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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2013

Carta de los revolucionarios egipcios
"Abajo con el rgimen militar; no al retorno de los feloul; no al retorno de los Hermanos Musulmanes"

Grupo Socialista Revolucionario
En lucha


Reproducimos a continuacin una declaracin pblica de la organizacin egipcia Socialismo Revolucionario, con el objetivo de aportar al debate interno sobre qu posicin tctica adoptar como organizacin frente a los recientes acontecimientos y el golpe militar en Egipto.

Masacres terribles y una violenta represin, una escalada enorme en los ataques a la gente cristiana e iglesias egipcias, la consolidacin del estado militar represivo contina a gran velocidad. Este es el desarrollo del momento poltico que estamos experimentando durante las ltimas semanas.

Todo esto supone un desafo enorme a la revolucin, pero tambin presenta oportunidades para prepararse para las futuras olas revolucionarias, que los y las Socialistas Revolucionarias podemos usar para construir de manera efectiva el movimiento, siempre que desarrollemos tcticas capaces de enfrentar las cambiantes circunstancias.

Para construir y desarrollar nuestras tcticas polticas, el Bur Poltico del Movimiento de los y las Socialistas Revolucionarias presenta este documento a los y las camaradas con el objetivo de establecer una posicin para el movimiento alrededor de la que nos podamos unir, a travs de un proceso de discusin profunda, colectiva y fraternal, y podamos desarrollar tcticas especficas para el perodo que est por venir en base a esta posicin.

Revolucin o golpe militar?

Despus de que millones tomaran las calles para derribar a Mohamed Morsi y Al-Sisi hiciera su declaracin echndolo de la presidencia, ha habido un amplio debate sobre como caracterizar estos eventos. Fue una revolucin de las masas, o un golpe militar con el objetivo de echar al presidente para establecer una dictadura militar? La respuesta a la pregunta "revolucin o golpe" es muy importante para el desarrollo de una estrategia para los meses y tal vez aos de la revolucin egipcia.

Quien reste importancia a la intervencin del gigantesco movimiento de masas que hizo despegar la nueva ola de la revolucin egipcia trata de evitar las contradicciones inherentes a este proceso, y por tanto tambin los retos que tiene por delante la revolucin egipcia y las oportunidades que depara el futuro. Como era de esperar, los y las revolucionarias que restan valor a la intervencin de las masas (o que al menos consideran a las masas como un simple objeto del juego contrarrevolucionario) sufren hoy una profunda frustracin como resultado de lo que llaman la retirada o el fin de la revolucin egipcia y la negacin de las oportunidades existentes.

Tampoco son los nicos cuando se trata de quitar importancia a la intervencin directa de las masas en la cada de Morsi y el hundimiento de la legitimidad de las urnas con l. Casi todas las fuerzas que intervienen en la situacin poltica actual, incluyendo las fuerzas internacionales, rechazan el papel de las masas.

La excepcin son los militares, que anteriormente fueron devorados por el fuego del movimiento de masas, y por lo tanto no podan ignorarlo o pasarlo por alto. Ms bien, las perspectivas y el desarrollo del movimiento de masas son el factor principal que determina sus polticas y su intervencin. El establishment militar representa la esencia principal de la clase dirigente, el rgimen y el estado. Es la punta de lanza de la contrarrevolucin que se impone sobre el movimiento de masas como un hecho consumado, incluso cuando siembra el pnico acerca de las posibilidades de desarrollo del movimiento de masas y se esfuerza por todos los medios posibles en contenerlo en un marco especfico que no ponga en peligro sus intereses de clase, o por la represin directa como ha ocurrido en el pasado.

