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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2013

El fin del consenso lulista

Ral Zibechi
Gara


El periodista uruguayo analiza las causas de las protestas de las ltimas semanas en Brasil. Ante el retroceso del movimiento reivindicativo, especialmente a partir de los gobiernos de Lula y debido a sus polticas sociales, surgi gran cantidad de organizaciones urbanas de la mano de jvenes que comenzaron su activismo bajo esos gobiernos y que no se sienten atados a su historia y vienen padeciendo las reformas urbanas privatizadoras. Segn Zibechi, el ao prximo ser clave, y el gobernante PT y las elites polticas debern tener en cuenta las demandas de la calle.

En Brasil se abrieron las compuertas de la protesta social, con tal amplitud que no podrn ser cerradas en poco tiempo. El mes de junio pasar a la historia como el perodo de las ms amplias movilizaciones en la historia del pas, con jornadas que registraron dos millones de manifestantes en un proceso que arranc el 6 de junio y est lejos de haber concluido. La masividad de las protestas se fue desflecando y la modalidad fue mutando en multitud de acciones medianas y pequeas en los ms diversos lugares, pero ya no en el centro de las grandes ciudades.

Muchos se preguntan por qu, si las cosas estaban tan mal, las protestas no surgieron antes. La respuesta es que los dos gobiernos de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) articularon polticas sociales amplias con la neutralizacin de los mayores movimientos del pas, en un escenario signado por una consistente bonanza econmica asentada en los buenos precios de las commodities de exportacin. Dos hechos a tener en cuenta: el programa Bolsa Familia alcanz a 50 millones de brasileos, un 25% de la poblacin total, mejorando los ingresos de las capas ms sumergidas de la poblacin. La segunda es que el salario mnimo se multiplic por tres en diez aos (de 240 reales en 2003 a casi 700 en 2013, unos 250 euros). En consecuencia, entre 30 y 40 millones salieron de la pobreza e ingresaron al mercado de consumo.

Lo ms significativo, sin embargo, es lo sucedido en relacin a las luchas sociales. Brasil tuvo al final de la dictadura la mayor cantidad de huelgas del mundo: 4.000 en 1989. De ah en ms, el movimiento sindical declin con un promedio de 500 huelgas anuales en la dcada de 1990 y entre 300 y 400 bajo el Gobierno Lula. Ms importante an es la institucionalizacin de las centrales, con ribetes desconocidos en Europa. Un buen ejemplo son los actos del 1 de Mayo, donde las dos principales centrales (CUT y Fora Sindical, ambas aliadas del gobierno) no realizan actos de contenido ideolgico sino fiestas que ensalzan el consumismo, financiadas por las empresas.

Los actos del 1 de Mayo de 2011 en So Paulo fueron el paradigma de esa cultura sindical que reserva zonas VIP en sus actos para las personalidades. Las dos fiestas tuvieron un costo de dos millones de euros. La estatal Petrobras aport 250.000 euros, mientras Banco do Brasil y otras estatales aportaron alrededor de 70.000 cada una. Las empresas privadas tambin se retrataron: los bancos Ita y Bradesco, las multinacionales Brahma, Carrefour y BMG, los grandes almacenes Casas Bahia y Po de Acar, aportaron entre 50 y 80.000 euros cada uno. Entre las dos fiestas sortearon 20 coches.

El Movimiento Sin Tierra (MST) tambin sufri un importante retroceso en su caudal de luchas, aunque mantuvo en lo esencial sus principios por la reforma agraria y contra el modelo desarrollista. En la dcada de gobierno del Partido de loa Trabajadores (PT) los conflictos por la tierra no disminuyeron, pero el primer escaln de la organizacin, los campamentos, tuvieron un claro retroceso. De 285 campamentos en 2003, ao de la llegada de Lula al Gobierno, cayeron hasta un mnimo de 13 campamentos en 2012. Los conflictos crecen por la permanente ofensiva del agronegocio, pero la capacidad de resistencia (que se plasma en los campamentos), decrece constantemente.

