Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Revoluciones en el mundo rabe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2013

Lo que queda de Damasco

Sarah Birke
The New York Review of Books

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


En una reciente visita a Damasco, la primera despus de un ao, me acerqu una maana a la Mezquita de los Omeyas. El espectacular monumento, una de las mezquitas ms antiguas que existen, fue primeramente un templo romano y despus una primitiva baslica cristiana antes de convertirse en lo que muchos musulmanes consideran que es el cuarto lugar ms sagrado del culto del Islam. Como es habitual, estaba llena de familias. Los nios patinaban por el patio de mrmol, las mujeres y los hombres rezaban o descansaban, a menudo hablando por sus telfonos mviles. Pero la escena tom un cariz distinto cuando me sent a hablar con dos mujeres de los barrios perifricos de Damasco.

Fatia era de Yubar, un suburbio del noreste situado estratgicamente junto a la carretera que circunvala Damasco, donde cada da se producen enfrentamientos entre el rgimen y las fuerzas rebeldes. Su casa haba sido recientemente destruida por los bombardeos del rgimen y nos cont que ahora estaba viviendo con otras veinte personas en el centro de Damasco, que se vino aqu porque era el nico lugar seguro adonde ir. La otra mujer, Manar, dijo que su marido haba estado trabajando en Daraya, un suburbio que haba sido tomado por los rebeldes el otoo pasado y que a partir del invierno ha estado casi bajo continuo ataque del ejrcito sirio. Su marido haba perdido su trabajo porque la fbrica donde trabajaba haba acabado pulverizada por las bombas. Ahora hay personas que duermen en las mezquitas porque no tienen dnde ir, me dijeron. (Est prohibido dormir en la Mezquita de los Omeyas, pero las mezquitas ms pequeas estn actualmente llenas de sirios desplazados.) De repente, el seco estruendo del disparo de un cohete interrumpi su relato. Quiz cay en Yubar, dijo Fatia.

Aunque la brutal devastacin causada por el conflicto sirio est entrando ya en su tercer ao y ha afectado a muchas zonas del pas, el gobierno sirio intenta siempre que la capital parezca un oasis de calma. A diferencia de Alepo, con muchos de sus barrios destruidos tras un ao de batalla, el centro de Damasco muestra pocas cicatrices fsicas de la guerra, aparte de los muchos controles y bloqueos de carretera y de los restos calcinados de un edificio bombardeado al noreste de la ciudad. A diferencia de Raqqa, una ciudad del este de Siria que est en manos de rebeldes extremistas, Damasco semeja una especie de bastin dinmico y tolerante. En este sentido, el funcionamiento de la ciudad demuestra tanto la persistente fortaleza del rgimen como los riesgos que enfrenta la cada vez ms fracturada oposicin. Pero como revel mi visita a la Mezquita de los Omeyas, nada es ya lo mismo en la capital siria por debajo de esa superficie.

Ese mismo da cen con un empresario muy bien relacionado; fue al colegio con Bashar al-Asad y con el hermano mayor de Bashar, Basel, y ha prosperado bajo el rgimen, incluso ms an desde que empez la crisis. El restaurante serva comida continental y cualquier clase de alcohol que pudiera antojrsete. Una joven muy repeinada con una foto de Bashar en la pantalla de su iPhone cantaba canciones mientras sus sonrientes compaeros tomaban bebidas a un precio que hubiera servido para pagar un mes del alquiler de cualquier familia desplazada. En un determinado momento, el empresario se levant para ir al bao y algo repiquete contra el suelo. Era una pistola. Oh, eso, dijo. Tengo miedo de que me secuestren. Prefiero matarme en caso de que suceda.

Durante mi estancia, las visitas a media docena de diferentes barriadas del centro me dejaron claro que el rgimen no est an precisamente en las ltimas, al menos aqu. La economa sigue adelante, en gran medida impulsada por los fondos aportados desde el gobierno iran, que ha inyectado al menos 4.000 millones de dlares en Siria desde que empez el conflicto. Las mujeres bullen por los zocos, que permanecen abiertos aunque algunas tiendas estn cerradas. Los hoteles, que hace un ao crean que iban a tener que cerrar sus puertas, estn yendo mejor ahora gracias a los sirios ricos que han huido a la capital. Los restaurantes vacos de las callejuelas y casas con patio de la ciudad vieja se compensan con los cada vez ms numerosos vendedores ambulantes que ofrecen de todo, desde pauelos a cigarrillos, a la poblacin desplazada.

