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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2013

La compleja realidad de una periodista italiana freelance en Siria

Francesca Borri
www.cjr.org


Finalmente me escribi. Desde hace ms de un ao le escribo artculos como periodista freelance, durante este tiempo me dio tifoidea y recib un balazo en la rodilla. Hoy, al ver las noticias mi jefe de redaccin crey que yo estaba entre los periodistas italianos que haban sido secuestrados. Me escribi un mail dicindome: Si consigues en donde conectarte a Internet, puedes tweetear tu secuestro?

Ese mismo da en la noche regres a la base de los rebeldes que era el lugar en donde yo viva, en medio de aquel infierno llamado Alepo, lleno de polvo, hambre y miedo donde yo slo esperaba encontrar a un amigo, una palabra para levantarme el nimo, un abrazo. Por lo contrario, slo encontr otro email de Clara, dicindome que estaba pasando sus vacaciones en mi casa en Italia. Me haba enviado ocho mails Urgentes!. Buscaba mi credencial del spa para tener masajes gratis. El resto de mis mail decan cosas como: Brillante tu artculo de hoy, tan brillante como tu libro sobre Irak. Desgraciadamente, mi libro no es sobre Irak, sino sobre Kosovo.

La gente tiene una imagen un tanto romntica de los periodistas freelance: ven a un periodista que opt por la libertad para abordar diversos temas a su manera en lugar de recibir un salario regular. Pero la realidad es que no somos libres: somos justamente lo contrario. Quedarme en Siria, lugar en donde nadie desea quedarse, era la nica oportunidad para mantener mi trabajo. Para ser precisos no se trata de Alepo, sino del frente de combate. A los jefes de redaccin en Italia slo les interesa que mostremos sangre y el de los rifles de asalto. Escribo acerca de los islamistas y de la manera en que ofrecen servicios sociales a la poblacin, escribo sobre las races de su poder se trata de una investigacin mucho ms compleja que los tradicionales artculos del frente de combate. No solo quiero conmover, me esfuerzo por contextualizar la situacin y la respuesta que recibo es: Qu es esto? Seis mil palabras y nadie muere?.

En realidad debera haberlo entendido cuando mi jefe de redaccin me pidi un artculo sobre Gaza, porque Gaza, como suele suceder, estaba siendo bombardeada. Recib este email: Conoces Gaza como la palma de tu mano. A quin le importa que ests en Alepo?. Exactamente. La verdad es que termin en Siria porque v en el

Para los jefes de redaccin no existe diferencia entre escribir desde Alepo, Gaza o Roma. Pagan lo mismo: 70 dlares por artculo. Incluso en lugares como Siria, donde los precios se triplican por la especulacin de la situacin. As que por ejemplo, dormir en una base rebelde, bajo el fuego cruzado de los morteros, con un colchn en el piso, con el agua amarilla (causa de mi tifoidea), cuesta 50 dlares la noche; y una renta de auto cuesta 250 dlares por da.

As que en lugar de minimizar los riesgos, termina uno por maximizarlos. No slo no puede una pagar un seguro que son casi 1.000 dlares por mes, sino que tampoco puede pagar a un asistente ni a un traductor. Termina en un territorio desconocido y sola. Los jefes de redaccin saben muy bien que con 70 dlares por artculo te ves obligada a ahorrar en todo. Saben tambin que si resultas seriamente herida, una parte de ti cree que no sobrevivirs, porque tus finanzas no te permiten que ests herida. An as, compran tu artculo al mismo tiempo que se niegan a comprar un baln de futbol Nike cocido por a mano por un nio paquistan.

Las nuevas tecnologas nos empujan a creer que la velocidad es un elemento bsico de la informacin. Pero ese razonamiento se basa en la lgica de la autodestruccin: el contenido est estandarizado porque tu diario o tu revista ya no tienen nada que los distinga de los dems; por lo tanto ya no hay motivo alguno para pagarle a un reportero. Para las noticias cotidianas, uno tiene acceso a Internet gratis. La crisis por la que atraviesan los medios, es provocada por ellos mismos, no por los lectores. Los lectores siguen ah, contrariamente a lo que los jefes de redaccin creen, los lectores son personas inteligentes y solo piden sencillez, pero sin simplificacin. Quieren entender y no nicamente enterarse.

