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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2013

Panorama de las fuerzas polticas egipcias frente a la revolucin y la involucin

Javier Barreda
Rebelin


No existe contradiccin entre que muchos millones de egipcios pidieran el 30 de junio pasado el abandono de la presidencia por Mursi, mediando un pleibiscito o elecciones presidenciales anticipadas, y entre que el 3 de julio se produjera un golpe de estado del ejrcito. Tampoco entre que desde muchos meses antes importantes fuerzas regionales y locales conspiraran para debilitar la posicin de Mursi mediante el sabotaje de la economa, la energa, la seguridad y la objetividad periodstica, y que los millones de egipcios mencionados tuvieran sus propias razones para pedir el abandono de Mursi. Lo que sigue sorprendiendo es que la inmensa mayora de los dirigentes polticos y personalidades pblicas, excluidos los Hermanos Musulmanes y dos o tres partidos islamistas de menor representatividad, e incluidos el partido salafista Al-Nur (21,8% de los votos en las elecciones legislativas) y el Egipto Fuerte, del ex candidato presidencial Abdel Moneim Abdel Futuh (17,8% de los votos en la primera vuelta), hayan aplaudido, negado o tolerado el golpe de estado y, sobre todo, que sigan hacindolo a pesar de sus diversas crticas a aspectos parciales del nuevo proceso iniciado.

No sorprende el entusiasta apoyo de los dirigentes del partido Wafd (8.6% en las legislativas y de los Egipcios Libres (3%), confortablemente instalados y cooperantes en el rgimen de Mubarak (aunque el segundo no existiera) y luego convertidos en revolucionarios, que ya hace tiempo abrieron sus filas a ex miembros formales de dicho rgimen, y cuyos millonarios presidentes (Badawi y Sawiris) han puesto sus televisiones y sus medios de prensa autorizados ya en tiempos de Mubarak- al servicio de la tergiversacin de la realidad y la demonizacin de los Hermanos Musulmanes. Sawiris, que haba declarado haber entrado en poltica tras la cada de Mubarak para contrarrestar la expansin de las ideas socialistas entre los jvenes, ha reconocido que facilit medios materiales a los fundadores del movimiento Tamarrod, sin que ellos supieran de donde venan, algo que no le avergenza. Dichos fundadores afirman, por otro lado -ver enlaces anteriores-, que no pidieron ayuda al ejrcito en las semanas anteriores al golpe, sino que aquel se la ofreci, y ellos se limitaron a aceptarla, como lo hicieron con la de miembros del poder judicial que les asesoraron.

El Wafd y los Egipcios Libres son hoy los principales exponentes de la derecha llamada secularista de Egipto, y lo son gracias al marchamo que muchos les conceden de no mubarakistas, marchamo que slo puede ser atribuido desde una concepcin bastante estrecha del concepto de rgimen. Pero en la lnea del Wafd y de los Egipcios Libres marchan un buen nmero de partidos menores entre ellos algunos abiertamente mubarakistas-, la gran mayora de los grandes medios de comunicacin y un gran nmero de figuras pblicas. Desde el 3 de julio, las ramificaciones mediticas de este sector, y dentro de ellas los medios de comunicacin estatales sorprendentemente indemnes a la labor de hermanizacin del estado tantas veces denunciada- se han dedicado, adems de a ocultar informacin y opiniones (por ejemplo, sobre las manifestaciones de los partidarios de Mursi y la violencia contra ellas), a glorificar no slo al ejrcito sino tambin a la polica, que segn la Organizacin Egipcia de Derechos Humanos detuvieron por razones polticas y torturaron relativamente ms desde la cada de Mubarak, tanto durante la presidencia de los militares como durante la de Mursi, que antes de ella. La diferencia entre las distintas pocas es que la polica no estaba con Mursi, y su gran error, por tctica o por conviccin, fue no apresurarse en intentar desmontar, pese a las previsibles resistencias a las que se enfrentara, el aparato represivo tanto legal como humano.

Hay que sealar que, desde el punto de vista de sus posturas macroeconmicas, los Hermanos Musulmanes no se distinguen prcticamente en nada de la derecha secularista capitalista. En numerosas ocasiones, sus dirigentes, muchos de ellos prsperos empresarios, han sealado su adhesin al libre mercado y el capitalismo, e incluso han alabado la poltica econmica de privatizaciones y liberalizacin seguida por Mubarak en su ltima poca. Otra cosa son sus promesas de justicia social que convencen a muchos de sus seguidores de las clases ms populares. Las diferencias entre los Hermanos Musulmanes y el resto de la derecha se inscriben en el marco de algunos aspectos sociales y culturales de su ideologa y, sobre todo, al menos al nivel de los dirigentes, en el de la lucha por la hegemona de unas elites contra otras.