Pero la guerra est cerca. En casi todos los suburbios de Damasco que rodean la ciudad se han librado batallas importantes entre las fuerzas del rgimen y la oposicin, desde Duma y Harasta hasta zonas ms cercanas como Barseh y Yubar. Despus de que los rebeldes lograran algunos avances cerca de la capital durante el verano y el otoo de 2012 que se vendieron como las batallas finales- para ser repelidos despus, muchas barriadas de los alrededores de la ciudad, incluidas Yubar y Daraya, fueron machacadas por los bombardeos del rgimen. (En estos momentos, parte de Ghuta, un rea al este de Damasco est bajo control rebelde, aunque recientes avances del rgimen estn sometindola a cada vez mayores presiones.)

Un da me acerqu hasta Harasta, un suburbio situado en la zona noroeste, a un tiro de piedra del centro de la ciudad. La carretera estaba llena de metales retorcidos y coches carbonizados. Conduzca rpidamente durante el tramo de doscientos metros que tiene por delante porque hay francotiradores, advirti un soldado a mi conductor. Seguimos avanzando pero nos volvimos porque el bombardeo era demasiado intenso y de la zona adyacente a la carretera se elevaba un humo negro. En otra ocasin, estaba cogiendo un taxi en Mezze, una zona justo al oeste del centro, cuando la carretera se bloque de repente. Unos pocos metros ms all haba un coche echando humo. Algunos decan que haba explotado uno ms de los frecuentes coches bomba-, otros decan que un mortero le haba alcanzado.

Sin embargo, el cambio ms notorio en la ciudad desde que yo viv aqu antes de la guerra es la propia poblacin urbana. Damasco, que tena una poblacin estimada en cinco o seis millones de habitantes antes de que empezara el conflicto, nunca lleg a rivalizar con El Cairo en vida intelectual, o con Beirut en sofisticacin. Sin embargo, tena bastantes aspirantes a cineastas y disidentes canosos, jvenes mundanos y muchos abogados, doctores y acadmicos con un nivel muy alto de educacin. Ahora un gran nmero de profesionales, los jvenes e incluso trabajadores normales, con ahorros suficientes para poder marcharse, se han ido al Lbano, Egipto, el Golfo o ms lejos. En su lugar, la ciudad ha registrado una inmensa afluencia de personas pobres e indigentes de las zonas perifricas, que se han trasladado a zonas como la ciudad vieja, a menudo para vivir con familiares o amigos, o a distritos como el de Midan, una barriada que est justo al sur del centro y que es en s una zona conflictiva. Ahora viven junto a los ricos y los apticos de la ciudad que se han quedado y que por lo general apoyan al rgimen. (Un grupo que, contrariamente a algunas de las caracterizaciones habituales de la guerra, incluye no slo a alaues sino a miembros privilegiados de otras sectas, como sunnes y cristianos.)

Esto hizo que la ciudad me pareciera vaca. Fui a dar un paseo por mis viejos lugares favoritos durante los tres aos que pas viviendo en Damasco. Y me puse a atisbar por las desvencijadas ventanas de Etana, una librera que en otro tiempo estaba siempre llena de intelectuales, y solo vi cajas y estanteras vacas. Mazen, el proveedor de mis camisones, se haba marchado. El vendedor de alfombras, desaparecido. Mi joyero favorito, lo mismo. En lugar de las tiendas que en otro tiempo vendan recuerdos a los turistas, haba tiendas baratas con laca de uas y artculos de imitacin, como los bolsos Luis Vutton. Los pocos disidentes e intelectuales que encontr que no se haban ido de la ciudad pasaban las horas hablando de los amigos que se haban marchado y de tiempos pasados, temiendo todo el rato que les arrestaran. El 18 de julio, a uno de ellos, Yusef Abdelke, pintor, se lo llevaron detenido las fuerzas de seguridad. Un disidente desde hace mucho tiempo, que solo volvi a Siria en 2005 tras haber pasado antes varios aos en la crcel en la poca del padre de Bashar, Hafez, fue detenido junto con otros dos miembros de un grupo interno crtico del rgimen (los tres pertenecen a diferentes minoras sirias: cristiana, alau y drusa) durante otra oleada de arrestos polticos.

Otro disidente, que ha empezado a repartir ropa y medicinas por los asediados suburbios por iniciativa propia, despotricaba contra los jvenes que se marcharon tan pronto como las cosas se pusieron difciles, las mismas personas que eran necesarias para poder levantarse contra el rgimen. Su amigo le reprendi: Todos tenemos que tomar nuestras propias decisiones. Las armas fueron ms fuertes que ellos.