Cada vez que publico una crnica sobre la guerra, recibo una docena de correos electrnicos en donde la gente me dice: Perfecto, qu gran artculo, es un titular llamativo, pero yo quiero entender lo que est ocurriendo en Siria. Me gustara tanto poderles responder que no puedo proponer un artculo de anlisis porque en la redaccin no lo publicaran y me diran: Esta niita quin se cree? y no importa que yo tenga tres ttulos universitarios, dos libros, 10 aos cubriendo conflictos armados, primero como investigadora humanitaria y despus como periodista. Como sea, mi juventud despareci cuando me salpicaron pedazos de cerebro. Eso fue en Bosnia cuando tena 23 aos.

Los periodistas freelance son periodistas de segunda clase incluso cuando aqu en Siria hay nicamente freelance, porque se trata de una guerra sucia, una guerra del siglo pasado: es una guerra de trincheras entre rebeldes contra leales al rgimen que se encuentran tan cerca el uno con el otro que se gritan mientras se disparan. Cuando uno est en la lnea de combate, suceden cosas impensables como la aparicin de bayonetas que nicamente hemos visto en los libros de historia. Las guerras de hoy en da son guerras de drones, pero aqu se pelea metro por metro, calle por calle, salgo y una se caga de miedo.

A pesar de esto, los jefes de redaccin en Italia te tratan como si fueras un niito: tomas una foto impresionante y te dicen que tuviste suerte, estuviste en el lugar y el momento oportuno. O por ejemplo, lograr una exclusividad como mi artculo que escrib en septiembre pasado sobre la ciudad de Alepo, declarada Patrimonio de la UNESCO, que se estaba reduciendo a cenizas mientras los rebeldes y el ejrcito sirio combatan por tomar el control de la ciudad. Yo fui la primera reportera extranjera que logr entrar, y los jefes de redaccin me dijeron: Cmo puedo justificar que mi corresponsal no pudo entrar y tu s?. Recib otro correo electrnico sobre mi artculo de un jefe de redaccin dicindome: Te lo compro, pero se publicar con la firma de mi periodista.

Adems, obviamente yo soy mujer. Recientemente, una noche hubo disparos de morteros que provenan de todos lados, yo estaba sentada en un rincn con la nica expresin que puede uno tener cuando la muerte puede llegar de un momento a otro, cuando otro reportero se acerca, me mira de la cabeza a los pies y me dice: Este no es lugar para las mujeres. Qu le puedes responder a un tipo as? Idiota, ste no es lugar para nadie.

Si estoy asustada, es porque estoy an consciente de lo que sucede. Alepo no es ms que plvora y testosterona en donde todo el mundo est traumado: Henri, que habla nicamente de guerra; Ryan, con sobredosis de anfetaminas. An as, cada vez que vemos a un nio despedazado, primero acuden a m, hacia la mujer, para saber cmo me siento. Y yo tengo ganas de responderles: me siento como ustedes. En las noches, cuando parece que estoy herida, es cuando me protejo y deshago mis sentimientos y emociones; en aquellas noches es cuando me protejo.

