Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2013

Materialismo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XXIII)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Un nuevo materialismo es el ttulo del quinto captulo de Marx sin ismos. Se abre con una cita de uno de los maestros de FFB, Karl Korsch: Hay que deplorar el que no slo los crticos burgueses de las pretendidas contradicciones marxianas sino tambin los que se tienen por ms fieles seguidores de la ciencia materialista de Marx hayan citado hasta el presente sus diversas proposiciones tericas sin atender al momento en que fueron redactadas, ni al pblico al que en su origen estaban dirigidas ni a otras consideraciones histricas exigidas por su interpretacin materialista. Lo dir con toda claridad: esa forma de citar a Marx, exactamente de la misma manera en que los escolsticos citaban a Aristteles o la Biblia, no conviene en absoluto al estudio histrico y materialista de una teora social.

En Bruselas es el primer apartado de este captulo. Los siguientes son: Nunca la ignorancia ayud a nadie, De la crtica de la ideologa a la formulacin del nuevo materialismo, Tiene ideologa el proletariado?, Materialismo prctico, Materialismo histrico y Economa y tica. Me detendr en este ltimo.

La crtica de las ideologas y la formulacin, alternativa a ellas, de la concepcin materialista de la historia deja al lector actual de La ideologa alemana con una duda, seala FFB. Esta obra de Marx (y Engels) apunta a la sustitucin de un filosofar slo especulativo, ideologizado, por la ciencia. Pero, de qu ciencia se trata se pregunta FFB. En un determinado momento -captulo dedicado a Feuerbach-, Marx y Engels escriben que slo reconocen una ciencia, la ciencia de la historia. Y preconizan tentativamente la unificacin de la historia natural y de la historia humana, sociocultural (IA, 676).

La afirmacin fue luego tachada en el manuscrito. Por qu pregunta FFB? Se puede sugerir una explicacin. La siguiente:

En primer lugar, Marx no tiene todava claro en 1845 con qu teora naturalista enlazar su concepcin materialista de la historia. Slo dispone de una antropologa filosfica y esa antropologa procede, precisamente, del autor que est criticando.

En segundo lugar, Marx ha empezado a considerar por entonces que su ciencia era la economa poltica.

Y en tercer lugar, el libro que Engels acababa de publicar y que a Marx le pareca un excelente punto de partida, La situacin de la clase obrera en Inglaterra, no era propiamente una obra historiogrfica ni tampoco una obra de anlisis econmico sino lo que hoy llamaramos una obra sociolgica.

Teniendo estas tres cosas en cuenta se comprende que les haya parecido excesivo decir que slo conocan una nica ciencia, la ciencia de la historia, comentaba FFB. De ah seguramente se poda concluir que en aquella fecha Marx aspiraba a ser un cientfico (un cientfico social, sobre todo) que tena en la cabeza contribuir a una ciencia nueva, como queriendo renovar el proyecto de Vico: una ciencia hecha a la vez de economa, sociologa e historia.

La lectura, unas veces apresurada y otras interesada, de Marx como cientfico social y como terico de la poltica revolucionaria, sostena FFB, tendia a olvidar el papel que ha jugado en su obra la crtica moral del capitalismo. Son muchos los autores (desde Isaiah Berlin a los principales representantes del llamado marxismo analtico pasando por Louis Althusser) que han exagerado este punto. Se ha insistido que el determinismo histrico de Marx subvalora el papel de la subjetividad de los hombres, que deja fuera de consideracin las razones morales tanto en la crtica del capitalismo como en la propuesta de sociedad alternativa, en la argumentacin acerca de qu deba ser la sociedad comunista. Esa lectura, en opinin de FFB, es filolgicamente inmantenible.