Mucha de la gente que se ha quedado est sobreviviendo gracias a las redes informales de apoyo y a la ayuda de voluntarios como l. Pero siguen luchando. Las casas tienen ahora una familia en cada habitacin. Las sanciones han hecho mucho ms dao a la gente normal que al rgimen. Un bocadillo de falafel, que sola costar 25 libras sirias, cuesta ahora 65. (Se debe al colapso de la moneda siria, que no es sino una pizca en el precio equivalente en dlares, pero pocos ganan algo en nada que no sean libras sirias.) La comida cuesta como estuvieras viviendo en un hotel de cinco estrellas, seal Fatia. La depresin se extiende. Todo lo que los sirios queramos realmente era una casa y ganar lo suficiente para que nuestros hijos pudieran casarse, y todo eso ha desaparecido ahora, aadi Fatia.

El gobierno dice que est proporcionando ayuda a los muchos desplazados que han acabado en la ciudad. Pero en el Ministerio para la Reconciliacin Nacional, una entidad del gobierno de sonido orwelliano establecida en junio de 2012, supuestamente para ayudar a los sirios afectados por la guerra, contempl cmo la gente que haca cola para pedir ayuda para alojar a sus seres queridos, solo reciba el rechazo de indiferentes burcratas. Una mujer saba la rama de los servicios de seguridad que tena detenido a su hijo desde haca cinco meses, probablemente porque es un hombre joven y pensaban que poda unirse a la oposicin; su marido haba desaparecido sin rastro haca varios meses. Me pregunt cmo iba ella a poder sobrevivir.

A las autoridades del gobierno de Asad parece preocuparles poco que la ciudad histrica que dominan sea una sombra de lo que fue. Con los avances conseguidos contra la oposicin esta primavera, que culminaron en junio con la captura de Qusair, una ciudad situada en la frontera con el Lbano, junto con el renovado apoyo de sus aliados Hizbollah, Irn y Rusia, el rgimen siente una nueva confianza que se extiende a muchas de las personas que le apoyan y que conoc en Damasco.

Para esos leales al rgimen, el curso ltimo de la guerra incluyendo los crecientes informes de que los grupos ms radicales aventajan en algunas regiones a la oposicin- ha probado su argumento de que el gobierno es el ltimo bastin laico en la regin y que est siendo atacado por una serie de extremistas financiados por los Estados del Golfo. Los combatientes de la oposicin no se han hecho ningn favor a s mismos segn la lucha se ha ido haciendo ms sucia. Yo quera una revolucin pero el rgimen ha actuado con ms inteligencia y est ganando, me dijo un joven, refirindose a cmo el gobierno ha hecho cuanto ha podido por impulsar la violencia sectaria, incluyendo, segn mltiples informes de 2011, la liberacin de criminales, especialmente islamistas, de la prisin de Seydnaya para que pudieran unirse a la oposicin.

Pero hay otros en la capital al igual que la mayora de sus compatriotas que viven en territorio en poder de los rebeldes- que manifiestan vehementemente su desacuerdo. Dicen que prefieren morir antes que vivir bajo el rgimen; que hay que derribarlo sin que importe el precio. Un puado de destacados damascenos, como Yasin Hajj-Saleh, famoso escritor, y Rasan Seituneh, un abogado que est escondido desde el comienzo de la sublevacin, se ha trasladado a los suburbios en poder rebelde. (A mediados de julio, Hajj-Saleh, que est ahora en el este de Ghuta sin electricidad ni telfono y muy poca comida, le dijo a The Guardian: En Damasco nos enfrentamos con la constante posibilidad de que nos arresten y nos sometan a duras torturas. Aqu estamos a salvo de eso, pero no del misil que podra aterrizar sobre nuestras cabezas en cualquier momento.) Nadia, una amiga siria que trabaja para una agencia internacional de ayuda, me dijo que le gusta cruzar esas lneas y llegar a lugares como Homs porque la gente y la revolucin parecen mucho ms vivas que en Damasco.

