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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2013

Tnez
Los desposedos de Battouma: El polo de la pobreza incrimina al polo de la riqueza

Rashid Sherif
Le Temps


Crnica de una caravana de solidaridad con los pobladores del casero Battouma, encaramado en las alturas del monte Kroumirie, al noroeste de Tnez, donde la gran miseria no excluye una cierta dignidad.

ramos unos treinta voluntarios, mujeres y jvenes en su mayora, una representacin espontnea, por as decirlo, de las fuerzas sociales que asumieron con valor la batalla de la insurreccin popular (Intifadha) junto a los trabajadores, la cual culmin el 14 de enero 2011 pero ha quedado inconclusa hasta hoy.

Desde el valle al monte, siguiendo huellas de la Historia

La iniciativa para la caravana de solidaridad fue a cargo de asociaciones civiles y la popular cadena Attounissia TV despus de su reportaje acerca de una pequea aglomeracin hundida en la pobreza extrema, olvidada entre los olvidados en las montaas del pas donde se haba entrevistado tambin a un joven alumno de primaria, emisin seguida en la pantalla por miles de nuestros conciudadanos conmovidos hasta las lgrimas. Esta modesta accin solidaria iba a llevar ayuda en productos comestibles no perecederos, ropa de todas las tallas, colchones, mantas, sin olvidar otros alimentos esenciales como libros de cuentos al alcance de todas edades escolares para estimular el placer de leer y el sueo de estos escolares desocupados en el verano, los que quedan sin acceso alguno a las colonias de vacaciones al borde de mar.

Douar Battouma est poblado por cerca de cuarenta familias, es un casero encaramado en las alturas del Monte Kroumirie, a unos 200 km al noroeste de Tnez la capital, cerca de la frontera con Argelia. Bajo un cielo despejado, con los primeros calores del verano, cruzamos los llanos segados de color amarillento despus de la cosecha de trigo y el regreso del forraje, salvo en algunas areas donde los rezagados siguen ayudados por un grupo de mujeres vigorosas que levantan hacia atrs enormes gavillas repletas de heno.

Era la regin del famoso granero de Roma luego de la destruccin de Carthago. Al pasar por los vestigios erguidos de Bulla Regia, surge en la mente la antigua ocupacin romana de Tnez, pas entonces llamado Ifriqya (nombre originario que luego pas a ser frica para todo nuestro continente). En realidad, desde hace ms de tres mil aos, por estas amplias llanuras frtiles y las majestuosas montaas al horizonte, haban desfilado tantas invasiones y colonizaciones saqueando y explotando esta tierra generosa expuesta a la codicia fornea por su posicin geoestratgica y sus vulnerables costas mediterrneas demasiado abiertas. Nuestros pueblos originarios, nmadas y sedentarios, Imazighen y judos, semitas todos, haban convivido en harmona por miles de aos antes de ser subyugados, entrar en rebelda, derrotar a los invasores, perder batallas, fomentar sublevaciones victoriosas recobrando su poder, pasar de nuevo largas noches de indignidad, acumular nuevas fuerzas para seguir la lucha liberadora hasta nuestros das. Por estas tierras que todava nos alimentan se ha derramado tanta sangre y se ha cometido hasta un genocidio de nuestros pueblos originarios Imazighen de los cuales hoy solo quedan como escapados en refugios algunos miles de pobladores invisibilizados sobreviviendo en partes montaosas hacia donde viajamos ahora y en otras remotas regiones desrticas del sureste del pas.

Como parte de nuestra historia trgica, mencionamos rpidamente una verdadera cadena de invasiones: los Canan (llamados Phnicios por los griegos) provenientes del norte del Lbano (hoy Tyr) antes de la era cristiana (-1101) fundaron ms tarde (-814) Carthago. Luego la invasin romana y su ocupacin del territorio (-123 hasta final del siglo IV de la era actual). Siguieron las invasiones de los Vndalos (430) y los Bizantinos (533). A mediados del siglo VII llegaron desde la pennsula arbica los invasores de turno, hordas famlicas y sedientas de sangre, con pretexto de difundir una nueva religin monotesta, el Islam. Entre estos conquistadores y los pueblos Imazighen la lucha ha sido permanente: los primeros tratando de imponer su dominacin (arabizando e islamizando) por extensin abusiva y guerrera de la nocin de Jihd -otrora limitada a su territorio propio de Arabia- en toda la regin del norte de frica; los segundos resistiendo generacin tras generacin hasta su agotamiento por holocausto en Tnez mientras siguen constituyendo gran parte de los pueblos de Argelia y Marruecos mal llamados Berberes, una connotacin racista de los griegos y romanos. A mediados del siglo XVI, los colonizadores rabes y sus territorios propios fueron ellos mismos sometidos bajo el imperio otomano. Tnez entonces pas a ser un reinado turco con la dinasta turca de los Bey la cual beneficiaba de una semi-autonoma en relacin con el Sultn en Istambul. Una vez derrotado y fragmentado el imperio otomano, bajo el pretexto de haberse quedado ahogado con impagable deudas con Francia, el Bey de Tnez firm en 1881el tratado de sumisin al nuevo poder colonial bajo el eufemismo de protectorado francs. Luego de generaciones de resistencia y rebelda del pueblo, se logr en 1956 una independencia formal que facilit la destitucin del reinado beylical con la proclamacin de la Republica tunecina dentro del nuevo contexto neocolonial europeo en frica.

