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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2013

En Egipto, el ejrcito tiene la ltima palabra
Cmo desbaratar la democracia?

Esam Al-Amin
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Los generales han vuelto a las andadas!

El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, ha sido destituido un ao despus de que el pueblo egipcio le eligiera de forma democrtica. Quienes se oponen a Mursi y a los Hermanos Musulmanes (HM) consideran que el paso dado por el ejrcito es un apoyo al movimiento popular y un esfuerzo tardo por revivir o restaurar la revolucin egipcia que derroc a Hosni Mubarak hace ms de dos aos. Sin embargo, para los seguidores de Mursi o para quienes sencillamente sentan algn respeto hacia un gobierno democrtico y el imperio de la ley, la accin del ejrcito no es sino un descarado, si bien blando, golpe de estado militar.

Qu es en realidad lo que est pasando? Aqu van los hechos:

El ejrcito ha disfrutado siempre en Egipto de un estatus privilegiado y autnomo y est tcitamente considerado como el poder en la sombra. Sin embargo, durante dcadas, el poder poltico se fue concentrando en manos de una elite poltica y empresarial bsicamente corrupta que monopoliz el poder y saque los recursos del pas. Pero la revolucin que derroc a Mubarak representaba en esencia el rechazo no slo del dictador sino tambin de todo su rgimen corrupto. Una de las principales demandas de la revolucin era poner fin a la dictadura y la represin y defender los principios de la democracia y el estado de derecho.

En los dos aos siguientes, el proceso poltico que sigui al derrocamiento de Mubarak permiti que el pueblo egipcio manifestara su voluntad en numerosas ocasiones a travs de elecciones libres y justas y en varios referenda. El pueblo egipcio acudi a las urnas al menos en seis ocasiones: para votar un referndum que trazara el camino poltico a seguir (marzo 2011), para votar por las cmaras altas y baja del parlamento (noviembre 2011-enero 2012), para elegir un presidente civil en dos vueltas (mayo-junio 2012) y para ratificar la nueva constitucin (diciembre 2012). En cada una de las ocasiones, el electorado vot por la opcin de los partidos islamistas ante la frustracin de la oposicin liberal y laica.

Para descontento de los islamistas, todos sus triunfos en las urnas fueron invalidados bien por el Tribunal Constitucional Supremo (TCS), nombrado por Mubarak o por el ejrcito. La cmara baja del parlamento, en la que los islamistas consiguieron el 73% de los escaos, fue disuelta por el TCS hace un ao; ahora, el ejrcito acaba de suspender la nueva constitucin a la vez que derrocaba al presidente democrticamente elegido.

No cabe duda de que los HM han cometido errores garrafales. Por ejemplo, incumplieron varias de las promesas hechas a sus socios de la coalicin laica y liberal, incluyendo la de no disputar la mayora de los escaos parlamentarios, no presentar un candidato presidencial o excluir a otros en la composicin de la Asamblea Constituyente Constitucional. Quiz el error ms grave fue aliarse estrechamente con los grupos salafes durante el proceso de redaccin de la constitucin, enajenndose as de muchos laicos, liberales, as como cristianos, aunque los HM no se preocupaban mucho de la batalla ideolgica constitucional. Lo que buscaban era aparecer flanqueados por los salafes respecto a la identidad islmica del Estado. Con tal de conseguir este objetivo, perdieron en el camino a la mayora del resto de grupos.

Adems, Mursi y los HM tampoco cumplieron su promesa de integrar a los dems en el gobierno. Muchos de los grupos de jvenes y de la oposicin sintieron que el presidente y el liderazgo de los HM no eran sinceros en su compromiso y slo buscaban su participacin por razones estticas. Incluso sus socios islamistas, como el Partido salaf Al-Nur, se quejaron de que los HM queran monopolizar los principales centros de poder en el Estado. No import que los HM no controlaran el ejrcito, la inteligencia, los aparatos de seguridad, la polica, el cuerpo diplomtico, el sistema bancario o incluso la burocracia. Pero debido a la falta de transparencia y apertura de los HM, la percepcin que haba era que estaban intentando controlar esos principales centros de poder del Estado y excluir a otros partidos basndose en la ideologa, aunque la realidad era que tal control era inexistente o superficial.

Pero para la gente comn de la calle lo que realmente importaba era su seguridad y su subsistencia. Durante su ao en el poder, Mursi se enfrent a desafos enormes: deterioro de la seguridad y de los servicios bsicos, ausencia de justicia social y declive econmico. Eran muchos los que pensaban que haba intentos deliberados por parte del estado profundo (elementos y burcratas enquistados leales al antiguo rgimen) para asegurar el fracaso de su presidencia. Su falta de transparencia y apertura hacia su pueblo a favor de presentar una visin optimista o alegre, se aadi al cinismo pblico y a la percepcin de incompetencia. Otro error importante de los HM fue su fracaso a la hora de separar su movimiento socio-religioso de su manifestacin poltica, el Partido por la Justicia y la Libertad (PJL). Aunque en el pasado el pueblo respet a los HM por sus servicios sociales y su compromiso religioso, la implicacin poltica, por su propia naturaleza, es una fuente de divisin y rencor. Por ejemplo, cuando los HM presentaron a su candidato presidencial en marzo de 2012, fue el Bur de Direccin de los HM el que hizo la declaracin en vez del PJL. A los ojos del pueblo haba pocas diferencias entre los HM y el PJL. Por tanto, a los HM se les responsabiliz, correctamente o no, de cualquier paso en falso en poltica del PJL.

Debido en parte a que los socios revolucionarios de 2011 estaban muy divididos por motivos ideolgicos, los antiguos leales al rgimen, polticos y empresarios corruptos, pudieron reagruparse y jugar un papel cada vez mayor en las batallas polticas que envolvieron el pas. El Partido Democrtico Nacional (PDN) de Mubarak, que domin la vida poltica durante dcadas, fue el nico partido en el pas capaz de organizarse a nivel nacional y competir con los HM. Pero como el pueblo rechazaba el PDN (y fue prohibido poco despus de la destitucin de Mubarak), no pudo participar en las elecciones parlamentarias del otoo de 2011. Sin embargo, en junio de 2012, Ahmad Shafiq, el ltimo Primer Ministro de Mubarak, represent los intereses del PDN. Fue uno de los dos candidatos que quedaron para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que perdi finalmente por menos de un 2%.

Mursi se hizo cargo del poder el 30 de junio de 2012. Como no fue tan inclusivo como haba prometido en los nombramientos que hizo de altos cargos, la oposicin se volvi inmediatamente en su contra. Dos meses despus de su toma de posesin, convocaron el 24 de agosto una protesta masiva que denominaron Protesta para derrocar al gobierno de los HM. Su hostilidad y animosidad aument cuando finaliz la redaccin de la nueva constitucin. Mientras tanto, la nueva apertura y libertad poltica en el pas permiti que los medios privados, propiedad y bajo control de muchos de los antiguos leales y seguidores del rgimen de Mubarak, atacaran a Mursi y a los HM en una campaa orquestada para alienar e inflamar a la opinin pblica.

En la poca en que el presidente emiti su desacertado y desafortunado decreto constitucional, la oposicin no slo se haba unido contra Mursi y los HM, sino que tambin estaba determinada a desalojarles del poder. Mursi postul que su medida era necesaria para proteger las estructuras polticas de la naciente democracia que los tribunales estaban disolviendo una a una. Finalmente, dio marcha atrs y anul su decreto, aunque la oposicin rechaz todos los llamamientos al dilogo poltico. Sin embargo, su objetivo de tener una nueva constitucin, que la oposicin rechaz con vehemencia, y sustituir al fiscal pblico designado por Mubarak, una demanda que los jvenes y grupos revolucionarios haban exigido, ya se haban cumplido. Ese nico acto [el decreto emitido] demostr ser un punto clave para toda la oposicin y los residuos del antiguo rgimen (fulul), que se unieron bajo el Frente de Salvacin Nacional (FSN) para derrotar a Mursi y a los HM. Hicieron campaa enrgicamente contra la constitucin, que, para su pesar, fue aprobada con el 64% de los votos.