En efecto, segn iba transcurriendo mi semana, la ciudad pareca hacerse ms opresiva cada vez y me acordaba de la Siria de aos anteriores; la gente con la que me reun lo comparaba a la poca anterior a Bashar al-Asad. Y me pona enferma cada vez que oa el sonido de un misil impactando en los suburbios. En una maana especialmente ruidosa, me extra que la gente no se inmutara: un hombre sentado en los escalones de una estructura de hormign gris sorba una taza de te, un guardia se rea a carcajadas frente a un edificio del gobierno y la cola de gente en una oficina de la Western Union esperando todos los envos de familiares en el extranjero- iba creciendo cada vez ms. Una y otra vez, la persona con la que hablaba puntualizaba sus frases con mafi hal no hay solucin-. Obama y todos nos han traicionado. Tenemos un problema con nuestra oposicin. Y tenemos un problema con el Islam, me dijo un vendedor de alfombras. Describi las negociaciones de paz de Ginebra como un juego y una tctica dilatoria de la comunidad internacional, ya que el rgimen no quera entregar el poder. Un empresario cercano al rgimen las describi con mayor crudeza como masturbacin.

Gran parte de la gente intenta evitar las divisiones de secta, clase y opinin que han aparecido por todas partes en el pas, aunque esas divisiones estn tambin arrastrndose hasta la capital. Antes de la guerra, algunas de las barriadas se dividan por sectas: Bab Tuma era un barrio de mayora cristiana de la ciudad vieja, Mezze 86 un baluarte alau. Pero muchas de las zonas eran mixtas. Los sirios se enorgullecan de no saber necesariamente cul era la religin de cada quien. Hoy eso est cambiando. En las zonas alaues, que los combatientes rebeldes han atacado con morteros, se tiene el sentimiento de estar bajo ataque pero no de la represin del rgimen. En las zonas sunnes, como Midan, las fuerzas de seguridad no han vacilado en disparar contra la gente. En otras partes de la ciudad, los secuestros de los ricos leales al rgimen y de sus hijos por bandas criminales y algunos grupos de la oposicin que tratan de conseguir un rescate- son cada vez ms habituales.

Shalha y Nagham al-Shamali, dos hermanas cristianas de Alepo que viven ahora en un hotel boutique en la ciudad vieja, me explicaron que el Islam estaba en la raz de los problemas de Siria mientras se sentaban alrededor riendo con unos huspedes sunnes igualmente exiliados de sus ciudades de origen. En la barriada de mayora alau de Mezze 86, los vecinos despotricaban de los sunnes de la capital mientras continuaban viviendo entre ellos; en parte influidos por las imgenes ofrecidas por los medios estatales, algunos decan que los sunnes queran eliminar a los alaues.

Como no les queda otra opcin, muchos con los que habl han encontrado la forma de adaptarse a la nueva situacin. Con frecuencia escuch la expresin siria por excelencia, shoo bidna namel?, qu podemos hacer. Otros decan, tamsajna, que significa nos hemos convertido en un cocodrilo, que tienen ahora la piel lo suficientemente dura como para hacer frente a todo. Las largas colas de trfico en los controles son una oportunidad para echar un cigarrillo, segn manifest un taxista (brome con que la guerra estaba reduciendo a eso su vida). Las normas tradicionales de hospitalidad son rgidamente observadas para que no desaparezca un concepto bsico de la identidad nacional. Cada casa que visit me ofreci t, dulces y la mayora de las veces un pequeo regalo. Me sub a un autobs y un hombre que estaba ya aplastado en dos asientos con sus tres nios, los amonton de inmediato en su regazo para que pudiera sentarme, espoleando a uno de ellos: Dile hola!.

Sin embargo, apenas oculto bajo estas familiares actitudes sirias, est el penoso reconocimiento de que la ciudad ha sido ya irreversiblemente alterada. El vendedor de alfombras con el que habl me habl de un amigo, un antiguo polica, con quien sola jugar a las cartas. El polica empez a venir cada vez con menor frecuencia hasta que un da no vino ms. El polica se haba unido a Yabhat al-Nusra, el grupo rebelde de lnea dura vinculado con al-Qaida que ahora se enfrenta a sus antiguos colegas. Nadia, la trabajadora de la ayuda, ha perdido a dos amigos muy cercanos, uno en el ejrcito y otro luchando por la oposicin. Otra amiga me habl de una pareja que conoca que se haba instalado en Beirut y tena un beb. Haban vuelto recientemente para llevar a su nio ante la Mezquita de los Omeyas por si no pudieran regresar

Sarah Birke es corresponsal para Oriente Medio del The Economist.

Fuente: http://www.nybooks.com/contributors/sarah-birke/#tab-blog



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter