Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2013

Ms sobre el prlogo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XVII)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Una obra que no caba en los cajones clasificatorios de nuestros saberes acadmicos, sealbamos, era siempre incmoda y problemtica. Ante ella caban dos actitudes: la de los devotos y la que consista en agarrarse a los cajones y despreciar el saber incmodo. Ninguna de estas dos opciones fue la opcin de FFB. As lo sealaba en el prlogo de su Marx sin ismos. La primera actitud converta al clsico en un santo de los que ya en su tierna infancia se abstenan de mamar los primeros viernes (aunque sea un santo laico); la segunda ninguneaba, de hecho, al clsico y recomienda a los jvenes que no pierdan el tiempo leyndolo. Si el clsico tena que ver, adems, con la lucha de clases y haba tomado partido en ella, como era el caso de Marx, la cosa se complicaba. Los hagigrafos convertirn la Ciencia de Nuestro Hroe en Templo y los acadmicos le imputarn la responsabilidad por toda villana cometida en su nombre desde el da de su muerte. Por eso, y contra eso, recordaba FFB, Bertolt Brecht, que era de los que hacen pedagoga desde la Compaa Laica de la Soledad, pudo decir con razn: Se ha escrito tanto sobre Marx que ste ha acabado siendo un desconocido.

Qu decir entonces de un conocido tan desconocido sobre el que se ha dicho ya de todo y, adems, todo lo contrario? Al tan simple como lo siguiente: que lo mejor era leerlo, como si no fuera de los nuestros, como si no fuera de los vuestros, como se lea a cualquier otro clsico cuyo amor el propio Marx comparti con otros que no compartan sus ideas: Shakespeare, Diderot, Goethe, Lessing, Hegel. Tratndose de Marx, y en este pas de todos los demonios y de todas apariencias en el que estbamos y estamos, convena precisar un poco ms: leerlo, no "releerlo", como se pretende aqu siempre que se habla de los clsicos.

Para releer de verdad a un clsico haba que partir de una cierta tradicin en la lectura. En el caso de Marx, aqu, en Espaa, entre nosotros, no haba apenas tradicin. Slo hubo un bosquejo, el que produjo Manuel Sacristn hace ahora veintitantos aos. Y ese bosquejo de tradicin qued truncado. Y muy prematuramente: Sacristn falleci en 1985, a punto de cumplir 60 aos. Hablando de Marx, casi todo lo dems haban sido lecturas fragmentarias e intermitentes, lecturas instrumentales, lecturas a la bsqueda de citas convenientes, lecturas tradas o llevadas por los pelos para acogotar con ismos a los otros o para demostrar al prjimo, con otros ismos, que tiene que arrepentirse y ponerse de rodillas ante eso que ahora se llama Pensamiento nico. Marx sin ismos, pues, esa era la intencin del libro: entender a Marx sin los ismos que se crearon en su nombre y contra su nombre.

Quin haba sido Marx entonces en opinin de FFB? Marx fue, de entrada, un revolucionario que quiso pensar radicalmente, yendo a la raz de las cosas, un ilustrado crepuscular, un ilustrado opuesto a toda forma de despotismo que siendo, como era, lector asiduo de Goethe y de Lessing, nunca pudo soportar el dicho aquel de todo para el pueblo pero sin el pueblo. Marx fue tambin un ilustrado con una acentuada vena romntica, en muchas cosas emparentado con el poeta Heine, pero que nunca se dej llamar "romntico" porque le produca malestar intelectual el sentimentalismo declamatorio y aorante. Marx fue de joven un liberal que, con la edad y viendo lo que pasaba a su alrededor se propuso dar forma a la ms importante de las herejas del liberalismo poltico del siglo XIX: el socialismo. Marx se hizo socialista y quiso convencer a los trabajadores de que el mundo poda cambiar de base, de que el futuro sera socialista, porque en el mundo que le toc vivir (el de las revoluciones europeas de 1848, el de la liberacin de los siervos en Rusia, el de las luchas contra el esclavismo, el de la guerra franco-prusiana, el de la Comuna de Pars, el de la conversin de los EE.UU. de Norteamrica en potencia econmica mundial) no haba ms remedio que ser ya -pensaba l- algo ms que liberales. Desde esa perspectiva, la idea central que Marx leg al siglo XX y a siglos posteriores, se poda expresar as: el crecimiento espontneo, supuestamente "libre", de las fuerzas del mercado capitalista desemboca en concentracin de capitales; la concentracin de capitales desemboca en el oligopolio y en el monopolio; y el monopolio acaba siendo negacin no slo de la libertad de mercado sino tambin de todas las otras libertades. Lo que se llamaba "mercado libre" llevaba en su seno la serpiente de una contradiccin explosiva, una nueva forma de barbarie. Rosa Luxemburg haba traducido plsticamente esta idea en una disyuntiva (excluyente desde luego) muy del gusto de FFB hasta el final de sus das: (eco)socialismo (bien entendido y practicado) o barbarie.

