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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2013

Una observacin sobre el juego de Yanis Varoufakis y el concepto de racionalidad econmica

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para Alberto Montero Soler, que lo hubiera dicho mejor y con ms punta crtica


Esta observacin se refiere a una variante del dilema del prisionero que da sustento bsico, como es sabido, a la teora de juegos [1].

En el capitulo 2.VII Los dos gremlins: los mercados liberal y monetario- de su libro sobre el minotauro global-capitalista, Yanis Varoufakis [YV] seala que los CEO, los directores ejecutivos de las empresas capitalistas, estn cautivos de la paradoja de la profeca. La formula as: si todos predecimos buenos tiempos, llegarn buenos tiempos y nuestras optimistas predicciones se vern confirmadas. Por el contrario, si profetizamos malos tiempos, llegarn malos tiempos, validando de este modo nuestro pesimismo inicial. La profeca, por tanto escribe YV, se cumple a s misma (o por s misma). De ah infiere YV: los magnates de las corporaciones no pueden basar sus decisiones ni en anlisis cientficos de los mercados ni en lneas de pensamiento racional.

El autor nos remite a un cuadro [2] donde se resume un sencillo juego que capta el dilema. El objetivo de esta nota es discutir el ejemplo y sus corolarios. El cuadro lleva por ttulo Cuando la razn cede ante la expectativa. Fielmente reconstruido, este es mi propsito al menos, tan slo con alguna variante nominal, dira as:

Nelson Nandela [NM], Angela Davis [AD] y Santiago Alba Rico [SAR], no son estos los nombres elegidos por YV, son invitados a jugar un sencillo juego. A pesar de tener diez mil tareas pendientes de mucho mayor inters, aceptan. La cortesa es la cortesa.

Estn sentados en habitaciones diferentes, aislados unos de otros (pero no secuestrados como lo estuvo el presidente Evo Morales). A cada uno/una se le entrega 100 euros, una regla, un resultado y una opcin.

La opcin: quedarse los 100 euros o ponerlos en un fondo comn (Dada la cosmovisin de nuestros participantes no hara falta continuar: los pondran en un fondo comn destinado a fines humanitarios crticos y transformadores. Sea como fuere, prosigamos cautamente con la narracin).

La regla: deben contribuir con los 100 euros, en su totalidad, no valen cantidades intermedias, o con nada, es decir, pueden no contribuir (No valen trminos medios: o todo o nada. Introducir esas posibilidades aadira mayor realismo antropolgico a la situacin pero complicara el experimento mental y los experimentos mentales, como quera el mismsimo Einstein, estn para simplificar situaciones).

El resultado-premio: si se llega a 300 euros en el fondo, la suma se multiplica por 10 (o por 1.000 si se quiere hacerla ms tentadora) y la cantidad resultante, que no suma como escribe YV, se divide en partes iguales que se entregan a cada uno de los participantes. Por el contrario, si el fondo no contiene esa cantidad (contendr por tanto 200, 100 o 0 euros), lo alcanzado se evaporar en el aire, como sealaron los jvenes Marx y Engels, y cada participante saldr del juego con el dinero con el que se ha quedado (con 0 euros si ha participado en el fondo, y esta opcin no ha sido general, o con 100 euros si ha sido un listillo-idiota insolidario).

En nuestro caso, dada nuestra eleccin antropolgica, no habra ninguna duda: NM, AD y SAR saldra cada uno con 1.000 euros o con 100 mil, dependiendo del multiplicador, e iran a entregarlos a causas imprescindibles. Como no todo el mundo, desgraciadamente, es como NM, AD y SAR podemos continuar.

YV seala que la mejor de las situaciones, es decir, la ms razonable, es el caso apuntado anteriormente: todos ponen el dinero entregado en el fondo comn. Pero la pregunta, tal como l la formula, es la siguiente: contribuirn realmente todos al fondo?

Pensemos no en NM, en AD o en SAR sino en Obama, Mas, Rajoy o Frau Merkel, o, si se quiere, en un individuo indeterminado representativo, esta pieza antropolgica que suele ser el modelo antropolgico de las teoras usuales sobre la racionalidad econmica: un maximizador de beneficios personales de talante neoliberal y encefalograma politico plano. Un individuo as podra razonar as: si creo, es decir, si confo en que los otros dos aportarn cada uno los 100 euros, entonces tiene todo el sentido del mundo (YV dixit), es decir, sera razonable, que yo tambin contribuyera. Pero si creo que uno de ellos no lo va a hacer (YV formula este paso con imprecin: si uno de ellos no lo hace) entonces no debera entregar mis 100 euros. Por qu? Porque 100 euros son ms que nada. Y a correr que es viernes!

Para YV, para que nuestro primer individuo indeterminado decida aportar sus 100 euros tiene que pensar lo siguiente:

1. Que el segundo piense que l y el tercero contribuirn al fondo.

2. Que el tercero pronosticar (mejor: pensar) que el segundo y l mismo contribuirn al fondo.

Si son todos optimistas, si el optimismo prevalece, bingo; si triunfa el pesimismo, desastre y prdidas o ganancias mnimas (Esto ltimo exige una precisin marginal: si triunfa el pesimismo parcial, uno o dos saldran con 100 euros y el otro o los otros sin nada. Si triunfa el pesimismo general, todos saldran con 100 euros).

