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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2013

La ensima copia

Santiago Alba Rico
Atlntica XXII


En una inesperada reflexin de 1934, el gran escritor austriaco Joseph Roth arremeta contra el cine para cuestionar de hecho la realidad del mundo: si las cosas fueran realmente reales no podramos copiarlas, representarlas y mucho menos filmarlas. Lo que demuestran las sombras de Hollywood, deca, es que sus modelos -las criaturas vivas y sus relaciones- son ya sombras inermes y sin races en la verdad. Una copia no remite a un original sino que prueba la falta radical de originalidad: slo hay copias entre copias. Tal y como pretenden las tradiciones religiosas iconoclastas, las cosas reales no se dejan ni imitar ni reproducir y, por lo tanto, la Unica Realidad es Dios mismo, inalcanzable para el afn mimtico de los hombres.

Todo puede ser copiado: nada existe. El cine, en efecto, demuestra la falsedad de los cuerpos, las casas y las montaas, que podemos ahora multiplicar al infinito, en una galera sin fin de mismidades sucesivas. No es que las cosas tengan doble: tienen triple y cudruple y... ensimo. Gracias a las nuevas tecnologas -cuya quintaesencia, la imagen digital, es la culminacin inmaterial de la industria entendida como la capacidad para reproducir objetos iguales- todas nuestras creaciones son desde el principio ensimas: la ensima camisa, el ensimo can, la ensima fotografa. Slo producimos ensimos. La produccin de ensimos -aquello de lo que no hay ningn Primero- es lo que caracteriza, por ejemplo, a la pornografa, a la que la tecnologa ha rendido un tal servicio que de alguna manera podemos decir que hay algo pornogrfico en su naturaleza misma -en la de la tecnologa-: el deseo de contemplar el ensimo cuerpo...

Si hay un fenmeno humano que la tecnologa ha reducido a pornografa, se es la guerra, un campo de visin donde el ensimo cuerpo -el nico que vemos una y otra vez- es siempre otro cadver. En un reciente artculo, los periodistas franceses Florence Aubenas y Christophe Ayad afirman que el mayor cementerio de Siria es internet y describen de una manera inquietante esta proliferacin de imgenes sangrientas -matanzas, degellos, heridas inverosmiles- que surgen al principio del impulso individual de dar testimonio de una situacin inaccesible para los periodistas, pero que acaba por producir un fenmeno sin precedentes: el de la guerra mejor documentada y, por eso mismo, la ms incontrolable de la historia. En una sustitucin de los medios -nunca mejor dicho- por los fines, la vocacin testimonial inicial ha abierto un universo paralelo, autorreferencial, en el que la rivalidad entre ensimos atroces contribuye a alimentar la crueldad en los dos campos mientras limita o anula los efectos sobre la sensibilidad. Todos convertidos en documentalistas grficos -verdugos y vctimas-, la guerra encuentra su justificacin y su combustible en su propia visibilidad total: si hoy tengo suerte, podr filmar la cada de una bomba o queris ver el vdeo de mi primo muerto?. De lo que se trata ahora es de aadir un cadver ms al cementerio virtual de internet, que es virtualmente infinito.

No quiero hablar de Siria, de la ceguera de un sector de la izquierda, del abandono de nuestros afines sobre el terreno, de la universal infamia volcada sobre el pas. Traigo a colacin este tema como expresin extrema de un impulso que gobierna nuestras vidas, cuando matamos y cuando amamos. Por qu nos empeamos en fotografiarlo o filmarlo todo? Creo que en la base se encuentra una impotencia dolorossima cuya antigedad forma parte de la moderna ilusin tecnolgica. Me explico. El que filma la matanza o la orga -o el nacimiento de su hijo- lo hace a partir de una conviccin paradjica: la de que lo nico que le falta a la realidad para ser real es un poco de ficcin (la que introduce el medio tecnolgico). Es decir, lo que le falta al original para ser de verdad el original es una copia. Pero la copia nos introduce sin salvacin posible en la serie de los ensimos, que es potencialmente infinita. La realidad no es real sin copia, pero la copia, como deca Joseph Roth, nos instala en una irrealidad retrospectiva de la que slo podemos huir hacia adelante, mediante una nueva copia, mediante la copia que esperamos definitiva -la que rompa la serie irreal- pero que es slo la ensima. Esta es la paradoja eletica en la que nuestra experiencia cotidiana ha quedado atrapada: hacemos una primera foto porque la experiencia no es suficientemente real, y seguimos haciendo fotos porque esa ilusin de insuficiencia es en realidad un efecto de la fotografa. Nuestra impotencia, que nos obliga a hacer fotos sin parar, aumenta con cada fotografa, que exige a su vez una ensima foto que aumenta nuestra impotencia...

Como en Siria, la obsesin por reproducir la realidad la deja fuera de juego, y nos deja fuera de juego como sujetos de experiencia. Los medios son el verdadero fin de nuestras vidas. Los cadveres no estn ocurriendo: ocurre que los enterramos en internet. Sustitucin de los medios por los fines: una vida dedicada a mirar el reloj o, peor, a darle cuerda.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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