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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2013

L@s ni@s de la crcel

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Saba usted que las crceles bolivianas son las menos violentas de todo el continente y quizs del mundo?. Que las tasas de reincidencia de los que vuelven a cometer delitos luego de lograr su libertad es tambin la menor en Amrica latina?. Que las crceles de Bolivia tienen una organizacin propia de presos y presas que son elegidos peridicamente a travs del voto o de la aclamacin? Que a pesar de las condiciones miserables de vida a las que el Estado ha condenado a estas personas, ellas han logrado sobrevivir organizadamente? Que ms del 75% se encuentran meses y aos en calidad de preventivos sin sentencia, mientras dura el juicio que quizs los declare inocentes?

Que a pesar de los cambios en la legislacin penal, los abogados, jueces y fiscales viven del alargamiento penal, la chicanera y la coima institucionalizada y por tanto no quieren que cambie la forma en que el sistema penitenciario funciona? Que la poltica penal no ha cambiado a pesar de los aos y los gobiernos y esgrimen el mismo argumento de culpar a los propios presos por las condiciones en que viven, y por todos los males de la sociedad, mientras los poderosos de siempre que lucraron con el pas fugan con los capitales, y las autoridades judiciales hacen fortunas con el retardo de justicia a costa del sufrimiento de miles de pres@s y miles de familias que viven bajo la sombra de la crcel?... Lo Saba????....

Entonces, tal vez tampoco sabe que existen cientos de familias que viven al interior de algunas crceles del pas que a pesar de vivir en condiciones pauprrimas, se mantienen juntas y pueden salir adelante gracias al trabajo familiar pero sobre todo porque afectivamente existe una razn importante para pensar en una vida despus de la crcel. Este no es un mero detalle, es una diferencia fundamental respecto a la crcel clsica que lo nico que ha creado histricamente son seres humanos rotos destruidos, sin familia, sin relaciones y que optan por su autodestruccin y la reincidencia cuando salen frente a una sociedad que no slo los penaliz entre muros sino tambin quitndoles las razones de vivir.

Por eso las tasas de reincidencia en pases como EUA o Rusia bordean el 90%; o bien ms cerca con Chile en el 75% o Per o Argentina que bordean los mismos porcentajes, mientras en Bolivia no llega al 30%; la razn fundamental est en el afecto familiar y la organizacin propia de l@s pres@s. En Bolivia gracias a las ausencias estatales, los pres@s se organizaron como comunidades o sindicatos internos que provenan de la experiencia de vida de los ms pobres que son los que sistmicamente caen en las crceles. Pero no slo eso sino que estos, los ms pobres encarcelados, demandaron organizadamente poder tener a sus familias cerca para no perderse y no perder su relacin con la vida; as recuperaron las posibilidades de seguir viviendo con sentido.

Por eso existen nios en las crceles de Bolivia, no por la maldad de los presos que se encierran con sus hijos para hacerlos sufrir; sino por el contrario para darles lo nico que nadie les podr dar: afecto y proteccin, familia y sentido de vida a pesar del dolor. El Estado por su parte volcando los ojos para otra parte, permiti este ingreso por comodidad ya que con familias los recintos son menos conflictivos y existe mejores condiciones de seguridad. Sin embargo ningn gobierno mejor las condiciones de vida de los presos y sus familias, todava ms, el uso indiscriminado de la crcel como recurso penal gener un mayor hacinamiento dificultando la convivencia por las consecuencias que devienen de la falta de espacio, alimentacin precaria y escasa, enfermedades y condiciones poco salubres a los que debemos coronar con la connotada retardacin de justicia que viene acompaada de corrupcin y de injusticia institucionalizada.

Los nios son el mayor patrimonio de quien nadie tiene, y as los presos devienen en los mejores padres en el encierro, porque entienden lo que la familia vale y significa para la vida. Salvo contadas excepciones, sealadas por los mismos presos, la relacin siempre ha sido mejor que afuera cuando el padre ausente era la constante en hogares marcados por la miseria y el abandono, como lo son los de los barrios marginales de nuestras ciudades. Por tanto es una hipocresa hablar de las condiciones en las que los nios de la crcel viven cuando antes ni ahora, gran parte del estado o las instituciones no se preocupan por el hacinamiento y la miseria de los barrios pobres. Tampoco es la de pretender, basados en un discurso humanitario, sacar a los ni@s a los hogares que desperdigados en las ciudades, en su gran mayora han producido delincuencia juvenil adems del abuso sexual del que han sido objeto algunos menores, consecuencias en gran parte de la ausencia de un referente familiar necesario para el desarrollo psicolgico y afectivo del ser humano.

En contraparte, los presos nos ofrecen algunas lecciones de vida. En varias crceles se han creado los centros de padres, que establecen reglas para tener el derecho a tener familia e hijos en el recinto. En San Sebastin de Cochabamba, el centro de padres poda retirar ese derecho a los padres irresponsables que maltrataban a su familia o no velaban por ella. Los mismos padres generan actividades de apoyo escolar por turnos, e incluso algunas instituciones e iglesias apoyaron ese papel como complemento familiar para el apoyo psicolgico y el rendimiento en la escuela.

Por esas condiciones que emanan de la realidad y de la forma en que somos como pas, y en la que el Estado se ausent, es que la comunidad tiene tanta fuerza organizada y tiene su ncleo central en la familia. El actual Reglamento de la LEP establece claramente esta realidad para proponer su institucionalizacin en el marco de un mayor apoyo del Estado para mejorar las condiciones de vida de quienes estn circunstancialmente bajo su tutela, no para ser objetos de violencia vengativa por los delitos cometidos, sino para entender socialmente que los errores pueden ser enmendados con una fuerte dosis de afecto familiar y de responsabilidad social sobre los dems, la sociedad de la que somos parte tod@s.

Ante tanta ignorancia de quienes escriben sobre el tema o como autoridades que proclaman la necesidad de tener crceles como deben ser est la realidad y la necesidad afectiva de quienes como seres humanos quieren seguir siendo tales con sus familias. No estamos abogando porque los que estn presos no hubieran cometido delitos u errores en la convivencia, algunos muy graves, sino que el castigo de la inhumanidad no es la salida, y lo proclaman ms de doscientos aos de existencia de las crceles en el mundo que lo nico que han generado es ms odio, ms violencia y ms delitos, as como el enriquecimiento de cada vez menos junto a la corrupcin generalizada de muchos.

Necesitamos una poltica penal que no pretenda copiar los fracasos de los otros pases, que hacen como que cuidan la seguridad ciudadana con mayor represin, mientras los delitos se multiplican y las crceles se repletan, sin que la comunidad ciudadana sea partcipe de su propia condicin de vida. Que construya un sistema penal basado en la reinsercin social a travs de la comunidad y la familia, no de mayor represin y deterioro de las condiciones de vida; tampoco de la retardacin de justicia que es la sombra de la corrupcin institucionalizada. En fin proponemos que el proceso de cambio, llegue tambin a los ms pobres entre los pobres, l@s pres@s que en defensa de sus derechos, demandan una poltica penitenciaria que tome en cuenta a sus familias, a sus hij@s y su derecho a tener una vida y un futuro, a pesar de la crcel.

Juan Carlos Pinto Quintanilla es Socilogo y escribe sobre temas penitenciarios

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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