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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-08-2013

Quien abre camino

Nils Castro
Rebelin


Poco despus de salir de prisin Hugo Chvez estuvo en Panam. Acompaado de un pequeo grupo de profesores de la Universidad Central de Venezuela, fue en busca del eco de Omar Torrijos. Los visit en el hotel Soloy y en la penumbra de la salita sus ojos reflejaban la escasa luz como un haz de lagunas. Sin que nada lo pidiera, casi toda esa charla de caribeos fluy en voz sosegada, como esperando que de pronto el General pudiera intervenir en la conversacin. Pero como al da siguiente yo me iba del pas me designaron embajador en Mxico esa tarde haba que hablarlo todo de una sola sentada.

Entender la naturaleza de este recuerdo exige situarse en poca. Aquello sucedi a finales del 1994: an no se haba asentado la polvareda del derrumbe de la Unin Sovitica, el neoliberalismo haba llegaba a su apogeo y en Venezuela la democracia de Punto Fijo se haba agotado y traicionaba sus pasadas expectativas. Por eso dos aos antes el visitante la haba retado.

En aquel tiempo el Chvez que los latinoamericanos conocan no era el que hoy recordamos. Los medios de entonces lo identificaban como un teniente coronel de paracaidistas que inesperadamente intent derrocar a Carlos Andrs Prez, y al que luego el presidente Rafael Caldera indult. Para los civilistas ms obsesivos que en las izquierdas sudamericanas abundaban era otro golpista ms. Sin embargo, durante aquel episodio muchos venezolanos sintieron que bajo la superficie haba algo ms y, en Panam quienes algo habamos aprendido de Torrijos asimismo lo pudimos olfatear.

Permtanme una breve digresin. Omar prevea que Centroamrica estaba por desagarrarse en guerras civiles que ni el imperialismo y las oligarquas, ni los revolucionarios, podran vencer. Como en Colombia, se avecinaba un interminable y sangriento empate militar. Por consiguiente, se necesitaba buscar alternativas para negociar soluciones polticas que incluyeran importantes reformas estructurales, para lograr una paz duradera con desarrollo social. Esto implicaba trabajar con los lderes civiles y militares que, a uno y otro lado de la barrera, estuvieran dispuestos a hacerlo. Esa visin suya fue correcta pero solo dio frutos despus de su misteriosa muerte.

Tal intento conllev, entre otras cosas, conocer los ejrcitos de la regin y sus liderazgos, y no solo a los centroamericanos. En unos sitios una experiencia transformadora era posible con participacin militar, como en los aos 70 se pudo ver en Per y Bolivia, donde en las fuerzas armadas haba una oficialidad que conservaba su origen popular. En Centroamrica vimos fugaces resquicios en El Salvador y Honduras. En otros pases, ya fuera por causas sociales o por fanatizacin doctrinal, eso era impensable. En Guatemala, que en otros tiempos haba dado un coronel Jacobo rbenz y a los tenientes Turcios Lima y Yon Sosa, toda opcin de paz haba sido extirpada. Al contrario, Venezuela ms de una vez dio seales alentadoras, como en su da lo demostraron los militares que se insurreccionaron en Carpano y Puerto Cabello. Sin embargo, en aquellos aos Hugo Chvez era apenas un muchacho idealista que quera ser pelotero.

Eso dej un aprendizaje que, ya sin Torrijos, con los aos tomara cauces polticos y diplomticos, como el del Grupo de Contadora. Fue as que bastantes aos despus, en 1989, fui parte de la pequea delegacin presidencial panamea a la segunda toma de posesin de Carlos Andrs Prez. Entre sus integrantes iba tambin un oficial que haba trabajado con Omar y tena amigos venezolanos de su mismo rango mayores y tenientes coroneles, con los cuales alguna noche fuimos ex oficio a tomarnos un par de copas, con las sinceridades que eso al cabo propicia.

A lo largo de una charla de mltiples temas, ms como hijos de la clase media mestiza que como militares, sus confidencias no dejaron dudas: era grande la decepcin con el sistema poltico imperante, mucho el disgusto social acumulado y nadie se haca ilusiones con la vuelta al gobierno del partido supuestamente socialdemcrata. La suerte del pas no se poda arreglar con los polticos ni la poltica existentes, en los que ya nadie crea, y slo un remezn que los remplazara poda restaurar esperanzas. Al da siguiente, en el vuelo de regreso le coment al presidente Sols Palma que difcilmente su amigo Carlos Andrs concluira el mandato. Y eso que el nuevo gobierno an no haba iniciado su sorpresivo viraje neoliberal ni provocado el Caracazo.

As pues, cuando tres aos ms tarde el joven Chvez intent el golpe aquello no me pareci un rayo en cielo azul. Si algo me sorprendi no fue la asonada sino su falta de xito. A la vez, tampoco era una incgnita la intencin sociopoltica de quienes la intentaron. Si hubo un dicho que su pueblo record fue aquel por ahora que en la intimidad de muchos dej una lucecita encendida.

