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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2013

A propsito de la futura reedicin de "Poder burgus y poder revolucionario", de Mario Roberto Santucho
El marxismo revolucionario y el debate sobre el poder

Nstor Kohan
Rebelin


Un fantasma, todava sin cuerpo, asoma la cabeza

La actualidad del pensamiento poltico de Mario Roberto Santucho [1936-1976] impacta, sorprende, descoloca. En la Argentina del siglo XXI, ms de tres dcadas despus de la dictadura militar que lo asesin (desapareciendo su cuerpo) junto con 30.000 compaeros y compaeras, el fantasma de Santucho reaparece por doquier. Qu est sucediendo? Por qu atrae?

Hoy en da infinidad de libros y de pelculas (entre las que se destaca la inigualable Gaviotas Blindadas) intentan repensar y debatir la estrategia poltica de la insurgencia guevarista del PRT-ERP y en particular el pensamiento poltico de su mximo dirigente.

A pesar de que todo el mundo est alertado sobre la estricta vigilancia y el escandaloso control de la inteligencia norteamericana, en el facebook y en otras redes sociales miles de jvenes, en lugar de poner una fotografa suya o de su novio o novia, eligen como perfil la cara de Santucho. La juventud se volvi loca?

Recientemente, en medio de esa inexplicable y creciente admiracin popular, uno de los mximos exponentes del nuevo folclore argentino, Peteco Carvajal, le dedic la chacarera Guerrillero santiagueo, que contiene ese estribillo tan hermoso Amor revolucionario / pasin que no se detiene / la mstica, la bandera y la lucha regresan siempre.

Pero no todo se limita a la galaxia de la comunicacin, la msica y las contraculturas juveniles. En las movilizaciones callejeras muchos grupos polticos de las izquierdas ms diversas, principalmente integrados por jvenes, eligen identificarse poniendo en las pancartas su rostro. La bandera del Ejrcito Revolucionario del Pueblo (1) hoy identifica a innumerables organizaciones polticas populares, piqueteras o estudiantiles. No hay marcha social, poltica, sindical o estudiantil donde no pase alguien entregando un volante con las demandas ms heterogneas acompaadas... por el rostro de Santucho. Vivimos una alucinacin colectiva? Creemos que no. Ese inesperado resurgimiento expresa varias cosas.

En primer lugar, las frustraciones y las promesas incumplidas de 30 aos de sistema electoral parlamentario (que no significa democracia y pluralismo, sino ms bien todo lo contrario) donde el marketing, el dinero y las operaciones de imgenes mediticas han pretendido manipular, tergiversar, fagocitar, aplastar y enterrar definitivamente la lucha por cambiar el pas, el continente y el mundo.

En segundo lugar, la sed imperiosa y la necesidad de crear una opcin poltica (al mismo tiempo cultural) distinta y enfrentada antagnica con el bipartidismo tradicional: ayer peronismo-radicalismo; luego reciclado como PJ-oposicin liberal republicana. Una estructura arquitectnica poltico-institucional de partido nico (del mercado), sostenida con la alternancia de diversas administraciones que disputan y pelean cargos compartiendo un subsuelo comn, la dominacin indiscutida y por nadie cuestionada del capital monoplico multinacional junto con las grandes firmas, bancos y empresas locales. Lo llaman de diversas maneras: capitalismo en serio, capitalismo tico, capitalismo nacional, repblica de iguales, etc., etc. Distintas variantes de lo mismo, el reino desptico, absoluto y totalitario del mercado sobre el conjunto de la sociedad. Un muro que nadie imagina cruzar, saltar y menos que nada enfrentar, derrocar o tumbar.

En tercer lugar, dicho resurgimiento expresa la necesidad vital de vincularse con la poltica de otra manera, a partir de proyectos colectivos, de ideales a largo plazo y de una causa social que supere la inmediatez mediocre del da a da, nica manera de volver a insuflar pasin al punto de asumir el riesgo de jugarse la vida por algo ms que el ombligo propio, tres billetes mugrientos y a lo sumo, un carguito rentado haciendo carrera poltica.

En cuanto lugar, esta atraccin que reinstala el recuerdo, las imgenes, la iconografa y la reconstruccin de la historia de la insurgencia guevarista est asociada a la necesidad de un proyecto poltico donde la juventud se asuma como sujeto y protagonista, no como base de maniobra (lo que ha sucedido desde 1983 hasta hoy). El joven rebelde como militante orgnico e integrante de una fuerza revolucionaria colectiva, no como operador poltico rentado, puntero barrial o estudiantil ni simple pega carteles que no corta ni pincha.

En este contexto de poca y con ese horizonte de fondo, volver a editar Poder burgus y poder revolucionario (redactado por Santucho en 1974) constituye una decisin ms que acertada.

Rescatar el pensamiento poltico de Robi Santucho implica hoy actualizar una tradicin aplastada y olvidada, volviendo a poner en discusin la centralidad del proyecto de poder en el campo popular y revolucionario. El gran tema ausente de la agenda de los movimientos sociales durante las ltimas tres dcadas.

La rebelin del 2001, las modas y la ausencia de una estrategia de poder

El proyecto y la estrategia de poder ha sido por ahora sigue siendo nuestro gran dficit todava pendiente. Incluso en la rebelin popular del 2001 (el punto histrico ms alto de rebelda social colectiva despus de la dictadura militar), el problema y la estrategia de poder estuvieron ausentes en las filas de quienes pretendemos cambiar la sociedad. A ello contribuyeron tanto el evidente vaco de una estrategia de confrontacin a largo plazo por parte de las distintas variantes de la izquierda institucional con aspiraciones electoral-parlamentarias como los relatos posmodernos y autonomistas de algunas fracciones de pequeo burguesa universitaria enamorada de s misma (mientras suspira por el mayo francs) que imaginaba con no poca ingenuidad que la asamblea vecinal de parque centenario era algo anlogo (incluso superador por lo horizontal...) al soviet de San Peterburgo de la poca de Lenin y Trotsky o a los consejos obreros de la FIAT de Turn en tiempos de Gramsci.

Ese autonomismo que aflor en el 2001 con bombos y platillos (aplaudido, dicho sea de paso, por los diarios Clarn y La Nacin que le dedicaron varios suplementos culturales a endiosar a Toni Negri, Paolo Virno y John Holloway, entre muchos otros) hizo mucho dao, desviando sanas energas populares y genuinas buenas intenciones juveniles hacia callejones sin salida alguna. Fantaseando e idealizando, sin conocer en profundidad, al zapatismo (el zapatismo de los turistas progres), el autonomismo criollo jams se anim a preguntar, por ejemplo, porqu las comunidades originarias de Chiapas, a la hora de identificarse polticamente, eligieron el nombre histrico de Emiliano Zapata en lugar de autobautizarse con algn bonito y atractivo nombre de ONG altermundista europea.

La rebelin popular del 2001 y su clebre consigna que se vayan todos condensaron una notable crisis de representacin poltica, mientras ponan en evidencia el simulacro de autntica democracia que existe en Argentina tras la retirada ordenada de los militares genocidas derrotados en Malvinas. Aun con varias decenas de jvenes heroicos asesinados en la calle y una energa popular abnegada y sumamente valiente, la rebelin popular lamentablemente careci de un proyecto revolucionario de poder o la zapatera en el barrio, el microemprendimiento y la salita de primeros auxilios con enorme esfuerzo construidos eran y son suficientes para demoler al estado capitalista y sus instituciones? El resurgir del Partido Justicialista de sus cenizas y la hegemona kirchnerista de una dcada dieron por cancelada rpidamente aquella discusin.

No es casual que muchos de aquellos autonomistas, soberbios y engredos, del 2001, aparentes radicales y con ademanes furiosamente anticapitalistas (en el discurso, slo en la retrica), por entonces decretaban alegremente que el Che y Lenin estn viejos y el marxismo ya no sirve mientras hoy... son obedientes funcionarios del gobierno. Nada ms institucional que el autonomismo que, cuando quiere seducir y enamorar, utiliza jerga, ademanes y vocabulario anarquista y libertario pero a la hora de concretar termina siempre enredado en las pegajosas telaraas del reformismo institucional de turno. O no termin el pobre Toni Negri, tan comunista y radical en su vocabulario de Imperio y tan timorato en sus corolarios polticos, entrevistndose y aconsejando a todos los presidentes progres del cono sur?

Y si el autonomismo de Negri, Virno y sus derivados prometi y defraud energas juveniles a diestra y siniestra, qu no podra decirse del posmodernismo y el posmarxismo de Ernesto Laclau? Qu triste papel el de consejero presidencial! Laclau reemplaz a Jorge Abelardo Ramos por Cristina Kirchner, con la mediacin de la Academia britnica y su prestigio engolado, pero mantiene invariable el rol de consejero del prncipe. Y Eliseo Vern, asesor semiolgico de los grandes monopolios de la incomunicacin?Y Dieterich, por dnde andar aconsejando a los obreros abrazarse con cualquier militar, creyendo que todos los uniformados del mundo son siempre antiimperialistas y socialistas como Hugo Chvez? Y Zizek cundo dejar la puesta en escena y sus trucos de prestidigitacin e ilusionismo teatral para sugerir al movimiento popular algn camino estratgico preciso, sea el que sea, por donde avanzar hacia el socialismo?

