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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2013

La frontera invisible y el chantaje de la reforma migratoria

Luis Martin-Cabrera
Rebelin


Hace un par de semanas Arcelia, una de las estudiantes ms brillantes que he tenido en mis clases, me invit a la graduacin del estudiantado latino en la Universidad de California, San Diego. La graduacin de la Raza es un evento siempre entraable y extraordinario, organizado afuera de la masificada ceremonia general de la universidad, para que los padres de estas y estos estudiantes, en su mayora de extraccin humilde, puedan celebrar que sus hijos e hijas sean los primeros de la familia en obtener un ttulo universitario.

En la mesa de Arcelia me encuentro con dos de sus amigos Carlos y Roberto (por razones obvias los nombres no necesariamente coinciden con los nombres reales). Al principio la conversacin transcurre entre bromas y chascarrillos, mientras esperamos la comida, las actuaciones musicales y el momento en que Arcelia pronunciar su discurso. Pero a medida que avanza la noche empezamos a discutir ms en serio con Carlos y Roberto sobre el papel que han jugado los latinos y latinas en la ltima eleccin de Obama; coincidimos en la necesidad de que la mayora latina deje de ser una clase en s misma, para transformarse en una clase para s misma, apropindonos de la conocida formula de Marx. Somos el gigante dormido, pero no somos conscientes de nuestra fuerza, del potencial poltico que tendra que hablramos con una sola voz y acturamos con un solo corazn. Pero la unidad y la conciencia se hacen difciles cuando el miedo a la deportacin y la falta de oportunidades acosan constantemente. Y es que la frontera no slo es el aparato de vigilancia militar con sus cmaras infrarrojas, sus alambradas electrificadas y sus estructuras policiales; la herida que separa, por ejemplo, San Diego y Tijuana. Es tambin una frontera psicolgica que acompaa al migrante cuando cruza la frontera, una barrera internalizada e invisible que, sin embargo, contribuye decisivamente a la produccin de cuerpos dciles, moldeados por el terror cotidiano que impone la violencia de las polticas migratorias de los Estados Unidos y sus fuerzas estatales y paramilitares.

A medida que avanza la noche la conversacin se hace ms ntima y ms intensa, tanto que Roberto se siente con la confianza de decirnos que es uno de los once millones de indocumentados que viven y trabajan dentro de las fronteras de los Estados Unidos. Lo ms llamativo es que, desde fuera, entre Carlos y Roberto no hay prcticamente ninguna diferencia. Los dos tienen el mismo brillo de la juventud en los ojos, son articulados, inteligentes, incisivos transitan sin problemas de ingls al espaol y hacen chistes en la frontera entre los dos idiomas como buenos chicanos que son. La nica diferencia entre ellos es que uno tiene papeles y el otro no. Esta realidad es, como ya he sealado, una frontera invisible que el indocumentado carga sobre sus hombros todos los das, una libertad restringida y sometida permanentemente al miedo y el peso de ser deportado a un pas que, siendo el propio de origen, no deja de ser relativamente extrao pues muchos de los migrantes de esta generacin de dreamers, literalmente soadores en referencia al Dream act que nunca pas, vinieron a los Estados Unidos muy jvenes, incluso recin nacidos.

Roberto nos explica, por ejemplo, como tuvo que renunciar a ir a una de los campus del sistema de la Universidad de California, porque estaban demasiado lejos de su casa y a su madre le daba pavor que lo deportaran. De casa a la universidad y de la universidad a casa por calles conocidas y familiares siempre con la vista puesta en la migra o en el recientemente creado ICE (Immigration Custom Enforcement por sus siglas en ingls), sin poderse tomar una cerveza a la noche, por si le piden los papeles a la salida de un bar o una discoteca, sin poder ser irresponsablemente joven como cualquier joven. S, la frontera se traga casi todas las ilusiones y los sueos, tambin los de la juventud. Los comportamientos y las expectativas que asumimos como naturales, los rituales inconscientes, los movimientos ms inocuos y banales se tornan privilegios inasumibles para el que vive en el espacio liminal y subhumano de la no ciudadana. Las cosas ms sencillas, incluso venir a San Diego desde Los Angeles para la graduacin de una amiga son un potencial riesgo, porque en San Clemente, en la autopista 5, hay un control de la patrulla de inmigracin donde te podran parar y deportar.