En cuanto al partido salafista Al-Nur, es sabido que es generosamente financiado por el dinero saud y del Golfo, y que sus dirigentes y partidarios se abstuvieron de participar en poltica en los ltimos quince aos del rgimen de Mubarak tras haber participado muchos de ellos en los 90 en el enfrentamiento armado con aquel-, y que se incorporaron a ella en la poca posterior con gran complacencia del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA). A pesar de haberlos apoyados en las presidenciales, han sido muy crticos con la poltica de los Hermanos Musulmanes, desde siempre y hasta el 30 de junio. Su postura declarada ante este se resume en la constatacin de los errores de aquellos en el gobierno, en el nacimiento de una formidable animadversin hacia ellos y, por extensin, hacia las fuerzas islamistas-, que no ignoran que ha sido en gran parte promovida por poderes fcticos, y en la necesidad de evitar mayores divisiones en la sociedad, de mejorar la imagen de los islamistas, y de preservar las libertades y los mecanismos democrticos frente al posible retorno del estado policial. De ah que se unieran a la solicitud a Mursi de elecciones presidenciales anticipadas, que apoyaran en principio la hoja de ruta de los militares y la declaracin constitucional del nuevo presidente -tras asegurarse de la permanencia en ella del islam como religin del estado y principal fuente de legislacin-, y que hayan llamado a los Hermanos Musulmanes a retirarse de las calles. Posteriormente, se han declarado ajenos a la hoja de ruta, y han incrementado sus crticas a la propia declaracin constitucional, a la formacin del nuevo gobierno, y a la campaa meditica, la violencia y la represin contra los Hermanos Musulmanes, a los que siguen responsabilizando, por su terquedad, de la evolucin de los acontecimientos. Sealan que los acontecimientos conducentes al 3 de julio se sitan entre el movimiento revolucionario y el golpe de estado

La posicin de Abu-l-Futuh y de su partido, Egipto Fuerte, frente al aspecto especfico que estamos tratando, es casi idntica a la de Al-Nur, a pesar de las enormes diferencias entre ellos en lo dems, pues el islamismo de Abu-l-Futuh es demasiado liberal en poltica y moral para los salafistas (y tambin para los dirigentes de los Hermanos Musulmanes, entre los que se cont hasta hace quince aos). Abu-l-Futuh, con su imagen de hombre ntegro y dialogante, hasta donde se conoce merecida, podra ser un hombre importante en un futuro a medio plazo realmente abierto a la reconciliacin y a la apertura de terceras o cuartas vas, futuro que se antoja, sin embargo, realmente complicado.

En cuanto al difuso y fragmentado espectro del centro-derecha y del centro- izquierda, o quienes pretenden conformarlo, ambos sectores han encontrado un punto de confluencia en la figura de Al-Baradei y su partido, Al-Dustur. Al-Baradei, acusado por muchos de ser un agente del extranjero, lleg a Egipto en 2010 en olor de multitudes mediticas internacionales, que lo presentaban como campen de la lucha contra Mubarak y candidato a sucederlo va elecciones, sin que la mayora de los egipcios lo conociera. Ahora, sin haberse presentado a ningn proceso electoral, es vicepresidente para Asuntos Exteriores del rgimen instaurado tras el golpe de estado, y encabeza el Frente Nacional de Salvacin que ha aglutinado la oposicin de los grandes partidos a Mursi, y agrupa al Wafd, los Egipcios Libres, su propio partido y la Corriente Popular entre otros. El partido de Baradei, que se declara liberal en poltica y economa, defendiendo abiertamente el libre mercado y oponindose a las privatizaciones, cuenta con numerosos dirigentes y partidarios destacados en la lucha contra Mubarak, muchos de ellos con un ideario de izquierdas cercano al naserismo, como el fundador de Kifaya Georges Ishaq o el escritor Alaa Al-Aswani. En los ltimos meses Al-Baradei se declar dispuesto a abrir las puertas del partido a ex miembros del rgimen de Mubarak, lo que provoc el rechazo de gran parte de sus bases. Al-Baradei y su partido estn apoyando al cien por cien la hoja de ruta de los militares.