Indudablemente el ejrcito quiere contener el gigantesco movimiento de masas pidiendo la cada de Morsi dentro de los lmites que l mismo establece y los pasos que calcula. Quiere evitar que el movimiento se escape del marco de la cada de Morsi para convertirse en un reto ms profundo al rgimen en su totalidad. El objetivo principal de los militares fue devolver a los millones de personas que llenaban y controlaban las calles a sus casas en el menor tiempo posible y parar un movimiento a punto de derrocar la cabeza del rgimen y librarse de l. Este objetivo era compatible con las aspiraciones de los militares despus de la incapacidad de Morsi de abortar la revolucin frente a la confusin que se haba apoderado de la clase dirigente ante la revolucin durante su ao en la presidencia.

Despus de la subida de Morsi al poder el ao pasado, con la bendicin de EEUU, el estamento militar y una gran parte de la lite empresarial no lograron conseguir los objetivos de la clase dirigente de enterrar la revolucin egipcia. Al principio Morsi fue inicialmente una mejor opcin para la clase dirigente, dado que adopt el proyecto neoliberal y se aline con los intereses empresariales. No tuvo reparos en aliarse con EEUU y fue cauteloso en no molestar al estado sionista, adems de ser el primer presidente electo despus de la revolucin. An ms importante, tenia una base en la mayor organizacin de masas de Egipto, una organizacin que trabaja en el terreno con centenares de miles de miembros, simpatizantes y seguidores. Seran capaces de absorber la rabia de la gente y convencer a las masas del proyecto neoliberal y los planes crueles de la austeridad que lo acompaa, ahorrndole a la clase dirigente el peligro de un levantamiento de masas durante sus intentos de tratar con la crisis econmica (o al menos de mitigar sus efectos) a sus expensas.

En cambio, la crisis econmica y la incapacidad de Morsi de implementar las demandas de la revolucin (o de manera ms precisa, su desafo explcito a estas demandas y objetivos) llevaron a un declive en su popularidad y la de su organizacin hasta el punto de que la clase dirigente y sus instituciones no podan seguir confiando en ellos ante las masas.

Cuando qued claro que la rabia popular haba crecido lo suficiente como para derrocar a Morsi, fue necesario que la institucin ms poderosa y cohesiva de la clase dirigente (los militares) intervinieran rpidamente para contener la rabia de las masas e implementar sus demandas. Fue necesario quitar a la apuesta perdedora del frente del rgimen y reorganizar y unificar a la clase dirigente alrededor de nuevos lderes que aparecieran como hroes, llevando a cabo las demandas populares y uniendo a la gente en "un bando".

El ejrcito de hecho se vio atrapado entre dos fuegos. El primero el del movimiento de masas, y la posibilidad de que rompiera sus lmites en el caso de que Morsi continuara en el poder. El segundo era el de la Hermandad y los islamistas en las calles, y la apertura de frentes complejos en el Sina y en menor medida en el Alto Egipto, en el caso del derrocamiento de Morsi. Para no mencionar las diferencias que desarrollara con la administracin norteamericana y la amenaza a lo que ellos llaman "el camino democrtico".

El ejrcito escogi evitar el fuego del movimiento de masas, a pesar de las consecuencias. Decidi hacer caer a Morsi, mientras absorba a las masas y paraba el desarrollo de su movimiento y se enfrentaba al fuego de la Hermandad que era menos peligroso que el de las masas. En cuanto a la administracin estadounidense, y la UE en menor medida, tienen unas relaciones estratgicas a largo plazo con el estamento militar egipcio que les permite absorber cualquier tensin provocada por el derrocamiento de Morsi. En consecuencia los militares entraron en pnico frente a la posibilidad del desarrollo del movimiento de masas y que se escapara de su correa de transmisin. La otra opcin estaba llena de peligros, porque si el ejrcito no derrocaba a Morsi, y el movimiento de masas se desarrollaba en una direccin ms radical y profunda, la confianza en el ejrcito de secciones ms amplias de las masas, una confianza que haba nacido de la ausencia de otra alternativa que pudiera tratar de manera decisiva con Morsi, se tambaleara. Este es un factor que podra haber apartado el movimiento de su alcance.