Siria ya no es Siria. Es un manicomio. Encontramos aquel italiano que estaba desempleado y que se uni a Al Qaeda, cuya madre recorre todo Alepo para darle una paliza; est el turista japons que viene a meterse a las lneas de combate porque dice que necesita experimentar emociones fuertes durante dos semanas; est el sueco, graduado en Leyes, que vino en busca de evidencia de crmenes de guerra; los msicos estadounidenses, que tienen una barba como la de Bin Laden, y argumentan que con su barba quieren pasar desapercibidos, aunque son rubios y miden ms de un 1.90 de altura. (Trajeron medicamentos contra la malaria, aunque aqu no hay malaria, y quieren distribuirlos mientras tocan el violn). Estn los miembros de diversas agencias de Naciones Unidas que le contestan a una cuando les dice que conoce a un nio con leishmaniasis (una enfermedad que se transmite por una picadura de insecto) y les pregunta si pueden ayudar a sus padres para a llevarlo a Turqua a curarlo, responden que no pueden porque solo se trata de un nio en particular, y que ellos slo tratan a la niez en general.

 

Despus de todo no somos ms que corresponsales de guerra no? Un gremio de hermanos (y hermanas). Arriesgamos nuestras vidas para darle voz a quienes no la tienen. Hemos visto cosas que la mayora de la gente nunca ver. No somos perfectas para para darle vida a una cena. Somos aquellas a quienes todo el mundo quiere invitar.

 

Pero el secreto es srdido, la verdad es que en lugar de estar unidos, entre periodistas somos nuestros peores enemigos; y la razn por la cual pagan 70 dlares por artculo no es que no haya dinero, porque siempre hay dinero para un artculo sobre las novias de Berlusconi. La verdadera razn es que cuando pides 100 dlares, alguien ms estar dispuesto a hacerlo por 70 dlares. Es una competencia feroz. Como Beatriz, quien hoy me envi una direccin equivocada a propsito para ser ella la nica que cubriera una manifestacin y, por su engao, termin en medio de francotiradores. Todo por cubrir una manifestacin una de muchas ms.

 

Sin embargo pretendemos estar aqu para que nadie pueda decir despus: Pero yo no saba lo que estaba ocurriendo en Siria. Realmente estamos aqu para ganar un premio, para ganar visibilidad. Estamos aqu para pisotearnos los unos a los otros como si estuviramos disputando un Pulitzer, cuando en realidad no existe absolutamente nada. Estamos entre la espada y la pared, entre el rgimen que te garantiza el visado slo si informas contra los rebeldes y los rebeldes que dicen que si ests con ellos, te permiten ver slo algunas cosas que ellos deciden ensearte.

 

En realidad somos unos fracasados. Ya son dos aos de guerra y nuestros lectores apenas recuerdan en donde est ubicado Damasco, y el mundo entero califica la situacin en Siria como un desastre porque nadie entiende nada sobre Siria slo sangre, mas sangre y siempre sangre. Ese es el motivo por el cual los sirios ya no nos soportan. Porque mostramos al mundo fotos como la del nio de 7 aos con un cigarro y una Kalashnikov. Est claro que fue una foto armada, pero fue publicada en diarios y sitios de Internet del mundo entero en marzo, y todo el mundo gritaba: Esos sirios, esos rabes, qu brbaros!.

 

La primera vez que llegu, los sirios se acercaban a m y me decan: Gracias por mostrarle al mundo los crmenes de este gobierno. Hoy, un hombre se me acerc y me dijo: Vergenza debera darte.

 

Si verdaderamente hubiera entendido algo sobre la guerra, no hubiera escrito sobre rebeldes y leales al rgimen, sunnitas y chitas. La nica historia que se puede contar en tiempos de guerra es como vivir sin miedo. Todo se acaba en cuestin de segundos. De haber sabido esto, entonces no hubiera tenido miedo de amar, de atreverme a hacer cosas en la vida: en lugar de estar aqu, abrazndome en la oscuridad y la inmundicia, arrepintindome desesperadamente sobre de todo lo que no hice, de todo lo que no pude decir. Ustedes que maana estarn vivos todava, qu estn esperando? Por qu dudan de poder amar a alguien? Ustedes que todo lo tienen por qu tienen tanto miedo?

 

 

 

 

Artculo original publicado el pasado 1 de julio http://www.cjr.org/feature/womans_work.php?page=all

 

Traducido por Miguel Enrique Martnez Coln con la autorizacin de Columbia Journalism Review

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