Cuando estas estrellas de la farndula intelectual posmodernismo, autonomismo, posmarxismo, posestructuralismo, multiculturalismo, etc. agotaron en la pasarela sus inofensivos cinco minutos de fama (intentando luego reciclarse con nombres ms atractivos como autogestin, nueva izquierda, cooperativismo, etc.) la perspectiva del marxismo latinoamericano contina incomodando, importunando, molestando, metiendo el dedo en la llaga. Nada ms odioso e intolerable para el empresariado, los banqueros, los espas norteamericanos y sus aparatos de represin y vigilancia masiva que el Che, que Robi Santucho (y el maestro de ambos, Lenin). Las modas desfilan y pasan, fugaces y efmeras como todo el resto de las mercancas de shopping en este cruel, impiadoso y acelerado capitalismo tardo, mientras el marxismo revolucionario sigue ah, afilando con mucha paciencia el cuchillo y la guadaa. La burguesa lo sabe. Nosotros tambin.

La poca del Che y Santucho y la nuestra

Ante el fracaso poltico y terico de las ilusiones posmodernas y otras metafsicas anlogas (2), la estrella insurgente de Guevara y Santucho vuelve a brillar. Sin embargo, estaramos ciegos si no percibiramos que la poca en que Guevara y Santucho actuaron y pensaron es muy distinta a la nuestra. Entre el mundo poltico, econmico, social y cultural del Che y de Robi y el nuestro existen continuidades y tambin no pocas discontinuidades.

Cuando Guevara y Santucho vivieron el planeta tena una estructura geoestratgica bipolar. Aunque el enfrentamiento ms agudo se daba entre el imperialismo y las revoluciones socialistas de liberacin nacional del Tercer Mundo (ejemplo Vietnam y Cuba), existan dos grandes superpotencias: los Estados Unidos y la Unin Sovitica, ambas con un podero nuclear similar, aunque nunca lleg a ser totalmente idntico. La Unin Sovitica, aun burocratizada y apostando polticamente al llamado trnsito pacfico al socialismo (experimento que infructuosamente intent llevarse a cabo en Chile entre 1970-1973), poda jugar el papel de reserva, suministrando material militar a otros pases en pie de lucha y en primera lnea de confrontacin (caso Vietnam, Cuba o Angola).

En esos aos se viva el intento de iniciar una transicin del capitalismo al socialismo a escala planetaria (al menos un tercio de la poblacin mundial ensayaba salir del capitalismo, a pesar de que se choc con la burocratizacin de numerosos procesos revolucionarios).

La rebelin anticolonial y antiimperialista estaba a la orden del da, principalmente en el Tercer Mundo (el Che Guevara consideraba que el enfrentamiento principal con el imperialismo se daba a nivel mundial en Asia, frica y Amrica Latina; Santucho, desde Argentina, coincida, por eso cuando Robi asisti personalmente a la rebelin del mayo francs en 1968 la observ en vivo y en directo como una lucha demasiado tmida, para nada comparable ni homologable ms all de lo que digan los relatos acadmicos con la guerra de Vietnam u otros procesos del Tercer Mundo con millones de asesinados por el NAPALM y guerras de liberacin prolongadas durante aos).

En tiempos del Che y de Santucho la violencia popular, plebeya, proletaria y campesina era generalizada en todo el orbe, incluyendo el mundo capitalista desarrollado donde tambin haba insurgencias polticos militares (desde los Panteras Negras en EEUU y el RAF en Alemania occidental, hasta la ETA y los GRAPO en el estado espaol o las Brigadas Rojas en Italia). La respuesta popular frente a la violencia institucional del poder burgus, el estado capitalista y el imperialismo se viva en grandes segmentos de la poblacin mundial, especialmente de la juventud, como justa y legtima.

Nuestra poca mantiene algunas claras continuidades y otras que no lo son. El mundo actual ya no es bipolar. El poder militar estratgico de Estados Unidos no tiene enfrente ninguna potencia que pueda enfrentarlo abiertamente en el terreno militar. Sin la Unin Sovitica, no existe actualmente ninguna reserva estratgica (sea o no burocrtica) que pueda oponerse en la geoestrategia seriamente a EEUU y la OTAN. Cuando 1999 Estados Unidos y la OTAN bombardean la embajada de China en Yugoslavia (utilizando mapas de la CIA), el gigante asitico se queda completamente petrificado (probablemente pensando en sus negocios). Militarmente no los poda enfrentar.

