan cargo de problemas sociales olvidados tras una silenciosa pero constante baja en la inversin social, que se expresa en el deterioro de la salud y la educacin, en un catico crecimiento urbano sin los servicios garantizados y de muchas otras formas. Por ello, cuando todo pareca brillar y marchar sobre ruedas, la juventud sali a increpar a la razn poltica imperante hacindose or en las calles.

Como ocurre en no pocas de las grandes movilizaciones polticas, grupos ajenos a los mviles de la convocatoria se infiltran buscando desvirtuar y manipular los reclamos en funcin de sus oscuros y mezquinos intereses elitistas conservadores. Con sus actos vandlicos, saqueos, provocaciones violentas, etc., alientan la represin contra los manifestantes. Es claro que sectores de derecha aspiran a la ira colectiva para transformar los reclamos sociales en movilizaciones antigubernamentales, anti petistas, ilusionados con aprovechar el descontento social para instalarse como favoritos para las elecciones del 2014, o al menos para tratar de llegar a la segunda vuelta. Algunos suean tal vez con dar cuerpo a un nuevo formato de golpe ciudadano que, obviamente luego encabezaran sus jefes de guante blanco. En realidad, esta es la natural actitud mezquina y sectorial que la derecha puede asumir ante una situacin como esta; sorprendente sera una actitud contraria. Pero esto no puede empaar los hechos.

Los provocadores constituyen una minora antidemocrtica sin arraigo social, no representan el espritu ni los contenidos de la marea humana que reclama en las calles. Su presencia en ella es pequea, aunque muy potenciada por los medios de comunicacin a su servicio en el espacio local e internacional, como puede observarse. Conclusin: La derecha existe y acta, la lucha de clases existe, y estos acontecimientos son parte de la lucha poltica de clases con la modalidad en que ella existe y se desarrolla en este tiempo.

La ciudadana movilizada en las calles recupera socialmente de hecho la poltica, anquilosada en aparatos partidario-estatales-gubernamentales. Con su presencia multitudinaria l@s manifestantes expresan claramente: queremos participar. La juventud hace valer su derecho a ser protagonista de su tiempo y de su vida; quiere ser parte del sujeto poltico social y se moviliza en esa direccin. Esto marca la impronta poltica del presente: la participacin popular desde abajo. Y por eso rebasan a los partidos polticos tradicionales de derecha, de centro, y tambin de la izquierda.

L@s manifestantes reaccionan contra la poltica del viejo formato partidario, y contra acomodados representantes alejados de la problemtica de la ciudadana. Van a manifestar frente al Congreso y ello no es una casualidad. Estn cansad@s de que l@s parlamentari@s hayan transformado la poltica en una negociacin entre bancadas para lograr acuerdos corporativos y as garantizar la gobernabilidad. No confan en ellos. La poltica es otra cosa dicen, y llevan razn.

Algunos observadores rechazan lo que ocurre porque dicen que nadie los controla, que no hay direccin. Pero eso es exactamente lo que est mostrando la juventud en las calles. Si sus demandas estuvieran cubiertas, si fueran escuchados, si hubiera canales para que participen en la toma de decisiones, no estaran en las calles. Participar es el anhelo que late en el corazn de los reclamos.

Con la instalacin del conflicto social, la juventud movilizada reabre un tiempo poltico que pareca superado y ausente de la realidad brasilea. Estaba latente en los movimientos sociales, pero desarticulados en su analtica y orgnica no pudieron estructurar un quehacer poltico comn. De cierta manera, muchos de estos actores tambin relegaron el quehacer poltico a los partidos de izquierda, imaginando algo as como una asignacin de roles diferenciados y distribuidos entre movimientos y partidos, que cada uno deba respetar en aras de llevar una convivencia armnica.

Y esa lgica que asigna roles polticos y roles sociales para actores polticos y sociales respectivamente, no era (ni es) solo local. A travs de la coordinacin petista del Foro de Sao Paulo, a la usanza de la III Internacional, se irradiaba al menos hasta ahora , como el formato nico admisible para la relacin entre partidos de izquierda-movimientos sociales, adaptando y actualizando as el viejo esquema de subordinacin de los movimientos sociales a los partidos de izquierda (dominantes). Quien subordina no escucha, no pregunta, considera que ya sabe lo que hay que saber y, de un modo u otro, pretende que los dems escuchen y obedezcan.

La propuesta de interrelacin horizontal entre partidos y movimientos apunta a transformar precisamente ese esquema. No es una forma organizativa sino un principio de igualdad para construir una interrelacin dialogal entre actores-sujetos pares. Obviamente, este principio ha sido siempre subestimado y desestimado por los partidos de izquierda. Estos redujeron el planteamiento de horizontalidad a una cuestin morfolgica y, sobre esa base, la desecharon calificndola de basista, espontanesta, anarquista, etc.; todo, menos pensar en modificar las arcaicas morfologas partidarias acorde con la realidad de los sujetos poltico-sociales, con sus modalidades de existencia y organizacin, y con las tareas poltico-sociales-culturales que reclama la transformacin raizal (desde abajo) de la sociedad capitalista en el presente. La horizontalidad no es un problema, sino la fragmentacin, la sectorializacin de las luchas y sus actores, y la transicin defensiva de estos hacia grupos reivindicativos-corporativos.