Volviendo al curso de nuestro recorrido, con el desfile del paisaje y la mente repasando nuestra historia, salimos del llano y seguimos cuesta arriba con virajes apretados. Estando a mediados de junio, los ros ya se han secado dejando presagiar dolores de cabeza para los habitantes de la regin. Llegamos al pueblecito de Fernana donde dejamos el camin cargado con donaciones. Una asociacin civil local se ha encargado de su posterior distribucin en el casero de Battouma. Subiendo la cuesta, nos sumergimos en la sombra dulce y refrescante del bosque de roble y a continuacin pasamos por un olivar frondoso. A los pocos kilmetros, de repente el joven chofer de nuestro bus anunci el fin de la carretera y nos anim con chistes a subir a pie a lo largo de una spera colina. Nos lanzamos bajo un fuerte sol a travs de los arbustos, chumberas con amenazantes espinas, pisando una tierra rocosa y de barro seco. Cruzamos un riachuelo con residuo de agua fangosa gris que los residentes -animales tambin- a veces se ven obligados a beber

En su imaginario, a lo largo del viaje, este pasajero se ha dejado tambin llevar por una proyeccin de Douar (casero) Battouma y su gente a travs de las escenas de Luis Buuel, como Las Hurdes y Los olvidados. Sin embargo, los hombres flacos que llegaron a nuestro encuentro para guiar nuestros pasos mientras subamos la cresta, rpidamente disiparon estas fantasas. Contestaron con pocas palabras nuestras preguntas apresuradas relacionadas todo a la vez con sus recursos econmicos, la cuestin crucial del agua, la ausencia de servicios de salud, el recorrido de los escolares que caminan de madrugada y sin desayuno hasta 10 km hacia el pueblecito donde est ubicada la escuela. Preguntamos acerca del clima invernal con nieve y la tragedia cuando sta se derrite creando inundaciones en la primavera, con la crecida del rio bajo intensas lluvias que inundan las chozas, alguna que otra mujer que dio a luz a mitad del camino hacia el pueblo: A semejante avalancha de preguntas, los hombres con voz baja, verbo lento y rostro neutro, nos han introducido de buena gana en su universo escondido, pintando un cuadro muy diferente al descrito por Buuel.

La frontera interior

Dejar Tnez, la capital, para dirigirse a Douar Battouma enganchado a lo alto de la cadena montaosa del Kroumirie es una manera de cruzar una frontera interior adentro del mismo pas, unos parajes de la desesperacin. Alguien dijo: Es como Somalia!. Algunos nios vienen corriendo a nuestro encuentro mal vestidos, descalzos o mal calzados, cubiertos de polvo, cabellos cortados cortos para los nios, las chicas con pelo suelto espeso, cado como cuerdas flojas. La escasez de agua conspira contra la higiene personal. Su mirada apagada se dirige lo mismo a nosotros como hacia nuestras mochilas o bolsas en las manos.

Algunos visitantes distribuyen golosinas a los nios. Una multitud se concentra frente a una especie de choza de barro, grava y ramas que sobresalen a manera de techo. Un hombre pequeo sentado en el umbral, viejo y maltrecho, da la bienvenida con una voz apenas audible. Debe uno inclinarse para evitar golpearse la cabeza en la entrada y hasta el centro de este exiguo espacio oscuro. Una especie de cama, nico mueble, yace sobre un piso de tierra. Una mujer anciana muy flaca, jorobada, cubierta con una tela descolorida nos recibe y nos aprieta la mano largamente agradeciendo nuestra visita. Ella no habla siquiera de s misma aunque se sostiene apenas de pie, pero dirige nuestra atencin hacia aquel hombre sentado en el suelo delante del umbral, lamenta que l no puede dormir a causa de mucho dolor. En la oscuridad, ella empuja con gesto incierto un interruptor en el extremo de un hilo colgado de una rama seca, nos alumbra con una tenue lmpara.

