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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2013

Por un nuevo curso del comunismo revolucionario

Emmanuel Barot
Ideas de Izquierda


El comunismo ha regresado estos ltimos aos a la escena pblica, emblemticamente bajo el rostro de una Idea en torno a la cual se mueven algunos grandes nombres de la izquierda de la izquierda europea. Qu hacer, entonces, para que la Idea se reapropie de las masas es decir, que esas masas se reapropien de ella, le hagan perder su mayscula y que vuelva a ser una fuerza material?

 

No hay nada ms difcil de emprender,

ni ms dudoso de lograr,

ni ms peligroso de manejar

que aventurarse a introducir nuevas instituciones;

porque quien las ha introducido tiene como enemigos

a todos aquellos que se beneficiaban con el viejo orden,

y slo tiene tibios defensores

en aquellos que se benefician con el nuevo orden.

La tibieza en ellos proviene por un lado

del temor a los adversarios

que tienen la legislacin antigua de su parte,

tambin por otro de la incredulidad de los hombres

en las cosas nuevas si no ven ya realizada una experiencia segura.

Maquiavelo, El prncipe, 1513


Se lo crea definitivamente enterrado con el muro de Berln, y sin embargo, gracias a una conflictividad social proporcionada por los efectos de la crisis del capitalismo mundial, el comunismo ha regresado estos ltimos aos a la escena pblica, emblemticamente bajo el rostro de esta Idea en torno a la cual, luego de una ambiciosa Conferencia de Londres en 2008, se mueven algunos grandes nombres de la izquierda de la izquierda europea (Badiou, Zizek, Negri, Balibar, etc.). Muy plstica, esta Idea se benefici del estancamiento del altermundialismo al recombinar algunas de sus mayores ilusiones: en esas multitudes que supuestamente hacen la revolucin en un Imperio acfalo, mediante las redes sociales y sin tomar el poder, o tambin en las virtudes salvadoras de Acontecimientos que saltean milagrosamente la prosaica pesadez histrica, ilusiones que germinan de la supuesta descomposicin del Sujeto proletario de la historia. Pero el gran relato ideolgico del postmodernismo se ha quitado la mscara, y el postmarxismo de la Idea se estrella contra las experiencias contemporneas de autogestin y de control obreros, y ms ampliamente contra esas contagiosas indignaciones y semirrevoluciones que, desde 2011, manifiestan cada vez un poco ms que, detrs de la convergencia de las aspiraciones de estos pueblos en rebelda, hasta e incluyendo los contrastes visibles directamente sobre sus formas espontneas, en ltima instancia sigue jugndose el drama histrico de las clases en lucha.

Desde luego, en un capitalismo ms desinhibido que nunca, ese regreso de la Idea ha marcado un paso en la salida de la autocensura y la culpabilidad histrica asociadas al estalinismo y sus abortos, y en la letra, ha alimentado ese arte estratgico por el que Bensad milit hasta el final (aunque eso no siempre haya sido suficiente para disociarlo claramente de esos prosistas de moda). Pero, a qu precio, en verdad? De la letra al espritu, y del espritu a la accin, el abismo es inmenso, quizs infranqueable.

1. Al son de la Idea, bajo un aspecto marxiano, comunismos sin socialismo y sin poltica

El comunismo como reparto y puesta en comn de los principales medios materiales de existencia (ante todo, la tierra) ha sido el destino transitorio, bajo formas relativamente rudimentarias, de algunas sociedades primitivas. Luego se ha convertido en una aspiracin esencialmente moral, a veces cruzada con el cristianismo, y bajo la forma de ciudades ideales desde la antigua repblica de Platn hasta la Icaria de Cabet pasando por la isla de Utopa de Toms Moro. El comunismo no se ha enunciado como verdadero proyecto poltico hasta el siglo XIX, en la estela de 1789: espectro de la destitucin del capitalismo en auge, rechazo ofensivo al destino atroz que este infliga a su secreto vergonzoso, fuente sobreexplotada de su riqueza y de su desarrollo planetario, el proletariado, nacido de un pueblo que antao haba unido fuerzas sociales de contornos inciertos contra el feudalismo, y en lo sucesivo separado en clases absolutamente antagnicas. Por eso Engels en los Principios del comunismo en 1848 lo defina como la negacin del poder burgus y, positivamente, como la teora de las condiciones de la liberacin del proletariado, resumiendo as el contenido del nuevo Partido histrico a apropiarse del que Marx y l escriban entonces el Manifiesto.