Como Marx era muy racionalista, prosegua FFB, como aspiraba siempre a la coherencia lgica y como se manifestaba casi siempre con mucha contundencia apasionada, no era de extraar que su obra estuviera llena de contradicciones y de paradojas. Como usaba mucho en sus escritos la metfora aclaradora, y abusaba adems de los ejemplos, tampoco es de extraar que algunos de los ejemplos que puso para ilustrar sus ideas se le hayan vengado y que no pocas de sus metforas se le hayan vuelto en contra. As, apuntaba el no platnico profesor de filosofa poltica, era el mundo de las ideas.

Algunas de esas contradicciones lleg a verlas el propio Marx. Una de ellas, la ms honda, la menos formal, la ms personal, la vio incluso con humor negro: "Nunca se ha escrito tanto sobre el capital -dijo el autor de El capital- careciendo de l hasta tal punto". Otras de esas contradicciones le hicieron sufrir hasta el final de su vida: l, que no pretendi construir una filosofa de la historia, y que as lo escribi en 1874, tuvo que ver cmo la forma y la contundencia que haba dado a sus afirmaciones sobre la historia de los hombres hicieron que, ya en vida, fuera considerado por sus seguidores sobre todo como un filsofo de la historia. No lo era. As se expresaban FFB, Sacristn y otros compaeros suyos en la carta de redaccin de mt en el primer aniversario del fallecimiento de Marx:

[] Tambin es verdad que, si Marx puede ser de todos, ser porque est ms o menos exorcizado y ya no se teman de l efectos malficos. Pero la exorcizacin de Marx es un asunto complicado, y decir que ahora ya se ha conseguido es caer en un error: como not Gramsci, ya en otras ocasiones anteriores se ha credo a Marx exorcizado. Gramsci pensaba en los grandes burgueses rusos de finales del siglo pasado y comienzos de ste, para los cuales, deca, El Capital debi de ser libro de cabecera, puesto que con su esquema de filosofa de la historia les prometa el indefectible adviento de un capitalismo perfecto. Pero aquellos grandes burgueses se equivocaron al creerse al pie de la letra las leyes y necesidades que encontraron categricamente enunciadas en El Capital y en otros escritos del Marx que se podra llamar clsico. Exactamente igual se equivocaron los bolcheviques, que creyeron tambin en todas aquellas necesidades y determinaciones infalibles. Si el error de los primeros se inscribi principalmente en los hechos, pues ellos nunca pudieron presidir un capitalismo ingls en Rusia, el de los segundos tiene adems documentacin autgrafa de Marx: las cartas, hoy clebres pero entonces desconocidas, a Otetschestwennyje Sapiski [Anales de la Patria] y a Vera Sassulich, en las que Marx relativiza lo ms especulativo de su sistema, limitndolo a los pases de la Europa Occidental, y, sobre todo, renuncia explcitamente a la filosofa de la historia. Al final de su vida, Marx no pronosticaba nada necesario ni determinado ni a los primeros ni a los segundos; por lo que se puede suponer que su pensamiento acab desembocando ms all de las confortadoras seguridades con que lo exorcizaron burgueses y dspotas. Cuando se lee a Marx sin seguir creyendo en ms de una necesidad histrica de la que se desprendan previsiones de cumplimiento dudoso, cuando no claramente contradichas por los hechos, qu valor se aprecia principalmente en sus escritos? Ante todo, el de ser lugares clsicos de la tradicin revolucionaria. La obra de Marx se coloca en la sucesin de los que, en nombre de Dios o de la razn, han estado en contra de la aceptacin realista de la triste noria que es la historia de la especie humana, vuelta tras vuelta de sufrimientos no puramente naturales y de injusticias producidas socialmente. Dentro de esa tradicin, Marx se caracteriza por haber realizado un trabajo cientfico fuera de lo comn. Pero, precisamente, no hay trabajo cientfico cuyos frutos estn destinados a durar para siempre, como no sea en las ciencias que no hablan directamente del mundo.