A medida que progresamos hacia las alturas, semejante chozas aparecen dispersas, ocultas por arbustos. Mujeres delgadas de pie con un beb en los brazos, nos miran fijo, tmidas y curiosas. Poco a poco, visitantes y lugareos se mezclan en animadas conversaciones. Los grupos de edad aparecen con claridad: nios y adultos cada vez mayores; no hay rastro de adolescentes o jvenes. Ambas categoras han probablemente migrado en busca de trabajo: Mientras las jvenes actuaran como criadas al servicio de familias urbanas de la capital y otras ciudades; los jvenes se refugian en zonas costeras como jornaleros, a menos que por desespero deciden retar la muerte al cruzar el mar hacia Sicilia en barcas de pescador. En el pas, al igual que en frica del oeste, se cuentan por varios miles los jvenes migrantes desaparecidos, ahogados en el mar. Se estima a ms de 25 000 jvenes los que han emprendido esa va martima de escape de la miseria. Mientras unos 2 000 hombres en edad laboral han sufrido un lavado de cerebro en mezquitas a mano de los salafistas integristas para luego ser enrolados como mercenarios en Siria por cuenta de la OTAN.

Pequeo Yacine, hroe a su pesar

Millones de telespectadores de la cadena Attounissia han podido observar a ste pequeo alumno de once aos, enclenque, tmido o ms bien intimidado por el repentino inters nacional del que ha sido objeto. Su nombre, Yacine. Es efectivamente su frgil aparicin tan conmovedora en la pequea pantalla la que provoca sta sorpresiva visita de solidaridad, aunque sin saberlo nuestro tumulto bullicioso est desgraciadamente lejos de ser en su favor.

De hecho, varias familias y otros nios alrededor se han mostrado especialmente envidiosos. A la vez, adultos le reprochan haber atrado tanta luz cruda focalizada hacia la situacin de pobreza extrema del casero, como estigma. Este resentimiento no est relacionado con algn sentido de vergenza, sino refleja ms all de la pobreza un ltimo gesto de reivindicacin de su dignidad humana. Es as como el pequeo Yacine se ha voluntariamente encerrado en la choza familial. Tuvimos que ir a buscarlo. La mirada casi temerosa, nos da la bienvenida en un susurro. Sus padres estn ah, orgullosos de los logros acadmicos del nio y de sus dos hermanas ms jvenes.

Estos escolares ejemplares han recogido ao tras ao un verdadero acopio de Certificados de Excelencia a pesar de su evidente desnutricin, las largas distancias a pie recorridas todos los das llenas de peligro como cuando son acosados por animales salvajes. Tambin en el invierno sin ropa adecuada enfrentan el fro cruel y la nieve; mientras en la primavera el derrite de la nieve junto con lluvias intensas provoca inundaciones y crecida del ro. El padre de Yacine no tiene trabajo remunerado, ya que al igual que sus vecinos sobrevive tratando de arrancar algn nutriente de una pequea parcela de la pendiente y por lo tanto no tiene recursos financieros. Sin los medios para pagar el equipo escolar de sus otras cinco hijas mayores, el padre se vio obligado a que ellas abandonen la escuela a pesar de su buen rendimiento acadmico. Esto es todava el riesgo que pudiera pasar para Yacine (le falta un ao para finalizar la primaria) y sus dos hermanas menores. Cuando se le pregunt qu quera hacer en el futuro, Yacine respondi con una luz en sus ojos: Quiero ser mdico para ayudar a los mos... e incluso a ustedes tambin, si quieren!. Una de sus hermanas menores expres el mismo deseo. Acaso podemos permitir que semejante semilla de Hubris pueda llegar a perderse? Al instante, me atraves la mente imagen de estudiantes africanos en la Escuela de Medicina del ELAM*

En la siguiente choza, la ta abuela de Yacine nos reclama. Desdentada, mirada ojerosa, columna curvada, aparece como visin borrosa en la oscuridad, avanza pies descalzos sobre el piso de tierra: de tanto caminar as se haba convertido la planta ensanchada y endurecida de sus pies en una suerte de suela natural. Su esposo, 71 aos de edad, segn dijo, pero parece una edad mucho ms avanzada, tiene dificultad al ponerse de pie apoyndose en su bastn. Dice que ha trabajado durante muchos aos como jornalero en el bosque de Tabarka por unos centavos al da. Con todo, l y su esposa se aferran desesperadamente a la vida compartiendo su choza con una vaca que dice haber alquilado en cambio de su mnima parcela de tierra