Entre los aos 1830-40 de gnesis de su contenido poltico, y los debates de la Primera Internacional luego de la socialdemocracia alemana, usaron los dos trminos comunismo y socialismo a veces como sinnimos, o haciendo variar el sentido de su distincin, incluso solo utilizando uno de los dos. Frente a los modelos industrial-cooperativistas de Owen y Saint-Simon, a los falansterios de Fourier, poco a poco se impuso el emblemtico socialismo cientfico del que, sin embargo, La ideologa alemana ya haba fijado lo esencial con el trmino comunismo, entonces planteado como sinnimo de materialismo prctico, y como ni un estado que debe ser creado, ni un ideal al que debe ajustarse la realidad, sino al contrario el movimiento real que suprime el estado actual, cuyas condiciones resultan de las premisas actualmente existentes. Pero un movimiento orientado por los proletarios segn una meta consciente, un objetivo, un fin, aunque sea aproximativo: una nueva asociacin de hombres desalienados, liberados de la propiedad privada y de la mercantilizacin de su ser individual y social, basado en un nuevo modo de produccin racionalmente planificado habiendo abolido las clases y el Estado. Solo con Lenin en El Estado y la revolucin el socialismo es homologado formalmente (y en el doble contexto muy particular de la situacin rusa y del verano de 1917) con la fase transitoria de la dictadura del proletariado, preludio inferior, econmico-estatista, del comunismo considerado como su fase superior.

La distincin fue canonizada y utilizada luego por el contrarrevolucionario socialismo en un solo pas, que finalmente se hundi antes del pasaje previsto al estado final. Desde entonces, cuando un Badiou habla del comunismo autntico sugiriendo que no tiene nada que ver con la historia de ese socialismo reducida al estalinismo, qu otra cosa hace, sino acompaar la misma antidialctica? l se dice postmarxista, mientras que otros ahora se dicen marxianos y pretenden separar la paja del trigo, recobrar a Marx mientras, con una operacin anloga, borran la historia ininterrumpida, sin maysculas, del movimiento obrero, la nica sobre la que, tanto en sus fracasos como en sus andanzas, y a pesar de la violencia de sus choques, hoy el comunismo puede volverse a situar en su profundidad histrica. Sin embargo, no confundiremos a esos autoproclamados marxianos que llegaron tarde, ms o menos perfumados con neoestalinismo, con otras dos categoras que usan el mismo vocablo. Otros marxianos actuales no tienen los mismos trapos sucios, y se contentan con expresar de ese modo que defienden a Marx y al comunismo, mientras permanecen muy distantes del movimiento obrero, sus partidos y sus sindicatos, no por memoria selectiva, sino porque no tienen o han perdido el sentido de lo que implica hacer poltica por esto persiguen, como parte de los comentadores de la Idea, el repliegue en el concepto que, hace algn tiempo, Anderson haba identificado esquemticamente como marca de fbrica del marxismo occidental. La tercera categora de marxianos es muy anterior a 1989. Heredera de las primeras oposiciones de izquierda, estas se oponan desde la posguerra, rechazando tanto al capitalismo como al estalinismo, a este marxismo (declinando en leninismo, luego en maosmo, etc.) que desde los aos 1920 se haba constituido objetivamente en ideologa al servicio de la contrarrevolucin. Esta tradicin acus con frecuencia al trotskismo de haber intentado combatir al estalinismo dejndole equivocadamente la eleccin de las armas, por lo tanto participando de su contrarrevolucin desde el interior. A la inversa se le pudo reprochar su pretencin al ni Mosc-ni Washington, posicin que efectivamente fue cmoda para algunos (que por otra parte se derechizaron y abandonaron a Marx, participando finalmente, desde el exterior, esta vez en la contrarrevolucin), pero que para otros fue estar al filo de la navaja, posicin difcil de mantener, inclusive funesta (fueron atacados de todos lados, incluso engullidos en la represin).