Para completar el trabajo de contener el movimiento de masas, los militares nombraron un presidente provisional y un nuevo gobierno con cara civil. El objetivo era preservar en primer lugar todos sus poderes y privilegios y su papel intervencionista en la represin violenta cuando fuera necesario. En segundo lugar, queran completar el proyecto de la contrarrevolucin a nivel econmico y poltico. Esto no significaba una retirada de los militares del poder, sino justo lo contrario. A pesar de la retirada de los militares tras la capa civil del nuevo gobierno, an lo gestionan todo como hicieron durante el ao y medio del Consejo Militar bajo el liderazgo del mariscal Tantawi y el general Anan. As que hemos sido testigos de la masiva ola de protestas del 30 de junio y de los das que siguieron, y vimos a los militares cabalgando sobre la revolucin despus del 3 de julio con el objetivo de cortar el camino al desarrollo del movimiento de masas.

El movimiento de masas podra haber desarrollado dimensiones mayores y ms radicales, en concreto con el inicio de huelgas parciales en la Autoridad Pblica del Transporte, los ferrocarriles, en Mahalla y entre los y las empleadas pblicas y muchas otras. Tambin estamos viendo el retorno de la clase dirigente con sus smbolos militares y viejos lderes con toda la fuerza, despus de la expulsin de la Hermandad del estado, con el objetivo para los militares de dirigir a la clase dirigente y las fuerzas de la contrarrevolucin para conseguir lo que Morsi no pudo hacer. Esto es, abortar la revolucin y un movimiento de masas con una enorme confianza, que an as estaba repleto de contradicciones en cuanto a consciencia y organizacin. Inevitablemente, debemos tratar con el movimiento incluyendo sus contradicciones y aprovechar las posibilidades que le son inherentes para preparar las fuertes olas de la revolucin egipcia que estn por venir.

Desde este punto de vista, el 11 de febrero no se parece mucho al 3 de julio del 2013, y de hecho es completamente diferente en muchos aspectos. Para empezar, la clase dirigente se vio forzada a quitarse de encima el jefe de estado y abrir la puerta a una mayor confusin entre sus propias filas. El estado estaba mucho ms debilitado de lo que parece hoy, despus del colapso del Ministerio del Interior y la hostilidad extrema de los compinches de Mubarak. En segundo lugar, sin embargo, la clase dirigente se libr del jefe del rgimen para unir sus propias lineas, barajar las cartas en su propia mano y arreglar las grietas para prepararse para los ataques en todos los movimientos revolucionarios. Pero esto no significa que la crisis poltica y econmica de la clase dirigente haya terminado. Frente al derrocamiento de Morsi, la Hermandad y sus aliados islamistas han buscado escalar su movilizacin en base a sentadas y marchas para restaurar su "legitimidad" derrocada por las masas frente a su proyecto fallido hostil a los objetivos de la revolucin. En el proceso han cometido crmenes atroces que no pueden ser perdonados en muchas reas y provincias, as como su retrica sectaria y su incitacin contra la gente cristiana, dirigiendo su rabia sobre ella y atacando iglesias. Como Socialistas Revolucionarios/as debemos permanecer firmes contra esta agresin y cualquier ataque contra los cristianos de Egipto: esta es una cuestin de principios para nosotros.

Somos conscientes de que para la Hermandad esto es una batalla por su supervivencia y no se rendirn fcilmente. En paralelo a los ataques y crmenes de la Hermandad ellos mismos estn enfrentando una represin violenta en manos de los militares y el Ministerio del Interior, empezando con la masacre en la sede de la Guardia Republicana, y terminado con el brbaro desalojo de los campamentos de protesta en la Plaza al-Nahda y Raba'a al-Adwiyya, para no mencionar la matanza de tres de sus miembros en Mansoura y mucho ms.