Pese a todo, Roberto consigui graduarse con su ttulo en historia, pero no puede conseguir un trabajo al nivel de sus estudios, porque tiene un nmero de la seguridad social falso que slo puede utilizar en ciertos trabajos, generalmente los peor pagados, porque el terror no responde a la maldad congnita de los gringos, es una estructura de poder destinada a facilitar la explotacin de las y los trabajadores migrantes. Esta situacin de terror psicolgico que produce la frontera interna, el incesante ritmo de deportaciones acontecido desde la llegada de Obama a la Casa Blanca (ms de medio milln, ms que ningn otro presidente anterior), ha sido maravillosamente capturada en el video del grupo californiano Santa Cecilia. El video titulado Ice/El hielo est dirigido por Alex Rivera --autor de uno de una de las mejores pelculas sobre la frontera, Sleep Dealer-- y en el aparecen distintos migrantes indocumentados que son miembros de la organizacin, Not One More, ni un deportado ms [1]. De la opresin y la miseria tambin pueden brotar la belleza y la dignidad, pruebas de que, pese a todo, el espritu de la raza se mantiene vivo y de que, a pesar de las intolerables condiciones de opresin en que viven, los migrantes indocumentados se niegan a ser simplemente vctimas pasivas. De hecho, como se relata en un programa de la radio pblica, This American Life, hay jvenes indocumentados como Viridiana Martnez o Jonathan Prez que han llegado incluso a autodenunciarse, arriesgndose a ser deportados, para que les lleven a un centro internamiento de inmigrantes y as poder denunciar desde dentro los abusos e incumplimientos de la ley [2]

Este es el contexto de la reciente reforma migratoria que aprob el Senado la semana pasada, pero pese a las celebraciones, la reforma, como dice el compaero de Unin del Barrio, Harry Simn, es una pldora envenenada. A cambio de regularizar a parte de los 11 millones de Latinos indocumentados (no se trata de darles inmediatamente la ciudadana, sino de administrrsela a cuentagotas en funcin de su comportamiento, vale decir de su docilidad), el senado se compromete a gastar 46 billones, con be, de dlares en la militarizacin de la frontera. Ese dinero ser utilizado para construir 700 millas ms de frontera con sistemas de vigilancia hipertecnolgicos, promover el uso de vuelos no tripulados y elevar el nmero de agentes de inmigracin hasta llegar a los 40,000, mucha ms presencia militar, por cierto, que en la frontera entre las dos Coreas. Por mucho que insistan en la retrica de la doctrina de seguridad surgida despus de los atentados del 11 de septiembre, la militarizacin de la frontera no tiene nada que ver con la seguridad de los ciudadanos de los Estados Unidos, sino que se trata ms bien de un negocio y un dispositivo de poder que sin ningn lugar a dudas va traer ms muerte y ms violencia a una regin ya de por s marcada por el sufrimiento y la muerte que provoca la maquina exterminadora de la frontera.

Desde que Clinton implementara la Operacin Guardin en los aos noventa, lo nico que se ha conseguido con la militarizacin de la frontera es que mueran cada ao ms personas bien por la dureza de las condiciones para cruzar por el desierto de Arizona bien por la accin directa o indirecta de las patrullas migratorias y de grupos paramilitares como los Minutemen. Uno de los ejemplos ms flagrantes de lo que digo es el caso de Anastasio Hernndez Rojas. Hernndez Rojas lleg a los Estados Unidos a los 16 aos y trabaj durante 27 aos en la construccin hasta que el estallido la burbuja inmobiliaria le dej desempleado en el 2008. Anastasio, casado y con cinco hijos, fue arrestado por un robo menor en una tienda y deportado al verificarse que no tena papeles. Como muchos otros migrantes que tienen una vida hecha de este lado de la frontera, Anastasio cruz de vuelta a los pocos peses y fue detenido de nuevo por la patrulla del ICE e internado en uno de los mltiples centros de inmigracin que existen en el pas. Estos centros, como la frontera, son espacios regidos por el estado de excepcin, es decir, espacios donde las garantas legales estn suspendidas y el Estado asume su derecho a almacenar cuerpos y decidir sobre la vida y la muerte de los mismos. De acuerdo con esta lgica, Anastasio fue maltratado en el centro de inmigracin y cuando trat de hacer valer sus derechos y pedir el nombre del agente que lo haba golpeado, se encontr con que ste se encargo de conducirlo personalmente y a rastras hasta el cruce de San Isidro para deportarlo. Un nuevo documental de la cadena PBS muestra un estremecedor video filmado por varios testigos en el que se ve el cuerpo de Anastasio rodeado por una veintena de agentes de la migra pateando su cuerpo e infringiendo sobre l mltiples descargas elctricas con pistolas laser que acabaron con su vida [3].

Anastasio Hernndez fue linchado por los agentes de la migra del lado de Mxico. Lo que podemos esperar de la militarizacin de la frontera es ms Anastasios, ms muertes, ms linchamientos y ms deshumanizacin de los pueblos migrantes, culpables solamente de tratar de escapar de una situacin de miseria en sus pases causada en buena medida por los mismos que les esperan del otro lado de la frontera para mercantilizar su vida o lincharles si desobedecen o se les ocurre luchar por sus familias y sus derechos. El problema es cmo explicarles a los 11 millones de indocumentados que hay compromisos que matan, literalmente. Adriana Jasso, militante de Unin del Barrio, me cuenta lo difcil que es para esta y otras organizaciones posicionarse en relacin a la cuestin de la reforma migratoria, cmo decirle a Roberto que siga cargando con la frontera invisible a cuestas, que siga siendo menos que humano, que viva con la incertidumbre pisndole los talones, porque su libertad es a cambio de ms muerte y ms miseria para los que vendrn despus y para los que ya estn? Con que derecho le pedimos a toda una generacin que esperen para poder vivir con dignidad?

Y, sin embargo, la reforma migratoria es un chantaje sangriento, incluso en su versin actual, porque cuando se coteje con la versin del congreso, dominada por los republicanos, ser incluso ms regresiva. La prueba de que es un chantaje es que quienes la lideran son los congresistas cubanoamericanos Bob Menndez y Marco Rubio, personas cuyas trayectorias como refugiados polticos con papeles y privilegios nada tiene que ver con las vidas de Anastasio Hernndez, Roberto, Viridiana Martnez o Jonathan Prez. Podrn hablar la misma lengua y tener el mismo color de piel, pero estn en esto por las comisiones del complejo industrial militar y porque su partido necesita el voto latino para poder volver a gobernar. Y, sin embargo, sigue siendo difcil posicionarse contra la reforma y su peor es nada diseado para dividir a la raza. No deja de ser comn escuchar a quines ya agarraron papeles decir, es que ya somos muchos, como si no tuvieran derecho a ser ms, a venir todos a una tierra que hasta el despojo de 1848 era Mxico. Es difcil sacar conclusiones categricas frente a la reforma migratoria, pero si podemos evocar aqu la poesa futurista del artista undocuqueer, Yosimar Reyes, One day they will know our names, un da se sabrn nuestros nombres:

One day they will know our names

One day they will look back at their history

Read about the atrocities,

the things they said about us,

the way they treated us

They will examine the detention centers

Their laws, their very system

We will become chapters on a textbook,

Another story to tell,

Another civil rights movement,

They will give us holidays,

Declare parades

Call us American heros,

They will shout our names

Their hearts will be filled with hope

When they sing our songs

They will call us martyrs and freedom fighters

And they still wont get it.

They wont understand that we have been fighting this war for more than 500 years."


Algn da se sabrn nuestros nombres,

Algn da se volvern a mirar su historia,

Leern sus atrocidades,

Las cosas que dijeron de nosotros,

Como nos trataron,

Examinarn los centros de detencin,

Sus leyes, su propio sistema.

Nos transformaremos en captulos de libros de texto,

Otra historia que contar,

Otro movimiento de derechos civiles

Declararn vacaciones en nuestro nombre

Nos llamarn hroes,

Gritarn nuestros nombres,

Sus corazones rebosarn esperanza

Cuando canten nuestras canciones

Nos llamaran mrtires y combatientes de la libertad,

Y no entendern nada,

No entendern que hemos estado luchando esta guerra durante ms de 500 aos [4]

Sin pasado no puede haber futuro, sin memoria no habr justicia, no podemos querer simplemente un futuro con una escuela que se llame Anastasio Hernndez Rojas, no queremos sus migajas, sus monumentos inertes destinados a lavar su culpa, no podemos desear una libertad asentada sobre otras muertes futuras. Deberamos aspirar a defender vidas dignas para quines ayer, hoy y maana se ven obligados a malvivir por no tener un trozo de papel o de plstico en el bolsillo. Tal vez eso no se pueda lograr con una reforma, tal vez haga falta una revolucin para que seamos nosotras y nosotros quienes recordemos nuestros nombres y los escribamos en los anales de la historia.

N.B. Escrito desde el sur austral, pero con la mirada y el corazn puestos en el norte. Para Rosi Escamilla por ensearme tantas cosas ahora y siempre, para Adriana Jasso, Harry Simn, Luis Barco, Florencia Orlandoni, Roberto, Arcelia Gutirrez y tantas otras. No hablo por ellos, pero sus voces estn no slo en esta crnica, sino en m para siempre. Venceremos.

[1]E http://www.youtube.com/watch?<v=0lNJviuYUEQ

[2] http://www.thisamericanlife.org/radio-archives/episode/498/transcript

[3] http://www.pbs.org/wnet/need-to-know/security/pasarse-de-la-raya-en-la-frontera-crossing-the-line-at-the-border/13691/

[4] Texto con imgenes y msica aqu: http://vimeo.com/22100472



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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