Esta configuracin contrastada del marxiano, y el uso balbuceante de nunca acabar de ese yo no soy marxista pronunciado una vez por Marx, no autoriza entonces ninguna interpretacin unilateral. Para evitar perderse, una sola brjula: el comunismo que en 1848 era la teora y la praxis de las condiciones de la liberacin del proletariado, hoy ser la teora y la praxis de las condiciones de la liberacin de los proletarios del siglo XXI, sean jvenes o viejos: los trabajadores explotados, precarizados, ms o menos oprimidos adems por su gnero o su etnia, por la clase capitalista, sus capataces estatales o sus aliados reaccionarios. Actualmente empleados o desocupados, estudiantes o jubilados, han hecho, hacen o harn girar los diferentes sectores de la produccin y de la reproduccin sociales mediante su fuerza de trabajo, y componen este vasto ejrcito industrial activo o de reserva que el capital ha necesitado siempre. Qu hacer, entonces, para que la Idea se reapropie de las masas es decir, que esas masas se reapropien de ella, le hagan perder su mayscula y que vuelva a ser una fuerza material?

2. Estrategia dialctica y necesidad histrica

La dualidad entre fines pretendidos y movimiento real, las oscilaciones del vnculo socialismo-comunismo, y ms ampliamente la ausencia de teora unificada del comunismo en Marx expresan el carcter radicalmente dialctico e histrico del concepto. Solo una visin antidialctica y ahistrica puede proponer una teora acabada de una sociedad que no existe todava (en donde el movimiento real desaparecera), al igual que simultneamente, la ausencia total de anticipacin racional conduce a navegar de una manera puramente pragmtica y lgicamente oportunista (desvaneciendo todo fin esta vez). Marx quera evitar esos escollos: la dialctica solidariza orgnicamente el anlisis cientfico de la situacin existente, y el movimiento prospectivo hacia la situacin posible y deseable. Ella es este pensamiento negativo, deca Marcuse en su prefacio de 1954 a Razn y revolucin, capaz de pensar lo que es, en los trminos de lo que no es. Las normas y las posibilidades impregnan los hechos, y esta negatividad que los trabaja desde el interior es lo que hace justicia a la dialctica, por eso para Marx es en su esencia, crtica y revolucionaria. Porque en la concepcin positiva de lo existente se incluye la concepcin de su negacin, de su destruccin necesaria; porque conoce cada forma hecha en el fluir del movimiento y por lo tanto tambin su aspecto perecedero. (prefacio de 1873 al Libro I de El Capital).

En las antpodas de toda inevitabilidad del aplastamiento del capitalismo y de la revolucin proletaria, esta estrategia dialctica no inclua, en materia de teora de las condiciones de la transicin revolucionaria del capitalismo al comunismo, ningn a priori mecnico sobre la naturaleza del ritmo, de las etapas que las sociedades y sus proletariados a escala mundial supuestamente seguiran, ni ha presentado una solicitud de patente sobre el nombre a dar a este perodo de transicin leccin cuya principal heredera es la ley trotskista del desarrollo desigual y combinado. Marx y Engels han inferido de las contradicciones del capitalismo una tendencia objetiva a la radicalizacin explosiva de la lucha de clases, pero, lcidos sobre las contratendencias simultneamente en marcha, saban bien que el capitalismo no es ni natural, ni insuperable, sin embargo, no hay garanta de que a imagen de una ley de la naturaleza una revolucin sea su ronda ineluctable. Hoy todo el mundo est de acuerdo en el rechazo al necesitarismo y a las escatologas. Sin embargo hay una necesidad en marcha: el capitalismo slo ser abolido en virtud del peso de sus contradicciones internas, y no gracias a cualquier poder exterior, transcendente, milagroso. Pero decir que si perece, es necesariamente por sus contradicciones internas, no es decir que el capitalismo perecer necesariamente. En resumen, no hay que equivocarse de necesidad: la nica racionalmente defendible dejando de lado la hiptesis de un apocalipsis nuclear es la de una destruccin voluntaria y organizada del capitalismo realizada por un proletariado que habra logrado reunificarse.

