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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2013

La gente poco corrinte de Eric Hobsbawm
Rebeldes, soadores y fugitivos

Gabriel D. Lerman
Pgina 12

Adems de abarcar grandes perodos de la historia moderna, Eric Hobsbawm dedic algunos libros a recordar gestas cotidianas de los hroes annimos, a los resistentes y los rebeldes. En Gente poco corriente se destaca la presencia de los rompedores de mquinas en la Revolucin Industrial, los protagonistas del amor libre y los msicos que hicieron el jazz, toda una cosmovisin de los pequeos relatos del siglo XX.


En su temprana celebracin de la multiplicidad de relatos que un nuevo amanecer, generado por la influencia de los medios masivos de comunicacin vena a prometer, La sociedad transparente de Gianni Vattimo qued atrapado en una lectura que en seguida lo vincul a un pasmoso error o, cuanto menos, ingenuidad. Sin embargo, habra que situarse en cierta apertura espaola de aquellos tempranos ochenta, ciertas rupturas de la cultura rock que an perduraban y, sobre todo, los diversos efectos de la relajacin de usos y costumbres de la cultura contempornea respecto de las sexualidades, la familia, el trabajo, las profesiones y el arte para, al menos, comprender a qu se refera. Acaso la ilusin dur poco, acaso el filn experimental, tercerista o resistente de los medios qued confinado a cierta produccin alternativa, cuando no fue absorbida velozmente, por lo que, ahora se vislumbraba, era una nueva edad orgnica y transformadora del propio capitalismo, en la aceleracin y extensin global de sus reas de negocios. No obstante, es difcil no admitir a la sociedad contempornea como un racimo de racimos cuyo pivote principal, su utopa escrita y declarada, es un proceso agudo de individuacin. Una combinacin de muerte del sujeto activo con expansin acrrima de un culto a mltiples y cotidianos yo, a un registro inmediatista de ese devenir creativo, deseante y doloroso del yo, o de los yo, que se mide a s mismo bajo el prisma de un rating minuto a minuto.

En esa explosin del yo, que atraviesa la ropa, la literatura que escribimos, la msica que escuchamos o producimos, el gnero de las pequeas historias y las micro realidades, alcanz la cima. La fama es puro cuento, sabemos. Las cimas y las cspides, tambin. Pero tambin sabemos que alrededor de ciertos fetiches triunfan y claudican milongueras pretensiones. El encumbramiento sociolgico y cultural del pequeo relato sobrevino a esa ruptura de los grandes relatos que auguraban los postestructuralistas, y que un Vattimo ochentoso celebr como el debilitamiento de los totalitarismos. Entre esa esperanza de las pequeas historias y el nuevo nihilismo aterrador de la historia astillada hay demasiados grises para despachar en tan pocas lneas, pero hay, para decirlo pronto, una incomodidad del individuo. Y algo pas en el mundo para que la utopa tecnolgica se abrigue en un consuelo masivo de pocas palabras abigarradas y jocosas y tristes, por un lado, y casi nada o cero o muy poco de mundo real compartido, intercambio cuerpo a cuerpo, piel y calor humano, por otro.

Cuando Eric Hobsbawm compil y public su libro de artculos Gente poco corriente en 1998, buena parte de esta suerte comunicacional del mundo ya estaba echada, pero an persista, para un hombre que vivi prcticamente un siglo, una idea de individuo. Nacido en Alejandra, Egipto, en 1917, a pocos meses de triunfar la revolucin de los soviets, falleci hace menos de un ao, el 1 de octubre pasado, en Londres, cuando probablemente haya llegado a conocer los ltimos formatos de rebeliones contemporneas acarreadas por mails masivos, citas a ciegas colectivas, inconformidad viral e insatisfaccin imperecedera de estos, nuestros aos presentes. Pero paradjicamente, o acaso en un ejercicio de ltima siembra, Hobsbawm intent rescatar una nocin de individuo o de pequeo relato que pudiera ser salvado de una idea de individuo ticamente borrado, carente de una singularidad por la cual, de algn modo, pudiera ser colectivamente relevante. La explosin de mosaicos, la multiplicidad de relatos, para l, no era un caleidoscopio de lucecitas brillantes en acrlicos transparentes. Era algo ms. Para un hombre cuya obra escrita poda pesarse en kilos, emprender un libro como ste no significaba el armado de un grandes xitos (aunque s retoma algunos trabajos previos) ni una seleccin de mejores momentos de lo ya visto, sino, por el contrario, realizar un nuevo recorte que pusiera en valor otra cosa. Para un historiador marxista, cuyas obras sobre la historia moderna se apoyaban en visiones generales y procesuales, tomar veintitrs historias singulares y reunirlas en un larga duracin implicaba un cambio de enfoque o, ms an, un giro de ltimo momento. O una vuelta a sus primeros libros de la dcada del cincuenta como Rebeldes primitivos o The Jazz Scene. Sus vidas son tan interesantes como la suya y la ma, dice Hobsbawm sobre sus personajes, aunque nadie haya escrito sobre ellas. Algunos desempearon un papel en escenarios pblicos pequeos, insiste, o locales: la calle, el poblado, la capilla, la delegacin sindical, el ayuntamiento. Y el libro, tan fascinante como profuso en desvos de pequeas historias dentro de las pequeas historias, cubre un arco que va desde la tradicin obrera y de izquierdas con referencias a la fiesta del 1 de Mayo, a los destructores de mquinas, a los zapateros transgresores, a la vanguardia y al megfono, entre otros, hasta los aos sesenta, las guerrillas, Vietnam, la revolucin y el sexo. La tercera parte, que retoma otros de sus escritos sobre jazz, ser una delicia para quienes an no los conozcan y puedan disfrutar de uno de los mejores historiadores de todos los tiempos escribiendo sobre Count Basie, Duke Ellington, el jazz y el swing, Billie Holiday, y el pueblo que baila, escucha, canta y tambin toca.

Lo ms curioso es el ltimo artculo, dedicado a Coln, los 500 aos del 1492 y lo que entiende como un presente en el que ha finalizado la era de la expansin de Europa o la euromegalomana. Se trata de un texto, como tambin los otros a su modo lo son, esencialmente britnico en su escritura llana y ordenada, y comprometidamente ilustrado en su concepcin esperanzada y bien dispuesta del mundo, aun desde un clasismo afinado y sinfnico. Pero all dice que los cinco siglos no han sido iguales, que han pasado cosas que han transformado de plano al hombre blanco y europeo, y esos cambios culturales ya no tienen vuelta atrs. Pone como ejemplo que la mayor fiesta popular de los yanquis, la cena de Accin de Gracias, debe su contenido, el engullido del pavo, a los indios. Y que ese procedimiento, ms que al pasado, alumbra un futuro desconocido, muy distinto al mundo anterior.

Los hombres y mujeres que han creado el 1 de Mayo, quienes se dedicaron a romper mquinas en plena Revolucin Industrial, quienes ejercieron la revolucin sexual, quienes rompieron madrugadas en stanos de jazz estaban extraviados del curso o del tren de la historia, pero no tanto. Algo en ellos, en esa soledad absoluta del desamparo radical, haca sonar, o negociar, un sonido de maana mismo.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-5082-2013-07-22.html



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