Mientras tanto, los HM y sus aliados islamistas se dedicaban a atacar a los elementos corruptos en el poder judicial, que representaban no slo un obstculo importante en el retraso o disolucin de los nuevos componentes democrticos del Estado, sino que tambin se dedicaban a invalidar las condenas y a liberar a todos los elementos corruptos del rgimen de Mubarak. Aunque esta era tambin una exigencia revolucionaria, la oposicin, que hasta ahora no haba salido bien parada en las urnas, se aline con el poder judicial y acus a los islamistas de atacar una rama independiente del gobierno que mostraba reservas, cuando no un descontento absoluto, respecto a la revolucin.

En la primavera de 2013, los HM y sus seguidores estaban preparando unas nuevas elecciones parlamentarias que confiaban ganar. Su estrategia consista en que si ellos ganaban las elecciones parlamentarias y forzaban la reforma del poder judicial, podran controlar o influir en todas las ramas del gobierno para poder enfrentar ms fcilmente el Estado profundo e instituir su programa. Dndose cuenta del peligro de tal escenario, el coordinador del Frente de Salvacin Nacional, el Dr. Mohammad ElBaradei, se reuni el pasado mes de marzo con Shafiq en los Emiratos rabes Unidos. En una entrevista de la pasada semana, Shafiq revel que l y ElBaradei haban acordado un plan para destituir a Mursi y los HM. Tambin predijo que Mursi y los altos cargos en los HM seran arrestados y juzgados. Adems, Shafiq se quej de que ElBaradei y la oposicin no cumplieron su parte del trato, que era promover y apoyar a Shafiq para que se convirtiera en el nuevo presidente, y que eso hizo que empezaran a distanciarse de l.

A travs de toda la lucha por el poder poltico, los movimientos de jvenes, que encabezaron la revolucin de 2011 contra el rgimen de Mubarak, quedaron marginados y sus quejas desatendidas. Mursi y los HM slo apoyaron de boquilla sus demandas y necesidades. Pero durante su discurso a la nacin de la pasada semana, Mursi reconoci tardamente este descuido mientras prometa enmendarlo. A finales de abril, los grupos de jvenes haban conseguido formar un nuevo movimiento llamado Tamarrud o Rebelin. El tema central de su programa era pedir elecciones presidenciales anticipadas mediante la recogida de quince millones de firmas, un milln ms de las que Mursi haba recibido en su campaa presidencial.

Durante el proceso, la oposicin laica y los fulul apoyaron el mensaje de Tamarrud, mientras que los segundos utilizaban las oficinas del FSN y celebraban varias conferencias de prensa en la sede de medios de comunicacin bien conocidos por pertenecer a los leales de Mubarak. Hay tambin pruebas anecdticas de que el grupo recibi apoyo financiero de los grupos de los fulul. Mientras tanto, los medios de propiedad privada empezaron una bien orquestada campaa y continuos ataques contra los HM en particular y los islamistas en general. El nivel de hostilidad y odio lanzados contra ellos recordaba la propaganda nazi de la dcada de 1930 contra los judos. En los pasados dos meses, se ha venido informando de docenas de incidentes durante los cuales los seguidores de los HM fueron atacados verbal y fsicamente por desconocidos debido a supuestas asociaciones.

Aunque la campaa contra los HM estaba en pleno apogeo, el presidente y su grupo no se la tomaron en serio y no trataron de ofrecer un compromiso a la oposicin ni intentaron tampoco responder con sinceridad sus inquietudes. Fallaron en sus clculos al pensar que el apoyo popular a la iniciativa de Tamarrud eran inconsistente. En resumen, los HM se enfrentaban a la tormenta perfecta. Ya fuera realidad o percepcin, los HM se han enajenado de sus antiguos socios liberales y laicos, de los grupos de jvenes, del poder judicial, de los medios, del pueblo en general debido a la carencia de servicios pblicos y a los precios cada vez ms altos. Los fulul y sus aliados dentro del estado profundo se aprovecharon del descontento popular. Se pudo ver a muchos ex funcionarios de la seguridad y enriquecidos empresarios vinculados con el antiguo rgimen organizando y movilizando la protesta del 30 de junio, el da designado por Tamarrud para forzar el derrocamiento de Mursi. El 2 de julio, el Tribunal de Apelacin invalid el nombramiento del Fiscal General nombrado por Mursi y volvieron a colocar en el puesto al fiscal corrupto nombrado por Mubarak, despedido en noviembre pasado. Adems, para acabar de enturbiar la escena poltica, los tribunales ordenaron tambin que el Primer Ministro de Mursi, el Dr. Hisham Qandil, fuera arrestado y sentenciado a un ao de prisin por no cumplir una anterior orden judicial dictada contra un primer ministro de la era Mubarak.