La mejor estrategia estara en funcin, en opinin de YV, de la estimacin de cada uno sobre el optimismo de sus otros dos compaeros de juego. Lo formula as: optimismo. Esa es la palabra?

YV no seala en parte alguna que los tres participantes sean desconocidos entre s o que no sepan nada unos de otros. Aadamos esa premisa. Una vez aadida: se infiere de la situacin lo que YV parece inferir?

Este juego, en opinin del autor del minotauro global, ofrece un ejemplo de lo que los filsofos denominan l lo es de hecho- como regresin infinita. No est claro en mi opinin que la casilla clasificatoria sea precisamente esta. No acabo de ver que estemos ante algn regressus al infinitum y ms all. Sea como fuere aade, en su opinin, una situacin donde es imposible resolver qu hacer de manera racional. Incluso, aade YV, si los tres participantes fuesen hiperracionales (y eso qu puede significar?, absoluta ausencia de sentimientos, de valores ticos?) y respetaran la inteligencia de los otros participantes al mximo (respetar aqu tal vez sea equivalente a confiar), no sabran que hacer. Nuestra racionalidad, digmoslo as, se ha topado con un muro. YV, en tono de tragedia existencial filosfico-literaria, escribe: Esta es la materia del verdadero drama humano representado en un escenario donde la paradoja de la profeca hace imposible toda prediccin negativa.

Concluye bien nuestro sabio economista-filsofo? Creo que no:

1. Si hay conocimiento entre participantes, las estrategias pueden ser fciles. Si yo juego con Jordi Torrent y Alberto Montero Soler, no tengo ninguna duda racional: apuesto por el fondo comn. Es ms que razonable y altamente probable que ellos hagan lo mismo.

2. Si hay desconocimiento general, lo razonable es apostar por el fondo. Por qu? Primero, pero no ms sustantivo, por un argumento de sabor pascaliano: la ganancia apuesta-fondo es mucho mayor que la ganancia apuesta-mo-todo-es-mo. En segundo lugar, porque si no acertamos, si no cantamos bingo, si los dems han ledo compulsivamente a Friedman y son seguidores de Mario Draghi, enseamos a los otros o al otro a qu hubieran podido ganar ms si hubieran confiado en los dems y hubieran obrado con una perspectiva ms amplia, no cegada por el individualismo ms ruin.

3. Por dignidad, si se quiere, que es un nudo que tiene que ver con la racionalidad globalmente considerada que no es precisamente la del minotauro global: no debemos apostar por opciones pesimistas (dejemos el pesimismo para tiempos mejores!), aun a riesgo de perder determinados premios, porque con ello abonamos senderos de perdicin, pesimismo y embrutecimiento humanos que venden como normal y racional lo que no es sino disparate, anormalidad e irracionalidad global y complejamente considerada.

En definitiva: racional es tambin hacernos mejores y hacer mejores a los dems. Por qu? Porque en el fondo, y en la superficie, todos ganamos con ello. No forzosamente (aunque tambin en ocasiones) en trminos crematsticos. Pero es que el economicismo estrecho, estrechsimo, no es equivalente al materialismo (en el buen sentido del concepto, que lo tiene) ni siquiera es tampoco un humanismo almado ni siquiera desalmado. Es un acto de barbarie que separa lo que no es separable: racionalidad y pulsin politica.

Notas:

[1] En comunicacin personal de 3 de julio de 2013, Alberto Montero Soler sealaba: [] el dilema del prisionero da sustento bsico a la teora de juegos y se articula en torno al comportamiento del homo economicus que es la piedra de toque de toda la economa neoclsica: un individuo racional, con informacin perfecta (el problema se presenta, como en el juego, cuando carece de informacin plena), maximizador y egosta. En definitiva, un "prenda", que decan en mi barrio. Ese agente, que altivamente estos economistas denominan como "el agente representativo", es ajeno a cualquier consideracin moral y solidaria y, adems, es un ser atmico y anmico, que ve la sociedad como la suma simple de seres como l mismo y tiene incapacidad para entender la existencia de fines superiores a los propios YV utiliza un razonamiento para explicar un comportamiento que l sabe perfectamente que no se explica empricamente con ese entramado terico tan aparentemente sofisticado. El comportamiento de los inversores financieros est sobradamente demostrado que no es racional sino que, por el contrario, es profundamente irracional y que, adems, no es individualista sino que es gregario. Acadmicamente lo llamamos "comportamiento de rebao" y se caracteriza, grosso modo, por la existencia de algunos actores a los que el "rebao" considera lderes y que, al moverse, arrastran a todas las ovejas detrs, an sabiendo ellas que lo que aislada e individualmente puede ser un comportamiento racional y correcto, cuando lo acomete toda la manada se convierte en algo profundamente irracional. Cuando determinados actores importantes deciden vender porque creen que el precio del activo va a bajar no ocurre que el resto de agentes no tiene en cuenta esa decisin sino que, precisamente, y de forma que es irracional venden provocando, efectivamente, la cada del precio. La profeca se cumple no porque aisladamente hayan llegado a la misma conclusin partiendo del recelo hacia el resto; sino porque gregariamente actan sin atender a criterios de racionalidad.

[2] Yanis Varoufakis, El minotauro global. Estados Unidos, Europa y el futuro de la economa mundial. Capitn Swing, Madrid, 2012 (traduccin de Carlos Valds y Celia Recarey), p. 76.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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