En nuestros tiempos, la asimetra tecnolgica entre el imperialismo euro-norteamericano y las fuerzas revolucionarias del Tercer Mundo ensancha su brecha da a da. Por eso el imperialismo acta de modo ms agresivo que nunca, intentando paliar su crisis econmica y social interna con una especie de keynesianismo militar y un estado cada vez ms policaco y represivo. El macartismo, ya presente en los 50 y renacido en los 80, hoy se multiplica exponencialmente, bajo la mscara del multiculturalismo plural y sus guerras humanitarias. Mientras en las Academias universitarias las filosofas y las disciplinas sociales aplauden el supuesto derecho a la diferencia y lo convierten en una nueva metafsica, en la vida cotidiana real asistimos a ms vigilancia, control y totalitarismo a escala mundial.

Los cambios no ocurren slo en el plano de la tecnologa de guerra, y los dispositivos de vigilancia informtica y control comunicacional. Resulta inocultable cierta mutacin en la sensibilidad cultural de las subjetividades populares. La fragmentacin social (que es real y no la negamos, aunque el posmodernismo la internaliza y asume como propia y la eleva a programa haciendo de necesidad virtud, pegando el salto de la falacia naturalista, pasando de lo que ES a lo que DEBE SER) genera mayor dificultad para la hegemona socialista y la perspectiva del poder revolucionario, intentando deslegitimar la violencia popular, plebeya y anticapitalista.

A esas transformaciones macro (geoestratgicas y tecnolgicas), se les suma, en el caso especfico de Nuestra Amrica, cambios polticos en la revolucin cubana, estrella indiscutida del movimiento revolucionario en tiempos del Che y Santucho (cuando se escribi Poder burgus y poder revolucionario). De all que hoy en da el movimiento revolucionario latinoamericano y del Tercer Mundo carece de faros o estados guas. Se debilita la posibilidad de contar con ayuda exterior para nuestras luchas, aunque al mismo tiempo se ampla la libertad de movimiento para las fuerzas antimperialistas y anticapitalistas. De all que aumenten las dificultades y al mismo tiempo los desafos para construir una nueva articulacin y una nueva coordinacin internacional de las rebeldas antisistema.

Esta diferencia de poca, inocultable para quien tenga un mnimo principio de realidad y no est fascinado ilusoriamente con su propio discurso, se produce en una fase del capitalismo imperialista que profundiza al mismo tiempo la miseria popular, la ultraexplotacin de la clase obrera, la dependencia neocolonial y las guerras de rapia y saqueo por los recursos naturales del Tercer Mundo.

Lejos estamos de un mundo armonioso, estable y en paz. Hoy en da hay ms violencia que en los 60 y 70, el problema es que esa violencia predominante es institucional, estatal, multinacional, imperialista. Falta una mayor respuesta popular que pueda enfrentarla despus de tantos genocidios que intentaron disciplinar la desobediencia de las y los de abajo. La resistencia, de todos modos no ha desaparecido. Da a da contina el intento del pueblo iraqu por expulsar las tropas estadounidenses que humillan y expolian su petrleo. El pueblo palestino no ha dejado de enfrentar los tanques israeles. La juventud de los pueblos vasco, cataln y galego ensaya mil formas, institucionales y clandestinas, para desobedecer y terminar con la ignominia de la dominacin neofranquista del estado espaol (presentada en forma de republicanismo con picana y otras torturas). En Colombia el movimiento popular, organizado desde lo social y electoral hasta en ejrcitos revolucionarios regulares bolivarianos de gran escala, cada da tiene ms fuerza en su lucha contra las bases militares norteamericanas, el paramilitarismo y el narcotrfico. En Mxico la resistencia indgena, tan distinta al imaginario hippie de turistas progres que la visitan con un libro posmoderno bajo el brazo mientras intentan cuadricularla en el lecho de Procusto de sus esquemas de pizarrn, no ha podido ser aniquilada por el estado narcopolicial al servicio de las grandes empresas. En Brasil, cuando todo el mundo pronosticaba sometimiento eterno a las grandes empresas que se quieren quedar con el Amazonas, millones de personas salen a la calle e intentan dar vuelta todo (el Papa argentino acude entonces presuroso esforzndose por calmar las aguas, seguramente no podr). Y en Venezuela el bolivarianismo, con no pocas contradicciones, ha impulsado toda una serie de mecanismos de integracin regional desafiando la estructura de la OEA (ttere de los EEUU), mientras a escala continental reinstala el debate sobre qu significa el socialismo en el siglo XXI (cooperativismo con crdito estatal petrolero? economa mixta bajo la frmula elegante de la autogestin que solo reclama una gotita de petrleo para cada empresa o en cambio una planificacin socialista a escala nacional y regional, expropiando a las burguesas, incluyendo no slo a la esculida sino tambin a la que tramposamente se disfraza de bolivariana?. El debate sigue abierto despus de la muerte de ese entraable rebelde llamado Hugo Chvez que sin contar con ninguna superpotencia militar en la espalda supo desafiar al amo del mundo, cara a cara y con mucha valenta poltica).