Sin embargo, el 30 de junio, cifras impresionantes de egipcios protestaban contra los HM y el presidente en la Plaza Tahrir y por todo Egipto. Todo pareca recordar los primeros das de la protesta de 2011 contra Mubarak. Aunque los manifestantes no incluan grupos islamistas, presentaban bastante variedad. All estaban representados muchos grupos de jvenes que manifestaban su frustracin por haberse visto marginados y sus demandas olvidadas. Muchos eran ciudadanos de a pie alienados a causa de la dureza de la situacin econmica y la carencia de servicios bsicos. Muchos eran laicos que odian a los islamistas y queran derrocarles por medios revolucionarios ya que no pudieron derrotarles en las urnas. Muchos eran cristianos que teman a los islamistas e iban animados por la Iglesia Copta. Pero estaba claro tambin que muchos eran fulul y leales al rgimen de Mubarak que alzaban y aclamaban la foto del ex dictador en la Plaza Tahrir en medio de gritos de apoyo. Muchos eran tambin antiguos y actuales oficiales de la seguridad que exhiban sus uniformes. Incluso estaban all dos ex ministros del interior que sirvieron durante el gobierno militar de transicin y el antiguo rgimen dirigiendo las protestas como revolucionarios, aunque los grupos de jvenes les acusaban de haber asesinado a sus amigos y camaradas revolucionarios. Muchos de los manifestantes eran tambin matones alquilados por los polticos del PDN y empresarios corruptos. De hecho, durante los tres das de protestas, esos matones violaron a cien mujeres en la Plaza Tahrir, entre ellas algunas periodistas, segn las autoridades pblicas. Mientras tanto, de forma orquestada, docenas de edificios que pertenecan a los HM y al PJL, incluidas sus sedes, fueron arrasadas, quemadas o saqueadas. Murieron ms de una docena de sus miembros y hubo cientos de heridos. En cuestin de horas, cinco ministros del gabinete dimitieron y docenas de altos cargos, incluidos los portavoces presidenciales y docenas de diplomticos presentaron sus dimisiones en un intento de colapsar el Estado.

Mientras tanto, los partidarios de Mursi se estaban tambin reuniendo en una plaza diferente en El Cairo en grandes afluencias. Una vez que los HM y sus aliados vieron las manifestaciones masivas de sus opositores el 30 de junio, convocaron movilizaciones masivas para el da siguiente, celebrando ms de veinte inmensas protestas por todo el pas que tambin reunieron a millones de personas. Con pocas excepciones, los medios liberales y laicos ignoraron esas protestas.

En la tarde del 30 de junio, el ministro de defensa y comandante en jefe, el general Abdel Fattah El-Sisi, designado por Mursi el pasado agosto, emiti un ultimtum al presidente y a la oposicin para que llegaran a un compromiso en un plazo de 48 horas o el ejrcito intervendra. En realidad, era un ultimtum al presidente para que dimitiera, ya que la oposicin haba rechazado en el pasado todos los intentos de dilogo o compromiso. El 1 de julio, el frustrado presidente se dirigi a la nacin y rechaz categricamente ese ultimtum de los militares, mientras llamaba a su pueblo a apoyar su legitimidad como presidente democrticamente elegido. Inmediatamente despus del discurso, los seguidores del presidente, que estaban celebrando un inmenso mitin en Giza, fueron atacados por matones y francotiradores. Murieron diecisis personas y cientos ms resultaron heridas.

El 2 de julio, resultaba evidente que el ejrcito haba decidido derrocar a Mursi y alinearse con la oposicin. Mientras el ejrcito contactaba con gobiernos extranjeros, estaba claro que muchos gobiernos occidentales, especialmente EEUU, tenan dificultades para aceptar el derrocamiento militar de un presidente electo. El secretario de defensa Chuck Hagel y el jefe del alto estado mayor, el general Martin Dempsey, llamaban a sus homlogos egipcios, advirtindoles que deban animar a Mursi a dimitir o mantenerle como hombre de paja.

