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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-07-2013

Tras el asesinato de Mohamed Brahmi
Tnez, de nuevo Egipto

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Es duro ver cmo el pas en el que vivo y que amo se dirige hacia el abismo; y ms duro an contemplar el entusiasmo con el que mucha gente que respeto se arroja voluntariamente en l. Los asesinos el jueves de Mohamed Brahmi, portavoz de un pequeo partido de izquierdas integrado en el Frente Popular, se mueven probablemente en una nebulosa oscura en la que se mezclan delincuentes, salafistas y conspiradores maquiavlicos. Nunca me atrevera a aventurar un culpable y es muy probable que, como en el caso de Chukri Belaid, se emborronen o se falseen las pistas y nunca desemboquemos en ninguna certeza. Lo que sorprende es la unanimidad y conviccin con que la oposicin se ha precipitado a acusar a Nahda y sus milicias paralelas de la ejecucin del horrendo crimen. Esta unanimidad y conviccin forma parte, a mi juicio, de los datos con los que trabajan, desde la sombra, todos aquellos que, desde hace dos aos, buscan hacer descarrilar la transicin democrtica tunecina y que ahora han encontrado, tras el xito en Egipto, una nueva escenografa favorable.

No sabemos quin ha matado a Brahmi, pero demasiadas cosas encajan para no pensar en el caso egipcio. Recordemos algunas de ellas.

Tras el putch de Al-Sisi en El Cairo, la polarizacin en Tnez se haba agravado mucho. La oposicin, tanto de derechas como de izquierdas, haba celebrado el golpe como un segundo acto revolucionario en el que deba inspirarse la oposicin para cuestionar la legitimidad del gobierno de coalicin y, ms importante y ms grave, de la Asamblea Constituyente. Una actividad febril de los partidos, junto a la creacin de un Tamarrud tunecino, se corresponda, como en un espejo, con los temores del gobierno, que se senta claramente interpelado por los acontecimientos en Egipto y que, al mismo tiempo que acusaba y amenazaba a Tamarrud y a los conspiradores de la oposicin, aceleraba los trmites parlamentarios para la aprobacin de la constitucin y la convocatoria de elecciones. Cuando se produce el asesinato de Brahmi, Egipto obsesionaba a la opinin pblica tunecina y guiaba los programas inmediatos de todas las fuerzas polticas. Muchos habamos llamado ya la atencin sobre los paralelismos de los dos procesos y sobre los peligros que desde Egipto se proyectaban sobre Tnez.

Al contrario que en Egipto, en Tnez hay un ncleo duro de legitimidad que es ms difcil erosionar: la Asamblea Constituyente, reivindicacin central de la segunda Qasba, no enteramente identificable con el gobierno. Quin era Mohamed Brahmi? Era el mximo dirigente de un diminuto partido, Corriente Popular, escisin a su vez de la izquierda nasserista, pero era sobre todo diputado electo de la Asamblea. Es evidente que sus asesinos lo han elegido por esto. Y es evidente que han elegido muy bien el momento: con el borrador de la Constitucin ya terminado, en plena discusin parlamentaria, cuando por fin -tras dos aos!- la Asamblea estaba a punto de terminar la misin para la que haba sido elegida. Si a eso se aade que lo han matado el 25 de julio, fiesta nacional de la Repblica, la reaccin desencadenada era tan previsible como la unanimidad frente a Nahda. Tras el asesinato, las demandas de Tamarrud se han convertido en el programa comn de todos las fuerzas de oposicin y, entre ellas, la primera es la disolucin de la Asamblea Constituyente, algunos de cuyos diputados -mientras escribimos estas lneas- han anunciado ya su dimisin. Junto a la huelga general convocada por el sindicato UGTT, la llamada a la desobediencia civil de Hama Hamami, portavoz del Frente Popular, y la nueva posicin de Nejib Chebbi, lder del Al-Jumhuri (partido integrado en el derechista Nid Tunis que hasta ahora se haba desmarcado del modelo egipcio), una sentada permanente frente al palacio del Parlamento en el barrio del Bardo se perfila como nudo simblico de un enfrentamiento que ha provocado ya, en las ltimas horas, choques, cargas policiales y heridos en distintas ciudades del pas.

Este programa comn de la oposicin -de izquierdas y de derechas- ha cristalizado en el comunicado que, apenas unas horas despus del infame asesinato, han firmado casi treinta representantes de distintos partidos y organizaciones. En l, tras exigir la disolucin de la Asamblea, la formacin de un gobierno de Unidad Nacional y la redaccin de la Constitucin por un Consejo de Sabios, se hace una inquietante alusin a la polica y las fuerzas armadas, a las que se pide que respeten la voluntad popular y protejan las pacficas luchas del pueblo. Todos los firmantes de este documento, es evidente, estn pensando en Egipto. Tambin, obviamente, la izquierda acuada en el Frente Popular, al que perteneca la vctima y que se siente con razn protagonista de la campaa antigubernamental. En una entrevista concedida a Giuliana Sgrena dos das antes del asesinato de Brahmi, la viuda de Chrukri Belaid, Basma Khalfaoui, no slo celebraba la segunda revolucin egipcia, negando que se tratase de un golpe de Estado, sino que elogiaba a Rachid Ammar, jefe del Estado Mayor tunecino cuya jubilacin hace tres semanas fue acompaada de una declaracin televisiva, entre amenazadora y electoralista, que muchos escuchamos con inquietud. Tras la muerte de Mohamed Brahmi, la declaracin del general, junto a las peligrosas reflexiones de la -por lo dems- muy valiente e inteligente Basma Khalfaoui, se inscriben de manera natural en lo que se vislumbra como la nueva ecuacin exitosa de la contrarrevolucin: legitimidad popular directa ms intervencin del ejrcito. Ojal me equivoque y las especificidades tunecinas acaben imponindose, pero mucho me temo que la balbuciente, precaria y tensa transicin democrtica tunecina, tan importante para toda la regin, est a punto de acabar. Duele pensar en los hachazos que la izquierda est dando -entre la legitimidad del dolor y el atajo oportunista- para derribar el andamio.

Del otro lado, Nahda y sus compaeros de gobierno, que controlan muy poco el aparato del Estado, haran mal en creer que estn a cubierto de la democracia militar egipcia o que la UE y los EEUU los van a proteger mejor que a los HHMM. La UE y EEUU negocian siempre con vencedores ms que con amigos, y sus verdaderos amigos estn en el seno de la oposicin. Su inters en sostener el gobierno de Nahda, con el que han llegado a tantos acuerdos, terminar en el mismo momento en que un golpe popular, en el marco del derrumbe regional del modelo turco-qatar, lleve al poder a sus verdaderos amigos: la derecha laica, nica capaz -al parecer- de ofrecer verdadera estabilidad. Habr que seguir con atencin y la respiracin suspendida lo que ocurra en los prximos dos o tres das, que sern decisivos.

Una pregunta para acabar. Pero, por qu -por qu- matar siempre a un opositor de izquierdas? Porque -digmoslo as- sale gratis: con muy poco gasto se introducen grandes efectos. Y porque los que han matado a Brahmi, pensando en Egipto, saben lo que muchos izquierdistas prefieren ignorar: que la izquierda, que pone casi siempre las vctimas, tiene muy poco que ganar en todo esto.

Santiago Alba Rico es escritor y filsofo.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/tunez-de-nuevo-egipto/4874


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