Por lo dems, Marx que despreciaba todo dogmatismo, que tena por mxima que haba que dudar de todo y que presentaba la crtica como forma de hacer entrar en razn a los dogmticos, todava tuvo tiempo de ver cmo, en su nombre, se construa un sistema filosfico para los que no tienen duda de nada y se exaltaba su mtodo como llave maestra para abrir las puertas de la explicacin de todo. Este Marx (sin ismos) tena algo de paradjica grandeza y de conflicto interior no asumido apuntaba FFB: crey que la razn de su vida era dar forma arquitectnica a la investigacin cientfica de la sociedad, pero dedic meses y meses a polemizar con otros sobre asuntos polticos que hoy nos parecen menores. Crey que la historia avanza dialcticamente por su lado malo (e incluso por su lado peor), y tal vez acert en general, pero no pudo o no supo prever que la verdad concreta, inmediata, de esa razn fuera a ser otra forma de barbarie. Acaso podemos, entre humanos, hablar de progreso tan en general?.

Marx am tanto la razn ilustrada que se propuso -y propuso de paso a los dems- un imposible: hacer del socialismo (o sea, de un movimiento social, poltico, de un ideal) una ciencia. Cuando el siglo XX estaba acabando, FFB se preguntaba si no hubiera sido mejor conservar para eso la vieja palabra de utopa, seguir llamando al socialismo como lo llamaban el propio Marx y sus amigos cuando eran jvenes, y como l mismo y Sacristn nombraron durante dcadas: pasin razonada o razn apasionada. Empero, en un siglo tan positivista y tan cientificista como el que Marx maduro inauguraba, tampoco poda resultar extrao identificar la ciencia con la esperanza de los que nada tenan. Hasta es posible conjeturaba brillantemente FFB- que por eso mismo, por esa identificacin, los de abajo le amaran luego tanto [2].

Notas:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998.

[2] Era seguro, aada, que por eso casi todos los poderosos le odiaron y an le odian (cuando no se quedan con su ciencia y rechazan su poltica). Marx quera el comunismo pero no lo quera crudo, nivelador de talentos, pobre en necesidades. Aunque su tono a veces proftico, como el del trueno, pareca negar el epicreo que haba en l. Ser el escndalo moral que produce la observacin de las desigualdades sociales lo que hace profticos a los epicreos?. Marx estableci sin pestaear que la violencia es la comadrona de la historia en tiempos de crisis; pero al mismo tiempo critic sin contemplaciones la pena de muerte y otras violencias. Del mismo modo, Marx postul que la libertad consiste en que el Estado deje de ser un rgano superpuesto a la sociedad para convertirse en rgano subordinado a ella, aunque al mismo tiempo crey necesaria la dictadura del proletariado para llegar al comunismo, a la sociedad de iguales. El Marx que se leer en el siglo XXI nunca hubiera llegado a imaginar que un da, en un pas lejano cuya lengua quiso aprender de viejo sera objeto de culto cuasirreligioso en nombre del comunismo, o que en otro pas, an ms lejano, y del que casi nada supo, se le comparara con el sol rojo que calienta nuestros corazones. Aquel tono proftico con el que a veces trat de comunicar su ciencia a los de abajo tal vez implicaba eso. O tal vez no. Quizs, apuntaba FFB, el que esto haya ocurrido fue slo la consecuencia de la traduccin de su pensamiento a otras lenguas, a otras culturas. Toda traduccin es traicin. Y quien traduce para muchos traiciona ms.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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