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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2013

Nuevas propuestas llamadas al fracaso

Antonio Jos Gil Padilla
Rebelin


Ante el anuncio de un nuevo grupo, que se autodefine como Convocatoria Cvica, uno se hace un sinfn de preguntas, entre las que caben: uno ms?, es que no hay suficientes grupos con idnticos o semejantes planteamientos?, es que no escarmientan?, es que no se dan cuenta de la ineficacia de los que han surgido anteriormente?, no comprueban sus autores que poco a poco se van diluyendo? Con esta nueva aparicin se hace bueno el popular dicho: ramos pocos y pari la abuela.

Convocatoria Cvica, como supuesta propuesta de contestacin al modelo poltico actual, est formada por profesionales con ms o menos renombre. El ms conocido, sin duda, Baltasar Garzn. A l se unen, bsicamente, profesores, escritores y artistas. La frmula de presentacin, la de siempre: lectura de un manifiesto en una sala de un establecimiento conocido, en este caso el Ateneo de Madrid. El reclamo: la presencia de personas con ese mayor o menor grado de popularidad.

En mi ya larga experiencia, y a travs del conocimiento de la historia, he comprobado que los grandes hombres y las grandes mujeres, esos que han luchado de verdad, jams se han expuesto pblicamente. Los logros que alguna vez se han alcanzado han sido fruto de la entrega, de la lucha, de la conspiracin y de la clandestinidad. Nada que ver con la exposicin y el anuncio como si se tratara de un producto comercial.

Todos estos movimientos proponen medidas desde dentro del actual sistema socioeconmico, es decir, se mueven en el marco del sistema capitalista y en el modelo poltico vigente. Un sistema agotado y un modelo obsoleto. Y desde dentro no hay alternativas que valgan.

Hay que atreverse a denunciar la democracia que nos tiene atrapados. Es esta prctica poltica la mejor estrategia que el poder real ha encontrado para defender sus intereses. Hay que atreverse a desmontar esta trampa con la nica herramienta que tenemos en nuestras manos: la abstencin. A la vez sera conveniente elaborar una alternativa al sistema, siempre contando con las condiciones objetivas y subjetivas. De no darse estas condiciones, mejor dejar que el poder nos presente otra forma de cobertura. Tal vez nos resulte ms interesante que la actual.

El sistema siempre se ha visto necesitado de una cobertura poltica que, de una u otra manera, le proteja y le permita operar de la forma ms tranquila posible. Cuando ha sido necesario utilizar modelos represivos, no ha tenido inconveniente en llevar esas prcticas hasta sus ltimas consecuencias. Las democracias modernas ofrecen una aparente paz social, hacindonos creer que ste es el menos malo de los modelos de convivencia. El trmino democracia se ha convertido ahora en el parapeto poltico de un sistema injusto tras el cual toda actuacin se legitima por el mero hecho de estar encuadrado en lo que no es otra cosa que una mera fachada para mantener la mansedumbre de las masas y para contener cualquier intento de rebelda.

Inicialmente la democracia nace como alternativa a la aristocracia con el fin de diluir el poder poltico, dando participacin a un colectivo ms amplio de la poblacin, pero, histricamente, la toma de decisiones siempre ha estado restringida a un sector, estamento o clase social. En cualquier caso, el sistema se ha protegido de manera demaggica para evitar la verdadera participacin popular, poniendo en prctica modelos muy alejados de la autentica intervencin poltica del conjunto de la ciudadana. El poder econmico ha sabido administrar hbilmente la situacin poltica y el control ha estado siempre en sus manos, estableciendo gobiernos que, parafraseando a los clsicos, se constituyen en gabinetes de gestin de la clase dominante. Esa habilidad para la adaptacin poltica a los intereses de clase, la ausencia de una verdadera y eficaz estrategia para el cambio, la debilidad de quienes impdicamente estn dispuestos a prestar sus servicios a cambio de las migajas que caen de la mesa del poderoso y la utilizacin de todos los medios a su alcance para deformar y distraer a la ciudadana, han dado lugar, a pesar de encontrarnos en estados de corte democrtico, a la permanente ausencia de una favorable correlacin de fuerzas de los menos favorecidos y, como consecuencia, a la tergiversacin del curso natural de la historia.

Pero si la democracia es una estrategia o una tctica dilatoria para que la clase dominante mantenga el poder, tambin podra ser una estrategia para combatirlo profundizando en la participacin y cuestionando el actual modelo. La forma razonable de convivencia pasa por la voluntad y el deseo de una mayora consciente de su realidad y despojada del velo del engao al que reiteradamente est sometida, pero para el cambio es preciso que se den esas condiciones a las que ya hemos hecho referencia.

La democracia, con este genrico enunciado, es una vieja frmula de organizacin sociopoltica que, en su ms pura esencia, permite a todos los ciudadanos participar, directa o indirectamente, en el gobierno de las naciones. Por esta razn, ha sido siempre una reivindicacin popular en la creencia de que, de esta manera, se garantiza que todos tenemos la misma influencia a la hora de formar gobiernos y tomar decisiones de carcter colectivo.

La democracia moderna, frente a otras anteriores formas autoritarias de gobierno, ha conseguido instalarse y legitimarse como la ms aceptada forma de organizacin sociopoltica. Nadie, ni los ms crticos, cuestionan el modelo democrtico en esa ms pura esencia, si bien es cierto que en la actualidad est cargado de una serie de vicios que conlleva su prctica, incluso en los pases donde se desarrolla de la manera ms avanzada, porque, como decimos, la prctica democrtica al uso es un modelo adaptado al actual sistema socioeconmico.

A raz del surgimiento de los regmenes fascistas europeos, la democracia se convirti en una reivindicacin popular. En Espaa, particularmente, la lucha antifranquista tom como bandera el modelo poltico de los pases del centro de Europa en donde ya se haba consolidado este modelo democrtico despus de la Segunda Guerra Mundial. La democracia que los sectores ms progresistas de la sociedad han reivindicado en mejores tiempos es un modelo participativo que pudiera convertirse en el soporte poltico de un sistema ms justo basado en la igualdad, pero todo el trabajo y la lucha por lograr esas metas han sido estriles. En realidad, las ventajas que la prctica poltica puedan reportar al pueblo llano no dejan de ser puras concesiones del poder real. (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico, pg. 91).

En fin, la experiencia nos muestra que este tipo de pronunciamientos tiene mucho ms de protagonismo personal que de eficacia para mejorar las condiciones de vida de la ciudadana. El conocimiento de su existencia alcanza a un limitado nmero de personas. Dentro de unos meses pasar al limbo en el que se hayan otros como el 15M, el 25S, el Frente Cvico, Democracia real YA y otros tantos. Algunos, como Rodea el Congreso, han decido disolverse. Aquellos que protagonizan este tipo de cosas, deberan ser conscientes de que su debilidad refuerza el poder de quienes lo ostentan. Estas acciones no les dan miedo, y sin miedo en los de arriba no se garantiza ninguna posibilidad de cambio a favor del pueblo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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