Los crmenes de la Hermandad han llevado a la mayora de las facciones de la izquierda a tomar una postura extremadamente oportunista y aliarse con los militares y dar apoyo al estado represivo, incluso repitiendo las mismas mentiras de la burguesa y los medios feloul (antiguo rgimen), abandonando completamente cualquier posicin revolucionaria o de clase. Su perspectiva est construida sobre un anlisis catastrfico que considera que los Hermanos Musulmanes y sus aliados son el peor peligro para la revolucin egipcia, cuando en realidad, si bien la Hermandad presenta un peligro hasta cierto punto, las instituciones del estado que monopolizan los medios de violencia representan un peligro mucho mayor para la revolucin. Esto se manifiesta en el retorno del estado represivo con toda su brutalidad, la Declaracin Constitucional dictatorial, en las designaciones de generales militares y policiales del antiguo rgimen como gobernadores locales y el ataque a las huelgas del acero en Suez, etc.

Adems de la posicin traicionera y oportunista de los llamados liberales y izquierdistas en apoyo de los militares (liderada por aquellos que participaron en el gobierno de Al-Sisi), hay muchos que ven la batalla entre la Hermandad y el viejo/nuevo rgimen como una batalla que no significa nada para la revolucin y que la revolucin no tiene ningn inters en su resultado. Desde esta perspectiva, las personas revolucionarias deberan tomar una posicin neutral, como si las dos partes en el conflicto tuvieran la misma fuerza y representaran el mismo peligro para la revolucin. Estos puntos de vista son extremadamente de corto alcance. No ven el significado real de las acciones del gobierno actual y la sonrisa en la cara de los militares frente a los islamistas cuando aplastan las sentadas de Raba'aal-Adawiyya y al-Nahda. Estas masacres son un ensayo general para aplastar la revolucin egipcia y se repetirn maana contra cualquier fuerza de oposicin genuina que aparezca en escena, particularmente el movimiento de los y las trabajadoras. Esto es lo que vimos en el ataque a la huelga del acero en Suez. Las masacres contra los islamistas son slo los primeros pasos en el camino hacia la contrarrevolucin y debemos denunciarlo de forma clara y decidida.

Actualmente estamos expuestos a una gran cantidad de ataques por nuestra posicin de condena de la violencia de las instituciones represivas contra los islamistas, y por nuestro ataques contra Al-Sisi como lder de la contrarrevolucin. Pero esto no nos llevar a diluir nuestra posicin creando un tipo de "imparcialidad" en nuestros ataques sobre los militares y los islamistas como si fueran iguales en trminos del peligro que representan para la revolucin. Estamos en el proceso de una contrarrevolucin global y radical y el aplastamiento de las sentadas y protestas de los Hermanos Musulmanes es slo el primer paso. No vacilaremos en nuestra firme posicin contra los militares y su represin feroz. Poner en la misma balanza a los dos lados slo reflejara vacilacin e indecisin en lugar de tomar una posicin clara y enrgica contra el estado represivo. No podemos permanecer en silencio frente a las masacres de los militares que han matado a docenas de islamistas y no podemos apoyar al estado cuando aplasta sus sentadas. Tampoco podemos dejar de recordar los crmenes militares, advertir sobre el Ministerio de Interior y exigir el enjuiciamiento de sus criminales en cada oportunidad. De la misma manera debemos advertir del retorno del estado de Mubarak y sus instituciones represivas con toda su fuerza y dirigir nuestros ataques contra ellos.

Tampoco debemos hacer seguidismo de los intentos de quienes apoyan al viejo rgimen y sus matones para hostigar a los islamistas y matarlos en las calles. Hay una diferencia bestial entre la autodefensa de las masas, incluso por medios violentos, frente a los ataques de la Hermandad como vimos en Manial y Bayn al-Sayarat y Giza hace un par de semanas, y la violencia de las instituciones represivas y los matones del viejo rgimen contra los Hermanos Musulmanes. Esta ltima no es una violencia que defiende a los manifestantes y la revolucin, sino un intento de estabilizar las cosas en manos del nuevo rgimen sin oposicin de ningn lado. El ejrcito, la polica y los elementos del viejo rgimen no intervinieron ni una sola vez durante las ltimas semanas para proteger a la poblacin local ni a los manifestantes en ninguno de los enfrentamientos. Es en este contexto en el que el movimiento "rebelde" Tamarod y la izquierda que est pegada a las botas de los militares hacen un llamamiento a los comits populares para defender el estado y las instituciones represivas y ayudarles a aplastar a los islamistas. Estos son llamamientos fascistas y no podemos aceptarlos ni repetirlos.

Debemos hacer frente a las mentiras de los medios que dan cobertura poltica acusando de todos los crmenes de los militares y el viejo rgimen a los Hermanos Musulmanes. Debemos desafiar la narrativa odiosa que busca borrar la revolucin del 25 de enero y sustituirla por la revolucin del 30 de junio, en la que "todas las clases" participaron y donde no se "quemaron comisaras" ni "atacaron a las instituciones". Esta narrativa presenta a la revolucin de enero como una pura conspiracin de la Hermandad, que requera una revolucin contra ellos y no una revolucin contra la clase dirigente, su estado e instituciones represivas. Adems, omos una retrica racista llena de odio contra palestinos y sirios.

El estado est movilizando casi todas las fuerzas polticas y las fuerzas (anteriormente) revolucionarias tras l, y grandes secciones de las masas, con el objetivo de confrontar a los Hermanos Musulmanes y la alianza islamista en torno a ellos. En lo que llaman la "guerra contra el terror", estn azuzando una repugnante atmsfera nacionalista, clamando que "no hay sonido ms fuerte que el sonido de la batalla" con el objetivo de suprimir y mutilar las demandas de la revolucin.

En cuanto a quien habla de "exclusin" del proceso poltico y "reconciliacin", las y los Socialistas Revolucionarios no pueden construir su posicin aislados de los estados de nimo de las masas y sus orientaciones, a pesar de sus fuertes contradicciones internas. Estas masas no aceptarn la reconciliacin con los Hermanos Musulmanes. Como uno de los comunicados de nuestro movimiento declaraba, "tocar el tambor de la reconciliacin sugiere igualdad entre asesino y vctima, lo que es completamente inaceptable, sin llevar a un juicio justo a los asesinos de los mrtires, todos los mrtires". Si las masas, bajo la influencia de los medios y la propaganda burguesa, quieren excluir a la Hermandad, mientras atacan a los elementos del antiguo rgimen y los militares, deberemos atacar tambin el retorno de los que apoyan al antiguo rgimen y el retorno del estado de Mubarak bajo la bandera de Al-Sisi. Todos ellos son enemigos de la revolucin egipcia y sus perspectivas de futuro, y Al-Sisi es mucho ms peligroso que el lder de los Hermanos Musulmanes, Muhammed al-Beltagi, en todos los sentidos.

En estas circunstancias, debemos lanzar el eslogan "Abajo con el rgimen militar; no al retorno de los feloul; no al retorno de los Hermanos Musulmanes" de manera directa, clara, valiente y sin vacilar.

Tenemos miedo de quedar aislados?

No hay duda de que las tcticas del grupo Socialismo Revolucionario dependen fundamentalmente de determinar el nivel de desarrollo de la consciencia de las masas y de la clase trabajadora en su corazn y su vanguardia por un lado, mientras por el otro evaluamos las posibilidades y oportunidades para el desarrollo y la profundizacin del movimiento de masas durante el curso de la revolucin.

El movimiento de masas en la actualidad sufre de grandes contradicciones en su seno y se enfrenta a grandes desafos. Tal vez el mayor de ellos es la reconciliacin entre una seccin de las masas con las instituciones del estado y particularmente los militares y el Ministerio del Interior: la cabeza y el corazn de la contrarrevolucin. Aunque a pesar de la frustracin masiva que afecta a grandes secciones de los y las revolucionarias que lucharon contra el Consejo Militar durante un ao y medio de la revolucin, y que continuaron su lucha contra el rgimen de Morsi, no hay otra manera de jugar un papel real dentro de un movimiento de masas aparte de tratar con l con sus peculiaridades y entender sus contradicciones evitando sobredimensionar o exagerar su potencial actual.