En consecuencia, ir a aquella cita en el Soloy me pareci importante, aun sin saber qu tanto le interesara a Chvez lo que yo pudiera decir. No obstante, ignoraba que haca algn tiempo alguien le haba dado un librito de doctrina cvica que antes de la invasin norteamericana a Panam yo haba escrito para los jvenes oficiales panameos. Segn aquel texto, nuestra Guardia Nacional para ese entonces rebautizada como Fuerzas de Defensa deba vivir en el seno del pueblo Como el pez en el agua y poner sus capacidades y recursos al servicio de la soberana y el desarrollo nacionales, en asociacin con el pueblo organizado, con todo lo que eso implicaba. Durante la pltica Chvez mencion esas lneas pero yo lo entend como simple cortesa. Y demor unos aos en enterarme de que haba algo ms.

Naturalmente en esos das l tuvo varios otros interlocutores en Panam, pero eso ya no lo vi. Poco despus continu viaje a Cuba adonde lo atendi personalmente Fidel Castro, quien sin duda tena a mano la bola de cristal con la que se avizora el futuro o era muy perspicaz. En Panam, que yo sepa, faltando Omar ningn funcionario de alto rango se interes en conocer al viajero.

Pocos aos ms tarde, siendo ya presidente, Hugo Chvez hizo una visita oficial a Mxico. En la embajada venezolana, parado en la fila para el saludo protocolar extend la mano con timidez, sin saber si me reconocera. Memoria de elefante, se detuvo, hizo un breve saludo militar y dijo con fuerza Como pez en el agua!

Pero la verdad es que luego del da cuando lo conoc en el hotel Soloy, me deb ocupar de mis nuevas tareas y no estuve al tanto de sus actividades en Cuba. Sin embargo, importa recordar que en ninguno de los dos pases que Chvez esa vez visit dijo tener un proyecto socialista y, ni siquiera, que tuviera intencin de emprender una revolucin democrtica. Sus ideas de aquellos das se plasmaron en la conferencia que l pronunci en el Aula Magna de la Universidad de la Habana. All seal la necesidad de recuperar la autodeterminacin y soberana de su patria, la de renovar la democracia venezolana hacindola ms popular y participativa, y exalt el ideal bolivariano y martiano de la unidad de las naciones de Amrica Latina como requisito para que nuestra regin pudiera darse un desarrollo independiente.

En privado, tampoco en Panam haba dicho ms, pues de Torrijos lo que encomi fue su tenaz empeo y habilidad para recuperar la soberana nacional y para impulsar la justicia social, sin atribuirle ms calificativos polticos. Fue largos aos despus, ya fallecido Chvez, que le su conferencia del Alma Mater habanera y por poco la sorpresa me tumba la quijada al percatarme de que all l haba citado a Como pez en el agua. No obstante, en las difciles circunstancias en que ese librito se public en 1989, yo evit excederme intercalndole cualquier sugerencia socialista, que lo hubiera daando excediendo sus objetivos.

En el 94, tambin Chvez lo evitaba. Cuando cuatro aos ms tarde gan las elecciones su promesa central fue la de convocar una Asamblea Constituyente para refundar la repblica democrticamente y derrotar los flagelos de la pobreza y la exclusin social. La alternativa bolivariana para esa refundacin implicaba desde luego una intencin progresista y, en eso, l no iba mucho ms all del Omar Torrijos de los mejores momentos del proceso revolucionario panameo.1

Vale recordar que tampoco Fidel Castro adelant vsperas en La historia me absolver, ni en la Sierra, ni en los dos aos primeros aos de la revolucin. Antes el proceso deba desarrollar su natural maduracin, dejar que las lgicas del subdesarrollo capitalista y el imperialismo enseen su propia naturaleza hostil a los progresos sociales y morales. Fidel anunci el propsito socialista en la inminencia del ataque de Playa Girn, con lo cual el pueblo cubano, que ya haba hecho suyos esos progresos, no solo luch contra el invasor sino por el socialismo, an sin saber cmo este sera.

Es solo despus del golpe reaccionario del 2002 y del artero golpe petrolero, en los que las derechas y el imperialismo exhibieron sus entraas e intenciones, que Hugo Chvez le atribuy vocacin socialista al proceso revolucionario bolivariano. As que, de similar forma, en las siguientes elecciones celebradas en el 2006 las mayoras populares ya no solo votaron por l, sino que eligieron la opcin socialista.

Por supuesto, los perodos que antecedieron a esos procesos de definicin fueron de intenso cuestionamiento y renovacin de la cultura poltica existente, de un debate ideolgico masivo del que tambin l aprendi. Esto es, el nuevo modelo cristaliza despus de que la cultura poltica popular ya est en condiciones de asumirlo, a travs de un desarrollo que l comparti. En el caso venezolano, ese debate le dio forma a su propia concepcin del socialismo a travs de la discusin pblica del Nuevo mapa estratgico del ao 2004, que decidi que el socialismo venezolano debera ser democrtico, pluripartidista y apropiado a las nuevas circunstancias del siglo XXI. Y luego de que la mayora ciudadana vot por esa opcin reeligiendo a Chvez en el 2006, la Asamblea Nacional debati y aprob como ley el Primer Plan Socialista de la Nacin 2007 2013, que desarroll sus objetivos generales: nueva tica, suprema felicidad social, democracia protagnica revolucionaria y modelo productivo socialista.