En sntesis, la rebelda social y la indisciplina contra el capital, contra la opresin nacional y contra el imperialismo no ha desaparecido, se ha multiplicado en el siglo XXI.

En ese contexto de resistencia y contestacin generalizada, las contradicciones econmicas, sociales y medioambientales se han agudizado mucho ms todava que en los tiempos del Che y Santucho. La crisis capitalista actual es notablemente ms aguda que las de 1929 y la de 1974; ahora se volvi sistmica y civilizatoria. No slo en la economa, las bolsas de valores y en las montaas rusas de la tasa de ganancia, sino en el conjunto de la vida social de una civilizacin capitalista planetaria que se vuelve, da a da, inhabitable.

Para dar solo unos pocos ejemplos de la vida cotidiana en tiempos sombros de capitalismo tardo: (a) la generalizacin de las drogas ya no ha quedado recluida a minoras lmpenes o grupsculos culturales supuestamente iconoclastas que les gusta transgredir o experimentar sino que se ha extendido a millones y millones de jvenes que han perdido completamente el rumbo de su vida intentando escapar de una vida gris y mediocre de alienacin y feroz mercantilismo, estructuralmente vaca de sentido; (b) las mafias de la prostitucin y el comercio de esclavos y esclavas sexuales se ha generalizado a escala planetaria, secuestrando millones de jvenes, nios y nias, para uso sexual de la gente con dinero, superando en su crudeza, perversin y brutalidad las peores etapas de la acumulacin originaria y primitiva del capital; (c) junto al reino de las drogas, las mafias y la prostitucin generalizadas, el comercio de rganos humanos se ha vuelto una de las actividades lmpenes ms rentables en el siglo XXI. Estamos o no frente a un sistema socio econmico y cultural global, decadente y en descomposicin, que archiv para siempre las promesas incumplidas de la Ilustracin burguesa del siglo XVIII (libertad, igualdad, fraternidad, respeto por las personas, programa filosfico para saber usar el propio entendimiento, creacin de una paz perpetua, etc.)?

En el clima de poca, que huele demasiado a descomposicin, se producen nuevas guerras e intervenciones militares donde el imperialismo sigue empantanado (Afganistn, Irak, Colombia, etc.), volviendo ms agresivo al sistema de dominacin que genera programas de vigilancia masiva y control de la vida individual y privada inimaginables hasta por las novelas ms sombras y pesimistas de antao (como 1984 de Orwell y otras similares), abriendo al mismo tiempo la posibilidad a un enfrentamiento generalizado entre las fuerzas revolucionarias y las fuerzas capitalistas.

En ese nuevo contexto de poca, los movimientos sociales del mundo gritan al unsono y en forma desesperada, desde sus Foros Sociales: Otro mundo es posible!. Bien, pero cul? El marxismo radical y revolucionario de Guevara y de Santucho son inequvocos: es y debe ser el socialismo no slo como proyecto poltico internacionalista sino tambin como nueva cultura y nueva alternativa civilizatoria a escala planetaria. Y un socialismo que jams vendr en forma automtica o evolutiva, sin que nadie se enoje y siendo amigos y amigas de todo el mundo, sino a partir de las contradicciones, los enfrentamientos de clase, las guerras de liberacin y las revoluciones antiimperialistas y anticapitalistas.

Santucho y el poder: el toro por las astas y la sal en la cola del tigre

Aun tomando nota de esos innegables cambios de poca (ya que el nervio ntimo del marxismo apunta al anlisis concreto de la situacin concreta, no a repetir consignas y esquemas sin analizar el contexto), las tesis de Poder burgus y poder revolucionario constituyen una invitacin tremendamente sugerente.

La obra de Poder burgus y poder revolucionario no puede ser convertida en un fetiche. No es un ensayo que parte aguas en la historia del marxismo mundial. Nunca tuvo esa pretensin, su mismo autor lo seala. S es el punto de llegada ms maduro de una corriente poltica que logr nada menos que poner en jaque y en crisis la estabilidad, la dominacin y la hegemona burguesa en Argentina (estabilidad de la dominacin que los dueos de absolutamente todo llaman, hipcrita y cnicamente, paz). Este texto emblemtico contiene una reflexin de una corriente que aspir no a cambiar un poquito nuestra sociedad sino a cambiarla de raz, con una radicalidad poltica (no solo discursiva, como en el caso del autonomismo posmoderno) que nunca se haba visto en la Argentina del siglo XX, ni siquiera en las rebeliones heroicas brutalmente masacradas a sangre y fuego de la Patagonia Rebelde.

Cules seran entonces los grandes aportes y legados del Che y de Robi Santucho que hoy en da, en esta nueva poca histrica, nos invitan a repensar la rebelda popular y las formas de dominacin capitalista que intentan neutralizarla? Creemos no equivocarnos al identificar la tesis segn la cual sin estrategia de poder no hay revolucin posible ni transformaciones sociales de fondo. Ese es el ncleo de fuego del guevarismo que (todava, por ahora) est ausente en el movimiento popular argentino desde 1983 hasta hoy.

Poder burgus y poder revolucionario resulta ms que sugerente y puede ser til hoy en da por su claro intento de reinstalacin de la problemtica del poder y la estrategia revolucionaria en el centro de la agenda poltica de las fuerzas (variadas y heterogneas) que aspiran a cambia la sociedad. En l se condensa una bsqueda clara de un camino distinto al bipartidismo tradicional argentino, reciclado con los nombres ms variados, conjugando al mismo tiempo la poltica de unidad en la lucha sin abandonar la critica y el debate al interior del campo popular (all se inscribe su polmica con el populismo, principalmente de Montoneros, y el reformismo del Partido Comunista, corrientes ideolgicas que se han prolongado, reciclado y transmutado con otros nombres y otras organizaciones en estos ltimos 30 aos de rgimen parlamentario hasta el da de hoy).

En Poder burgus y poder revolucionario Santucho nos aporta una mirada especficamente poltica de la historia argentina enfatizando su anlisis en la alternancia cclica entre el parlamentarismo (repblica parlamentaria como forma de dictadura burguesa, segn El 18 brumario de Luis Bonaparte) y el bonapartismo militar. Dentro de ese cuadro ubica a las Fuerzas Armadas como el principal partido poltico de la burguesa argentina (no como un grupo de violentos amantes de la plvora, sino como un partido poltico). Evidentemente en los ltimos 30 aos, con excepcin de las rebeliones carapintadas encabezadas por los grandes farsantes (disfrazados de antiimperialistas) Rico y Seineldn, las Fuerzas Armadas represoras han cambiado su rol despus del genocidio de 1976 y los principales partidos de la burguesa han estado del lado de la repblica parlamentaria, no del bonapartismo militar.

Pero el anlisis de Santucho no se limita al anlisis militar, como una lectura ingenua (o desinformada) podra argumentar. En su texto aparecen explcitamente mencionadas, con nombre y apellido, las diversas formas de la hegemona de la burguesa (4), destacando, por ejemplo, el papel de la prensa, la radio y la TV, es decir, los grandes medios de comunicacin de masas como instrumentos de la dominacin ideolgica.

Todo su anlisis se inserta en un contexto regional y global, sealando la crisis del capitalismo argentino enmarcada en un sistema mundial. Aqu Santucho hace suyo el mtodo dialctico de los Grundrisse de Karl Marx segn el cual se debe partir de la totalidad concreta del mercado mundial para comprender el desarrollo especfico de una formacin econmico social capitalista dependiente, en esta caso la Argentina, tesis metodolgica a la que el PRT-ERP ya haba apelado en su polmica con Carlos Olmedo de las FAR en 1970-1971. La posicin del PRT, que prolongaba el anlisis del Che en su Mensaje a los pueblos del mundo a travs de la Tricontinental, propona una mirada global sobre el conflicto con el imperialismo. La lucha nacional, pas por pas, era insoslayable, pero al mismo tiempo parte de una batalla mayor, de carcter antimperialista e internacional. De este modo, el PRT le responda a Olmedo cabe aclarar que Santucho mantena por Olmedo un gran aprecio personal, segn le confiesa en una carta enviada desde la crcel a su primera compaera Ana Villarreal, luego asesinada en Trelew que el marxismo no es slo un instrumento metodolgico, sino tambin una ideologa poltica y una concepcin del mundo. En tanto mtodo, ideologa poltica y concepcin del mundo, tiene como meta la revolucin mundial y, por ello, debe analizar el capitalismo como un sistema a una escala que supere la estrechez reduccionista del discurso nacional-populista.

El estudio poltico de Santucho tiene como eje el anlisis del poder y las relaciones de fuerza, incluyendo las hegemonas ideolgico-polticas. Un estudio sobre el arriba (la crisis del capitalismo argentino iniciada en 1952 y su dependencia con el gran capital transnacional, el reemplazo de los partidos clsicos de la burguesa por el bonapartismo militar, cuando entra en crisis la repblica parlamentaria) y un anlisis del abajo (polmica con el reformismo y el populismo, falsos atajos que terminan sometiendo al movimiento popular dentro del engranaje de la lucha interburguesa; emergencia y crecimiento exponencial de la rebelda popular en todas sus formas, legales y clandestinas, a partir del cordobazo de 1969).

Poder burgus y poder revolucionario intenta y se esfuerza por reflexionar sobre la clebre teora de Lenin (tambin enriquecida por Gramsci y otros clsicos del marxismo) acerca del doble poder, pero no a travs de un esquema genrico de pizarrn, como si fuera una clase tradicional de filosofa poltica universitaria, sino tomando como base emprica las condiciones histricas especficas de la Argentina posterior al cordobazo.

All aparece entonces sus tesis sobre el doble poder y la estrategia de poder popular en nuestro pas, la construccin de poder local a partir de zonas liberadas en confrontacin con las fuerzas de represin estatales (algo muy distinto al supuesto poder autnomo de una panadera o una zapatera en un barrio como emprendimientos de supervivencia con subsidio estatal para los segmentos ultra empobrecidos de clase obrera desempleada convertidos mgicamente en los nuevos soviets o consejos comunitarios presuntamente prefigurativos del comunismo futuro, como muchos aos despus postul, ambigua e ilusoriamente, el autonomismo).

La reflexin sobre el poder obrero y popular de Mario Roberto Santucho incorpora las formas de gestin (el texto analiza especficamente como ejemplos concretos desde grandes zonas rurales en territorios liberados por la insurgencia poltico militar hasta comisiones vecinales urbanas dentro de una villa o sindicatos antiburocrticos en pueblos de ingenios azucareros) enfrentadas a la arquitectura poltico institucional de la burguesa, pero enmarcadas siempre en la estrategia de confrontacin armada con el poder de los capitalistas. La teorizacin del poder popular que realiza Santucho contiene todas las determinaciones que habitualmente repite el autonomismo (gestin a travs de la participacin popular, democracia desde abajo, etc.), pero le agrega determinaciones ausentes en los relatos autonomistas y posmodernos, ya que jams elude la estrategia de confrontacin con el Estado capitalista y sus instituciones. Este es el quid de la cuestin, el carozo del durazno, el tango esencial segn aquella hermosa frase que le gustaba escribir a David Vias. La presencia de una ausencia (es decir: la estrategia revolucionaria de poder) de la cual el autonomismo en sus variadas formas recicladas, desde las ms groseras hasta las ms sutiles, no se hace cargo. El poder popular para Santucho es un escaln hacia la confrontacin generalizada con el poder del Estado burgus, nunca un atajo prefigurativo para eludir el choque y esquivar (imaginariamente) la violencia capitalista.

El gran presupuesto en el que basa su anlisis no parte de elucubraciones genricas y metafsicas extradas de los exquisitos relatos filosficos del posestructuralismo francs... sino de experiencias concretas y bien terrenales de revoluciones histricas.

Para pensar el poder el mtodo de la dialctica marxista es histrico, no metafsico. Partimos de la historia, no de las metafsicas post cuyas hipstasis superlativas asumen siempre un nombre distinto (cada pensador, a su vez, se siente nico pastor del pueblo elegido, la secta acadmica que lo sigue), pero la operacin terica presupuesta es la misma. Puede llamarse Ideologa (en el Althusser tardo); Poder (en Foucault); Discurso (en Laclau); Diferencia (en Derrida); Poder-potencia constituyente (en Negri), Interpretacin (en Vattimo, antes de su reciente autocrtica), Deseo (en Deleuze y Guattari), etc., etc. Siempre escrito con maysculas...