Por heterogneo y dividido que est en cada pas y a la escala de los cinco continentes, no se podra decretar de antemano que no ser capaz de lograrlo: los hombres hacen su historia sobre la base de las condiciones anteriores, y ninguna colonizacin del futuro es legtima. Por lo tanto, es necesario prepararse siempre para todo, en particular repeta Lenin, para lo improbable.

3. Comunismo e izquierdismo: la autocrtica para la autoorganizacin

Las revoluciones no se hacen con leyes.

El Capital, Libro I, c. XXIV

 

Por lo tanto, es mayor la diferencia entre puntualizar de manera idealista o mecnica etapas definidas abstractamente, y decir que la revolucin se har progresivamente, en consecuencia por definicin por etapas, mientras se establece que esas etapas o ritmos, y las consignas transitorias que las suscitarn o las orientarn, seguirn las singularidades y las prioridades de los contextos geopolticos. Hecha con rasgos viejos y nuevos, inestable, hbrida, contradictoria, toda experiencia revolucionaria ha ilustrado e ilustrar la necesidad evidente de tener que hacerse cargo siempre de todo, sin por eso poder resolverlo, inmediatamente.

La dictadura del proletariado sigue siendo hoy la traduccin ms consciente de esta hibridez, en consecuencia, un concepto estratgico mayor, por una primera razn, simple: es impuesta por la permanencia de la dictadura del capital, cualquiera sea el color de la pantalla de humo sobre el fondo de la cual esta sacude peridicamente sus nuevos trajes, con cascabeles reformistas al tono. En segundo lugar, sin hablar de las imprecisiones que afectan a las mltiples indignaciones nacionales, lo sigue siendo porque el socialismo del siglo XXI a lo Chvez por ejemplo, acompaa estas peligrosas ilusiones de las que, sin embargo, Marx se haba librado definitivamente con la generalizacin de la contrarrevolucin en Europa despus de 1848, al sacar la conclusin de que la destruccin del Estado burgus era un elemento cardinal de la transicin revolucionaria. No obstante,

las pruebas del siglo XX imponen, por la credibilidad de toda invocacin a la dictadura del proletariado, que se movilice absolutamente todo para que su contenido real sea, como fin y como medio, la autoorganizacin mxima del proletariado, con la cual, nicamente adems, este podr reconquistar no slo su consciencia de s, sino sobre todo, su confianza en s. La tan renovada comprensin del siglo sovitico exige entonces de forma complementaria una autocrtica radical y uno de los caminos consistir en volver a explorar la polmica entre comunismo e izquierdismo a la que Lenin otorga sus cartas de nobleza en 1918-1920.

Ser comunista antes era tener que evitar tanto las desviaciones de derecha (oportunistas) como las, puristas, de izquierda (izquierdismo) an cuando las dos no fueran de igual naturaleza. Ahora bien si nos hace falta volver a calibrar el comunismo a la medida del siglo XXI, entonces, lo que hay detrs de este trmino izquierdismo, ha sido reprimido despus por el estalinismo, pero tambin ha sido minimizado en los trotskismos, debe ser objeto de un balance y de una evaluacin metdicas: la tensin comunismo-izquierdismo fue una tensin inestable, dialctica e histrica, nos concierne entonces redialectizarla y rehistorizarla. El peor error para un marxista consiste en grabar en el mrmol lo que solo se escribe en la tierra.