No slo porque, como es evidente, la adhesin de Marx a la causa del proletariado fue debido a razones ticas, ideales y porque esta adhesin es cronolgicamente anterior a la justificacin cientfica de la misma, sino tambin porque estas razones no desaparecen en absoluto cuando formula la crtica de la economa poltica. Marx no opone las razones del anlisis cientfico (econmico, sociolgico o historiogrfico) a las razones morales. Dice otra cosa: dice que estas ltimas son insuficientes para comprender cmo funciona el mundo moderno, qu es en l la propiedad privada de los medios de produccin, qu papel tienen el dinero y el crdito en el sistema capitalista, cmo se desarrolla el conflicto de intereses entre capital y trabajo.

Era verdad que existan frases sueltas, escritas por Marx en esos aos, contra el sentimentalismo filntrpico y contra el moralismo humanitarista de los que llama utpicos o utopistas que podan sonar a amoralismo o inmoralismo. Pero, este era el punto, la crtica moral est constantemente presente en Marx. Constantemente. Por lo que haca a los escritos de aquellos aos, esa crtica moral se puede percibir en tres niveles distintos:

Primero: en su consideracin crtica de las instituciones principales de la sociedad capitalista: dinero, sistema crediticio, forma de producir y distribuir los bienes, trabajo asalariado.

Despus, en su crtica de la lnea evolutiva principal que han seguido los economistas clsicos (Ricardo, James Mill y Bentham, principalmente).

Por ltimo, en la argumentacin de las razones por las cuales se manifiesta a favor del comunismo.

En su crtica a las instituciones Marx haba denunciado la bajeza que encierra la estimacin del hombre en trminos dinerarios. En el sistema capitalista la individualidad y la moral humanas se han convertido en un artculo comercial y la consecuencia ltima de esa vileza es la teatralidad mutua en las relaciones entre los hombres, el dominio del disimulo y de la hipocresa, que conducen hasta el extremo de que sobre el hombre sin crdito no slo recae el sencillo juicio de que es pobre, sino tambin el veredicto condenatorio de que, adems, no merece confianza y estima, de modo que se le convierte en un paria sin socialidad, en un mal hombre.

En ese sistema el hombre no es juzgado por lo que realmente es sino por lo que tiene, por lo que posee: el juicio moral sobre el hombre, tanto en el estado como en la sociedad civil, queda as determinado por el crdito que concedan al particular las instituciones bancarias, de modo que, en la realidad, lo que ah se llama moral es la mentira institucionalizada, la hipocresa y el egosmo de la mera utilidad. Esta situacin tena su reflejo tambin en el lenguaje cotidiano: el lenguaje se deshumaniza hasta tal punto que el llamar a las cosas por su nombre parece un atentado contra la dignidad humana mientras que, en cambio, el lenguaje enajenado de los valores cosificados parece dignidad humana justa, segura de s y conforme consigo misma.

Cuando se repasaban con cuidado las especificaciones de la crtica marxiana a la economa nacional o poltica se daba uno cuenta en seguida de la importancia que en ella tienen tambin las consideraciones de tipo moral. El hecho de que Marx haya escrito muchos sarcasmos sobre la forma dominante de moralidad en la sociedad de su poca no deba llamar a engao, apuntaba FFB. Era absurdo decir que el concepto marxiano de explotacin no tiene connotaciones morales. El significado primario de la explotacin que caracteriza el sistema del trabajo asalariado es moral. Precisamente los fros conceptos de la economa poltica han puesto de manifiesto, en opinin de Marx, que, bajo el capitalismo, el trabajador queda rebajado a mera mercanca; que la miseria del obrero est, por lo general, en razn inversa a la potencia y magnitud de su produccin; que el resultado de la competicin capitalista es el monopolio, la acumulacin de riqueza en pocas manos; que la diferencia entre capitalistas y terratenientes tiende a desaparecer; que la sociedad toda tiende a la polarizacin entre la clase de los propietarios y la de los obreros desposedos; que la hegemona de la propiedad privada y del trabajo asalariado es un hecho.

