Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-07-2013

Los modelos latinoamericanos: una reflexin libertaria

Carlos Taibo
Rebelin


La discusin est en la calle: estara aportando la Amrica Latina de los gobiernos de izquierda un modelo estimulante que dara respuesta a muchos de los callejones sin salida en los que nos encontramos en el Norte opulento o, por el contrario, y pese a los fuegos de artificio, debemos mantener todas las cautelas en lo que hace a lo que significan esos gobiernos? No olvidemos que muchos de quienes se sitan en la primera de esas posiciones consideran que experimentos como el venezolano, el ecuatoriano o el boliviano demostraran la posibilidad de respetar las reglas de la democracia liberal --en ellos hay elecciones razonablemente pluralistas-- al tiempo que se despliegan polticas sociales que estaran cambiando el escenario en franco y afortunado provecho de los desfavorecidos.

Antes de entrar en materia dir que, desde mi punto de vista, no se trata de negar que los gobiernos en cuestin han perfilado polticas preferibles a las asumidas por sus antecesores. Tampoco sera bueno que, dogmtica y apriorsticamente, rechazsemos todo lo que significan, tanto ms cuanto que lo razonable es reconocer que el acoso que padecen por los poderes de siempre a buen seguro que tiene su relieve. Y no parecera saludable, en fin, que cerrsemos los ojos ante determinadas derivas eventualmente estimulantes como las que hacen referencia a determinadas opciones de cariz autogestionario o a muchos de los proyectos vinculados, antes que con gobiernos, con las comunidades indgenas y sus singulares formas de organizacin y conducta.

Pero, anotado lo anterior, y voy a por lo principal, creo que estamos en la obligacin de preguntarnos si experiencias como la venezolana, la ecuatoriana o la boliviana configuran un modelo sugerente y convincente para quienes bebemos de una cosmovisin libertaria. Y la respuesta, que me parece obvia, es negativa. Lo es, si as se quiere, por cinco razones.

La primera de esas razones subraya el carcter visiblemente personalista de los modelos que nos ocupan, construidos en buena medida de arriba abajo, y en algn caso, por aadidura, con asiento fundamental en las fuerzas armadas. En un mundo como el nuestro, el libertario, en el que hay un orgulloso y expreso rechazo de liderazgos y personalismos, es difcil que encajen proyectos que se mueven con toda evidencia por el camino contrario.

Debo subrayar, en segundo lugar, que no se trata slo de una discusin vinculada con liderazgos y jerarquas: la otra cara de la cuestin es la debilidad de las frmulas que, en los modelos que me ocupan, debieran permitir, ms all del control desde la base, el despliegue cabal de proyectos autogestionarios. A ello se suman muchas de las ilusiones que se derivan de la no ocultada aceptacin de las reglas del juego que remiten a la democracia liberal, y en singular una de ellas: la vinculada con aquella que entiende que no hay ningn problema en delegar toda nuestra capacidad de decisin en otros.

Anotar, en tercer lugar, que en esos modelos el Estado lo es casi todo. Se pretende que una institucin heredada de los viejos poderes opere al servicio de proyectos cuya condicin emancipatoria mucho me temo que, entonces, se ve sensiblemente lastrada. Al amparo de esta nueva ilusin ptica a duras penas puede sorprender que pervivan, de resultas, los vicios caractersticos de la burocratizacin y, llegado el caso, de la corrupcin.

Obligado estoy a sealar, en cuarto trmino, que existe una manifiesta confusin en lo que se refiere a la condicin de fondo de la mayora de los proyectos abrazados por los gobiernos de la izquierda latinoamericana. Esos proyectos han apuntado casi siempre a una ampliacin de las funciones asistenciales de la institucin Estado. Nada sera ms lamentable que confundir eso con el socialismo (a menos, claro, que quitemos a esta palabra buena parte de la riqueza que le da sentido). Si, por un lado, no se ha registrado ninguna suerte de socializacin de la propiedad --o, en el mejor de los casos, esta ltima ha hecho acto de presencia de manera marginal--, por el otro han pervivido inequvocamente, por mucho que se hayan visto sometidas a cortapisas, las reglas del juego del mercado y del capitalismo.

Me permito agregar una quinta, y ltima, observacin: incluso en los casos en los que la vinculacin de las comunidades indgenas con determinados proyectos institucionales ha podido limar algo la cuestin, lo suyo parece concluir que las experiencias objeto de mi atencin han sucumbido con lamentable frecuencia al hechizo de proyectos productivistas y desarrollistas que se antojan reproducciones mimticas de muchas de las miserias que el Norte opulento ha exportado, las ms de las veces --sea dicho de paso-- con razonable xito.

Vuelvo al argumento principal: si no hay duda mayor en lo que se refiere al hecho de que los gobiernos de izquierda en Amrica Latina han contribuido --unos ms, otros menos-- a mejorar la situacin de las clases populares, desde una perspectiva libertaria parece obligado mantener al respecto todas las cautelas. Y entre ellas una principal: la que nace de la certeza de que, con los mimbres desplegados por esos gobiernos, es extremadamente difcil que se asienten en el futuro sociedades marcadas por la igualdad, la autogestin, la contestacin de la miseria patriarcal, la desmercantilizacin y el respeto de los derechos de los integrantes de las generaciones venideras. Al respecto nada me gustara ms que equivocarme.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter