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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2013

Tnez
Cuando la historia retrocede por el lado bueno

Sadri Khiari
Nawaat

Traducido para Rebelin por Caty R.


Doscientos cincuenta mil? Ciento cincuenta mil? Poco importan las cifras, nadie puede negar la extraordinaria magnitud de la movilizacin nacional del 6 de agosto por la tarde en Le Bardo. Una logstica impresionante, sin duda con misteriosas fuentes de financiacin y sospechosas complicidades. Pero solo el resentimiento, la mala fe o una ceguera voluntaria pueden pretender que la concentracin de una multitud tan numerosa a escala de Tnez se deba simplemente a la manipulacin. De los burgueses de La Marsa a los parados de Menzel Buzane, trabajadores de todos los sectores, artistas posmodernos, personas que vinieron a festejar o estar en la movida, en resumen un sorprendente abigarramiento social; probablemente dominado por las clases medias, tambin es cierto. Desde los izquierdistas de la peor especie, demcratas convencidos, sindicalistas de todo tipo, comunistas, nacionalistas rabes y hezbfrancistes, progresistas de corazn, laicos puros y duros y laicos apticos, nostlgicos del bourguismo y bourguistas de circunstancias, los adeptos a un poder militar ilustrado y los de la democracia autogestionaria, los que no opinan y otros khobcistes, esta diversidad desordenada es un hecho. No se puede negar como no se pueden negar las mltiples motivaciones de los manifestantes, los eslganes disonantes y las contradicciones fundamentales que serpentean entre los diferentes intereses sociales que convergieron en la plaza del Bardo.

Sin embargo sera perfectamente idiota o tontamente polmico no reconocer en esa concentracin paradjica la expresin totalmente justificada de un descontento o una grave inquietud con respecto al futuro de Tnez, ampliamente compartidos en todos los pases y, por diferentes motivos, en todas las categoras sociales. Ms all de de los manifestantes del Bardo, y aunque el poder actual conserva numerosos partidarios a los que no podemos ignorar, hay un amplio sector de la poblacin, quiz mayoritario, que ya no puede ms y se reconoce en los eslganes clamados por los principales tribunos de la oposicin.

No sin razn esta revuelta imputa a Ennahda la responsabilidad del continuo deterioro de la situacin. Y es cierto que Ennahda, en la medida en que detenta el poder, es ampliamente responsable del rechazo que provoca actualmente. Sin caer en la satanizacin pueril de los que ven en ese partido una nueva expresin del fascismo o un despotismo de tinte religioso, est claro que casi en todos los aspectos Ennahda ha llevado a cabo una mala poltica, a veces contraria a sus intereses de partido. Y aadira que eso no es sorprendente, incluso si pudiera suponrsele un poco ms de habilidad tctica, al menos para consolidad su dbil hegemona expresada en la eleccin de la Constituyente.

Pero aunque como partido en el poder Ennahda es el principal responsable de la situacin actual, Ennahda no tiene todo el poder. Ni el 14 de enero, ni Kasbah I, ni Kasbah II ni la Asamblea Constituyente han desmantelado el aparato de poder de las redes del RCD. Porque aunque actan principalmente en la sombra y de momento parecen divididos continan fuertemente presentes en todos los niveles del aparato de Estado, especialmente en el ministerio del Interior, en todos los sectores econmicos, en todo tipo de medios de comunicacin, en el encuadramiento local de las poblaciones en numerosos partidos y asociaciones, sin olvidar las relaciones de las que muy probablemente disponen en el rgimen argelino. El principal obstculo para la profundizacin de la Revolucin, la contrarrevolucin efectiva, est ah y no en Ennahda. Y la principal responsabilidad de este ltimo es precisamente haber intentado con ms o menos xito ganarse a una franja de las redes del RCD, o al menos neutralizarlos progresivamente en vez de combatirlos comprometindose en una gran movilizacin popular para romper su poder.

Record ms arriba la diversidad de los componentes de la gran manifestacin de El Bardo. Omit uno que sin duda desempe un papel notable y yo dira incluso dirigente. Me refiero naturalmente a ciertas redes del RCD. No son las masas espontneas, ni el Frente Popular, ni el Frente de Salvacin Nacional como tal, ni la UGTT los que desempaan el papel principal en la toma de decisiones polticas reales, sino Nid Tunis , una de las expresiones pblicas de las redes del RCD y otros sectores de dichas redes que actan entre bambalinas. Me podrn replicar que esta es una visin conspiradora de la historia. Sin embargo sigo pensando que los grandes movimientos de la historia y nuestra Revolucin es uno- en realidad son productos de conspiraciones y que las maniobras, visibles o secretas, forman parte de la poltica, aunque sta solo pueda desembocar apoyndose en conflictos reales que la sirven o que a veces la superan. En este caso, la maniobra de la que hablo y de la que sospecho que se prepar con el asesinato de Chokri Belaid, o mucho antes- se apoya (y se alimenta) en la realidad del descontento popular y solo poda materializarse con la ayuda, muy involuntaria, de las fuerzas democrticas y de izquierda obsesionadas con la aparente omnipotencia de Ennahda.

Esta es la gran paradoja que se expresa en el movimiento de protesta del que la magnfica concentracin del da 6 sin duda seala el apogeo. Por una parte se inscribe en la continuidad de las movilizaciones que condujeron al derrocamiento de Ben Al antes de imponer la eleccin de la Asamblea Constituyente y de esta forma refleja la permanencia de la dinmica revolucionaria comprometida desde el 17 de diciembre; pero por otro lado el movimiento se confunde de enemigo principal al dividir el espacio poltico entre pro Ennahda y anti-Ennahda en vez de dividirlo entre los que desean profundizar la Revolucin y los que, de una forma u otra, suean con un compromiso con una parte del antiguo rgimen o son cmplices incluso comprometidos de las redes del RCD.

De esos ltimos acontecimientos quiz resulte un fortalecimiento del Frente Popular y del peso de la UGTT en la escena pblica. Pero sobre todo resultar una reafirmacin del poder del RCDismo en el espacio poltico, civil e institucional y del Ejrcito como actor potencial, presuntamente neutral, mientras que retendr tropas o cuadros del ministerio del Interior, no por su papel esencial como pilar del antiguo rgimen, sino por su capacidad de garantizar el orden y la seguridad.

Si el potencial revolucionario que se expres en El Bardo no se rearma, es decir, si el derrotismo sucede a las movilizaciones de los das pasados y si los actuales equipos dirigentes no tienen en cuenta los errores cometidos y no reorientan su poltica, podremos decir con tristeza que la revolucin del 6 de agosto supone un serio retroceso con respecto a la Revolucin del 14 de enero.

Fuente: http://nawaat.org/portail/2013/08/07/quand-lhistoire-recule-par-le-bon-cote/



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