Todas estas comprobaciones facilitadas por la economa poltica eran para Marx, prosegua FFB, muy apreciables en comparacin con las especulaciones del historicismo y del romanticismo alemn que en vez de ocuparse de lo profano idealizan el pasado y se quejan del presente. Marx ha escrito muy explcitamente, en 1844, que no quiere que nadie confunda su crtica de la economa poltica con la crtica romntica a la comercializacin de la tierra. l no quiere sentimentalismos ni aoranzas porque sabe que los que mandan no se andan con sentimentalismos y aoranzas. Pero cuando sostiene que estas comprobaciones de los economistas sobre la sociedad moderna son apreciables haba que entender que lo son analticamente, o sea, desde el punto de vista del anlisis, no moralmente. Marx ha llamado varias veces cnico ese anlisis de los economistas que le precedieron: cnico por la precisin y claridad descarnadas con que ha puesto de manifiesto el tipo de intercambio basado en la propiedad privada.

Lo que haca cnico el realismo descriptivo de la economa poltica, seala FFB, es precisamente el que los cultivadores de esa ciencia se queden por lo general en el anlisis de lo que hay. Ah empezaban los reproches morales de Marx. Algunos de ellos son muy duros.

La economa, segn Marx, parte del hecho de la propiedad privada, pero no lo explica. Y no lo explica porque acepta como fundamento ltimo el inters del capitalista y hace suyos los valores de ste: el egosmo, la codicia, la guerra desatada entre codiciosos, la competicin constante. El economista poltico sigue siendo, para Marx, un hombre de negocios emprico en la medida en que representa la manifestacin, en forma cientfica, de los valores del sistema. Cuando calcula, el economista introduce superficiales porcentajes o trminos medios cuyo objetivo es engaar o desinformar a la parte ms numerosa de la poblacin; cuando trata del salario o de la relacin entre capital y trabajo el economista oculta la figura de la enajenacin porque, aunque parte de que el trabajo es el alma verdadera de la produccin, se lo da todo a la propiedad privada, se pone de esta parte.

El economista no se interesa por los sufrimientos y las angustias del trabajador en paro porque, al encontrarse fuera de la relacin laboral, le parece un fantasma que queda fuera de su reino (que no es de ese mundo). Slo conoce al obrero en la figura que le interesa, en cuanto animal de trabajo, como bestia reducida a las ms estrictas necesidades vitales. Por eso hace del obrero un ser sin sentidos, sin sensibilidad. El economista reduce las necesidades del hombre- trabajador a lo imprescindible, para el mantenimiento de la vida fsica porque la nica necesidad que de verdad le importa es la del dinero. Y, al comportarse as, la economa poltica (que no es crtica) colabora a la infelicidad de la sociedad, al sufrimiento de la mayora.

Pero, por otra parte, la economa, como ciencia de la riqueza y del dinero, no es neutral u objetiva en el conflicto entre trabajo y capital. Sigue siendo, en el fondo, una filosofa moral. Una filosofa moral demediada y desdoblada. Es filosofa moral que predica el egosmo y la utilidad para unos, para los de arriba, y la utilidad y la resignacin para otros, para los de abajo. Y es al mismo tiempo una filosofa moral de la renuncia, de la privacin y del ahorro. De manera que la economa, en lo que tiene de prescriptiva, esto es, de poltica econmica, es una ciencia con ideales morales: de un lado, predica la desmesura y el exceso, cuando habla de dinero; de otro, predica la autorrenuncia a toda humana necesidad, la exaltacin de la figura del obrero que lleva a la caja de ahorros una parte de su salario. Por eso, sealaba FFB, Marx pudo concluir: Pese a su mundana y placentera apariencia la economa es una verdadera ciencia moral, la ms moral de las ciencias. La moral de la economa nacional es el lucro, el trabajo y el ahorro, la sobriedad. La economa nacional de la moral es la riqueza con buena conciencia, con virtud, etc. [OME 5, 392].

