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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2013

Tras un mes de protestas en Turqua, las manifestantes declaran sentirse cada vez ms preparadas para enfrentarse a la violencia policial
Estamos aprendiendo a resistir

Diana Redondo
Rebelin


Una manifestacin de mujeres entra en la plaza de Taksim gritando a la polica: No toques mi cuerpo. Parad los acosos sexuales durante las detenciones. Debido a los repetidos casos de abuso de poder y acoso a los que son sometidas las mujeres desde el momento de su detencin hasta que son llevadas a comisara los colectivos feministas han convocado una marcha.

En las calles que desembocan a la plaza esperan los agentes antidisturbios perfectamente armados a que termine la rueda de prensa de la primera manifestacin de la tarde. En media hora comienza otra llamada a la ciudadana para entrar en el parque Gezi. El consejo de Estado ha invalidado esta maana la peticin de Tayyip Erdogan, el Primer Ministro turco, para convocar un referndum sobre las obras de destruccin del parque Gezi, ya que sobre el proyecto pesa una orden judicial de suspensin y, por tanto, el Consejo estima que no es constitucional convocar un referndum. En la actualidad el parque contina cerrado bajo la custodia de la polica y de ciudadanos de confianza del partido ataviados con chalecos como si pertenecieran a ella.

Antes de la hora de la protesta comienzan las cargas al principio de la calle Istiklal. Los camiones TOMA (vehculos antidisturbios equipados con can de agua, pintura y otras sustancias qumicas) barren la calle ms transitada de Estambul. No importa quien est delante. Un preaviso de lo que vendr despus.

Primeras bombas de gas pimienta. Transentes y turistas sentados en los cafs corren a guarecerse en el interior de los locales. Los manifestantes -pertrechados con mascarillas, gafas (imprescindibles para aguantar el gas pimienta y lacrimgeno) y casco- corren a las calles laterales para esquivar la violencia de la polica. La gente est recuperando el resuello cuando se escucha a un saxo tocando los primeros acordes de O bella ciao. La calle estalla en aplausos y vtores.

Tenemos miedo, pero seguimos saliendo a la calle, explica una mujer de 35 aos, llevamos ms de un mes de protestas y estamos aprendiendo a resistir. Sus ojos se estn acostumbrando al gas pimienta y a pasar noches y noches corriendo de un lado a otro. La polica carga indiscriminadamente en la zona de los comercios, lanza bombas de gas pimienta, pelotas de goma, balas de pintura. Hay focos de gran tensin, donde no se puede ni respirar y, en medio, islas donde el conflicto es menor. Cuando una bomba estalla la mayora buscan cobijo, la calle se queda unos minutos vaca, impregnada por una densa nube de humo. Cuando el gas se dispersa y se puede respirar de nuevo, todo vuelve a la normalidad. Vuelve la msica en los tejados, otros continan cenando, los manifestantes se toman un respiro y vuelven hacia Taksim. Las estrechas callejuelas que cruzan a ambos lados de Istaklal estn plagadas de tiendas, restaurantes, vendedores y vendedoras ambulantes que no cesan de trabajar en toda la noche. No obstante, se estima que el turismo ha bajado en un 40%, los comerciantes se quejan, muchos hoteles del centro se encuentran con las habitaciones vacas, y los restaurantes tienen numerosas mesas libres.

Al principio todos salamos corriendo, explica una estudiante de Erasmus, despus empezamos a ver fotos y vdeos de gente que no tena miedo. Por ejemplo, un chico se qued 20 minutos sentado mientras un (tanque) TOMA le atacaba con el can de agua, y otro se queda quieto mientras le rocan con espray. La gente aprende, toma ejemplo, si ellos pueden, yo tambin.

Estambul resiste. Los ataques de la polica para evitar que nadie entre en la plaza se prolongan a lo largo de toda la noche. Cada vez mas violentos. Un grupo de tres personas camina con las mascarillas quitadas y las gafas, la polica los identifica como manifestantes y comienza a golpearlos contra una pared hasta que uno de los propios policas grita a sus compaeros que se detengan: parad o los vamos a matar. Una de las testigos se lamenta: no es un incidente aislado, ya saben quienes son los activistas y cuando va quedando menos gente por la calle los buscan para detenerlos o pegarles. Lo que est sucediendo es la vez como un sueo y como una pesadilla. Pero vamos a seguir protestando porque estamos muy enfadados, explica la testigo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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