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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2013

El rastro de una entrega extraordinaria
La CIA lleg de noche

Jefrey St. Clair
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Germn Leyens


Llegaron a buscar a Jabour de noche. Los hombres le ordenaron que se diera vuelta hacia la pared mientras esposaban sus manos y aherrojaban sus piernas. Le vendaron los ojos. Lo llevaron de su celda en una prisin en Islamabad a una furgoneta que lo estaba esperando.

Condujeron a Jabour a un aeropuerto y lo llevaron a un bao donde le quitaron la venda de los ojos. Fue enfrentado por un grupo de estadounidenses que se comunicaban por seas.

Un mdico se le acerc. Le tom la presin y luego le inyect una droga. Jabour comenz a marearse. Le colocaron un capuchn negro sobre la cabeza y lo llevaron a un avin militar. Le esposaron las manos a la espalda. Fijaron sus piernas a una anilla en el piso del avin. Pens que era el fin de mi vida, dijo posteriormente Jabour.

Esta es la historia de una "entrega extraordinaria", solo un relato de los cientos de hombres a los que han secuestrado, torturado y deshumanizado en las guerras posteriores al 11-S.

Marwan al-Jabour es un palestino nacido en Amman, Jordania. En 1994, se fue a Pakistn, donde continu su educacin. En la primavera de 2004 Jabour fue detenido por el tristemente clebre Servicio de Inteligencia Paquistan, ISI, despus de cenar con un amigo y profesor universitario en Lahore. Lo llevaron a un centro de detencin donde le interrogaron sobre su amigo y sobre la ubicacin de militantes rabes.

Durante la noche le golpearon, le patearon y le sometieronrepetidamente a choques con una picana elctrica. Dos das despus tres agentes estadounidenses entraron a su celda y le preguntaron por sus vnculos con al Qaida. Neg repetidamente toda relacin con terroristas.

Jabour estuvo detenido en Pakistn durante casi un mes y le torturaron regularmente mientrasproferan salvajes amenazascontra su esposa y sus dos hijos. Lo maniataron durante cuatro das consecutivos y hasta le negaron el derecho a orinar. Nunca lo acusaron de algn crimen o le permitieron que viera un abogado. Y entonces volvieron los estadounidenses.

Los hombres que lo colocaron en el avin esa noche trabajaban para la Agencia Central de Inteligencia. La prisin a la que lo llevaron era un sitio fantasma, una instalacin secreta para interrogatorios de la CIA, en un rincn secreto de Afganistn.

Dos guardias condujeron a Jabour a una celda oscura 1 x 2 metros, donde le cortaron la ropa. Esposaron una de sus manos a un anillo de hierro en la pared. Encadenaron sus pies a un anillo semejante soldado al piso. Lo enfocaron con dos cmaras de vdeo. Unos altavoces tocaban a todo volumen msica heavy metal, horas tras hora, noche tras noche. Lo dejaron de pie en la celda, desnudo.

Los guardias volvieron la maana siguiente, le afeitaron la cabeza y la barba, lo desencadenaron y lo condujeron, desnudo, a una sala de interrogatorio.Haba diez personas, incluidas dos mujeres y un mdico. Filmaron al mdico mientras revisaba el cuerpo desnudo de Jabour. Luego lo empujaron a una silla y esposaron sus piernas y sus manos. Un inmenso hombre, muy musculoso, llamado el Marine se coloc ominosamente detrs de l.

Sus interrogadores advirtieron a Jabour de que cooperara totalmente o lo encerraran en la "caja para perros". Le mostraron una pequea caja de madera de 90 x 90 cm. Le mostraron cientos de fotografas y lo interrogaron sobre cada una. Esto dur da tras da, semana tras semana, mes tras mes. Lo alimentaban con comida rancia enlatada. Sus captores lo encadenaban arbitrariamente en posiciones contorsionadas durante horas.

Durante ms de dos aos lo sometieron a la misma rutina. Siempre le aherrojaban las piernas, su celda oscura, sus ojos vendados mientras lo llevaban de su celda a la sala de interrogatorio. Las respuestas de Jabour eran siempre las mismas. No era terrorista. No conoca a los hombres de las fotos. Nunca haba tenido que ver con al Qaida.

Sin que lo supiera Jabour, la Corte Suprema dictamin a fines de junio de 2006 que los detenidos por el gobierno como combatientes enemigos estaban bajo la proteccin de la Convencin de Ginebra. Dos semanas despus le dijeron que le iban a trasladar otra vez. Le volvieron a desnudar. Esta vez lo obligaron a ponerse un paal.

Volvieron a filmar su cuerpo desnudo. Le colocaron bolas de algodn en los odos y le pegaron cintas adhesivas sobre los ojos. Le pusieron una gruesa correa de caucho alrededor de la cabeza. Le fijaron una mscara sobre la cara. Me sent como una momia, dijo posteriormente Jabour a los investigadores de Human Rights Watch.

Antes de colocarlo en el avin, Jabour fue empujado por sus captores y obligado a sentarse en una silla junto a otro prisionero. Oy tres disparos y luego lo introdujeron en un pequeo avin para un vuelo de cuatro horas a Jordania, donde le entregaron alos israeles y le liberaron en Gaza. Haba sido prisionero de la CIA durante ms de dos aos y medio.

Ahora Jabour lleva libre siete aos. Sigue esperando que le hagan justicia. Cundo llegar? Quin ser el responsable?

Evaluamos sobriamente esta secuencia de horrores. Nuestros dientes rechinan, nuestros estmagos se revuelven. Nuestra indignacin se intensifica con la revelacin de cada iniquidad. Porque somos personas que tienen conciencia y sienten empata. Sentimos vergenza y clera ante los asquerosos crmenes cometidos por nuestro Gobierno, en nuestro nombre. Porque expresamos nuestro disgusto, nos sentimos moralmente superiores a los torturadores.

Pero qu hemos hecho?

Preguntad a Jabour. l lo sabe.

Jefrey St. Clair es editor de CounterPunch y autor de Been Brown So Long It Looked Like Green to Me: the Politics of Nature, Grand Theft Pentagon y Born Under a Bad Sky. Su ltimo libro es Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion. Para contactos: [email protected]

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/08/23/the-cia-came-at-night/

rCR



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