Lo que no le convence a Marx es el reproche genrico. Segn ste David Ricardo, James Mill, Jeremy Bentham y los economistas ricardianos prescinden de la moral porque sus proposiciones no suenan moralizadoras. De la misma manera que cuando dialoga con los filsofos Marx quiere explicar su representacin invertida de la realidad a partir de lo que pasa en la realidad misma, as tambin cuando dialoga con los economistas pretende dar una explicacin de la deshumanizacin y el carcter cnico de su lenguaje.

En tres aos, entre 1844 y 1847, Marx ha perfilado su propio punto de vista. Lo ha hecho por comparaciones sucesivas:

En un primer momento, al poner el acento en la crtica al carcter cientfico de la economa poltica, ha aceptado sin ms el calificativo de cnicos endosado por otros filsofos sociales (mayormente franceses) a Ricardo y los ricardianos.

En un segundo momento, al comparar ideologas en este campo, ha explicado (que no justificado) ese cinismo con la consideracin de que el lenguaje de Ricardo y de los ricardianos no poda sino traducir lo que estaba pasando en el hogar clsico del capitalismo, Inglaterra, o sea, expresar las leyes morales a su modo [OME 5, 393].

En un tercer momento, discutiendo ya con Proudhon y otros escritores franceses, Marx ha acabado eximiendo a David Ricardo de que su lenguaje suene cnicamente.

En este caso, Marx sigue afirmando que ciertos pasajes de los Principia ricardianos son la expresin ms acabada del cinismo porque pone, por ejemplo, al mismo nivel los gastos de fabricacin de sombreros que los gastos de mantenimiento del hombre trabajador, lo que significa transformar al hombre en sombrero (como efectivamente ocurre). Pero al llegar ah, siendo ahora su objetivo polmico la crtica slo moralizadora, Marx da un paso ms: no hay que gritar tanto sobre ese cinismo porque, al fin y al cabo, el cinismo est en las cosas y no en las palabras que expresan las cosas. Ricardo es, por tanto, slo el mensajero de las malas noticias. No hay que matar al mensajero. Hay que interpretar su mensaje en el sentido de que, con su cinismo, est revelando los misterios de la burguesa.

Al argumentar en esos aos la misin histrica del proletariado Marx ha juntado razones de tres tipos: histrico-filosficas, analticas y morales. El peso de esos argumentos es distinto segn los contextos, pero no hay duda de que el origen de su justificacin es tico-poltico, aunque, como he dicho ya, no necesariamente proftico ni secularizador de otros mesianismos.

En La sagrada familia, por ejemplo [OME, 6, 36], Marx ha escrito, en defensa de la perspectiva socialista, que cuando se asigna al proletariado una misin histrico-universal no es porque se considere que los proletarios son dioses o estn destinados a ir al Paraso, sino ms bien por todo lo contrario: porque en las condiciones de vida del proletariado (de aquel momento) se compendiaban todas las condiciones de vida de la sociedad contempornea en su extremo ms inhumano; porque en el proletariado el hombre se ha perdido a s mismo, se ha deshumanizado, pero a la vez ha adquirido conciencia terica de esa prdida; porque se ve forzado a rebelarse contra esa inhumanidad ante una indigencia que ya no es posible negar ni encubrir; porque para liberarse a s mismo tienen que suprimir sus propias condiciones de vida; porque para suprimir sus propias condiciones de vida tiene que suprimir todas las condiciones de vida inhumanas en la sociedad actual.

Todas esas cosas juntas podan ser mucho, y difciles de realizar, y alguna de ellas discutible si se formula como un nivel de conciencia ya alcanzado entonces por el proletario, pero no son ninguna truculencia econmicamente determinada o teleolgicamente prescrita. Ese era el punto.

Se podra decir, para concluir, sealaba FFB, que de la misma manera que Maquiavelo, al distinguir entre moral y poltica, no estaba implicando el desprecio de toda tica sino postulando precisamente otra tica para los asuntos pblicos, as tambin Marx, al fijarse en la importancia que lo econmico tiene en nuestras sociedades modernas, no despreci las consideraciones morales sino que postul otra tica, una tica, por as decirlo, del inters-deber. No era su intencin escribir en positivo esa otra tica del inters-deber, sino llamar la atencin acerca de los estragos que producen en la sociedad dos formas de interiorizar las relaciones socioeconmicas que son simtricas por ser ambas ideolgicas: la de los que dicen lo que hay en las relaciones econmicas tpicas del capitalismo y se quedan tan anchos (o aaden que eso es lo que corresponde a la naturaleza humana) y la de los que critican a los economistas por su cinismo en la descripcin de las relaciones entre capital y trabajo para luego instalarse en la especulacin acerca de la autoconciencia del hombre sin necesidades materiales (o casi).

El siguiente captulo hablaba de fantasmas, aquellos que recorran territorio europeo.

PS: Sobre el trmino materialismo, estos textos de Sacristn:

1 (1967). Trmino tcnico filosfico y a la vez de uso comn y frecuente en el lenguaje cotidiano, materialismo es una de las voces ms equvocas del discurso de los filsofos...

Pero la confusin ms importante en el uso del trmino materialismo est determinado por las conexiones objetivas que pueden admitirse entre dos sentidos filosficos fundamentales de la palabra: un sentido ontolgico y otro epistemolgico... Segn la primera de esas dos contraposiciones, el uso ms corriente de materialismo es epistemolgico: materialismo es en este caso la tesis, o el conjunto de tesis, segn el cual el conocimiento es conocimiento de un ser externo a cualquier consciencia e independiente de ella. De la naturaleza de ese ser no se dice por de pronto nada concreto, y es plausible que la tesis materialista as entendida no necesite comprometerse en una afirmacin filosfica acerca de la naturaleza del ser real o material...

Si se atiende, en cambio, a la segunda contraposicin, materialismo es la tesis o el conjunto de tesis segn el cual todo el ser material es bsica y genticamente de la naturaleza del estudiado por la fsica...

En cualquier caso, la distincin entre un sentido epistemolgico y otro ontolgico de materialismo no anula el parentesco entre ambos: parece coherente con la tesis de que el ser conocido es independiente de la consciencia (materialismo epistemolgico) la tesis de que el ser real no es todo l, de la naturaleza de la consciencia, ni lo es bsica y genticamente (materialismo ontolgico)...

2 (1981). El plano ms o menos resueltamente especulativo en la que se dirimen a menudo controversias como la de la sociobiologa ha llevado incluso a historiadores de la ciencia de inspiracin kuhniana a tratar la cuestin con categoras propias de una historia de las marcas comerciales. As, D. L. Hull, tras estimar que el fracaso de la frenologa y el xito del darwinismo en el siglo XIX se debi a que el segundo fue capaz de seguir dando su nombre a conceptos y tesis que no tenan ya casi nada que ver con sus posiciones iniciales mientras que la frenologa no mostr esa flexible capacidad de hacer trampa, aconseja a los sociobilogos que, para ganar su controversia, se preocupen sobre todo de seguir llamando sociobiologa a cualquier revisin de sus premisas, por destructiva que sea.

Pese a semejante ideologizacin del debate, el mensaje caracterstico del materialismo cientfico para las ciencias sociales se diferencia del romntico porque se basa en aportaciones de conocimiento positivo, que van desde la gentica y la dinmica de poblaciones hasta la etologa pasando por la ecologa, por la sociobiologa y otras varias investigaciones menos generales.

