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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2013

Que vuelvan las Slutwalks

Ana Villaverde
Rebelin


Este verano hemos asistido una vez ms a una demencial evidencia pblica de la violencia sexual que subyace en la cultura del Estado espaol. Esta vez, las imgenes que han tenido eco en los medios de comunicacin han sido los tocamientos masivos por parte de jauras de machos sobre los cuerpos de mujeres durante las fiestas de San Fermines. Sin embargo, por desgracia, bien podran haberse correspondido a otros muchos sitios y contextos. La violencia sexual est directamente relacionada con uno de los pilares bsicos de la opresin de gnero: el control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres. En las culturas machistas, existe an la creencia de que los hombres tienen el derecho de acceder sexualmente a las mujeres, sin tener en cuenta sus preferencias o deseos.

Uno de los motivos ms preocupantes que hacen que las mujeres se echen atrs a la hora de denunciar agresiones sexuales es la duda acerca de su propia responsabilidad en lo sucedido. Y por desgracia, el mensaje que manda la ideologa dominante es muy claro. Se produce lo que la sociloga Ins Alberdi denomina una doble victimizacin, al considerar que la mujer es responsable de lo que le ha sucedido por haber traspasado los lmites que se le imponen por su condicin de mujer, es decir, por haber ido a ciertos sitios a determinadas horas, por su forma de vestir, por su comportamiento, etc. De alguna forma, se acaba asumiendo que la mujer tiene la culpa, como si su actitud hubiese provocado la situacin. En el caso reciente de los San Fermines, otra vez, mucha gente ha situado a las mujeres en el punto de mira por quitarse la camiseta. Cuestionarlas por el simple hecho de desnudarse en pblico y considerar, por ello, que son tan culpables o ms que los agresores tiene su origen en la idea de que las mujeres no somos dueas de nuestro cuerpo. Por lo tanto, en caso de utilizarlo como no debemos segn la moral imperante, nos exponemos a lo que pueda pasarnos y se entiende que debemos asumir las consecuencias, por muy terribles que sean.

En 2011, el movimiento de las Slutwalks (marcha de las putas), fue capaz de organizar una respuesta masiva en las calles con un mensaje claro: NADA que una mujer haga con su propio cuerpo puede justificar nunca una agresin sexual. El movimiento se inici en Canad a raz de las declaraciones de un polica, Michael Sanguinetti, quien afirm que las mujeres deban dejar de vestirse como putas (sluts) para evitar ser violadas. A modo de respuesta, ms de 3.000 personas ( mujeres en su mayora) marcharon por las calles de Toronto reapropindose del trmino sluts para sealar que ni la forma de vestir ni el uso que una mujer haga de su sexualidad pueden justificar una agresin sexual. El movimiento se extendi por todo el mundo y desde Estados Unidos, Reino Unido o Mxico, hasta Australia y Nueva Delhi, se convocaron marchas con un gran xito de convocatoria.

El hecho de convocar las marchas bajo el trmino sluts constituy una fuente de controversia en el seno del movimiento feminista. Algunos sectores criticaron que esa palabra haba tenido siempre unas connotaciones despectivas para referirse a las mujeres que viven su sexualidad de forma distinta a la norma y a las trabajadoras del sexo. Segn algunas feministas, su uso haba funcionado tradicionalmente para perpetuar la vieja divisin entre las mujeres puritanas y castas y las mujeres putas y sexualizadas, cuestin que ha sido objeto de combate durante dcadas por parte del movimiento feminista. Adems, hubo quienes argumentaron que uno de los objetivos de la cultura dominante en la actualidad es convertirnos a las mujeres en objetos sexuales y, en este sentido, defender el derecho a vestirse de forma provocativa podra significar hacerle el juego al sistema.

Por otro lado, organizaciones de mujeres afroamericanas tambin rechazaron formar parte de las marchas con el argumento de que el trmino slut era utilizado durante la esclavitud por parte de los traficantes de esclavas para vender una imagen sexualizada de las mismas y justificar sus violaciones. As, consideraban que nunca podran verse representadas por un trmino que ha constituido un elemento central de su estigmatizacin histrica.

Frente a estos argumentos, las convocantes de las marchas, pertenecientes en su mayora a la nueva ola del feminismo, defendieron que de lo que se trataba era de darle la vuelta al significado de los trminos, desafiar al machismo desde su propio lenguaje, para defender con ello el derecho de las mujeres a vivir su sexualidad de forma libre y tener la apariencia que deseen sin que ello signifique la condena de la sociedad. Tampoco se trataba de una defensa de la apariencia provocativa ni de los tacones, como algunas criticaron. De hecho, en las marchas hubo mujeres que acudieron en pijama (prenda con la que haban sido violadas) para sealar que en la apariencia no estaba el motivo. La idea central era sealar que vestirse de tal o cual forma o comportarse de otra bajo ningn concepto puede servir para justificar agresiones sexuales.

Quizs no fue del todo acertado utilizar el trmino slut, y las convocantes podran haber tenido en cuenta las crticas de algunos sectores que no podan verse representadas bajo ese lema, pero que seguramente s coincidan con el mensaje central de las marchas. Pero lo que es evidente es que las Slutwalks, al grito de mi cuerpo es mo (y mi apariencia tambin), sirvieron para llamar la atencin sobre un aspecto clave de la desigualdad de gnero. A la luz de algunos comentarios que se han escuchado a raz de lo sucedido en los San Fermines, no puedo dejar de echar de menos aquellas movilizaciones y pensar que urge retomar un movimiento contra la violencia sexual, aunque haya que revisar los trminos.

Ana Villaverde es militante de En lucha / En lluita.

Fuente: http://www.enlucha.org/site/?q=node/18910



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