Dentro de la izquierda, cabe destacar actualmente el partido de la Corriente Popular, que pretende agrupar a los afines al ideario naserista en su defensa del papel central del estado en el desarrollo de la economa, y por ende de la renacionalizacin de la mayor parte de las empresas privatizadas por Mubarak, as como de los derechos de los trabajadores desde una ptica que rechaza el marxismo y la lucha de clases. Su presidente, Hamdn al-Sibahi, sorprendi a propios y extraos al cosechar ms del 21% de los votos en la primera vuelta de las elecciones, que segn sus algunos fueron manipuladas para apartarle de la segunda vuelta. A toro pasado, sin embargo, el resultado, no sorpende: Sibahi representaba para muchos la nica opcin frente a los candidatos del antiguo rgimen y de los islamistas, y muchos otros eran autnticos partidarios de un naserismo que se pretende remozado en su aceptacin de la democracia y en su relacin con el islamismo poltico, inclementemente perseguido por Nser. En los ltimos 6 7 aos previos a la cada de Mubarak, muchos naseristas haban tendido, efectivamente, puentes de comunicacin y cooperacin con los islamistas contra aquel, y el propio Sibahi se haba aliado, con su partido de entonces, Al-Karama, con los Hermanos Musulmanes en las elecciones legislativas de 2012. Algunos de ellos haban exigido que se respetara la victoria de Mursi en las elecciones presidenciales. Tras su xito en las presidenciales, Sibahi pretendi reunir todas las corrientes y partidarios del naserismo, con lo que esto implica de querencias por el autoritarismo, confianza casi ciega en la institucin militar e inveterada animadversin a los islamistas. Los Hermanos Musulmanes han acusado a miembros de la Corriente Popular de haber atacado a sus propios partidarios en diversas provincias de Egipto.

Entre la treintena de carteras del nuevo gobierno formado por Hazem Biblawi tras la deposicin de Mursi, que se pretende de unidad nacional y de expertos, la Corriente Popular cuenta con dos, Al-Dustur con dos, el Wafd con una, y el Partido Social Democrtico con dos (includo el presidente). Junto a ellos se encuentran diversos ex miembros de los gabinetes nombrados durante y despus de la cada de Mubarak, tanto por los militares como por Mursi (algunos fueron cesados, y uno dimiti). Tambin hay dos militares, adems del ministro de Defensa, al-Sisi, y un ex general de polica, adems del Ministro del Interior. Finalmente, gran parte de ellos han desempearon puestos de responsabilidad bajo el rgimen de Mubarak, siendo tres de ellos miembros de su Bur Poltico en sus ltimos aos. Gran parte de ellos desempearon cargos importantes en los sectores relacionados con la liberalizacin de la economa. A los de inclinaciones naseristas se les asigna el Ministerio de las Fuerzas Trabajadora, el de Educacin y el de Juventud. Los econmicos siguen en manos de liberales. Los de Defensa, Interior, Produccin Militar y Aprovisionamiento, en manos de militares o polica (el ministro del Interior sigue siendo el mismo del gobierno de Mursi, que segn sus crticos no puso coto a la tortura y las detenciones polticas). El ministro de Justicia Transicional y Reconciliacin fue el encargado de investigar las muertes producidas tras el levantamiento contra Mubarak, investigacin cuyos nulos resultados haban sido objeto de constantes quejas por los autnticos promotores y participantes en aquellas. La ministra de Informacin es una ex miembro del Bur Poltico del partido de Mubarak. Resulta evidente, por tanto, que el nuevo gobierno es un gobierno de unidad frente a Mursi y los Hermanos Musulmanes, y se entienden las carcajadas de los partidarios de este, concentrados el viernes 19 de julio por muchos cientos de miles en las plazas de Egipto y sin duda tambin del resto de los islamistas- ante la pretensin de que ese sea un gobierno de unidad nacional.

