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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2013

El Salvador
La crtica de la razn acrtica o los 120 das de Sodoma

Alberto Quinez
Rebelin


En otros momentos hemos dado ya nuestras apreciaciones sobre el reformismo y el acomodamiento nsitos a la nueva apuesta de Dagoberto Gutirrez et alia [1]. Desde la izquierda, no es posible mantener una postura que no sea de crtica frontal contra la pltora electoralista en la que los dirigentes del MNP se ven envueltos. Lo que ciertamente se vuelve preocupante es que algunos intelectuales de la neo derecha encarnada en el Frente, se rasguen las vestiduras e intenten demostrar que el nico camino de la izquierda es el FMLN y que para demostrarlo se amparen en una supuesta crtica, que nada tiene de crtica pues se alinea en torno a los clichs que hoy abandera el Frente para viabilizar un proyecto pro burgus.

No es extrao que para un revolucionario de escritorio la revolucin consista en tristes orgas de manipulacin ideolgica como el festival de la Avenida Revolucin, los dilogos de invierno, la COPALBA o la tergiversacin del trmino buen vivir. Para ellos, el proyecto socialista o la democracia real viene encarnada en la misma bagatela del proyecto de nacin que ahora publicitan los principales voceros del Frente, esa bagatela en la que empresarios y trabajadores son un mismo pueblo y deben trabajar juntos para bla bla bla; para ellos, el socialismo es el reparto de semilla mejorada, las transferencias monetarias condicionadas, los vasitos de leche y las ciudades mujer.

Olvidan, quizs intencionalmente, que eso no es ms que una mscara. Olvidan que el vasito de leche no corresponde sino a derechos que el mismo rgimen de dominacin ha reconocido como obligaciones propias, y que ese vasito de leche, pensado como el mecanismo de vanguardia y abstrado de las relaciones de poder, slo sirve para reproducir una fuerza de trabajo funcional al modo de produccin vigente. Porque lo que est detrs de este tipo de cuestiones no es mejorar el nivel de vida de la poblacin, propender hacia su emancipacin socialista, sino mejorar la competitividad del pas o, ms bien, permitir que la tasa de ganancia de los capitales establecidos en el mercado interno sea lo suficientemente remunerativa. Por qu, si no, se implementan estos tipos de programas y a la vez se abre indiscriminadamente la economa a la inversin extranjera? Porque es una poltica social enmarcada en garantizar una economa de mercado, donde la iniciativa privada siga jugando a las cartas con la vida de la clase trabajadora.

Estos seores olvidan que el rol que juega el FMLN actualmente nada tiene que ver con algn proyecto revolucionario y que, muy por el contrario, es la bancada del Frente la que abandera hoy las medidas de corte neoliberal, incluso ms agresivas y descaradas que las llevadas a cabo en su momento por ARENA. Y no hace falta ser avezado para darse cuenta que proyectos como el Acuerdo de Asociacin (ADA), la Ley de Asocios Pblico-Privados (LAPP), la Ley de Primer Empleo (LPE), entre otros, son malos cigotos de una praxis poltica de derecha, menos recalcitrante s, pero de derecha al fin de cuentas.

Estos mismos revolucionarios-oficinistas tratan de negar que el Frente es hoy una argolla de poder que bien ha visto lo que es controlar el aparato del Estado. Y niegan su carcter burgus o quizs lo desconocen; y no ven que la reinvencin de este partido no es una reingeniera sino un aburguesamiento y un transformismo. La cpula farundista se asemeja a las cuatro escorias de saco y corbata de la pelcula Sal o los 120 das de Sodoma (Pasolini, 1975); que casi previendo la cada del bloque fascista se entregan a una jornada permanente de lujuria y sadismo con decenas de adolescentes y jvenes secuestrados para tal fin [2]; as mismo, la cpula del Frente se entrega hoy a la pltora del capital como hace todo buen burgus y, pulcritud mediante, copan el aparato estatal y lo utilizan en funcin de sus intereses corporativos.

Un rasgo final rescatamos tambin de Sal: la negacin de lo que se es implica una sintomatizacin a posteriori que reifica ese ser negado. El Frente -atado por una absurda confabulacin de negaciones [3]-, con la disyuntiva entre su esencia burguesa y su pasado revolucionario, no slo ser un sector que aproveche los espacios de valorizacin del capital que pueda ganarle a la oligarqua tradicional, sino tambin un ente ms de la enajenacin del pueblo histricamente excluido.

 

Notas:

[1] Arriola, Joel y Quinez, Alberto. Nuevos partidos, viejos reformismos. Apuntes para una crtica desde la izquierda al MNP. Agosto, 2013.

[2] Tambin el Frente est secuestrando, para su orga de acumulacin de capital, a las juventudes adormecidas por la marca FMLN. No es por gusto la gran inversin de este partido en espacios que puedan atraer a los diferentes sectores de la juventud y, ah, ser adormecidos. Espacios tales como la COPALBA, el Festival de la Avenida Revolucin, el Dilogo Pas y los Dilogos de Invierno, entre otros, expresan de forma cabal este carcter adormecedor y la consideracin de las juventudes como simples cacerolas en donde verter el catecismo pseudo revolucionario de inclusin, derechos, pacto nacional y cosas por el estilo.

[3] Geoffroy Rivas, Pedro. Poesa completa. DPI.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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