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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2013

La Laguna del Caizar

ngel Marco
Rebelin


La recuperacin del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel no solamente ha repercutido positivamente en el sentir de la opinin pblica sensibilizada con la conservacin y el turismo ornitolgico, sino tambin en la propia poblacin local que tema perder una de sus seas de identidad. Una climatologa adversa, una sobreexplotacin del acufero de La Mancha y su contaminacin por las aguas residuales de los municipios ribereos, han tenido un especial protagonismo en el alarmante deterioro de este ecosistema, que ha estado a punto de perder la clasificacin de Reserva de la Biosfera, otorgada por la UNESCO en 1981.

Afortunadamente la comarca del Campo de Calatrava, donde se ubican las Tablas de Daimiel, tiene una nueva oportunidad, en la que ha desempeado una papel muy importante la administracin de Parques Nacionales, para reconsiderar el tratamiento que las actividades humanas deben dar a su entorno.

Dicha administracin, aun cuando vea desaparecer el agua del humedal, ha seguido desarrollando actuaciones tendentes a preparar el terreno para que, cuando llegaran condiciones climticas favorables, como las habidas en los ltimos dos aos, pudiera regenerarse hasta los niveles actuales.

Que nadie piense que con estas condiciones el dinero fluye en esta comarca. Conviven jornaleros, trabajadores y empresarios del sector agrcola, tambin del sector servicios, especialmente del turismo (alojamientos hoteleros y rurales, restaurantes y empresas de guas tursticos). Tampoco el dinero pblico corre con alegra en la recuperacin de su rico patrimonio cultural. Pero la impresin, al visitar estos pueblos de La Mancha es que se encuentran inmersos en un proceso de adaptacin a los nuevos tiempos, en los que ningn recurso sobra para desarrollar una economa que los sustente.

Tengo la sensacin de que las tensiones entre unos y otros no han desaparecido en la convivencia diaria. Mirando hacia las tierras de cultivo, observamos una apuesta por la agricultura intensiva que requiere gran cantidad agua, pero me parece que han encontrado cauces para generar consenso, acercando posturas entre aquellos sectores que en otros momentos han sido los nicos protagonistas en la toma de decisiones, y los emergentes, como son los pertenecientes al sector servicios, en claro proceso de crecimiento. Todo cambio requiere un perodo de transicin no exento de conflicto, como los que debieron surgir hace doscientos aos cuando se gest la transicin desde una economa ganadera a una agricultura intensiva en torno al cereal y la vid, o mucho ms atrs, cuando sociedades cazadoras-recolectoras vieron amenazado su espacio por los cambios que generaba la irrupcin del Neoltico, estableciendo comunidades sedentarias, as como el derecho a la propiedad privada. El consenso no debe implicar que las diferencias desaparezcan, sino que supone un comn acuerdo por trabajar unidos en el inters general.

Enlazo estas reflexiones con el problema actual que, en la Comarca de la Comunidad de Teruel, se vive con la recuperacin de la Laguna del Caizar.

La situacin inicial legal de este espacio no podemos centrarla en el momento de su desecacin, hace ms de dos siglos. Y al plantearnos su futuro y el de las poblaciones humanas donde se localiza, es importante poner sobre la mesa de trabajo, con criterios objetivos, las circunstancias actuales en cuanto a legislacin, sensibilidad social y posibilidades de desarrollo para una sociedad inmersa en el mercado global. Las ordenanzas de riego apenas regulan unos turnos, sin que en ningn momento cuantifiquen el volumen de agua del que se dispone, dato imprescindible para hacer una gestin no slo con garantas ecolgicas, si no tambin para definir el nmero de hectreas que pueden llegar a regarse, sin olvidar concretar en qu productos competitivos deben orientarse las labores del campo.

La legislacin actual europea apuesta claramente por la necesidad de conservar los espacios naturales. Incluso nuestra Constitucin, que se promulg en momentos no muy proclives a una sensibilidad por el medio ambiente, insta a que los poderes pblicos velen no solo por el bienestar de la poblacin con su desarrollo socio-econmico, sino tambin a la responsabilidad que tienen de conservacin de los valores naturales del territorio.

Aunque es deseable que sea desde lo local donde surja el inters por la recuperacin de uno de los humedales que la Pennsula Ibrica no puede permitirse perder, la obstinacin de ciertos sectores por bloquearlo no debe paralizar las directrices marcadas desde la Unin Europea y ratificadas por el estado espaol. stas apuestan por un modelo de desarrollo sostenible en el tiempo, donde converjan la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la poblacin, dotndola de herramientas para desarrollar economas que les proporcionen recursos para vivir, en convivencia con elementos naturales. Los valores y servicios ambientales no solo son indicadores de la voluntad por conservar el entorno y la biodiversidad, por lo que significan de respeto a la vida, sino que cubren esa necesidad ciudadana de disponer de ellos para enriquecer su calidad de vida, en primer lugar la de los que viven en estos pueblos, en cuanto que son espacios libres donde acercarnos a la naturaleza y en cuanto que nos ofrecen servicios imprescindibles para nuestra vida, que slo la naturaleza puede darnos.

Sin duda, en el proceso seguido en los ltimos aos para volver a inundar estas tierras con vocacin natural de humedal, las cosas se podran haber hecho de otra manera, y an estamos a tiempo para rectificar. La Ley lo es para todos y toda actuacin debe velar por la transparencia y la legalidad.

Por otra parte, el proyecto, que ya ha recibido un reconocimiento del Gobierno de Aragn otorgndole el Premio de Medio Ambiente del ao 2012, puede seguir adelante como iniciativa de una fundacin, que aunque con patrones pblicos, no deja de ser privada, o como una iniciativa tutelada por la administracin pblica. En este segundo caso puede ser asumida por el Gobierno de Aragn o por el gobierno estatal en sus respectivas competencias en los espacios protegidos y en la gestin de las cuencas hidrogrficas. Cualquiera de las dos frmulas es vlida y en el territorio nacional pueden localizarse experiencias en uno u otro sentido.

ngel Marco. Miembro de Ecologistas en Accin

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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