Por mucho que los representantes de tales partidos evoquen a Lenin creador del partido revolucionario de nuevo tipo, pensado por l en virtud del sujeto, las condiciones y las tareas de su poca , est claro que Lenin se espantara al ver que, en ms de un siglo, a pesar de los grandes cambios ocurridos en el sistema mundo bajo el dominio global del capital, las vanguardias de izquierda no modificaron los criterios bsicos de su organizacin poltico-partidaria para que esta sea convergente con los sujetos, las tareas y las condiciones de transformacin revolucionaria de las sociedades en el presente. Resulta casi ridculo decir esto, pero es parte de la realidad. Y ciertamente, constatar este anquilosamiento es ms impactante aun en este continente, donde las luchas sociales y el quehacer poltico protagonizado por diversos movimientos sociales, indgenas, sindicales, urbanos y rurales, marcaron el rumbo y el camino de lo nuevo y con ello , crearon tambin las condiciones para que la izquierda partidaria (tradicionalista) modificara sus conductas y posicionamientos polticos.

En estas tierras, con las luchas de partidos de izquierda, de movimientos indgenas y dems movimientos sociales, se han creado condiciones para convocar a un Foro poltico-social continental que articule partidos de izquierda y movimientos sociales. Pero no ocurre, pues para ello el conjunto de actores sociales y polticos tendra que articularse de modo horizontal, es decir, en pie de igualdad en tanto todos son integrantes del sujeto sociopoltico.

En este sentido, el desafo es construir un espacio horizontal de articulacin-coordinacin-conduccin poltica de los actores sociopolticos, dando pasos concretos que impulsen los procesos de conformacin constitucin del sujeto poltico colectivo, en cada pas y tambin en el mbito continental. Y esto poco y nada tiene que ver con la actual propuesta-invitacin del Foro de Sao Paulo a los movimientos sociales para que se agrupen y constituyan un capitulo en el seno del Foro.

Los procesos de cambio abiertos en Indo-afro-latinoamrica reclaman articulaciones sociopolticas; ellas constituyen parte de sus fortalezas de base, pero hoy adems de afianzar lo logrado , las articulacin requieren reconstituirse o redimensionarse acorde con lo recorrido, con la emergencia o maduracin de nuevos actores sociopolticos y sus demandas, aspiraciones y propuestas, y con las tareas democratizadoras revolucionarias del presente, entre ellas, la primera y central: la actualizacin permanente de la construccin de la fuerza social y poltica de liberacin, sujeto poltico colectivo de los cambios en procesos de revolucin democrtico-cultural hacia un nuevo modelo civilizatorio. Y el proceso de cambio social abierto en Brasil no escapa a esta realidad sociopoltica del continente.

En todas las latitudes, las prcticas de lucha y construccin de l@s sujeto@s afirman que este es el tiempo del protagonismo poltico de la juventud, de las mujeres, de los indgenas, de l@s afrodescendientes, de los movimientos sociales del campo y la ciudad. La ampliacin y renovacin de la poltica y lo poltico est en ellos, en sus resistencias, protestas y propuestas, y los partidos de izquierda ya deberan haber tomado nota de ello.

En este sentido el dilema no es movimientos o partidos, sino la articulacin de todos construyendo la convergencia estratgica comn, con las consiguientes transformaciones en los formatos organizativos que reclamen las organizaciones (sociales o partidarias) en aras de avanzar hacia los objetivos colectivos y dejar atrs su condicin (y proyeccin) sectorial defensiva. Hay mucho por andar y hacer, ciertamente. Sera apresurado pretender sacar conclusiones acerca del curso futuro de los acontecimientos tanto en Brasil como en el continente; estos pueden encaminarse como en todos los procesos de luchas sociopolticas hacia varias direcciones. No hay garantas; es parte de la pulseada con el poder del capital, pulseada que nace en el corazn del pueblo y desde ah lo increpa.

La transformacin revolucionaria de la sociedad implica la construccin-recuperacin de poder desde abajo. Es decir: nace en la raz de la problemtica a cambiar-enfrentar, y desde el interior de los sujetos (trabajadores/as, sectores medios, indgenas, afrodescendientes, habitantes de las favelas, desplazados, etctera). El desarrollo de la conciencia poltica crtica que hace a la construccin de subjetividades revolucionarias, es parte de los procesos de lucha y transformacin. No puede implantarse desde afuera por ninguna vanguardia, por muy esclarecida que sea; es una construccin colectiva en pulseada constante con el la hegemona del capital instalada en el interior de todos y cada uno de los seres humanos que vivimos bajo la feroz dictadura del mercado, que tiene la capacidad de disponer de la vida y la muerte de todos los que dependemos de vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir. Estos son los proletarios, ayer y hoy, con la cualidad de que en el presente la proletarizacin se ha extendido a las capas medias, haciendo de un profesional un asalariado ms. Esto, adems de que el capital ha conformado un nuevo escenario global que amenaza con hacer desaparecer el hbitat de la humanidad, emplazndonos a tod@s a luchar por la vida.

Esto late, en multiplicidad de voces y consignas, en las calles de Brasil. Para defender la vida se movilizan millares de jvenes del pueblo, trabajadores de clase media y pobres. No tienen una propuesta elaborada, no tienen tampoco certezas acerca de los lmites y alcances derivados de su accin, pero tienen claro lo que quieren: romper el cerco del poder, participar protagnicamente en el quehacer poltico que define sus vidas y jugar su papel en la lucha por un mundo mejor.

Las reacciones a lo que est ocurriendo son y sern diversas; ya hay alcaldas que han bajado los precios del transporte, recientes declaraciones de la Presidenta Dilma Rousseff evidencian que el problema le llega y le preocupa, pero el asunto de fondo es un desafo mucho ms importante que todo eso, se trata del cambio de mentalidad poltica, de entender el nuevo mundo que bulle detrs del aparente equilibrio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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