A la hora de pensar el poder popular Santucho, siguiendo las sugerencias del Che y de Lenin, no elabora una nueva metafsica, aislando e hipostasiando algn segmento de las relaciones sociales elevado a primer motor del universo poltico. No, por el contrario, asume una perspectiva ms modesta pero ms efectiva. Analiza procesos histricos, experiencias concretas en las cuales los de abajo intentaron de diversos modos enfrentar a los de arriba. Santucho menciona explcitamente los procesos revolucionarios de Rusia, Espaa, China y Vietnam, no tomadas como un bloque homogneo y uniforme convertido en esquema universal sino por el contrario, marcando las diferencias especficas y concretas de cada situacin revolucionaria. Por ejemplo, sostiene, en Rusia el proceso de doble poder que abre una situacin revolucionaria dur apenas nueve meses, fue relativamente corto. En cambio en la revolucin y guerra civil espaola, se extendi durante casi ocho aos. En uno triunf el campo revolucionario, en el otro triunf la contrarrevolucin.

Analizando concretamente la experiencia argentina, Santucho sostiene que, acorde al desarrollo desigual que conform al capitalismo argentino en cada una de las regiones del pas, existe un desarrollo desigual en las formas del poder local forma especfica del poder dual teorizado por Lenin a partir de levantamientos sucesivos (el cordobazo, el viborazo y otras grandes rebeliones populares de la poca por l estudiada) que no se dan todos juntos ni homogneamente ni en el mismo nivel. Un anlisis bastante fino y para nada esquemtico, que atiende a la especificidad regional del capitalismo argentino y de sus resistencias.

Un marxismo no decorativo

Robi Santucho no fue un hombre de la Academia ni del marketing. Ni siquiera existen muchas fotografa suyas. Cuentan sus compaeros y compaeras que hablaba bajito y era muy humilde (seguramente la anttesis del porteo supuestamente sabelotodo, altanero, engredo y petulante). Pas los aos ms significativos de su vida adulta en la clandestinidad y el anonimato. No trabaj para s mismo sino para una causa infinitamente mayor que su propio ombligo. Aunque tena de profesin contador pblico, no le interes hacer carrera poltica, lo cual hubiera sido muy fcil para l. Poniendo en prctica otra manera de vivir, apost todo, incluyendo su propia vida y la de sus seres queridos, por la felicidad de los dems, para que la gente humilde pudiera tener una vida digna, para que los millonarios no gocen de la obscena impunidad de la que hacen gala hoy en da, para que la clase trabajadora dirigiera, por fin, este pas que a veces es tan pero tan cruel con sus propios hijos.

Sus reflexiones polticas, completamente ajenas al barroquismo acadmico y a las imposturas supuestamente refinadas de un discurso que en el fondo no tiene dos ideas genuinas para comunicar y que no molesta ni incomoda a nadie, constituye una manera distinta de pensar la sociedad y el mundo desde abajo, a contramano de la historia de los vencedores, a partir de la rebelda contra las instituciones fundamentales de los millonarios y empresarios capitalistas. Esos mediocres que son todava los dueos de todo... Por ahora.

Barrio de Once, julio de 2013.

NOTAS:

(1) Esos colores de la bandera del ERP (celeste y blanco horizontales al estilo de la bandera del Ejrcito de los Andes de San Martn, con una estrella roja de cinco puntas en el medio), hoy tan populares entre la juventud, eran completamente desconocidos para la militancia juvenil de nuestra generacin. Si no recuerdo mal, la primera vez que vimos esa bandera en pblico, en vivo y en directo, fue en el estadio de Atlanta en el acto poltico del 1 de mayo de 1987, conmemorando el da de los trabajadores. Conmovidos, todos los jvenes comentbamos por lo bajo, sealndola en lo ms alto de una tribuna popular. Nos generaba fascinacin, no desprovista al mismo tiempo de cierto temor. La bandera del ERP era uno de los mximos smbolos prohibidos; representaba todo, prcticamente todo, lo que la dictadura sangrienta y feroz del general Videla haba pretendido extirpar de nuestro pas, nuestra sociedad y nuestra historia. A pesar del genocidio, los sueos y proyectos que esa bandera intent sintetizar nunca fueron exterminados.

(2) Hemos intentado demostrar en forma mucho ms extensa el fracaso de las metafsicas post en el libro Nuestro Marx. Caracas, Misin Conciencia, 2011. Primera parte. pp. 47-92.

(3) No queremos repetirnos. Hemos intentado responder esta pregunta con mayor detalle en nuestro libro En la selva (Los estudios desconocidos del Che Guevara. A propsito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia) de prxima publicacin en Argentina (2013) en una edicin conjunta de Ediciones Yulca, La Llamarada y Amauta Insurgente.

(4) Santucho, Mario Roberto: Poder burgus y poder revolucionario. En Daniel de Santis [compilador]: PRT-ERP. Documentos. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 2000. Tomo 2, p.276.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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