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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2013

La democracia no es un circo

Rey Barria
La Estrella


Desde que la democracia pas a ser una palabra de diez letras, muchos han sido sus significados, dependiendo de quin la usa, dnde la usa y para qu la usa. En la democracia simulada todo parece real. Todo gira en la apariencia, en la imagen y en la forma. En ese girar constante, en ese maniqueo, todo comienza a parecerse un circo, un triste circo que nos obligan a ver y hasta aplaudir.

Suenan las trompetas, y sale el anunciador dando brincos por la pista prometiendo el mejor espectculo, lo nunca visto. Seguidamente aparecen los payasos vestidos de polticos, con un chiste por aqu y otro chiste malo por all, repartiendo promesas como esas tarjetitas de raspa y gana que te pudieran dar como premio dinero en efectivo, un carro, y otras esperanzas de segunda mano. Es un espectculo repetido y repetitivo, con algunos toques de actualidad, muchos trucos, malabarismos y vulgar magia de nfima categora. Un show para desmemoriados y descerebrados de quienes se espera vibrantes ovaciones.

En las gradas, un pblico silencioso e incrdulo comienza a indisciplinarse, olvida la obediencia y pide verdad, pide transparencia, clama por justicia y abuchea a los trapecistas y contorsionistas de la realidad. Los espectadores ya no creen en los ramilletes de flores plsticas y tampoco en las liebres que salen de los sombreros. No les asombra los naipes ni los tragafuego, tampoco la dama que desaparece detrs del pauelo de seda. Ya nadie siente asombro, ni le parece divertido la trepadera, las maniobras en bicicleta ni la cuerda floja. Los asistentes al espectculo de la democracia simulada, se siente insultados, burlada su inteligencia... y sobre todo la trampa de una falsa democracia que consiste en vernos como rebaos que se les lleva a votar cada cinco aos.

En el centro de las pistas, con msica de bandas y redoblantes, se mueven con las luces, no los ms idneos ni los ms preparados para representarnos. All un grupo de arribistas profesionales, una casta de tteres, estrellas de la mediocridad, representan el libreto poltico del poder. El pblico los ha reconocido y comienza a reclamar sus derechos, piden que se cumplan las promesas, exigen un alto a la corrupcin y cuentas claras, amenazan con tomarse el circo por completo y reclaman respeto.

Es en ese instante, cuando los dueos de la farsa sienten temor. Ordenan que aseguren la taquilla y llaman a los domadores de fieras para calmar la furia de los asistentes. Son los que deben controlar las multitudes en el sagrado nombre del lucro. A reprimir, a repartir palos, a someterlos por la fuerza por resistirse a la mentira y al engao. Ese es su llamado a la paz, el ejercicio final de su poder de convencimiento. Suspenden el espectculo para un mejor momento para ellos, para continuar con el saqueo de los bienes pblicos, la brutalizacin de la convivencia social, la criminalizacin del disenso y finalmente ms de lo mismo: la corrupcin.

Hay que definir cul es la democracia que queremos, la democracia por la que histricamente ha luchado este pueblo. Desde la lucha inquilinaria, del rechazo del Tratado Fils-Hines, los Tres en Uno, el Hay-Bunau Varilla, la lucha democrtica del Frente Patritico de la Juventud, de la Federacin de Estudiantes de Panam, y otras jornadas hericas. Hay que hacerlo pronto, porque cuando la corrupcin contamina el aire, todo lo que respira se corrompe.

Fuente original: http://www.laestrella.com.pa/online/impreso/2013/08/22/la-democracia-no-es-un-circo.asp



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