Sobre el materialismo histrico, este breve apunte de 1967:

3. El materialismo histrico es pues una concepcin metacientfica de la historia, basada esencialmente en la decisin metodolgica (metacientfica) que atribuye a la economa un papel fundamental en el conocimiento histrico y a lo econmico una funcin anloga en la vida histrica. Pero la doctrina se completa subrayando que el papel bsico de lo econmico es bsico tambin en el sentido de no integral: es tambin meramente bsico. Con esto el materialismo histrico se distingue del economicismo, reduccin de todos los fenmenos a economa. Segn el materialismo histrico han de admitirse como formaciones reales histricas todas aquellas que, naciendo de la base econmica, cristalizan luego a otros niveles o con otras cualidades. Un ejemplo destacado de estas formaciones o fuerzas es la consciencia de la clase obrera, que con su accin puede intervenir decisivamente no ya en la vida histrica en general, sino incluso en el fundamento econmico de sta, alterando, por ejemplo, la tasa del beneficio.

Con ese reconocimiento de las formaciones y fuerzas que, aunque de gnesis econmica, se despliegan sin embargo en otros planos, el materialismo histrico es manifiestamente un materialismo dialctico, o sea, no mecanicista, no reductivo...

Finalmente, dos aproximaciones a K. Korsch:

4 (1985). Resulta interesante comparar su conducta con la del otro principal filsofo condenado, Karl Korsch, que aquel mismo ao haba publicado Marxismo y filosofa. Korsch no se retract de su marxismo primero, tan hegelizante como el de Lukcs, ni tampoco rectific su izquierdismo. Por el contrario, empez una larga y deprimente carrera de fundador de grupsculos comunistas radicales que desemboc en el aislamiento completo durante su exilio en EE.UU. Pero lo notable es que Korsch acab por abandonar completamente, en el curso de su vida, las posiciones hegelianas que comparti con Lukcs en los veinte, mientras que ste, que tan prontamente acept en poltica el comunismo centrista de Lenin y el Gobierno sovitico, sigui siendo un marxista hegeliano hasta en las grandes obras de su vejez (Esttica, 1963). Slo despus de 1968 pareci algo dispuesto a revisar de verdad su pensamiento. La comparacin entre Lukcs y Korsch ilustra acerca de lo torpe que es identificar adhesin poltica con homogeneizacin intelectual, con ortodoxia, como suele hacerlo la literatura poltica trivial. Lukcs se adhiri al comunismo estaliniano, muy antihegeliano, pero sigui cultivando su hegelomarxismo.

5 (1970). Cosa anloga ocurre con los izquierdistas neopositivistas de los aos 20 y 30. As, por ejemplo, Korsch criticaba a Lenin, todava en 1938, por no haber visto el punto de partida resueltamente materialista en que se basa la filosofa neopositivista. Esa crtica est fuera de lugar: lo que haba que ver y que apreciar -ya desde Mach y Bogdnov- era, por ejemplo, el anlisis formal que reduce, slo para fines internos del estudio de los lenguajes cientficos, la nocin de objetividad a la de intersubjetividad, o la de axiomas evidentes a la de simplicidad, a eficacia deductiva, a armona de pensamiento, como deca Mach. Muchas de esas nociones han sido ya abandonadas, incluso en el trabajo analtico que era su terreno propio y de origen. Pero eran apreciables (y su intencin cientfica sigue sindolo) como instrumentos destinados a traducir las afirmaciones generales y materiales sobre el mundo por enunciados de contexto interno al trabajo cientfico mismo y, por lo tanto, de manejo ms simple formalmente exacto e inambiguo. En cambio, si esos enunciados se toman por afirmaciones sobre el mundo, entonces se tiene no el anlisis de las teoras, no una crtica de la experiencia, sino el neopositivismo como filosofa de tipo tradicional...

Referencias: 1. Materialismo,PM II, pp, 294-296. 2.Sobre los problemas presentemente percibidos en la relacin entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofa de las ciencias sociales. Un esquema de de discusin, Ibid., p. 457. 3. Materialismo, PM II, p. 300. 4 Para que sirvi el realismo de Lukcs?, PEYPA, pp. 176-177. 5. Lenin y la filosofa, PM I, pp. 180-181.

Nota:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 119-144.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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