Sin embargo, mientras anunciaban oficialmente que Mursi haba sido apartado del poder, los generales se rodeaban de diversos dirigentes religiosos y civiles, incluyendo el director de Al-Azhar, el Papa copto, ElBaradei, como portavoz del FSN, y representantes de Tamarrud y del Partido salaf Al-Nur. Fue un intento descarado de aparentar que el derrocamiento de Mursi contaba con un amplio consenso de dirigentes civiles y religiosos.

En esencia, Sisi acept todas las exigencias de la oposicin y los fulul. No slo destituy a Mursi y le sustituy con el jefe del Tribunal Constitucional Supremo, sino que tambin suspendi la constitucin y despidi al gobierno. De forma unilateral, concedi tambin poderes al recin instalado presidente para que estuviera dotado de capacidad legislativa y emitiera decretos constitucionales. En cuestin de minutos, la Plaza Tahrir y muchas ciudades por todo Egipto acogan enormes celebraciones con todo tipo de exhibicin de manifestaciones festivas y fuegos artificiales. Mientras tanto, los partidarios de Mursi, tambin por todo Egipto, contemplaban sorprendidos y enojados el giro de los acontecimientos. Haban mantenido equivocadamente la esperanza en que el ejrcito forzara algn tipo de compromiso sin eludir la voluntad del pueblo egipcio, que eligi un presidente y aprob una nueva constitucin con gran margen slo unos meses antes.

Inmediatamente despus del anuncio de Sisi, el nuevo rgimen empez su ofensiva contra los medios de comunicacin que haban apoyado al depuesto presidente. Cuatro canales de televisin por satlite que pertenecan a los HM o a los islamistas, as como dos canales de Al-Jazeera, fueron suspendidos y dejaron de emitir. Las protestas a favor de Mursi en Egipto fueron tambin rodeadas por el ejrcito. Se retiraron las cmaras de televisin y se cort la electricidad, anticipando la evacuacin forzosa de los manifestantes, a los que se negaba agua y alimento.

Mientras tanto, los lderes de los HM, Mohammad El-Betagi y Esam El-Erian, que desempearon papeles cruciales durante la revolucin de 2011, manifestaron que el derrocamiento de Mursi por el ejrcito era un golpe de estado y aseguraron que se opondran al mismo mientras pedan a sus seguidores que resistieran por todos los medios pacficos a su alcance incluso si perdan sus vidas. Mursi tambin emiti un video de once minutos por Internet rechazando su derrocamiento y desafiando el acto de los militares, insistiendo en su legitimidad constitucional como presidente debidamente electo del pas.

Al mismo tiempo, la represin contra los dirigentes de los HM y sus partidarios se manifestaba con toda su fuerza, lo que sugiere en gran medida premeditacin. A las dos horas del anuncio de Sisi, Mursi y algunos de sus colaboradores ms importantes fueron detenidos y trasladados al ministerio de defensa. El ex portavoz y presidente del PJL, el Dr. Saad Katatni, el dirigente de los HM y gua general, Dr. Muhammad Badie, as como sus adjuntos Jayrat El-Shater y Rashad Bayumi fueron tambin arrestados. El ex candidato presidencial islamista Hazim Salah Abu Ismail y el predicador Safwat Hegazi fueron arrestados y acusados de insultar al ejrcito. El peridico Al-Ahram informaba asimismo de que se haban emitido unas 300 rdenes de bsqueda y captura contra los HM y sus seguidores, se acorralaba a decenas de ellos y se confiscaban todas las propiedades, activos y edificios de los HM y del PJL y se congelaban sus cuentas bancarias. Adems, a los pocos minutos del anuncio, el rey Abdullah de Arabia Saud y Muhammad Bin Zayid de los EAU, los dos pases ms abiertamente hostiles al gobierno de los HM, emitan comunicados alabando y felicitando al ejrcito. En el colmo de las ironas, Bashar al-Asad, de Siria, expresaba su alivio y alegra por el derrocamiento del rgimen islamista que estaba amenazando a su pas.