La Vida No Vale Nada o Patria Para Todos

No es necesario haber ledo a Marx ni siquiera ser militante de izquierda para captar aqu lo esencial siendo una ciudadana y un ciudadano despiert@ y honest@. La pobreza no tiene nada de natural. Es un subproducto a consecuencia de la acumulacin de riqueza. La miseria hace del pobre un ser deshumanizado. Es especialmente importante para los que no padecen de hambre evitar ser atrapados por las seudo-verdades y las sentencias solemnes que tienden a hacernos creer que los pobres lo son por una voluntad divina y que el paraso les est abierto mientras que ellos viven el infierno sobre la tierra. La lucha contra la pobreza es una falacia gubernamental en tanto que trata de ocultar las races del mal: el polo de la riqueza, exclusiva y excluyente. Alcanzar un umbral de pobreza, o, peor, una degradacin an por debajo, es una condicin social, un proceso continuo de pauperizacin que se agrava sin piedad y perdura por numerosas generaciones. Mientras en el polo opuesto, la riqueza a veces se logra -cual milagro! - en el lapso de una sola generacin (sobre todo en pases corruptos del Sur): se dice entonces con gloria que la suerte sonre! a los pocos afortunados. De hecho, como se sabe, para llamar a las cosas por su nombre, la esencia del problema reside en la injusticia social con una distribucin fuertemente desigual de la riqueza nacional, dejando al extremo el caso de los olvidados del todo y de todos.

Los pobladores del casero de Battouma, para quienes la vida no vale nada, nos llenan de un profundo sentimiento de humildad. En su silencio, en su miseria oculta, en su desespero cuestionan lo mucho como lo poco que uno puede tener. Es preciso que la insurreccin popular inconclusa, desviada de su rumbo vuelva -como hoy en Egipto- a retomar la senda de la rebelda para hacer triunfar con propiedad algo bsico acordado como Derechos Humanos Universales: por ejemplo, satisfacer las necesidades bsicas de estos pobladores en situacin de marginalidad social y total abandono, desposedos de sus mnimos derechos ciudadanos. Actuar de forma consecuente para que ellos y muchos otros ms recuperen el simple derecho a la vida, la seguridad fsica, la seguridad alimentaria, la seguridad de una vivienda decente, la educacin, la salud, la seguridad de un empleo, fuente de dignidad, la adecuada proteccin de su medio ambiente, todo cuanto es derecho esencial por incluir en la nueva Constitucin nacional tunecina. Dicho de paso, sta nueva Carta Magna, al cabo de ao y medio de tergiversaciones en el seno de la asamblea constituyente, todava est sujeta a miserable chantaje e infinitas trampas, transacciones impuestas por unos usurpadores seudo-islamistas ajenos a las luchas del pueblo y sus anhelos. Finalmente, al igual que acaban de sufrir un fracaso rotundo e histrico en ese mismo intento en Egipto, la misma suerte los acecha en Tnez.

Mientras tanto, los miles y miles de Yacine y sus familias siguen en el olvido, marginalizados, excluidos, desposedos de sus derechos humanos y ciudadanos ms elementales desde tantas generaciones, hundidos en la cultura inducida de la desesperacin. Esta negacin de derechos humanos es violacin y violencia sufridas, todo a la vez, lo cual transcurre bajo nuestros ojos: resulta una verdadera e intolerable negacin de su humanidad. En todo caso, lo que a menudo se opaca por escotoma y obliteracin poltico-ideolgicos por parte del poder dominante es que la inhumanidad sufrida, impuesta por otros, vuelve con efecto boomerang, deshumaniza a los que la provocan, la imponen o la toleran de una manera u otra. Dicho en claro, estamos en deuda con los Yacine y sus familias en situacin de pobreza o pobreza extrema. En ltima instancia, se trata de actuar aqu y ahora por salvar su vida y su dignidad humana con el fin concomitante de salvar a la vez la nuestra dignidad, mientras sea tiempo.

En Tnez la insurreccin popular de la dignidad o Intifadha el karama esgrimi la consigna de "Trabajo, Libertad y Dignidad Nacional", esto significa claramente: no hay paz social sin justicia social, no hay libertad sin derechos humanos universales para los ciudadanos y ciudadanas en toda equidad y, por supuesto, no hay ni puede haber dignidad nacional sin una Patria para Todos.

Fotos: Capturas de pantalla de la emisin de "Yawmiyet Mouwaten" en Attounissia TV.

Fuente: Multilingual blog

www.shaahidun.wordpress.com

* ELAM, en Cuba y Venezuela: Escuela LatinoAmericana de Medicina. Mientras segua viviendo en el exilio, el autor con toda modestia tuvo el honor de haber participado activamente desde el inicio en la elaboracin de los planes organizativos del ELAM en Caracas.

NOTA: Artculo recin publicado inicialmente en idioma francs por el autor en Tnez con una amplia repercusin a travs del diario Le Temps y la pagina web Kapitalis (algo parecido a Aporrea). La presente traduccin en idioma castellano ha sido elaborada gentilmente por Purificacin de la Blanca. A la vez, ha sido revisada y en parte ampliada por el autor para mejor orientar lectoras y lectores de habla castellano en cuanto a los contextos pasados y actuales de Tnez.



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