La alianza entre elementos del antiguo rgimen y los medios liberales con los servicios de seguridad, militares y el Ministerio de Interior ha tenido xito en gran medida a la hora de balancear a las masas protegiendo una falsa imagen de neutralidad de los militares y el Ministerio de Interior, a los que presentan como si estuvieran alineados con el pueblo contra Morsi, la Hermandad y sus aliados islamistas, en un intento de borrar los crmenes, asesinatos y torturas del estado de la memoria de las masas. Muchas fuerzas polticas, de manera muy clara el Frente de Salvacin Nacional, la campaa Tamarod y la Corriente Popular, han jugado los roles ms sucios y oportunistas puliendo esta imagen a travs del llamamiento a "cerrar filas". Elogian el papel nacional del ejrcito y las instituciones del estado a la hora de conseguir las demandas de la gente para terminar con el rgimen de la Hermandad, que consideran el mayor y nico peligro para la revolucin egipcia. An as, esta perspectiva slo representa una delgada capa de la consciencia de las masas. Es cierto que es una capa slida, y casi todos los partidos estn trabajando para reforzarla an ms, pero debajo se encuentra la consciencia genuina de las demandas de la revolucin y sus objetivos de pan, libertad y justicia social.

No podemos perder de vista el hecho de que, entre estas contradicciones en la consciencia, grandes secciones de las masas tienen una gran confianza en s mismas, a pesar de todas las distracciones y la confusin de la "guerra contra el terror". Las masas han impuesto de forma genuina su voluntad y han derrocado dos presidentes y cuatro gobiernos desde el principio de la revolucin. Esta confianza que permanece bajo la capa de conciencia contradictoria es lo que ha impulsado a las masas a alzarse contra Morsi en primer lugar, y esto es lo que permite a algunos prepararse gradualmente para completar la lucha contra el nuevo gobierno, a medida que vaya hacindose claro progresivamente que sus polticas econmicas y polticas estn opuestas a las demandas de las masas. Todo esto a pesar de la esperanza parcial entre algunos sectores de las masas de que el gobierno satisfazca las demandas de la revolucin.

A estas alturas debemos encontrar cada manera posible para alcanzar el ncleo de la consciencia de las masas pobres y trabajadoras, en cuyos intereses fundamentales est continuar la revolucin e implementar sus demandas. Debemos continuar enfatizando la gigantesca capacidad que las masas exhibieron en la ola del 30 de junio y en las olas previas a la revolucin, extendiendo las demandas genuinas de la revolucin egipcia y movilizndonos en cada provincia y lugar de trabajo. Pero esto no puede y no debe empujarnos a esconder o retrasar parte de nuestras polticas o principios con el objetivo de obtener un apoyo temporal ms cercano de las masas tras nuestra retrica o eslganes.

Al contrario, ocultar alguno de nuestros eslganes o nuestra poltica para conseguir objetivos polticos a corto plazo tan solo puede llevar al oportunismo. Esta no es la manera en la que los y las Socialistas Revolucionarios trabajamos, y hemos evitado completamente el oportunismo mientras hemos construido nuestro proyecto organizativo entre las masas y por la victoria de la revolucin egipcia. Por ejemplo, no podemos reducir nuestros ataques contra las mentiras presentadas por los medios del antiguo rgimen y los liberales burgueses, o parar nuestros ataques contra los ensayos de la contrarrevolucin que hacen hoy en da los militares y el Ministerio de Interior. No podemos parar de recordar la historia criminal del Consejo Militar y los compinches de Mubarak, exigiendo que deben ser juzgados junto a los lderes de los Hermanos Musulmanes que estas semanas han destacado por incitar a la violencia y el asesinato, desatando un sectarismo repugnante. No podemos, en ningn caso, aflojar a la hora de dirigir nuestros ataques polticos contra el antiguo rgimen y los oportunistas del gobierno de Beblawi, las tendencias claramente liberales de este gobierno y la consolidacin del estado represivo a travs de la designacin de nuevos gobernadores locales. No podemos aflojar en nuestros ataques a los enormes poderes y privilegios de los que disfrutan los militares segn la constitucin, a su control de cerca del 25% de la economa egipcia y a la continuacin del humillante acuerdo de Camp David, etc. Debemos tratar todo esto con principios.