Mientras tanto, la oposicin laica y liberal y muchos grupos de jvenes y sus seguidores sostenan que sus protestas, seguidas por el derrocamiento del ejrcito de Mursi, eran similares al derrocamiento de Mubarak. Pero este argumento ignora convenientemente el hecho de que Mubarak no era un presidente legtimo elegido por la voluntad del pueblo egipcio, mientras que Mursi, te guste o no, le ames o le odies, fue debidamente elegido en unas elecciones libres, justas y controvertidas que el mundo entero observ y acept. Adems, Mubarak asesin a cientos de jvenes con tal de mantenerse en el poder, mientras que, en defensa de la legitimidad de Mursi, docenas de jvenes fueron asesinados en las calles. Por otra parte, la mayor parte de la gente y grupos que se oponen hoy a Mursi tras un ao en el poder, nunca levantaron un dedo durante los treinta aos de reinado de Mubarak. Los aparatos de la seguridad de Mubarak utilizaron a matones para aterrorizar a sus oponentes y supervisar elecciones fraudulentas, mientras que esos mismos matones atacan y aterrorizan a los seguidores desarmados de Mursi. Mientras que los medios oficiales del gobierno y los jueces y empresarios corruptos apoyaron a Mubarak durante dcadas, esos mismos medios, los empresarios y los jueces atacaron a Mursi desde el primer da que ocup su cargo.

Liberales, demcratas y activistas por los derechos humanos han estado sermoneando durante dcadas a los islamistas que la democracia es el nico sistema legtimo para la participacin poltica pacfica y la transicin del poder. En 1992, cuando el ejrcito argelino intervino y cancel las elecciones despus de que las ganara el Frente de Salvacin Islmica (FSI), Occidente, con Francia y EEUU a la cabeza, miraron en otra direccin. Mientras tanto, Argelia se precipitaba en una guerra civil que dur ms de una dcada, un conflicto que caus ms de doscientos mil muertos. Dos dcadas despus, est uno de acuerdo o no con su programa poltico, admire o desprecie a los HM, no hay duda de que el grupo actu siguiendo las normas de la democracia y aceptando el imperio de la ley. No emple ni defendi el uso de la violencia. Sin embargo, en el colmo de la irona, quienes pedan, animaban y festejaban la intervencin del ejrcito para derrocar a un presidente democrticamente elegido son los partidos y personas laicos, liberales e izquierdistas, tales como ElBaradei, Amr Musa, Naguib Saguiris, Ayman Nur y Hamdein Sabahi, as como activistas por los derechos civiles y humanos, que defienden frecuentemente la libertad de expresin y la libertad de asociacin poltica.

La comunidad internacional mir a otro lado cuando la voluntad del pueblo argelino y del pueblo palestino se desbarat por haber elegido a islamistas en 1992 y 2001. Esta es la tercera vez en dos dcadas que los islamistas son desalojados del poder. Est por ver si Occidente adoptar una posicin firme contra el ltimo intento del ejrcito de impedir que los islamistas ostenten ese poder. Puede definir, en efecto, la relacin entre los grupos islamistas y los gobiernos occidentales en un futuro inmediato. El mensaje que tal posicin enviara a los pueblos de todo el mundo sera profundo. Si Occidente respeta o no los principios democrticos y el imperio de la ley. Cuando el presidente Obama llam a Mursi el 30 de junio, le advirti que la democracia es algo ms que unas elecciones. Pero es igualmente esencial reconocer que no hay democracia si no se respeta y protege la legitimidad de sus resultados, con independencia de sus consecuencias.

N. de la T.:

Este artculo sali publicado el viernes 5 de julio; los acontecimientos no se detienen, pero el anlisis del Sr. Al-Amin puede servirnos de reflexin a todos.

Esam Al-Amin es un escritor y periodista independiente experto en temas de Oriente Medio y de poltica exterior estadounidense que colabora en diversas pginas de Internet. Puede contactarse con l en alamin1919[email protected] Su ltimo libro es The Arab Awakening Unveiled: Und erstanding Transformations and Revolutions in the Middle East.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/07/05/in-egypt-the-military-is-supreme/



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