Ahora bien, si nos ubicamos en la situacin anterior a todas esas definiciones, no extraa que un analista tan sagaz como Tarik Al en ese entonces lo caracterizara como un socialdemcrata radical, calificacin que ms tarde l mismo cambiara por la de socialista demcrata. A su ver, era un dirigente que iba ms all de donde aspira ir un socialdemcrata europeo, pero sin llegar a tanto como un revolucionario socialista. En otras palabras, se trataba de un lder que el analista anglopaquistan no tena cmo catalogar, dado que en el lxico de los politlogos europeos la categora que Chvez inauguraba, y la palabra con la cual designarlo, an no existen.

Es decir, l representaba un fenmeno nuevo, indito. Para salir del paso algn periodismo de mala muerte lo llam populista y ahora se apela a calificarlo asignndole un nuevo uso a la palabra progresista, no porque esta sea apropiada sino porque pareciendo menos dudosa es igualmente imprecisa. Se le puede dar el significado y uso que se quiera, lo que sin embargo sirve para nombrar a la persona y al proceso pero no para explicarlos.

No obstante, lo que Tarik Al s destac con acierto es que ese fenmeno indito, que sobrepasa las adocenadas terminologas tradicionales, surgi en un momento en que el mundo se haba quedado callado, cuando el centro derecha y la centro izquierda tenan que batallar mucho para encontrar algunas diferencias entre s2. Esto es, irrumpi en un mundo todava atontado por la confusin ideolgica, moral y material dejada por el caos de la cada del muro y el apogeo neoliberal.

Y que al irrumpir demostr que ese mundo no era tan monoltico como simulaba sino que ya estaba rajado por dentro, ayudndonos a los dems a salir del impase en el que la ofensiva neoconservadora nos haba enredado. Al decirlo me refiero sobre todo a los dirigentes de partidos y a los acadmicos del tema poltico, porque para los lderes de las protestas sociales alzadas contra los efectos del tsunami neoliberal, rebelarse contra el sistema ya no solo era necesario sino factible. Tampoco para ellos la llegada del chavismo al gobierno, y su capacidad para desafiar al imperialismo y a las derechas y sobrevivir, fue un rayo en cielo tranquilo. Desde los das del Caracazo ellos venan desbrozando el camino.

No se trataba apenas de la visionaria audacia de un dirigente excepcional, sino de un cambio de poca y la necesidad de darle forma y proyecto a lo que empezaba a emerger. El mismo Chvez en ms de un momento observ que en su pas el siglo XXI se haba desatado antes de que el XX concluyera. El Caracazo, como expresin de las rebeliones que vendran a marcarle un basta ya! a las irresponsabilidades neoliberales se adelant 11 aos al fin de siglo; la primera victoria electoral del chavismo, 2 aos. Esto es, se anticiparon a las sublevaciones de otras ciudades sudamericanas, as como a las primeras victorias electorales de presidentes de izquierda y gobiernos progresistas en varios pases del Continente.

Como siempre, quien sale por delante el que va en la punta de vanguardia lo hace porque un pueblo le ofreci el reto y la oportunidad, y es a quien le toca enfrentar los riesgos, aciertos y errores de las primeras innovaciones y pruebas, como tambin los primeros contragolpes de la reaccin. Luego otros podrn hacerlo como Chvez y sus compaeros, o de otros modos mejores o peores segn sus respectivas posibilidades nacionales, pero siempre con la ventaja de hacerlo tras las vicisitudes y consecuencias ya vividas y legadas por l. Y en los espacios que l despej.

Ciertamente, todava falta la palabra con la cual designar este fenmeno de nuevo tipo que est tomando cuerpo en no pocos pases de nuestra Amrica, pero no hay duda de que el fenmeno existe, crece y aprende. Los venezolanos que le dan cuerpo se ahorran el problema dicindose chavistas y llamndolo bolivariano. Pero lo ms importante no es el bautismo sino el buen parto y robustecimiento de esta criatura creativa.

Y en cuanto a la persona histrica de Hugo Chvez, en la cultura afrocubana (y supongo que en la brasilea) existe el orish o deidad que mejor le pude dar nombre: Chvez fue y es el abrecaminos, aquel que en medio de la oscuridad de la incertidumbre prende la tea y tiene la corajuda audacia y el liderazgo moral, intelectual y personal de ponerse en marcha cuando an nadie se atreve y nos abre camino al andar. Lo que venga despus corre por nuestra cuenta.



1. Ms radical era el proyecto del Plan Inca del general Jos Velasco Alvarado y el proceso revolucionario peruano. Pero Chvez, como en su tiempo Torrijos, prefiri optar por impulsar el proceso progresista por medios democrticos civiles, y destetarlo de los cuarteles, lo que implicaba crear un partido popular capaz de derrotar en elecciones libres a los partidos conservadores. Mtodo que sera ms fatigoso pero que se nutrira de mayores races y sustentacin social.

2. Hugo Chvez y yo, republicado en La Jornada, Mxico, D.F., 10 de marzo de 2013.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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