Menospreciar el retorno del estado de Mubarak y la represin militar es tremendamente peligroso. El estado de Mubarak, que (es cierto) no ha desaparecido de la escena desde el inicio de la revolucin, vuelve hoy con plenos poderes, libre de crisis internas y con el apoyo de amplias secciones de las masas. Esta es la situacin que nos obliga a ir inmediatamente al ataque contra este estado y sus smbolos, que no tardar mucho en empezar a lanzar ataques contra todo aquel que haga llamamientos por las demandas de la revolucin.

Nuestra posicin de principios puede resultar en un aislamiento temporal entre las masas. Nuestro mensaje no encontrar generalmente una recepcin amplia entre las masas, a pesar de los esfuerzos que haremos a la hora de trabajar y hacer actividad en los lugares de trabajo, los campus universitarios y los barrios. Este aislamiento ya empez antes del 30 de junio, como resultado de nuestra posicin de principios contra los militares, el viejo rgimen y la Hermandad. Pero no podemos permitirnos ningn grado de frustracin, mientras las contradicciones continen en la consciencia y la capacidad de las masas de organizarse a ellas mismas, el movimiento de masas seguir siendo un vehculo que puede ser afectado por muchos factores que interaccionan, que lo fuerzan a seguir caminos tortuosos y no constantemente un camino recto y hacia arriba. El contenido real del rgimen represivo ahora en el poder se revelar ante los ojos de las masas que gradualmente empezarn la lucha contra l.

Esto no significa un aislamiento y una separacin completa de las masas, dado que hay decenas de miles de jvenes revolucionarios y revolucionarias que han luchado ferozmente contra el poder militar en las olas de la revolucin egipcia y que completaron la lucha contra el rgimen de Morsi. Su memoria an est enraizada en los principios revolucionarios, tienen menos contradicciones en su consciencia y no apuestan por las instituciones del estado, concretamente no en los militares, la espina dorsal de la contrarrevolucin. Estos y estas revolucionarias encontrarn atractiva la posicin de principios del grupo Socialista Revolucionario, a la luz del enorme giro de la fuerzas polticas hacia el lado de los militares y el nuevo gobierno. Desde este punto de vista, la situacin es mejor de lo que era despus del 11 de febrero de 2011, cuando durante meses tan slo los y las Socialistas Revolucionarios y unos pocos activistas individuales hablaban contra el Consejo Militar.

En las semanas y meses por venir tenemos la oportunidad de atraer y ganar a algunos de esos revolucionarios y revolucionarias para reforzar nuestras filas, con el objetivo de jugar un rol ms fuerte y estable en las olas de la revolucin que estn por venir. Pero al mismo tiempo tambin queremos integrar a la gente trabajadora y pobre que quieren hacer la revolucin y participaron en la ltima ola del 30 de Junio por los objetivos de la revolucin que nunca se llegaron a cumplir. Esto es de la mayor importancia para hacer cobrar fuerza al proyecto del Frente Revolucionario con los partidos de principios que no han girado hacia los brazos del estado y el nuevo gobierno, ni se han aliado con los islamistas contra el estado y que adoptan un programa con las demandas de la revolucin y sus objetivos.

Socialistas Revolucionarios/as, 15 de Agosto del 2013, Egipto

Traducido de la versin inglesa.

http://www.enlucha.org/site/?q=node/18922



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