Quien esto escribe ha intentado entender las posiciones de quienes han sancionado el golpe de estado. Se entiende que muchos de ellos puedan ser honestos en su conviccin tal vez acertada- de que la mayora del pueblo quera la partida de Mursi; que consideren que los Hermanos Musulmanes llevaban en s la semilla del autoritarismo; que piensen que hay que dar una salida a la actual situacin de bloqueo poltico, de deterioro econmico, etc. Probablemente muchos presionan para que las constantes movilizaciones de los Hermanos Musulmanes no sean reprimidas con un saldo sangriento an mucho mayor, que tal vez por eso no se ha producido; y resulta evidente que los que tienen algo de revolucionarios y demcratas confan en que la movilizacin popular de unos y otros no permitir el retorno a un rgimen abiertamente autocrtico y represivo. Pero cuesta entender, ms all de que sean perfectamente conscientes de con quien estn aliados, que no se den cuenta que de de cerrar los canales de televisin de los islamistas, detener a dirigentes de los Hermanos Musulmanes con acusaciones espureas, y, sobre todo, ocultar la existencia de probablemente millones de personas en las calles de Egipto, como ha hecho la televisin del estado a cuyo gobierno muchos apoyan hasta ahora; que de todo eso decamos- a ese rgimen autocrtico y represivo, hay un paso cualitativamente muy pequeo que algunas caras del nuevo gobierno como la ministra de Informacin- no parecen prometer reducir, sino todo lo contrario. Todos los rabes sin excepcin conocen el dicho Me comieron el da en que se comieron al toro negro, equivalente del Primero vinieron a por los comunistas, erroneamente atribuido a Brecht. Pero parece que muchos, y entre ellos algunos sedicentes comunistas, lo olvidan cuando los islamistas son los primeros, a pesar de haber tenido ya algunas experiencias en este sentido (por ejemplo, bajo la presidencia de Nser).

Y puesto que de comunistas hablamos, concluir con algunos de ellos y con algunos otros movimientos de limitado peso numrico y que cuentan con escasos medios, pero que tienen gran prestigio, importancia simblica y posibles perspectivas de crecimiento. El movimiento del 6 de abril desempe un papel fundamental desde el 6 de abril de 2008 y hasta la cada de Mubarak, no slo directamente, sino tambin con su labor de tender puentes entre las diversas corrientes ideolgicas opositoras y en particular entre islamistas y secularistas- y entre el movimiento obrero y el resto de la sociedad. En la segunda vuelta de las elecciones fue, hasta donde llegan mis conocimientos, la nica fuerza poltica no islamista que apoy pblicamente a Mursi frente al candidato del antiguo rgimen Ahmad Shafiq, con el fin de impedir el retorno de aquel. El 6 de abril apoy la campaa contra Mursi de Tamarrud sin integrarse en el Frente Nacional de Salvacin. Ante el golpe de estado y el proceso posterior ha mantenido una postura crtica sin llegar a manifestarse contra aquel, rechazando, por ejemplo, el nuevo gobierno por la presencia en l de ex miembros del rgimen de Mubarak, y denunciando sin ambages y sin dejarse confundir la violencia utilizada contra los seguidores de Mursi. Pese a los constantes intentos de provocar divisiones e introducir cooptaciones en sus filas, han conseguido mantener su independencia y su clarividencia frente a todas las formas de autoritarismo.

De menor importancia numrica y meditica son los Revolucionarios Socialistas, pero representan la renovacin de la izquierda marxista radicalmente separada de la experiencia sovitica y de inclinaciones trotskistas. Tambin participaron en la campaa contra Mursi, apoyando la de Tamarrud, pero uno de sus militantes ms conocidos, Hossam Al-Hamalawy, ha llamado la atencin sobre la necesidad de distinguir entre los promotores y coordinadores centrales de Tamarrud, desconocidos hasta entonces,  y los muchos activistas de su organizacin y otras que, descentralizadamente, se limitaron a difundir y apoyar su campaa. Los Revolucionarios Socialistas consideran, siempre segn Al-Hamalawy, que en la poca de presidencia de Mursi y en el curso de los acontecimientos posterior no se ha salido realmente del antiguo rgimen de Mubarak, y que los ex miembros de aquel, la derecha secularista, y los dirigentes de los Hermanos Musulmanes son aliados de clase aunque se enfrenten entre ellos por la hegemona poltica. El hecho de que la mayor parte de las clases populares den su apoyo ya sea al ejrcito, ya a los Hermanos Musulmanes, seala, en opinin de Al-Hamalawy, el fracaso de la izquierda en construir una alternativa a la derecha llamada secularista y a la islamista.

Los Revolucionarios Socialistas han calificado la declaracin constitucional del nuevo presidente de la Repblica de dictatorial, y consideran al nuevo presidente del gobierno el hombre de los bancos y la inversin, enemigo de la justicia social. Tras su constatacin del indiscutible fracaso de la izquierda, la cuestin es en que medida aquel podr ser remediado con una postura equidistante entre un conglomerado dominado por la derecha del rgimen de Mubarak que no ha ganado ninguna eleccin, y otro dominado por la derecha islamista que s lo ha hecho, y que, an estando en el gobierno, se encontraba en una posicin de mucha mayor debilidad que la que ahora tiene el nuevo rgimen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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