Por un lado reconoceremos con algunas ultraizquierdas que efectivamente se cometieron diluciones y abdicaciones funestas, desde 1945, en nombre del frente nico, y podran cometerse an. Por el otro, acompaaremos lo que Paul Valry deca de la moral kantiana: que tiene las manos limpias porque no tiene manos que algunas posturas oposicionistas tienen, de lejos, por demasiado desdialectizada y descontextualizada la relacin de fines y medios. Estos dilemas son solidarios con los desacuerdos sobre el status y los efectos de la estatizacin en URSS (colectivismo burocrtico vs capitalismo de Estado vs estado obrero burocrticamente degenerado), sobre la naturaleza del rol del partido y de las direcciones revolucionarias, o tambin sobre la concepcin de la vanguardia de los trabajadores. Estos desacuerdos persisten, impiden un balance plenamente comn y por lo tanto elaborar una estrategia comn. Pero esto no tiene nada de inoportuno, una unidad para la unidad ecumnica no es ms fecunda en teora que en poltica ms que si ella era tirnica, y el pluralismo conflictual de la democracia obrera no ha sido nunca un freno a la accin racional: lo que importa, es lo que es polticamente correcto defender. Ahora bien si, por una parte, es correcto que algunos compromisos histricos slo se superen con el olvido: lo que fue el estalinismo prohbe absolutamente toda benevolencia con los neoestalinismos y har falta mucho tiempo, por el contrario hay otros litigios (sobre 1917-1924 naturalmente) para los que semejante espera sera errnea, porque existe un terreno suficiente para negociaciones que, aunque no se escuchen en el comienzo, al menos podran intentarlo operacionalmente en el final. En efecto, en un cierto grado de generalidad las diversas oposiciones de izquierda, desde 1918, de Ossinski en Rusia a Luxemburgo en Alemania y a los consejismos, hasta la Oposicin Conjunta de 1926 en la que Trotsky asegur el liderazgo como reaccin al galopante Termidor sovitico, y los herederos de todas estas corrientes, todos comparten la norma fundadora de la Asociacin Internacional de los Trabajadores en 1864 que sigue siendo, ms all de los destinos de la II y III Internacionales, el acicate de la reconstruccin a llevar adelante. La emancipacin de los trabajadores ser obra de los trabajadores mismos: lo que cuenta, entonces, es el reconocimiento de la centralidad de la autoorganizacin del proletariado, y de la existencia de una sola y nica brjula para la lucha de clases: qu es lo que unifica y fortalece duraderamente, o no, y cmo aumenta la conciencia de la posicin y de la fuerza de los trabajadores? Sartre dijo: cada vez que me he equivocado, es que no he sido bastante radical. Nuestra responsabilidad es hacer vivir el marxismo con esta radicalidad por la cual es capaz de comprender y digerir su propia historia, y luego renacer de ella.

Trotsky atacaba de esta manera, sin concesiones, en 1923 en El nuevo curso, a esta burocracia que ya separaba al partido de las masas en todas direcciones. Pero otros lo haban precedido. Por lo que a nosotros respecta, reivindicar con fuerza la teora de la revolucin permanente, y remontarnos, contra l y Lenin en caso de necesidad, a algunas precoces lecciones de los izquierdismos que todava no han sido suficientemente escuchadas, no son de ningn modo cosas incompatibles. Asumir frontalmente hoy que nunca ms ninguna mayscula merecer el sacrificio de los proletarios en lucha sera una expresin, una entre otras desde luego, pero una particularmente entusiasmante y ofensiva, de un nuevo curso del comunismo revolucionario.

Fuente: http://ideasdeizquierda.org/por-un-nuevo-curso-del-comunismo-revolucionario/

Traduccin: Rossana Cortez



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