Ante este panorama de institucionalizacin y retroceso, nacieron multitud de organizaciones urbanas: radios libres, Indymedia, que funciona como Centro de Medios Independientes (CMI), el movimiento de trabajadores desocupados, el movimiento sin techo y los ms conocidos en las ltimas semanas: el Movimiento Passe Livre y los Comits Populares de la Copa. Se trata de una nueva generacin de militantes que comenzaron su activismo bajo los gobiernos del PT, no se sienten atados a su historia y, por el contrario, sufren las reformas urbanas privatizadoras de sus gobiernos.

El MPL (que textualmente significa Movimiento por el Billete Gratuito) naci en el Foro Social Mundial en Porto Alegre, en 2005, recogiendo dos experiencias notables: la revuelta de los autobuses (Revolta do Buzu) de 2003 en Salvador (Bahia), que moviliz a 40 mil personas contra el aumento de las tarifas, y la revuelta de los molinetes (Revolta das Catracas) en Florianpolis en 2004. Son pequeos ncleos de algunas decenas de activistas que funcionan en muchas grandes ciudades, estudian y difunden la realidad del transporte urbano, hacen denuncias y practican la accin directa con la que presionan a las autoridades.

Los Comits Populares de la Copa nacieron hacia 2008 en las doce ciudades que albergarn la Copa del Mundo de 2014 y se articulan a nivel nacional. En sus informes estiman que sern removidas unas 170.000 personas para ampliar aeropuertos, estadios de ftbol y autopistas. Afirman que en 21 villas y favelas de siete ciudades que sern sedes del Mundial, el Estado est aplicando estrategias de guerra y persecucin, la invasin de domicilios sin mandatos judiciales, apropiacin indebida y destruccin de inmuebles, adems de amenazas y corte de los servicios para forzar a los pobladores a abandonar sus barrios. Las obras para el Mundial facilitan una suerte de limpieza social impulsada por la especulacin y desplaza familias que habitan predios desde hace cuatro y cinco dcadas.

Segn la experiencia dejada por anteriores megaeventos deportivos, no slo en pases emergentes sino tambin en el mundo desarrollado, el costo de vida se encarece, se dispara la especulacin inmobiliaria, ya que las obras de infraestructura desplazan a unos y atraen a los que pueden pagar viviendas ms caras, y los ms pobres son transferidos a la periferia desarticulando sus estrategias de sobrevivencia.

Paque Duques Lima, militante del MPL, antroplogo de 27 aos, nacido en una favela de una de las ciudades satlite de Brasilia, me explicaba estos das que tanto el MPL como los Comits de la Copa comenzaron a trabajar con fuerza en las periferias urbanas desde 2008, donde se relacionaron con la cultura de la juventud negra y precarizada que ha hecho del hip hop el modo de afirmar su identidad. En las periferias se mezclaron estas dos culturas: la de los jvenes militantes de organizaciones que practican la horizontalidad y la autonoma y la de los jvenes negros criminalizados por la represin. Ambas culturas se fueron aproximando con el crecimiento de las ciudades y de la especulacin inmobiliaria que potenciaron la segregacin urbana, ya que ambos sectores tienen problemas comunes como el transporte, seala Paque.

Esa juventud, que los medios se empean en calificar como clase media, ha destripado el consenso lulista en apenas tres semanas, forzando al Gobierno de Dilma Rousseff a reconocer, tardamente, la justicia de las protestas. Una encuesta revel que en So Paulo ms de un milln de personas van trabajar caminando durante ms de tres horas, porque no pueden pagar el transporte o porque les insume ms tiempo que la caminata.

2014 ser un ao decisivo. Se realizar el Mundial y habr protestas. Se celebrarn elecciones y Dilma puede no ser reelecta, aunque marcha al frente en las encuestas. Sin paz social, el PT y las elites polticas debern contemplar como mnimo una parte de las demandas de la calle: el fin de la corrupcin y una sustancial mejora en los transportes, la salud y la educacin.

Fuente: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130707/411971/es/El-fin-consenso-lulista



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