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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2013

En defensa del voto

Pascual Serrano
Atlntica XXII


() la tela tejida en la sombra acaba terminndose, y entonces parece que la fatalidad lo arrolla todo y a todos, que la historia no es ms que un enorme fenmeno natural, una erupcin, un terremoto, del que acaban siendo vctimas todos, quien ha querido y quien no ha querido, quien saba y quien no saba, quien fue activo y quien fue indiferente. Y este ltimo se irrita, querra sustraerse a las consecuencias, querra que quedase claro que l no ha querido, que l no es responsable. Algunos lloriquean piadosamente y otros maldicen obscenamente, pero ninguno, o pocos, se preguntan: si yo tambin hubiese hecho mi deber de hombre, si hubiese intentado hacer valer mi voz, mi parece, mi voluntad, habra sucedido lo que ha sucedido? Pero ninguno, o pocos, se echan la culpa por su indiferencia, por su escepticismo, por no haber dado su apoyo moral y material a aquellos grupos polticos y econmicos que combatan, precisamente, para evitar ese mismo mal; que se proponan conseguir ese mismo bien. Ellos, en cambio, prefieren hablar de fracaso de las ideas, de programas definitivamente hundidos y de otras gracias semejantes. Continan en su indiferencia, con su escepticismo. Maana seguirn con su vida de renuncia a toda responsabilidad directa o indirecta.

Antonio Gramsci, 26 de agosto de 1916


Durante aos la izquierda ms combativa ha considerado las instituciones y los representantes polticos como la parte ms interesada y msera de la poltica. Frente a ellos se reivindicaba la entrega generosa del activismo social, la calle como lugar de encuentro poltico por excelencia, los movimientos sociales como el tejido ms honorable donde se catalizaban las luchas y la organizacin. En cambio, los cargos polticos tenan el pecadillo de tener un sueldo -lo cual en muchos casos no era verdad-, un despacho, un poder que no siempre ponan al servicio de los ciudadanos.

Como resultado de todo ello, pedir el voto era plegarse a la parte menos honorable de la poltica de la izquierda. Muchos de los ciudadanos ms crticos tenan a gala no haber votado o, al menos, no haber votado a ningn partido con representacin institucional, lo que les dejaba -ante sus propios ojos y los de muchos- sin ninguna responsabilidad ante cualquier tropela que algn cargo o carguillo hiciese, o se dijera que hizo. Evidentemente, en ningn foro formal o informal de discusin le podan echar en cara a ese ciudadano el comportamiento de ningn cargo electo porque con su voto no haba sido elegido ninguno. Ninguna traicin en las instituciones tena relacin con su comportamiento electoral, porque nada de lo que suceda en esas instituciones aparentemente lo tena.

La derecha, en cambio, haca todo lo contrario. No se caracterizaba por colaborar en los movimientos sociales, ni por dedicar mucho de su tiempo libre al activismo o la militancia. Eso s, cuando llegaban las elecciones, religiosamente iban a la urna y aupaban a sus partidos al poder nacional, autonmico y municipal.

Con esa situacin, y mientras las movilizaciones por cuestiones compartidas por la izquierda no dejan de aumentar, son muchos los que se plantean por qu no avanzamos. Por qu no se logran frenar los recortes o cambiar las polticas. La respuesta ms primaria est clara. Porque los que gobiernan son otros, porque los votos han ido a ellos y porque esa fuerza crtica de la sociedad no se reflejaba en las elecciones. Sin duda hay muchos ms elementos a analizar (individualismo ciudadano, desconfianza en la poltica, sistema electoral injusto), pero resulta paradjico que los movimientos sociales hablen de ocupar el Congreso simblicamente en jornadas de movilizacin y no de ocuparlo literalmente con diputados que nos representen eligindolos en las urnas.

No s si los que salen o salimos a la calle nos representan o representamos. En cualquier caso, de poco sirve eso porque los que deciden son otros. No hay otra opcin que lograr que esos que deciden nos representen, y los que deciden salen de una urna. Las encuestas dicen que la gente confa ms en la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) y las ONGs que en los partidos. Pero esa gente debe comprender que las leyes las hacen los diputados elegidos que se han presentado en las listas de los partidos. Habr que buscar personas en las que confiar y luego elegirlas como diputados.

Esos mismos activistas que se mueven en un bucle de idealizacin del movimiento social, exigiendo el candidato perfecto y, ante la ausencia de la perfeccin, optan por la abstencin o el voto testimonial sin posibilidad de reflejo institucional, defienden el valor de los procesos de izquierda latinoamericanos como el resultado de la llegada al poder de Gobiernos dignos mediante el voto ciudadano. Afirman con contundencia que s se puede, a pesar de que, seguro, habr -y percibirn- errores y miserias en esos Gobiernos. Gobiernos que tambin tuvieron que enfrentar todos los obstculos de unas democracias llenas de trampas de leyes electorales, campaas mediticas de agresin y dinero al servicio de las candidaturas de derechas; y, sin embargo, lograron salvarlos.

El siguiente problema es la fragmentacin de la izquierda, una fragmentacin que para la movilizacin no es necesariamente negativa si luego existe frente comn y coordinacin, pero s es trgica en convocatorias electorales. Son muchos los ciudadanos concienciados polticamente que luego se desesperan al encontrar a la izquierda dividida en infinidad de grupos polticos en las elecciones. Parece que ese narcisismo de las pequeas diferencias, como dira Freud, est instalado en los lderes de la izquierda espaola. La discusin sobre qu grupo o lder tiene ms o menos responsabilidad en la disgregacin tambin sera estril. Probablemente los ms grandes deberan ser ms generosos en la incorporacin de compaeros de los partidos minoritarios, y probablemente siempre quedara alguno en stos ltimos para mantener la sigla y la bandera, porque ya se sabe que se prefiere ser cabeza de ratn que cola de len.

El periodista Pablo Iglesias sealaba en una entrevista que lo que logra el xito electoral de la izquierda no es tanto un avance en la difusin de su ideario entre la poblacin, sino la percepcin de un proyecto alternativo frente a los Gobiernos de la troika que puede tener xito poltico. Incluso Chvez lleg al poder en Venezuela con un programa poltico bastante difuso, sera luego, empujado por la ciudadana, y por su coherencia, honestidad y valenta, por lo que se lograron los avances sociales.

Ante esta divisin, la nica opcin que le queda al ciudadano crtico es aglutinar su voto ya que no lo hacen los responsables de las siglas. Es decir, hay que votar, porque -sin desdearlas- no son las manifestaciones, los movimientos sociales ni las ocupaciones de plazas las que deciden las polticas y las legislaciones, sino los tipos que salieron elegidos en las urnas. A no ser que se interrumpa la institucionalidad mediante una revolucin, algo difcil de imaginar en Europa. Y, adems de votar, se debe hacer a una opcin que defienda todas las movilizaciones que hoy se estn desarrollando, pero tambin que despus tenga un reflejo institucional, que cambie la distribucin actual de los escaos, dominada por los dos grandes partidos que llevan gobernando Espaa desde hace ms de treinta aos. Si logramos esa aglutinacin, es verdad que ningn diputado ni Gobierno puede garantizarnos que no se produzca la traicin, pero de momento habremos de verdad barrido a los que han dominado las ltimas dcadas y se percibir una luz. Si despus seguimos luchando en la calle y exigiendo coherencia a los recin llegados, se demostrar que esa luz era una alternativa.

Si no hacemos eso, de nada servir que sigamos diciendo que no nos representan, porque no hemos sido capaces de demostrarlo.

Blog del autor: www.pascualserrano.net

Fuente: http://www.atlanticaxxii.com/1683/pascual-serrano-en-defensa-del-voto


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